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ADIÓS, que no “a Dios”, a los “corrillos” de “la vice”. Adiós a su puesto, el que hoy ya no tiene junto a Zapatero, después de que el sumo jefe ejerciera sobre ella el poder de la decisión. Adiós a María Teresa Fernández de la Vega en Moncloa después de cada rueda de prensa los viernes tras el Consejo de Ministros. Adiós a ese terremoto de periodistas que la rodeábamos cuando los focos de las cámaras en penumbra quedaban y ya sólo el afán de la conversación se hacía presente entre la multitud donde ella era la protagonista, era ella la que hablaba mientras la escuchábamos con pluma y papel en mano. Pregunta tras pregunta. Respuesta tras respuesta. Porque era en ese corrillo donde “la vice” hablaba y hablaba para que nos enterásemos de aquello que se contaba, pero de otra manera, quizás en los entresijos del secreto a voces o bien mal escuchado o bien mal recibido. Porque era en ese corrillo donde se hacía conocer y donde contaba y decía lo que a los periodistas más nos interesaba. Ella marcaba el tiempo, el qué y el hasta dónde. Hasta que se abría paso en ese corrillo de ansiosos y hambrientos periodistas de información “no añadida formalmente” ante las cámaras, después de que nos dejase contentos tras adelantarnos la agenda del día siguiente o del día después. Y así se abría paso, así marchaba. Y así se ha marchado. Adiós a los corrillos de “la vice”.

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