De Cerca

El síndrome de la cuerda rota

Fotografía de mujeresycia

Fotografía de mujeresycia

TODAS las relaciones son frágiles por naturaleza. Necesitan de cuidado, mimo, dedicación, cariño, compromiso… Algunas más que otras y todas son diferentes: unas nacen por querer estar, otras por necesidad y otras… otras en contra de su voluntad porque no queda más remedio. Pero todas, absolutamente todas tienen algo en común: no funcionan si en algún momento de la relación alguien no cede. En eso se basan: en un tira y afloja constante que hay que comprender y saberlo llevar. Unas veces de manera consciente y otras inconsciente. Cuando se es más consciente de este ceder constante es cuando la relación acaba por desgastarse porque siempre va a haber una de las dos partes que no esté siempre por la labor. Y el desgaste llega a tal punto que no queda otra que el fracaso más absoluto.

La profesionalización de la consultoría política en España sufre el síndrome de la cuerda rota. La relación consultor externo – político (partido político) parece más un rollete de fin de semana que un amor pasional. Aún hoy no se es consciente de la efectividad de los servicios externos. Aún hoy no hay una credibilidad absoluta ni una confianza: principios básicos para que funcione una relación. Muchos políticos tienen a mirarse la pelusa de su ombligo como si en el mundo no existiese nada más allá del partido ni de sus palabras, esas que van a misa cada día aunque no repiquen las campanas. Mientras, el consultor externo sigue tirando de la cuerda para ganar la jugada. Pero tira sólo: delante suya no tiene al político en cuestión que tire con él para ganar, tiene a todo un partido al otro lado haciéndole contra. Algo que  le demuestra al político que el enemigo no es tu rival, sino quien está dentro de tu casa.

¿Qué ocurre? Fracaso absoluto: la cuerda termina por romperse…