De Cerca

El coste de los errores un año después

HACE algo más de un año nació un ángel llamado Marcos, mi sobrino. Un ángel que en vida era débil pero que luchó hasta el último momento por salvarse y estar en este mundo. Un día como el de hoy de hace un año se marchó para siempre a pesar de lo que se luchó por salvar su vida. Ese niño tenía fuerza y garra, y una sonrisa preciosa que hacía agrandar sus mofletes cada vez que nos regalaba el gesto.  Los médicos lo intentaron y él lo intentó. Se intentó y no se pudo…

Un año después tenemos una España cada vez más débil, más demacrada y más pobre. Errores políticos que se cometen a diario a pesar de los consejos que desde aquellos que nos dedicamos a esto podemos enviar. Cientos de personas sin trabajo, sin ilusión y sin esperanzas. Cientos de noticias negativas cada día. Cientos de jóvenes que se marchan a otros países en busca de nuevas oportunidades. Qué gracia, tanta queja de la inmigración y ahora lo somos nosotros…

Los médicos, en muchas ocasiones y a pesar de muchos errores, intentan salvar las vidas de sus pacientes. Y con más ahínco si es un bebé que desea vivir y que tiene todo un mundo por delante por disfrutar. Pero… ¿Lo intentan los políticos con la misma decisión, con la misma garra? ¿Está un político 19 horas operando y con el sudor corriendo por su frente para salvar a este país de la peor de las catástrofes? El coste de los errores es muy alto. No vale tan sólo poner la palabra “cambio” en un cartel, hay que creérselo primero y parirlo después. Pero la operación sólo puede durar unas horas…. Hay personas que no pueden esperar más tiempo…

(Artículo de hace un año)


Vidas: El coste de los errores

MARCOS tiene ahora 12 días, siete horas y dos minutos de vida. Allí se encuentra, hacia la mitad de ese pasillo de hospital que al mirarlo se hace eterno. Oscuro. Vacío. Una espera que se hace eterna. Hacia la mitad, un giro a la izquierda y otro a la derecha. Y allí está. Donde su vida, en una pequeña cuna, pende de un hilo. Una vida amarrada a decenas de cables que lo mantienen en este mundo que nos ha tocado vivir. Su cuerpecito reposa en ese aposento acolchado esperando que un milagro le sane ese corazón que nació pequeño. O demasiado grande para su voluntad, pues él lucha por vivir cada día; pero aún así, su corazón nació pequeño. Cual obra de arte de electricista, los cirujanos han remodelado esos conductos por los que, una y otra vez, circula nuestra sangre. Un error, tan sólo un error, se lo llevaría sin poder disfrutar de esa niñez que se merece junto a una familia que espera incansable con esperanza al final de ese pasillo. Oscuro. Vacío.

Dos errores fundamentales son los que la sociedad no acepta: las negligencias médicas y los errores políticos. Ambos se llevan cada año decenas de vidas. Cientos de vidas. El 11 de septiembre de 2001, 2973. El 11 de marzo de 2004, casi 200. La guerra de Irak, la de Afganistán, los conflictos en PalestinaCiviles, periodistas, militares y políticos muertos. Las guerras de África. Dictaduras tercermundistas innecesarias. El terrorismo, el cáncer de muchos países…

Pedimos atención continua cuando un familiar se pone enfermo, que no haya ni un error. Un error podría hacer desaparecer lo que más queremos en nuestra vida. Un error en política, también…