De Cerca

La España que queremos

Diario de campaña. La noche electoral

Publicado en BEZ el 21 de Diciembre de 2015

Votación en un colegio electoral de Barcelona. Albret Gea / Reuters

Votación en un colegio electoral de Barcelona. Albret Gea / Reuters

Quien haya tenido la oportunidad de oler el ambiente de varias ciudades en España, se habrá dado cuenta de que las personas que traspasaban las puertas de los colegios electorales lo hacía con una sonrisa. Se respiraba un ambiente alegre y de participación en familia. Horas después se tenían unos resultados que, posiblemente, algunos esperaban pero que para nada eran los que auguraban las encuestas que tanto han querido influir a modo de tema que comentar incluso antes de que se diera inicio a la campaña oficial.

La España que queremos es diversa, plural y sensible a las circunstancias y los problemas por los que atraviesa nuestro país, que son muchos y de muy diferentes maneras. La España que ha votado el 20 de diciembre lo ha hecho con ilusión pero demostrando que no es ilusa. El resultado electoral aflora una nueva identidad en España, un nuevo mapa y una nueva realidad que debería leerse más allá de los términos puramente políticos y más allá de los intereses también políticos.

Hemos visto que el arte de gritar no sirve pero impone. Que los mensajes los seguimos haciendo los ciudadanos. Hemos visto que debatir cuenta si es con nosotros, que el cisne negro nunca pudo cantar –pero que hay otro cisne que alzó bien la cabeza- y que los errores en campaña pasan factura. Hemos visto que España no quiere condición que valga y que los últimos minutos importan porque cualquier momento es decisivo. Hemos visto que no cabe ocultar ni mentir, que no ser de derechas ni de izquierdas no sirve porque la España que vota, cansada de tanta mentira, quiere la verdad.

Existe la España que castiga. Es verdad que el Partido Popular ha sido la fuerza más votada, pero también ha sido la fuerza política que ha tenido su mayor derrota al perder casi 4 millones de votos. Hay una parte de España que ha castigado su gestión, sus decisiones, su imprudencia y la corrupción que asola –y que asoma-. Esos millones de votos han visto que existe una alternativa posible ante la España real que nunca describieron.

La España del diálogo. Hay una nueva España con el deseo de generar nuevas oportunidades para una nueva sociedad que es real, aunque no la cuenten quienes hayan gobernado. De poco sirve ya contar sólo la España que interesa. Es imposible obviar al resto. Las dificultades vendrán al formar gobierno porque la España que queremos parece que no la queremos sólo con el PP. Hay una demanda rotunda de diálogo. Porque el grito unánime de estas elecciones ha sido un sí, pero con diálogo y consenso.

Sí, hemos visto que gestionar torpemente las expectativas no sirve de nada. Y quizás tampoco mover torpemente las estrategias en campaña: posiblemente Ciudadanos advirtiera antes de tiempo que apoyaría a Rajoy en caso de ser más votado para ceder los votos de Ciudadanos a útiles hacia el PP. Una vez más los españoles somos testigos de que la encuesta que vale es la del día de las elecciones.

Habrá cambios en España, como veníamos advirtiendo, pero cambios estructurales, no radicales porque, recordamos que el PP sigue siendo la mayor fuerza política. Hoy han sonreído los jóvenes que están fuera de España, los autónomos que pueden ver un futuro posible, nuestros mayores –los más solidarios en los momentos más difíciles-, también los estudiantes y los desempleados, las mujeres… Son muchas personas las que sufren y esperan más de nuestro país. Y en ese mapa plural, diverso, genial, nuevo, raro, disperso y complejo, escogido bajo los halares de la democracia dejan toda posibilidad abierta porque Rajoy podría continuar pero también. Pero también existe la posibilidad de tener nuevo presidente. Incluso presidente socialista. Ganar no significa gobernar. Soraya, en el recuento de votos, no sonreía demasiado, como sí lo hiciera en las pasadas elecciones europeas. Sintomático.

La España que queremos es eso, un síntoma lo que vendrá. Se quiere una España donde no se imponga. Una vez más, los españoles demostramos que queremos participar, pero participar para influir. Si cuentan nuestros votos es porque esperamos que cuenten con nosotros. ¿La protagonista de hoy? Una sola palabra: la esperanza. Queremos una España de diálogo y consenso, aunque la estabilidad no venga mañana. Parece que preferimos esperar y castigar a quienes nos han gobernado, a tener una estabilidad con un programa y un sistema que no compartimos.

Sí. Hoy queda escrito con tintes de colores que hay tiempo y lugar para la esperanza.