Your address will show here +12 34 56 78

“Como consecuencia de la victoria franquista, las “rojas” fueron barridas de los ámbitos públicos y las mujeres, en general, se vieron recluidas en unos hogares que constituyeron un verdadero “exilio doméstico”. Los mecanismo de represión impuestos fueron de muy diversa índole: desde la persecución , el encarcelamiento o el ajusticiamiento y la destrucción de sus pertenencias (…)”.

 

ÉSTE párrafo corresponde al artículo que publicó Susanna Tavera, Catedrática en la Universidad de Barcelona en Ayer (60/2005 (4): 197-224). El título original es “La memoria de las vencidas: política, género y exilio en la experiencia republicana”. Y entre sus párrafos podemos encontrar a mujeres cuyo ademán lo protagonizaban ideologías diferentes pero con un fin común: el compromiso por el cambio. Pero por el cambio de verdad, no aquél mensaje que se repite una y otra vez en diferentes campañas electorales con un fin puramente “marketiniano” más que verdaderamente político y significativo. Hemos de recordar que el mensaje  del “cambio” que verdaderamente funciona es aquél que se ejecuta, no que meramente se predispone.

A lo largo de los años 30 existieron muchas mujeres que fomentaron el cambio. Y muchas de ellas las desconocemos. Han quedado por siempre en el olvido o enterradas por la memoria de otras mujeres que, con razón o no, se convirtieron en verdaderos iconos.

Dar importancia a sus memorias es un ejercicio de modernidad para afrontar los retos del hoy y del mañana. Susanna no sólo las menciona, también ejerce una labor de investigación más allá de las fronteras de la admiración o el odio.

Algunas de esas mujeres son:

  • María Lejárraga (La Rioja 1874 – Buenos Aires 1974). Feminista y afiliada al Partido Socialista. Lo que escribió María acerca de Dolores Ibarruri: “(…) pero lo dice de tal manera y con tal convicción aparente y real que no hay entendimiento sencillo que pueda sustraerse a su influencia; y aún los escépticos (…) lloramos al oír [su] voz”.
6

PARA España, los años 30 supusieron un antes y un después en la política. La mujer no toma riendas, pero sí solicita una presencia en lo público donde antes sólo existían lavadoras y cambios de pañales. Puede que los conflictos bélicos hayan fomentado la igualdad entre las relaciones de género –como aseguran muchos investigadores– y, sobre todo, el protagonismo de la mujer en la política.

A lo largo de los años 30 era común la movilización, la creación de agrupaciones de mujeres y feministas, comités nacionales y las corrientes dentro de los partidos. Frente a la amenaza del fascismo, empiezan a surgir de manera más repetida palabras como “paz” y “libertad”. Ese fue el origen de la “guerra en defensa de la democracia”. El “pacifismo realista” no perseguía otra cosa que derrotar al fascismo para conseguir la paz duradera.

Después de escuchar a Andrea Fabra ese “que se jodan” en el Congreso de los Diputados, cabe analizar varios elementos: el tono, el momento, el lugar y la audiencia. ¿Cuánto no ha costado a la mujer luchar porque existiese una diputada en el Congreso? Y la siguiente pregunta, ¿por qué ese lenguaje de jerga tan vulgar y tan impropio de una mujer diferencial –como así se sienten ellos- de un Gobierno que ejecuta con mayoría absoluta? ¿Y por qué muestra tan poca profesionalidad en tamaña cámara y cuando los políticos suponen el tercer problema de los españoles? Andrea Fabra ha decidido seguir al pie de la letra la nueva fórmula popular del I +D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia.

Han pasado más de 80 años desde que la mujer pudo ser escuchada, desde que intentaba luchar por iniciativas que cambiasen el rumbo de nuestra historia. Lideraron una época, tremenda época. Pero cabe destacar que la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrolló un discurso militarista con un fin concreto: garantizar la paz. ¿Es una incongruencia? Quizás no en el momento en el que estaban jugando la partida: el momento de los fascismos.

Lejos de reírse de los parados o de la oposición, la mujer a lo largo de estos años combatió con el arma de su lenguaje para que aumentara la presencia de candidatas en las listas republicanas, para que pusieran más confianza en ellas y en su posición. Muchas lucharon, claro que sí. “Los hombres combaten en los campos, las mujeres debemos combatir en la ciudad”, aseguraba Victoria Kent.

Ochenta años más tarde, muchas mujeres nos echamos las manos a la cabeza al escuchar a otras mujeres, al ver que lo que representan queda lejos de los interesen de los ciudadanos, lejos de la política que dicen representar, lejos del respeto que se les debe tener. Hay mujeres que no defienden, imponen, que no presentan seguridad frente a lo que creen, sino una soberbia desmesurada que roza la enfermedad del “sobrepoder”.

Ese “que se jodan” se ha oído en la cámara baja porque hubo mujeres que lucharon por la presencia del género femenino en la vida pública. Ese «que se jodan» no suena honesto, ni humilde. Hoy son otras quiénes manchan ese derecho con comportamientos indebidos. El siguiente paso es que mujeres y hombres practiquen el buen ejercicio de la Política dentro de las paredes de esa cámara. Hay millones de personas en España que han perdido toda la confianza y cualquier atisbo de sinceridad en sus voces. Siguen esperando ese mañana eterno…

 

 

11