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El pasado 24 de noviembre, la periodista Graci Galán publicó en el diario Lanza la entrevista que me hizo hace unos días, justo cuando estaba preparando, junto a Antonio Guzmán, la presentación de A Praga desde la Mitad del Mundo en Málaga. Tengo que agradecer enormemente su atención y el tiempo que le dedicó a la conversación, que no fue poco. Me alegra enormemente siempre hablar de mi tierra y en mi tierra, porque una sabe que el destino siempre es Praga, pero jamás se olvida desde donde parte.

Espero que la puedan disfrutar en papel o en este enlace.

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Publicado en Cinco Días (EL PAÍS), el 4 de noviembre de 2017

El talento quiere volver a casa
. Así titulaba el periodista Luis Doncel su artículo el pasado mes de mayo. Desde 2012, el pasado 2016 se convirtió en el año en que se realizaron más bajas consulares de españoles residentes en el extranjero. Un total de 56.145 personas volvieron a España. Y, sin embargo, en enero de 2017 conocimos que se van más españoles que nunca, según el INE. Un total 2.406.611 españoles residen en el extranjero, españoles nacidos en España y con nacionalidad. Cataluña es la tercera comunidad autónoma desde la que parten españoles hacia otros países. Los emigrantes entre 16 y 64 años suman un total de 182.143, una cifra que ha ido en aumento los últimos años. Cataluña se encuentra en cuarta posición si contamos los españoles nacidos en España que se marchan a otros países, posicionándose por delante Galicia, Andalucía y Madrid. Con la situación política y económica en Cataluña, cabe sospechar que no sólo las empresas se irán, también las personas. ¿El motivo? La incertidumbre.

MÁS MUJERES EMIGRANTES

Que haya españoles que no quieran volver —o que no puedan— y que las personas que recibió España de otros países, que lograron nacionalidad española, regresen a sus países de origen, también es un síntoma de la situación española. No es nuevo decir que un 67% de extranjeros consiguieron la nacionalidad y suman al total de los extranjeros que están fuera de casa. Lo novedoso es poner el acento a una inexactitud, ya que nos han repetido que este movimiento migratorio sumaba casi el mismo número de hombres que de mujeres. No es verdad: desde 2009, son más mujeres las que se han acabado marchando. 1.220.202 frente a 1.186.409. Han existido años en que la diferencia ha sido mínima; otros años, no.

«De casa echo de menos a mi familia y a mis amigos, las cuatro estaciones del año y el anochecer a partir de las 9 de la noche… Esto último lo echo mucho de menos. Y no quiero volver porque aquí soy feliz, Ecuador me ha dado una oportunidad laboral que en su momento no me dio ni España ni Catalunya», dice contundente Rosa Vilaplana, natural de Lleida y doctora en Agronomía. Lleva viviendo en la mitad del mundo más de tres años.

A colación de su experiencia, cabe decir que el valor absoluto de españoles en Ecuador según el INE en enero de 2017 era de 53.399; y 991 mujeres más que hombres. Durante 2015 y 2016, junto con los ecuatorianos, los españoles vivieron la erupción de dos volcanes, el peor terremoto de la historia del país donde fallecieron casi 700 personas, la crisis económica por la bajada del precio del petróleo, dos elecciones en España desde la distancia, más las elecciones ecuatorianas que provocó decenas de movilizaciones en las calles en contra del Gobierno de Rafael Correa. En 2016, 4.515 personas volvieron a casa.

LA INCERTIDUMBRE Y LA FALTA DE OPORTUNIDADES

El retorno de talento a España no será fácil. Menos aún que nuestro país aprenda a capitalizar ese talento. Generar conocimiento a partir de los datos es algo en lo que no invierte nuestro gobierno, tampoco las fundaciones de algunas de las empresas más importantes de nuestro país cuando se lo sugieren.

En Cataluña, las empresas se están marchando por el mismo motivo por el que los españoles se van de España, sumen también la desestabilización. Ya van más de 1700 empresas desde el referéndum del 1 de octubre, algo que repercutirá directamente, también, en el empleo de miles de catalanes y personas residentes en Cataluña. Tomamos la decisión de marcharnos cuando no hay oportunidades o las oportunidades están en riesgo, incluso aunque los empresarios garanticen que abandonar Cataluña supone proteger a los empleados, los clientes e inclusos accionistas.

CREER EN ESPAÑA

«Si no hubiera una pronta solución a este asunto, nos deberíamos ver obligados a una bajada de las expectativas de crecimiento económico para el año 2018», dijo la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el pasado 13 de octubre  en el Consejo de Ministros. En mayo, Bruselas elevó la previsión de crecimiento en un 2,8. Antes de la situación catalana estaba en un 2,6. Pocos días después de la declaración de la vicepresidenta, España rebajó su previsión de crecimiento a un 2,3%. Puede que sus palabras se lanzaran para presionar a Carles Puigdemont, presidente de la Generalitat, y presionar a la oposición para consensuar un solo escenario. No obstante, presionan, sin duda alguna, la confianza de los españoles, tanto los que tienen un trabajo inseguro en España, como los que están pensando en volver. Hay más de una generación que se ha hecho adulta en crisis, hemos crecido bajo el halo de la contaminación mediática y las buenas noticias aún suponen ser un sueño inalcanzable. Sabemos que España es un país extraordinario, pero un país extraordinario envejecido con una situación política y un mercado laboral que acumula 14 años seguidos perdiendo juventud.

Paulo Carlos López es doctor en Comunicación. Desde Ibarra, Ecuador, esto piensa y dice en alto: «echo de menos sentir la piedra de Santiago de Compostela en mis pies y las callejas de mi pueblo, Betanzos. Extraño el frío, el calor y a mi madre. Quizás este sea el problema de salir del útero a los 30. Después de casi dos años en la mitad del mundo, solo tengo una certeza: la morriña gallega existe y es como la que me contaron. No quiero volver porque no puedo».

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Publicado en BEZ el 11 de julio de 2017

Entrevista a la escritora ecuatoriana María Fernanda Ampuero.

«El cuerpo de María Fernanda Ampuero, la libertina escritora ecuatoriana, famosa por sus textos indecentes y su vida disipada, ha sido hallado esta madrugada envuelto en fundas plásticas negras en la playa de Montañita, en el mismo sitio donde una vez, según cuentan varios testigos, pretendió tomar el sol topless y fue reprendida por la Autoridad Competente por “conducta inmoral”». Así empezaba María Fernanda el artículo en El Telégrafo de Ecuador titulado La escritora que murió por puta. Así denunciaba ella el años pasado las críticas que recibieron dos jóvenes que habían sido asesinadas en Ecuador. Si no quieres caldo, dos tazas, que diría mi madre. Sirvan estas líneas para que se empapen del tipo de periodista que es, el tipo de escritora que leen: pertinente, tenaz, libre, feminista.

Ha recibido diferentes premios siendo el último el Premio Cosecha Eñe 2016. No paraban de hablarme de ella. Y resulta que vive en España. Y además no paran de invitarla para hablar de Cien años de soledad en todos los saraos madrileños ahora que la novela de Gabo cumple 50 años. ¿Cómo estás? —Empieza. Y elaboramos un breve circuito de nuestras vidas que mucho tiene de real y poco de mágico. “Esta novela define tantas cosas que es imposible no mencionarla. Gabriel García Márquez era un magnífico escritor”. Cuéntanos más. “Sin embargo, asumo que hay que hacer lecturas y relecturas desde el punto de vista del feminismo, revisitar Macondo con otra mochila, la feminista”. Mientras el debate estos días se centra en que la obra de García Márquez responde a un momento histórico y a un país, y que el periodismo también es un género literario, María Fernanda se revela: “los ojos de los lectores, para mí, son mucho más importantes que el momento histórico que representa. Cien años de soledad no es un libro de historia”. Convincente, sabedora; a esta escritora no hace falta mirarla a los ojos para descubrir cuál puede ser la siguiente frase que nos diga. Ella sabe provocar esa sensación. ¿Cómo finalizaría María Fernanda Ampuero Cien años de soledad si la novela estuviese sin concluir? “Bueno…” Se da unos segundos, nueve para ser exactos. “No sólo la terminaría. Crearía unos personajes masculinos menos ilusos y menos brutos. Creo… Igual estoy fantaseando con que yo soy capaz de hacer eso. Pensaría en una gente más… real”. Venga, suéltalo. “No crearía unos hombres que son ilusos, destructivos, fantasiosos y absurdos; o unas mujeres que sólo son o putas o vírgenes”. Vaya, y de pronto revolotea en la conversación el “binarismo latinoamericano” al que ella misma alude. Seguimos hablando. Un poco de agua no viene mal. Y no llegamos a una conclusión sobre el final para seguir hablando las mujeres de Macondo. “Es que hay un maltrato al plano doméstico”. Además, ellos matan mientras ellas dan vida, dice: “esta es una historia de pedofilia, niñas prostituidas, incesto, virginidades inexpugnables, infidelidad, esposas sumisas, mujeres sin pecado que ascienden como la virgen María, mujeres a las que se viola en una maraña de descripciones”. Amén. Y risas, aunque el tema no tiene gracia. Admite que hubiese escrito, finalmente, un libro diferente al que conocemos hoy, al que se vanagloria hoy. ¿Puede ser que este desprecio a lo doméstico, a la mujer, esta recreación del hombre iluso, bruto… haya sido también la candela de su éxito? Éxito además que, de manera consciente e inconsciente, socialmente está aceptado. Y muy valorado. “Cierto, y no se ha hecho la suficiente crítica. Es como si existiera un halo de Gabo intocable porque era un tipo agradable y cercano. Él era magnífico, pero a mí me parece que nadie es intocable. La honra de este aniversario es releer la obra desde el punto de vista crítico porque, desde la relectura, homenajeamos más esta obra”. Lo tiene claro con García Márquez: “su trascendencia no hubiese sido tan enorme si no tuviera ese aire de buen salvaje, del latinoamericano capaz de maravillarse con la normalidad del desarrollo humano; no hubiese sido tan enorme sin esa visión que se tiene de la familia donde hay un patriarca, el resto son satélites que giran alrededor de ese patriarca que permite que su universo sea posible”. María Fernanda considera un error alabar esta parte de la realidad: “se celebra el aniversario de una obra magnífica, pero no le hacemos ningún favor si sólo aplaudimos. De hecho, se rechazó su lectura en la generación de los noventa”. Seguimos cantando loas del libro de Gabo años después y sólo hay una pequeña parte del mundo literario y periodístico que habla de las mujeres, del papel de las mujeres en el libro, de cómo son ellas en él, cómo aparecen y cómo se tratan: “Mujeres llamadas Santa Sofía de la Piedad que no existen, que limpian, planchan, cocinan, pero no existen. Mujeres llamadas Pilar Ternera, con una «magnífica vocación para el amor», es decir, promiscuas, indignas de un lugar en el mundo, madres de bastardos, que viven disputando el amor a la esposa, a la señora, a Fernanda, que tiene asco de su propia mierda. Mujeres de hombres locos, que se tienen que tapar los oídos con cera de abeja o que tienen que sacrificar su herencia por alguna loca empresa del marido”. Escrito por una mujer… ¿este libro habría el mismo éxito? “No”. No ahora, en el momento en el que Gabo lo escribió, en ese contexto, en Colombia. “No”. ¿Qué hace falta para que se valore la literatura de las mujeres? “Que haya una explosión nuclear”, dice, medio en broma medio en serio. Ella asegura que “existe una discriminación taimada al hacer listas de las mejores escritoras como si fuéramos una secta o un grupúsculo. Las mujeres cultivamos todos los géneros y somos tan escritoras como los escritores. ¿Por qué hay que hacer listas aparte?”. Importante reflexión. Por desgracia ahora también está de moda compartir listas de las obras de escritoras, para visibilizarlas se entiende, pero para consumir gratis. Mire usted qué bien. ¿Esto no sería violencia? Regresamos a los Cien años de soledad que Gabo nos dibujó. María Fernanda vuelve a negar que la obra aluda a un momento histórico; cuando oye decir esto ella responde en su momento histérico. Y sin embargo sabe que cada uno de esos cien años solos es una joya. Uno de los recursos donde más disfrutamos de Gabo es en la descripción, sin duda. ¿Qué destaca Fernanda? “García Márquez es un genio del idioma. Tiene el prodigio de conocer todas las palabras. Eso sí que es realismo mágico. Hace malabares con el diccionario sin que parezca difícil. Todas las palabras que escribe caen tan perfectamente que sientes todo, el tacto, el gusto, la profundidad… Crea una atmósfera perfecta con las palabras y consigue convertirse en un poeta narrador”. A veces los finales se terminan empezando. Volvemos. “Pueden pensar que ya están estas mujeres a cargárselo todo. Y no. Al contrario. Yo adoro esta novela. Fue fundamental en mi adolescencia. Pero hay que decir las cosas. Las únicas que nos justificamos por hacer una determinada lectura somos las feministas. Destacando este punto de vista yo sí creo que esté haciéndole un homenaje a Cien años de Soledad”.

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