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ESTA mañana, Carles Francino mencionaba, en la cadena SER, el último discurso de Obama como de filosófico más que político. Quizás la intervención en Libia sea una intervención política, sea una intervención dura y arriesgada, ardua y posiblemente en muchos sentidos incomprensible. Pero lo cierto es que ese país está viviendo una situación insostenible donde un líder no se baja de su pedestal. Y no se baja porque se siente seguro: tiene el tesoro que todos quieren. Sin embargo, en muchas ocasiones es mejor escoger la estrategia oportuna a escoger la estrategia de siempre. Es mejor dar discursos de valores, discursos filosóficos más que políticos y cargados de ideas que no llevan a ningún sitio.

Libia no es vital para Estados Unidos, como no es vital para muchos otros países. Pero Estados Unidos tiene y siente la necesidad de intervenir no sólo por cuestiones políticas. El gigante americano no ve necesario la intervención cada vez que a un país le vaya mal, pero sí lo ve pertinente siempre y cuando el rumbo de las cosas puedan cambiar significativamente. ¿Qué hay detrás de estas palabras? Puede que muchos intereses no sólo con Libia. Pero en vez de rebuscar en el infinito de las interpretaciones, lo cierto es que ese discurso filosófico coherente y realista responde no a la estrategia de siempre, sino a la oportuna.

El periodista Jon Sistiaga decía, en su libro “Ninguna guerra se parece a otra”, que la guerra de Irak fue, posiblemente, la guerra mejor contada. Una guerra que costó miles de vidas. Pero Obama descarta de nuevo una estrategia así. El liderazgo norteamericano tiene sus límites: “El liderazgo norteamericano no es cuestión de ir solos y asumir todos los riesgos. El verdadero liderazgo es crear las condiciones y las coaliciones que permitan que otros den también un paso adelante”.

Y a este respecto, quien mejor podría hablar de la filosofía para la política es Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro “Filopolítica”.

 

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EL pasado miércoles, 29S y huelga general, ocurrió, quizás, lo que se preveía. Mucho eco anticipado en los medios de comunicación, poca (o escasa) repercusión posterior y una entrevista cordial de Carles Francino en la SER entre María Teresa Fernández de la Vega y Cándido Méndez. Y esta huelga dá que pensar, porque muchos son los tipos de parados/desempleados que existen en nuestro país. Nacionales unos, inmigrantes otros. Con subsidio de desempleo unos, sin él otros. Con estudios unos, sin estudios otros. Cobrando por chapuzas unos sin cotizar, sin hacer nada otros esperando que un milagro caiga del cielo. Jóvenes que vuelven, o no se fueron nunca, de sus casas con una, dos o más titulaciones. Jóvenes que no saben dónde ir ni qué hacer o a quién acudir, y que aún tienen la esperanza de cumplir su sueño y dedicarse a aquello que siempre desearon. Hombres mayores, maduros, esposos, separados o divorciados, con varias bocas que alimentar, estudios, hipotecas y facturas que pagar…

A propósito del 29S, así se ve, en cierto modo, el panorama. Aunque la clasificación podría extenderse sin fin, eso es evidente. Y anoche, con llamada o no de atención, se emitió por televisión “Los lunes al sol”.

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