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Publicado en Sesión De Control (6 de septiembre de 2013)

La Real Academia de la Lengua define la incoherencia como aquello que carece de la debida relación lógica con otra. Y si hablamos de los discursos, nos ceñimos a aquellos que resultan ilógicos en su razón de ser por incoherentes.

El Gobierno de España ha emitido recientemente discursos esperanzadores acerca de las cifras del paro (y de otras muchas). Un discurso incoherente e imprudente que evita leer la letra pequeña del comunicado y los signos matemáticos que preceden a los sustantivos que, innegablemente, se convierten en los protagonistas de las portadas de los medios de comunicación.

Menos paro, más emprendedores, más innovación, más inversión, más conocimiento, más emprendedores… Más valores positivos que negativos, que bien podrían hacernos más felices y más pacientes con respecto a las medidas del Ejecutivo. Sin embargo, no somos más felices ni más pacientes. ¿Por qué?

Cuando más no es más

El discurso esperanzador del Gobierno en relación con los datos económicos es escuchado por la sociedad, pero no lo experimenta. La teoría está exenta de práctica. Y por lo tanto, este discurso no es convincente, no motiva, no emotiva y no ilusiona. La “escucha”, con todas sus letras, es el ingrediente clave que hace que la fórmula de la comunicación tenga éxito y funcione. Y mientras el Gobierno celebra por doquier que el desempleo baja, aunque sea en 31 personas, el resto de los mortales conoce cada 90 días un ERE nuevo en alguna empresa de nuestro país, como el de FCC o el del periódico El País.

No existe persona que camine por la calle a la que no le haya afectado alguna medida de la nueva reforma laboral. Son hijos de la crisis. El desempleo baja, sí, en 31 personas. Un dato positivo por el que sonreír, quizás, sin ganas, porque… no es suficiente. Y no es suficiente porque se sigue destruyendo empleo, los contratos cada vez son peores y apenas existe seguridad para maniobrar incluso en la vida de uno mismo. El sentimiento de los trabajadores en España es parecido al de ir en un barco a la deriva sin timón ni capitán, a punto de caer por la borda en cualquier momento en función de por dónde sople el viento.

¿Emprender o ayudar?

Otra incoherencia discursiva la encontramos en los vítores y los aplausos hacia la futura Ley de Emprendedores que anunció el Gobierno el pasado mes de junio. Según la entradilla de El Economista “la esperada Ley de Emprendedores traerá consigo no sólo la esperanza de una recuperación económica sostenida sobre la base del apoyo a pymes y autónomos, sino también nuevas estructuras societarias que en su afán de eliminar trabas nacen ya de por sí ineficaces”.

Vemos positivo el emprendimiento, las facilidades para crear y crecer, aprender y aportar al tejido económico de nuestro país. Hasta ahí, bien. Pero el discurso empieza a ser incoherente cuando geolocalizamos los problemas del tejido empresarial de España, cuando vemos que, el mismo Gobierno que impulsa facilidades para los emprendedores, no es capaz de salvar a los que ya tiene.

Un caso concreto y focalizado se encuentra en Ciudad Real con las empresas de transporte de viajeros. En esta provincia, más de 20 empresas han sido excluidas del concurso público de transporte escolar a riesgo de perder todo lo que tienen, debido a la inexistencia de la documentación pertinente (clasificación) fruto de una burocracia administrativa lenta y torpe incapaz de solucionar el problema a tiempo, incapaz de atender antes a lo crítico en vez de a lo que “toca”, además de líderes incapaces de negociar con aquellos que pueden perderlo todo.

La Administración, indudablemente, se aprovecha de esos pequeños empresarios de siempre, curtidos más por el oficio de la vida que por el de la academia y que, en la mayoría de ocasiones, “prefieren la obediencia al debate”, como decía Carlos Fuentes en “La silla del águila”.

Aquellos políticos que quisieron ayudar y no supieron, y aquellos que pudieron y no quisieron, verán caer el esfuerzo de muchas personas y muchas familias que han dedicado toda una vida al volante. “El hambre agudiza el ingenio” escribió oportunamente la ‘puertollanense’ María Dueñas en su novela “El tiempo entre costuras”. Esperemos que estos empresarios –o estas familias- sigan soñando, a pesar de las zancadillas, y agudicen el ingenio, sean creativos e impulsen la labor que un día comenzaron.

Pero… si esto ha ocurrido en Ciudad Real y en un sector concreto… ¿cuántas empresas más estarán en riesgo en el resto de España? ¿Y en qué situación? ¿Cuántas familias?

Imprudencia es la palabra

Volviendo a la reforma laboral, a Fátima Báñez se le llenaba la boca a finales de agosto de éxitos gracias a ella. Y de regalo, una reforma más: la reducción de los modelos de contratación a cinco. Emitió un discurso anodino, repetitivo y con trampa, ya que la letra pequeña se le puede volver en contra con el tiempo y, a modo de boomerang… ¡zas!, darle con fuerza donde, quizás, más le pueda doler.

Pecó de imprudencia, porque el fondo de la red laboral en nuestro país es tan frágil como enfermo inevitable con huesos de cristal. Esa es la palabra: imprudencia. Y ese es el fondo de la incoherencia discursiva del Gobierno: mucha teoría que nada tiene que ver con la práctica y con la realidad. Mucho ruido pero… pocas nueces.

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Publicado en Sesión De Control (1 de mayo de 2013)

El Gobierno ha ocultado las consecuencias reales de la reforma laboral. Se empeña en defenderla como una herramienta de creación de empleo, pero la realidad es más tozuda. Todo esto tiene, también, consecuencias nefastas en la comunicación del ejecutivo.

Si ahora mismo fuera tiempo de campaña electoral, todos los partidos políticos tendrían una estrategia definida en función de los resultados de un diagnóstico previo. Y, por tanto, ya tendrían un objetivo y un mensaje para dirigirse a su público objetivo: el público que necesitarían para ganar las elecciones. Hablamos del ‘target’ principal de campaña. Si ahora se celebrase una campaña electoral, todos los partidos políticos necesitarían un discurso movilizador, emotivo, creíble, certero, clave y breve para activar el voto de un electorado fundamental: los hijos de la crisis.

¿Y quiénes son los hijos de la crisis? No son solamente los jóvenes recién titulados que han tenido que coger las maletas y montarse en un avión abandonando España. No. Muchos sociólogos estarán de acuerdo en que los hijos de la crisis empiezan desde los pequeños que, seguramente, votarán en las próximas elecciones, pasando por sus padres -que en algunos casos estarán en paro-, esos hermanos que ya se habrán marchado, y esos abuelos que intentan ayudar, con o sin mucho éxito, al resto de la familia. Los hijos de la crisis no son solamente un porcentaje de la población, sino todas las personas que se han visto afectadas por el hecho irrefutable de la pésima gestión de aquellos que más tienen.

Una reforma para.. ¿crear empleo?

La Reforma Laboral vigente se aprobó tras la reunión del Consejo de Ministros el 10 de febrero de 2012 mediante un Decreto Ley. Según el discurso del Gobierno del Partido Popular, esta reforma pretendía “facilitar la contratación, con especial atención a los jóvenes y a los parados de larga duración, potenciar los contrato indefinidos frente a los temporales y que el despido del último recurso de las empresas en crisis”. Después de la lectura de la reforma y de escuchar el discurso de la ministra Fátima Báñez, los expertos coincidieron en que esta reforma no generaría empleo, sino que lo destruiría. El Gobierno se olvidó de comunicar en su discurso la letra pequeña, algo que, a la larga, genera contradicción en la comunicación y aumenta la desconfianza hacia quien emite el mensaje.

El texto en El País de Alfonso Prieto y Antonio González titulado “Una reforma… para destruir empleo” es una radiografía de esa letra pequeña que el Gobierno jamás llegó a comunicar, ni a los hijos de la crisis, ni al 70% de su fiel electorado. Jamás dijeron que esta reforma promueve el despido, no la contratación. Se rebajan las indemnizaciones por despido de todos los trabajadores con contrato indefinido, se facilita el despido por causas económicas, se facilitan los despidos colectivos, se pueden crear contratos indefinidos con un periodo de prueba de un año en el que si te despiden, no estás sujeto a indemnizaciones… Una larga lista de argumentos que evitaron en todo momento incluir en el discurso.

Crear empleo, crear empleo, crear…

La repetición es un recurso lingüístico que funciona en el mundo del marketing en general y en los discursos políticos en particular. ¿Cómo si no nos acordamos de muchos anuncios de televisión? ¿Quién no se acuerda de la canción del Cola Cao? En política, se emplea este recurso también en infinidad de ocasiones. Unas veces se usan bien y otras mal, llegando a aburrir o, mejor dicho, llegando a anestesiar a la audiencia.

En el caso de la reforma laboral, la ministra de Empleo, Fátima Báñez, desde que entró en vigor la reforma, ha repetido en infinidad de ocasiones, en sus intervenciones, que se crearía empleo con el fin último de hacer creer a la ciudadanía –a los hijos de la crisis- que así sería tarde o temprano. Incluso la web del Partido Popular tituló en un post que esta era la reforma laboral de la creación de empleo. Pueden estar tratando de mantener la esperanzas de las personas que más necesitan de un ingreso, porque son emocionalmente las personas más vulnerables. Pero, desde luego, en este momento tan desolador, la repetición juega un efecto rebote porque el discurso, más de un año y medio después, no se adecua ni con los datos ni con la realidad.

La rectificación

Y del error, a la rectificación. Pero en todo este juego, quienes más salen perjudicados son los hijos de la crisis, el electorado que querrán movilizar en las urnas cuando se presenten de nuevo a las elecciones. Si a un electorado se le manipula y se le engaña, ¿cómo se le puede pedir el voto después? Quizás, olvidando la vergüenza en casa.

Después de conocer estos últimos días las previsiones tan negativas para nuestro país, la ministra sale con micro en mano para decir ahora que “la reforma laboral no fue pensada para crear empleo” y que “queda un camino largo y difícil para crear empleo”. Una rectificación que llega tarde, una comparecencia que no tiene credibilidad, una ministra que no proyecta confianza.

Además, es un secreto a voces que muchas familias viven tan sólo de pequeños ingresos que obtienen de arreglar chapuzas o de limpiar casas. Trabajan sin seguridad social, sin protección, sin un seguro para sus familias, sin saber si mañana podrán comer. Y ahora se ha sabido que, tanto el Ministerio de Interior como el de Empleo, han firmado un convenio para luchar contra este fraude y muchos otros. Pero, de nuevo, dejando fuera de su comunicación qué harán para luchar contra los paraísos fiscales, lo que verdaderamente daría un impulso económico a nuestro país si llegasen a tributar los que más tienen. No obstante, este es un discurso que nunca repetirán a los hijos de la crisis, por lo que pudiese pasar en campaña electoral…

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VIERNES noche. Conducía por las calles, concentrada. Aparcó el coche justo enfrente de casa. Gira la llave, desconecta el motor de arranque. Recoge sus cosas y sube a casa. Librarse de las cosas que llevaba encima era su prioridad, pero sonó el teléfono.

–       ¿Has visto lo que ha pasado en los aeropuertos?

–       Ummm… No, acabo de llegar a casa. Aún no he encendido la televisión y esta tarde no he podido leer ningún medio…

–       ¡Los controladores se han puesto en huelga masiva y todos los aeropuertos están parados!

–       ¿Todos?

–       Sí, ¡toda España!

–       Sí, sí. Lo estoy viendo ahora mismo en la televisión. Acabo de encenderla

–       ¡He cogido el último avión en Barcelona! ¡Antes de que pasara! Poquito ha faltado para que no llegase a Madrid…

  • Primera impresión, primer pensamiento: -Ufff… A Zapatero esto no le conviene… Paso A: creación de gabinete de comunicación y gestión de crisis.

Sábado, 8:00 AM. “El Gobierno piensa comunicar el Estado de alarma si la situación no se controla”. Se pasó, prácticamente, todo el día conduciendo hasta llegar a su destino. La única conversación que escuchaba era la de la radio: noticias, comentarios, comentarios y noticias, mesas de debate, llamadas telefónica de oyentes; la historia narrada de viva voz por los periodistas que se iban turnando en sus puestos de trabajo para “dar lo último” de una situación aparentemente ingobernable, de una desesperación incontrolada.

  • Estado de alarma: “es un régimen excepcional que se declara para asegurar el restablecimiento de la normalidad de los poderes en una sociedad democrática”.
  • Estado de alarma: la primera vez que sucede en la democracia de España.

Sábado noche, 22:00 PM. Segunda impresión: Rubalcaba sale y comunica. Salgado sale y comunica. Blanco sale y comunica. AENA sale y comunica. ¿Y dónde está Zapatero? Mal, Zapatero no sale. Pero lejos de venirle mal, lo está reforzando: la gente afectada, miles de víctimas en contra de los controladores; el Gobierno, criticando la actuación de los controladores y respondiendo con mano dura; el PP, en contra de los controladores (y Granados apoyando la gestión del Gobierno).

  • Consecuencias: millones de euros perdidos en una situación económica nacional de declive, miles de personas desesperadas víctimas de las falsas bajas masivas de un colectivo que, a priori, no tiene por qué quejarse cuando hay más de cuatro millones de parados en este país quejándose, pero aguantando la situación y luchando, como pueden, por sobrevivir. ¿Qué pasaría si ellos se levantasen y empezasen a arremeter con todo lo que encuentran a su paso? ¿Habría ejército suficiente para pararlo?
  • Pregunta: Ahora, ¿qué pasará con los controladores? ¿Serán despedidos? ¿Se tomarán medidas como la que tomó Reagan en su día?

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