Publicado en El País, blog Mujeres, el 30 de diciembre de 2014
Unas doce horas de avión para aterrizar en el país de las rancheras. La Ciudad de México fue la escogida para celebrar los pasados 4, 5 y 6 de diciembre la VI Cumbre de Comunicación Política que, este año, contaba con un eje nuevo: mujer y política. Un eje tan necesario como vital para incidir, una vez más, en algo que necesita de más y mejor atención. Pero un eje que aún sigue siendo noticia cuando no debería. Mientras tanto, se sigue en la lucha. ¿El objetivo? El mismo, sigue siendo el mismo: igualdad, más valores, mejores principios.
Ann Liston, profesional de la estrategia y socia de Adelstein Liston, abrió las puertas de la cumbre con su ponencia y aludió que las mujeres son más del 50% de la población y que, por tanto, no son un tema más en política: son el tema principal. En un mundo cambiante y con sed de justicia, Latinoamérica se ha convertido en ese espacio donde un tercio de los gobernantes ya son mujeres y, en comparación mundial, ya tiene el número más alto de representantes. Más mujeres, dijo, son necesarias para más democracias y menos dictaduras. Evidentemente, puso diferencias entre los hombres y las mujeres. Las mujeres logran más acuerdos y se cree que las mujeres son más dignas de confianza, dijo. Ella opina que las mujeres deben apelar a la simpatía para ser electas y según su experiencia en Estados Unidos, el 90% de la población votaría por las mujeres: “En Estados Unidos los votantes esperan que las mujeres candidatas sean simpáticas, además de preparadas”. Y añade: “No sólo las políticas cambian el marco político. También las mujeres entre bambalinas marcan la diferencia política”.
Thomas Edmons no habló de mujeres expresamente en la Cumbre mexicana. Este consultor republicano focalizó su discurso en la deseada hipótesis de quién ganará las próximas elecciones de 2016 en el país que, aún hoy, preside Barack Obama. Habló de lo que le preocupaba a los republicanos: que si la política exterior, que si el déficit presupuestario, que si la debilidad del crecimiento económico… ¡Ná! A los demócratas les interesa la salud, la inmigración… Pero a la audiencia la interesaba lo que le interesaba cuando aludió a la prematura, según él, muerte del presidente. James Aldrete, estratega demócrata, le respondió expresamente a Edmons: “El muerto no siempre está muerto”. Exacto. Pero vamos a lo que vamos, a lo interesante, a lo que queremos saber, señor Edmons: ¿quiénes serán los candidatos de las próximas elecciones? Curioso, y ahí voy. Entre sus apuestas demócratas mencionó a dos mujeres: Hillary Clinton (con el 64% de probabilidades de que lo fuera) y Elizabeth Warren (con el 8% de probabilidades de que fuera ella la candidata. Entre los posibles candidatos republicanos que barajó, no citó a ninguna mujer. Y digo lo que diría Soledad Gallego-Díaz: 163.638.417 mujeres en Estados Unidos (50,6%), ¿ninguna es lo bastante buena? ¿Y republicanas?
Claudia Corichi es senadora y secretaria de la Mesa Directiva del Senado de la República de Mexico, un país en crecimiento, sí, pero aún donde la astucia y la picardía es Ley y donde la amabilidad y la seguridad se siguen pagando con unos pesitos de más. Su conferencia estuvo protagonizada por el género femenino en política, así como la feminización de las campañas electorales. Corichi definió el cuarteto en el que la mujeres hemos estado siempre enmarcadas: la casa, el convento, la cárcel o el manicomio. Es por eso, según ella, que se necesitan más estrategias y más política para ayudar a la mujer a empoderarse. Además, la reducida participación de las mujeres la achacó a un modelo de déficit en el liderazgo femenino. Ella buscaba líderes que pusiesen atención a las necesidades desde una perspectiva humana, y apuesta por candidatas que sumen esfuerzos, que busquen nuevos códigos, nuevos estilos de hacer política y que defendieran sus candidaturas. Corichi puso el ejemplo de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff y su “no necesito hacer política como los hombres para ganar”. Según la senadora, “logró feminizar la manera con la que nos comunicamos”. El final de Corichi es clave: “La sociedad se enfrenta a un gran reto: el que las mujeres sean reconocidas entre sí de que son líderes. Cambios de conciencia, de organización, de cultura. No sólo depende de la reforma electoral. Es un esfuerzo también entre las mujeres: sus valores como persona”.
En relación a la dirección femenina de las campañas electorales, Imma Aguilar, periodista y asesora del Grupo Entesa del Senado español, marcó las diferencias existentes entre el ajedrez y el arte de la guerra, es decir, “la diferencia sutil entre las guerras y las batallas”. En el ajedrez, según ella, no sólo hay reglas y la fuerza no tiene relevancia alguna. El ajedrez, además, es juego. Y en ese juego la esencia es la inteligencia. Por tanto prefiere la inteligencia a la guerra en sí misma. En esta guerra afirmó que falla la comprensión entre representantes y representados y, por lo tanto, falla la vieja política. “Se necesita otra política”, dice, “la neopolítica, aquella que es más colaborativa y empática”. Y es la que intenta llevar a cabo en su día a día profesional. “Sin orden no hay campaña. El fin último no es democratizar las campañas, sino montar campañas invencibles. No es una exigencia ética ni de justicia, sino de no renunciar a todas las capacidades que pueden adaptar nuevos estilos”.
Alberto Pedro es doctor e investigador en Chile y a su ponencia le dio un toque especial, el de «perfume de mujer». En su arranque, distinguió tres tipos de feminismos: 1) el «feminismo clásico», que no sirve de mucho según él, porque se ve al hombre como un adversario; 2) el «feminismo chic», aquel que es como la serieSexo en Nueva York y que ve al hombre como a un juguete; 3) y el «feminismo pop», donde los hombres no son rivales sino que forman un equipo con la mujer. Él es de los que defienden que no se puede centrar el feminismo sólo en la mujer. Y recordó que una candidata mujer en una elección no es el tema “mujer” de un programa político.
El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí se subió al escenario para hablar de personas y de política, sobre todo de aquellas mujeres que a él más le habían inspirado y de las cuáles más había aprendido. Y en su conferencia, arrancó diciendo que ser feminista en el siglo XXI es el camino más directo y más rápido para hacer mejor política: “Tenemos que aprender a feminizarnos en la vida personal y en la política, en la vida profesional y en nuestras campañas”. Y es cierto lo que recordó, que los éxitos de las mujeres parecen menos éxitos en la actualidad: “Se les reconoce la mitad del trabajo, les cuesta el doble llegar y permanecen la mitad del tiempo”. Para feminizar la política hay que inspirarse en las valientes, dijo: “Dime cómo eres y te diré cómo me vas a gobernar”. E invitó a luchar contra los silencios, porque “la lucha contra los silencios es la primera a favor de la política”. Gritemos pues: “Las voces son necesarias para la libertad”.
Pero aún no hemos hablado de cuotas, un tema que genera más que debate en el mismo debate sobre la igualdad. Cecilia Romero, diputada y senadora de la República de México por el Partido de Acción Nacional, hizo la gran pregunta: las mujeres en política, sí, pero después de las cuotas, ¿qué? Después de las cuotas, dijo, existe la necesidad de que participen más hombres y mujeres por igual para solucionar los grandes problemas de los países: “Eso es ser hombres y mujeres responsables en el siglo XXI”.
En mi exposición, puse el acento no sólo a las campañas de mujeres que no funcionan. Intenté demostrar, a través de una aplicación, que el mensaje de las mujeres candidatas en campaña no moviliza al electorado femenino. Al menos no ocurrió en las últimas elecciones europeas de 2014. En escasas ocasiones se estudia la relación entre los mensajes de las políticas y la movilización del electorado femenino. Pero es algo que preocupa. Y mucho. Ese efecto es llamado en la academia como gender affinity effect, o efecto de afinidad de genero. Más mujeres en las listas electorales de un año electoral a otro no significa más igualdad. Y si sumamos los escaños de mujeres en el Parlamento Europeo, por ejemplo, llegamos a la conclusión de que existe un grandísimo problema en cuanto a la representación social. Existe una brecha aún muy grande donde los profesionales de la comunicación tenemos una gran tarea y una gran responsabilidad: debemos investigar más y escuchar más.
Sólo comprendiendo bien lo que está ocurriendo podemos ayudar a construir más y mejores sociedades. Feminizar las campañas electorales ya no es una ilusión, es un hecho. Feminizar la política es el gran reto, humanizar sociedades el gran objetivo.
La Cumbre la selló una mujer: Lilian Tintori, la activista por los Derechos Humanos y, como ella misma se identifica, luchadora por la democracia y la libertad en Venezuela. No lucha sola: lo hace en equipo con su marido, Leopoldo López, encarcelado por un discurso que según el Gobierno de Maduro incitaba a la violencia. Tanto ella como él se defienden de esa acusación: querer una mejor Venezuela no es delito.
Las diez horas de vuelo de regreso a España desde México se hacen cortas cuando se divisa lo que aún queda por recorrer para llegar a la tan ansiada igualdad. Igualdad de derechos y oportunidades. Algunos profesionales impulsamos algo que debería ser normal en sociedades democráticas. Investigamos, escuchamos y compartimos para dibujar palabras que inspiren nuevas formas de hacer sentir, sentir que hay que hacer y, sobre todo, qué hay que hacer para poder decir. Se investiga cada vez más para que haya más políticas para otra política. Como decía Empsy Cambell, «feminizar la política es el reto del siglo XXI».
Publicado en El País, blog Mujeres, el 09 de enero de 2014
-Nunca pensé que hubiera buenos ajedrecistas entre las mujeres… Siempre lo creí un juego masculino.
-Pues no es así. Hay muchas con la categoría de gran maestro, sobre todo en la Unión Soviética. Lo que pasa es que pocas llegan a los títulos mundiales.
-¿Por qué?
-(…) No es lo mismo jugar algunas partidas que un torneo o un campeonato mundial: esto exige esfuerzo continuado, concentración extrema y gran estabilidad emocional. A las mujeres, que suelen estar sometidas a altibajos biológicos, mantener esa estabilidad uniforme durante las semanas o meses que dura una competición de alto nivel les cuesta más. Factores como la maternidad, o los ciclos menstruales, pueden romper el equilibrio imprescindible de una prueba extrema de ajedrez. Por eso pocas llegan a tal nivel
-¿Y tú estás de acuerdo?
-Un poco. Sí.
-¿También Irina piensa lo mismo?
-No, en absoluto. Sostiene que no hay ninguna diferencia.
-¿Y tu hijo?
-Está de acuerdo con ella. Dice que es cuestión de actitudes y costumbres. Cree que las cosas cambiarán mucho en los próximos años, en ajedrez como en todo lo demás… Que están cambiando ya, con la revolución de los jóvenes, la Luna al alcance de la mano, la música, la política y todo eso.
El tango de la guardia vieja. Arturo Pérez-Reverte
El debate sobre por qué las mujeres jugamos peor al ajedrez está más que presente ya no sólo en el tablero de juego o en el área de la investigación científica, sino también en la literatura. Tanto es así que, al leer las palabras de la novela de Pérez-Reverte, empezamos a indagar en búsqueda de respuestas que quizás no sean las que calmen toda la inquietud que a muchas mujeres puede suscitarnos.
Leontxo García es periodista, experto en ajedrez y autor del libro Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas. Se encuentra en México, donde es el comentarista en directo para el público e Internet del Torneo Memorial Carlos Torre en su vigésimo quinta edición. Además, aprovecha la oportunidad para presentar su libro en la edición mexicana. Y hasta él llegamos, a pesar de la distancia, con sed de respuestas y empezando con algo sencillo y a su vez complicado. ¿Cómo definirías con una palabra a un buen jugador de ajedrez? Después de pensarlo unos segundos y de reconocer que es algo “dificilísimo”, responde: luchador. ¿Y una mujer? Leontxo, esta vez sí, responde de inmediato: luchadora.
Y continúa cuando se le pregunta por su afirmación de por qué las mujeres juegan peor al ajedrez que los hombres… “Partimos de la base de que es un hecho que, hablando en general, las mujeres juegan peor que los hombres porque, en este momento, entre los 100 mejores del mundo sólo hay una mujer. Hasta la irrupción de las famosas hermanas Polgár, entre los 500 mejores del mundo no había ninguna mujer”. Pero lo cierto es que quien empieza a indagar por el número de mujeres y hombres, se da cuenta de que el número de mujeres que juegan al ajedrez es bastante inferior que en cualquier otro deporte.
“Entonces había algo que yo intuía que era el camino del misterio, el camino de la verdad. Muchos maestros de escuela que habían elegido el ajedrez como herramienta pedagógica en diversos países del mundo, y que por tanto no se conocen entre sí, me decían todos lo mismo casi con las mismas palabras: hasta la pubertad la diferencia entre niños y niñas tanto en cuanto a interés por el ajedrez como en fuerza de juego es muy pequeña. En cambio, cuando llega la pubertad la mayoría de las niñas huyen despavoridas y la mayoría de los niños siguen jugando». Esto agrandaba aún más el misterio.
Para profundizar más en este tema, Leontxo García tomó como referencia para su obra las investigaciones de Louann Brizendine, quien ha escrito dos libros relacionados con el cerebro. Se trata de El cerebro femenino y El cerebro masculino. “Ella no habla absolutamente para nada de ajedrez. Pero de lo que ella dice yo saco una conclusión: cuando llega la pubertad el cerebro de los niños se llena de testosterona y eso los hace muy competitivos- Estamos generalizando, obviamente no todos los niños y todas las niñas son iguales, pero en general, los niños se marcan un objetivo muy importante para ellos: ser mejores en algo. En cambio, a la misma edad, el cerebro de las niñas se llena de progesterona y eso las incita prioritariamente a ampliar sus redes sociales, sus contactos humanos, pero no suelen estar especialmente interesadas a esa edad en ser las mejores en algo”.
Estas reflexiones nos conducen a pensar que, como en la música o en la política, la participación femenina en el ajedrez podría no tratarse únicamente de ciencia, sino también de oportunidades. ¿En algún momento, con la ayuda de los hombres, de la sociedad en general, podrá haber más mujeres y jugar tan bien como los hombres? “En principio lo considero posible. Cuando llega la edad universitaria, muchas mujeres sí se vuelven competitivas, pero ya es tarde para el alto rendimiento deportivo en ajedrez (aparte de que están muy ocupadas con sus estudios). Mi conclusión provisional es que las mujeres están tan capacitadas o más que los hombres para jugar bien al ajedrez pero, dejando aparte factores educativos y sociales, en la edad crítica les interesan más otras cosas.
Nos faltaría por aclarar si el factor hormonal es definitivo o no. Un argumento para pensar que no es definitivo es el de las hermanas Polgár. Las hermanas Polgár son húngaras. Nunca fueron al colegio, excepto para los exámenes, porque sus padres, ambos pedagogos, decidieron hacer un experimento con ellas con dos objetivos: 1) demostrar que los genios no nacen genios sino que se hacen con el trabajo y 2) demostrar que las mujeres pueden jugar al ajedrez tan bien como los hombres. Para ello las educaron en casa con el ajedrez como asignatura. Los resultados son «muy impresionantes y muy positivos tanto desde el punto de vista del ajedrez como desde el punto de vista humano”.
Las hermanas Polgár, según Leontxo García, son “la gran revolución”, así habla de ellas en el capítulo dos de su libro y cuenta con detalle la proeza de tal experimento. “Esto indicaría que, si en el entorno de una niña desde que es muy pequeña el ajedrez forma parte natural de ella, pues entonces sí puede llegar a un rendimiento igual al de los hombres”.
Pero también es cierto que todo lo que cuenta Leontxo está muy ligado a lo que conocemos hasta ahora del cerebro humano, “que más bien es poco”. Y continúa: “Los neurólogos dicen que los próximos 10 o 15 años probablemente va a haber un enorme progreso en ese conocimiento. Digo esto porque aún no sabemos hasta qué punto tiene mucho sentido, o poco, o ninguno la teoría de los hemisferios cerebrales según la cual los hombres tenemos más desarrollado uno de los hemisferios y las mujeres precisamente el contrario. Lo cual querría decir, si eso es cierto, que los hombres estamos más dotados para algunas actividades y las mujeres más para otras. Cuando sepamos lo suficiente del cerebro humano, sí podremos determinar que las cualidades necesarias para jugar bien al ajedrez dependen más de un hemisferio que de otro. Ahí tendríamos una explicación bastante clara. Pero todo esto, ahora mismo, está un poco en nebulosa… porque no se puede afirmar categóricamente casi nada”.
Sobre la educación de género, Louann Brizendine afirma, en El cerebro femenino, que “la naturaleza, ciertamente, es la que interviene con más fuerza para lanzar comportamientos específicamente sexuales, pero la experiencia, la práctica y la interacción con las demás personas puede modificar las neuronas y el cableado cerebral. Si uno quiere tocar el piano, tiene que practicar. Cada vez que practicas, tu cerebro asigna más neuronas a esa actividad, hasta que finalmente has creado nuevos circuitos entre esas neuronas de modo que, cuando te sientas en el banco, tocar es ya una segunda naturaleza”. Y añade: “Los científicos siguen sin saber exactamente hasta qué punto puede reformarse el cerebro que nos dio la naturaleza. Va contra la naturaleza de la intuición, pero algunos estudios muestran que los cerebro del hombre y la mujer tienen distinta susceptibilidad genética a las influencias ambientales”.
Llegados a este punto, una de las palabras que puede aparecer con fuerza podría ser la palabra “inteligencia”. ¿Son los jugadores de ajedrez, mujeres y hombres, más inteligentes? El periodista, en su libro, es de los que defienden que “ambos sexos nacen con el mismo potencial intelectual, pero diversas circunstancias socioculturales van marcando diferencias desde la niñez, que se acrecientan en la edad adulta; por tanto, la escasez de mujeres que se dediquen profesionalmente a los citados ámbitos se debe a las tendencias sociales –o, directamente, a la discriminación sexual- imperantes en muchos países”.
Pero añade otra pregunta: “¿Cuánto es genético y cuánto es adquirido? Esa es otra de las grandes incógnitas con mayúsculas, no sólo aplicable al ajedrez, sino también a todo. Se ha descubierto en varios estudios que hay sensibles diferencias entre ambos cerebros. No solamente en que los ajedrecistas utilizamos parte del cerebro que otras personas utilizan mucho menos que nosotros. Sino que también lo más sorprendente para mí es que los ajedrecistas desarrollamos una especie de habilidad especial que nos permite reducir al funcionamiento mínimo imprescindible, la parte del cerebro que se encarga de las cuestiones básicas, como respirar o mantener el equilibrio cuando te mueves” para concentrar la mayor parte de la energía en lo que hacen: jugar al ajedrez.
A pesar de que hay menos mujeres que juegan al ajedrez, existe una discriminación positiva en cuanto a la participación: “Las mujeres pueden elegir entre torneos femeninos o mixtos, siempre que acrediten la categoría mínima que puede exigirse para participar en cualquier competición, pero los hombres no pueden jugar en torneos de mujeres”, aclara Leontxo García en su libro. E ilustra esta afirmación con el ejemplo de lo que ocurrió en España a finales del siglo XX, “cuando el Defensor del Pueblo, instado por eurodiputados socialistas, sostenía que las mujeres estaban discriminadas en el ajedrez. El asunto tuvo eco periodístico, y se puso muy serio. Tanto, que la Federación Española de Ajedrez (FEDA) emitió esta circular, en la que explica que las competiciones femeninas desaparecerán desde 2002”.
Las jugadoras femeninas pronto se opusieron. Como escribe el periodista, “Julia Codina, de 13 años, era una de las promesas del ajedrez femenino español. Y firmaba esta opinión: eliminar las pruebas femeninas sería ahogar a una minoría. Al igual que Luxemburgo, por ejemplo, no podrá tener nunca tantas atletas de élite como Francia, las mujeres ajedrecistas tienen posibilidades remotas de ocupar los primeros puestos. Eso provocará una desmotivación general. Lo que va a desaparecer no es sólo el ajedrez femenino, sino la mujer ajedrecista”.
Imágenes: las tres hermanas Polgár: Susan, Judit y Sofia, de Chessdom: Polgár Chess Festival 2012. Y Leontxo García, por Cristóbal Manuel