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“Los renglones torcidos del periodismo: Mentiras, errores y engaños en el oficio de informar”. Esta es la obra que ha trazado la pluma de José Manuel Burgueño. Este periodista y comunicador trata de dar a conocer los errores periodísticos para que, en un futuro no se cometan. Tal como redacta él en la introducción, “dar respuesta al desafío del filósofo, escritor y periodista académico francés Jean – François Revel: “Las gentes de la prensa, poco proclives a criticarse a sí mismas, no estudian suficientemente los errores de sus predecesores. Por eso, a su vez, cometen otros parecidos””. Burgueño ha dividido su obra en un total de 10 capítulos. Nos habla de la verdad, de la necesidad de la verdad, del incumplimiento de la verdad y caer en el error de la mentira. En los medios de comunicación, pero sobre todo en la prensa, es común que se cometan erratas. Pero entre errata y error hay un camino inmenso. Es natural cometer una errata pero es obvio que un periodista debe trabajarse su formación, sus fuentes y su ética para no caer en error de la mentira; y más aún de la mentira intencionada. También es cierto que no se puede contar demasiado, sólo lo necesario. En el libro de Burgueño se trata todo tipo de silenciamientos y ocultaciones; entre ellos, el silenciamiento lícito. No obstante, la omisión es un “mecanismo de desinformación”. Siempre se ha dicho que “lo que no se cuenta, no existe”: error. Puede existir una misma realidad, pero distintos enfoques e interpretaciones. La preagenda, los factores externos que influyen directamente en la publicación o silencio de los medios de comunicación, como los políticos, económicos, sociales… son los elementos que influyen directamente en los enfoques y en las versiones de los acontecimientos. No obstante, Burgueño tiene razón: no hay que olvidarse de la opinión pública. Es fácil relacionar la palabra manipulación en periodismo con política, persuasión o propaganda. En el periodismo la manipulación de información también existe para conseguir unos fines que, por lo general, no suelen ser positivos. Además lo interesante prevalece ante lo importante.

El amarillismo o sensacionalismo, ese Yellow Kid estadounidense de Hearst y de Pulitzer, también aparecen en las páginas de nuestros periódicos. Llega a España y se instala, pero… ¿es ético darle un toque amarillista o darle más importancia a un hecho curioso o sensacionalista de la que tiene? Además de la manipulación de las noticias para hacerlas sensacionalistas, también es posible que se manipule una fotografía para conseguir el efecto deseado. Esto es engaño y no es periodismo: es manipular mediante la información no verbal. Esta obra también habla de la desinformación. Lo que yo destacaría es el uso que se le da en el terreno político: como arma frente a la sociedad. La desinformación es una manera de manipulación social: cuanto más ignorante es la ciudadanía, más fácil es la posibilidad de manipularla y por lo tanto, de ejercer poder sobre ella. He resaltado el punto de la desinformación porque ésta ha sido empleada por Gobiernos totalitarios a lo largo de la historia. Algo injusto pero cierto. El autor de esta obra define el concepto de rumor y nos pone ejemplos desde una perspectiva muy directiva y política. No obstante, los periodistas no podemos crear una noticia a partir de rumores, de palabras cuyo transporte es el viento. Debemos contrastarlo todo, esa es la base del periodismo, porque no podemos caer en la mentira ni en la falsedad. Para ejercer ese derecho social de informar, los periodistas no deben basarse en los rumores, por muy oficiales que estos sean. El plagio y la invención también son renglones torcidos del periodismo. Copiar un trabajo y firmarlo como propio es plagio absoluto y nada tiene que ver con ser testigos de la realidad para transmitirla. Y, por su parte, inventar es caer de nuevo en el error porque no existe esa realidad. Es mentir y engañar. Son renglones torcidos del periodismo.

Para la creación de este libro, y también para hacerla más cercana, el autor ha empleado multitud de ejemplos y a multitud de personalidades, históricas y actuales, que forman parte de este mundo; también sus obras y sus experiencias como por ejemplo Larra, Aristóteles, Álex Grijelmo, Nietzsche, Antonio Machado… Esta obra, lejos de transmitir lo más negativo de la profesión, trata de exponer los errores que antaño se han cometido para que, en un futuro, no se cometan, para que los que vengamos después o para los que aún estén dispuestos a aprender, estén dispuestos también a corregirse.

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Café de Oriente fue una revista que creé hace un año. Pretendía ser una publicación mensual y local, un proyecto para una asignatura en concreto de la carrera de Periodismo. Tres números se editaron con muchísimas ilusión. Tres números que hoy guardo impresos como oro en paño, como suelen decir en mi pueblo. Se escribieron en ella artículos totalmente informativos que cubrían diversas temáticas formando parte de las distintas secciones. Hoy expongo el editorial que redacté en el último número de Café de Oriente

Café de Oriente. Así titulé a esta revista hace dos meses. Café de Oriente. Me gusta el título. A decir verdad, me encanta. Nació de este sentimiento que me persigue día y noche, el que habita en mi corazón desde que mi persona conoció lo que es el periodismo. Este sentimiento que se indigna cuando percibe que la población, ignorante por carecer de información, es manipulada por gobiernos totalitarios que ejercen  en el gentío un cruel poder.   Así también vivió España, oprimida, ignorante, manipulada, desconocedora de todo cuanto acontecía, engañada. Ni los periódicos eran ya periódicos. Ni la radio era ya la radio. Ni qué decir de la televisión en blanco y negro. Pero esto ocurrió mucho más tarde…

   Analfabeta. En España los niveles de población analfabeta siempre han sido muy elevados. Sin embargo, el pueblo siempre ha sido curioso. Siempre ha querido saber qué ocurría a su alrededor. Así mismo, aquel que sabía leer, un obrero en la obra o un minero en la mina, era el encargado de emitir las noticias de la prensa en voz alta, de transmitir lo que la radio contaba.  Era en las tabernas, en los cafés, donde la gente se reunía para comentar los sucesos del día, para escuchar de boca de quién sabía aquello que el gobierno no quería transmitir a su pueblo. Rondaban los siglos XVIII y XIX. Rondaban los inicios de la prensa clandestina. Rondaban los inicios de los sindicatos y de los partidos socialistas. Nacía entonces un sentimiento en los corazones del pueblo: querían dejar de estar sometidos, querían dejar de ser engañados. Luchaban en contra de la propaganda fascista, en contra de la opresión. Soñaban con conocer para luchar por su libertad. A partir de aquí comienza nuestra historia. La europea. La española.

   El Café de Oriente es pura historia, pura magia. Es una cafetería que se encuentra en la Plaza de Oriente, frente al Palacio Real de Madrid. Nada más entrar se tiene la sensación de vivir en la época en la cual se gestó la prensa clandestina. Su decoración conserva los rasgos bohemios del romántico pero exaltado siglo XIX. Me transporto a un sueño cuando me siento en sus sillas de madera y, tomando café, comienzo a leer.

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