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“`He ahí el cuarto poder´ dijo, profético, Edmund Burke en el Parlamento británico, señalando a la tribuna de la prensa”.

 

Este escritor y pensador político señalaba a la prensa, a los medios de comunicación. Cierto es que la comunicación en el parlamento ha cambiado drásticamente desde que las cámaras de televisión entraron por las puertas de la casa de la madre política. Ahora el debate se centra sobre si los discursos son informaciones políticas o guiones de teatro preestablecidos. Pero esto es otra historia…

 

En los países en guerra lo primero que se ataca es el lugar donde se gesta la información, la casa de los medios de comunicación. El cuarto poder lo llaman. Pero lo cierto es que, atentando contra ellos, se pierde todo poder de comunicación, de persuasión. Los políticos de países en conflicto, utilizan esta herramienta para manipular la mente de su propia sociedad. La usan para difundir mensajes subliminales. Para difundir propaganda. Se dice que el país en conflicto que pierde a sus propios medios de comunicación, pierde el poder.

 

En la Alemania nazi, Hitler se hizo rápido con los medios a través de su ministro de propaganda, Paul Joseph Goebbels. También Francisco Franco atentó, censurando y tomando las radios, a medida que iba conquistando territorios en esa España sangrada y oscura. Sadam Husein en Irak, enviaba televisivos mensajes propagandísticos, incluso días después de su huída, hasta que Estados Unidos bombardeó la sede de la televisión y su ministerio.

 

España no es un país en conflicto. Ni ETA un ejército armado con ansias de librar una guerra asimétrica. Sin embargo, en España, ETA reaparece. Atenta en su propia casa. Y contra, lo que la banda llama, “símbolos del poder del PNV”. El día de Nochevieja de 2008, una bomba estallaba pasadas las 11 de la mañana en la sede de la televisión pública vasca en Bilbao, contra EITB. ETA presiona y presiona a ese nacionalismo moderado. Silencia con miedo a los habitantes que viven en el País Vasco y revuelve con saña a la sociedad española…

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Tan sólo queda un día para despedir este 2008. Un 2008 que se lleva muchas noticias. Unas buenas. Otras, desgraciadamente, malas. La balanza entre lo positivo y lo negativo no parece haberse equilibrado estos últimos días. Especialmente con las noticias internacionales.

¿Y con las nacionales? Mucho y de todo ha pasado en este país a lo largo del año. Víctimas del terrorismo, ese catastrófico accidente aéreo inexplicable e impredecible, esta crisis que está marcando un antes y un después en la Historia… Historia, sí, con mayúsculas…

 Decenas de economistas ya lo advertían. Tertulianos económicos lo admitían en diversos medios de comunicación hace escasos meses: “España ya está en recesión”. Hoy, a tan sólo un día del fin de 2008, el Banco de España ya ha publicado el último boletín. El desgaste y el deterioro económico, el descenso del sector de la construcción, el aumento de los precios del sector energético, la bajada en las ventas de coches, más y más paro… Todo influye, todo cuenta para que el informe refleje una “continuación del patrón de deterioro de la actividad económica”. Sí. España cierra este 2008 con recesión.

 Al vicepresidente económico, Pedro Solbes, le ha costado admitirlo. Pero aún teme esa palabra: “recesión”. La teme y no la pronuncia. Declara que el informe «refleja un sentimiento que todos tenemos, y es que el cuarto trimestre pueda ser de crecimiento negativo». Los pronósticos para 2009 no son nada positivos. Esperanza es lo que le queda a la sociedad española en estas fechas…

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Ébano, libro de Ryszard Kapuscinski, me parece una colección de palabras no de un mero corresponsal. Es una obra de incalculable valor. Palabras de una persona que sabía lo que contaba. Ahora, con la masacre que se está sucediendo en Gaza por los ataques de Israel, he recordado un párrafo de este libro.

 

Los bombardeos en la franja se cuentan. Las declaraciones de los líderes también. Se calcula el porcentaje de fallecimientos y de heridos. Los medios de comunicación, con clara dificultad, luchando como personas que son contra sí mismos, contra el horror y la miseria, están llegando para hacer llegar la noticia al público que le espera, a la sociedad. ¿Quien será el siguiente que ataque? ¿Cómo? Y los medios, ¿hasta dónde pueden contar? ¿Qué se puede contar?, ¿hasta dónde pueden llegar?, ¿cuánto se les censurará?

 

Kapuscinski, en su libro, hablaba de otras guerras, de muchas guerras. De las que se contaban, de las que se podían contar, y de las que no. Y no sé por qué, ahora este párrafo se me viene a la cabeza… Un párrafo sobre la guerra de Sudán en los años 80…

 

“Se trata de la mayor guerra y la más larga de la historia de África y, seguramente, es la más grande del mundo en el momento presente, pero, como se desarrolla en una provincia profunda de nuestro planeta y no constituye amenaza directa para nadie – en Europa o Norteamérica, pongamos por caso -, no despierta mayor interés. Por añadidura, los escenarios de esta guerra, sus extensos y trágicos campos de la muerte, a causa de las dificultades del transporte y de las drásticas restricciones de Jartum, permanecen prácticamente inaccesibles para los medios de comunicación; de modo que la mayoría de la gente en el mundo no tiene ni la más remota idea de que Sudán es escenario de una gran guerra”.

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