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Firma de opinión en Cadena SER. 30 de abril de 2024

A veces, la política resulta bastante sencilla: puede ser predecible, impulsiva, lógica, natural y coherente. A veces le sobran invenciones, conjeturas, escenarios de posibilidades, cálculos, opiniones o fórmulas teóricas. A veces, la política —ese arte de lo posible que mejora la vida de la gente—, cuando es ejercida desde la vocación, se llena de sencillez.

A veces, la política solo tiene que seguir. Pero una política que ponga verdaderamente a las personas en el centro de sus actuaciones. Porque lo esencial, lo diferencial, lo verdaderamente transformador es que siga para continuar mejorando la vida de todos nosotros y especialmente de nosotras. Si no, ¿qué sentido tendría la política? ¿Qué sentido podría darle un autónomo de Socuéllamos, una estudiante de química de Ciudad Real, una emprendedora de una startup de Valdepeñas, una conductora de autobuses de Daimiel, una pyme de Puertollano, un pensionista de Hinojosas, una peluquera de Corral o un agricultor de Argamasilla?

A veces, solo es cuestión de seguir mejorando la política, y eso solo se puede hacer si existen líderes y no jefes que manden. Líderes y lideresas que impulsen los mecanismos oportunos para proteger la democracia, para sostenerla en pie, para sanearla, para blindarla, para rejuvenecerla, para modernizarla.

A veces, solo hacen falta unos días para darse cuenta de que nuestra democracia está amenazada si se utiliza la política para asaltar las instituciones; si las instituciones se utilizan para culpar sin presunción de inocencia; si la política blinda el poder de los jueces, privándonos del derecho a una justicia que necesitamos todos.

A veces, solo necesitamos detener la máquina del poder para utilizar el poder en beneficio de nuestra democracia, en beneficio de cada pueblo de nuestro país, en beneficio de la gente.

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Firma de opinión en Cadena SER. 19 de marzo de 2024

“España me saludó como un soldado de los de antes, llevándose el puño cerrado a la sien, y sus ojos me enseñaron que no había estado besando la bandera, sino limpiándose la cara con ella. Porque cuando salí a su encuentro, España estaba llorando”. Eso escribió Almudena Grandes en Inés y la alegría. Y ahora que Aroa Moreno ha escrito su biografía junto a las ilustraciones de Ana Jarén, solo pienso en cuántas mujeres a través de su arte y su talento no habrán defendido los pilares de la democracia misma. Porque, como también escribió Vilches de Frutos de la escritora Luisa Carnés, “la creación artística, el compromiso político y la lucha por los derechos civiles pueden ir juntos”.

En la historia de nuestro mundo siempre ha habido buenos y malos líderes. Sin embargo, en los últimos años, una corriente afilada se abre paso en nuestro sistema, destrozando los pilares de nuestra democracia tal y como la conocemos hoy. No dejo de pensar que es una amenaza que avanza a pasos de gigante, que ridiculiza el esfuerzo que hicieron nuestros padres y nuestros abuelos en el pasado, pero también de abuelos y padres de Europa, de Estados Unidos o de otros países de Latinoamérica. Ojo, también nos ridiculizan a nosotros y nuestro presente.

Todos somos conscientes de la polarización, del ruido ensordecedor de las críticas sin sentido, las descalificaciones constantes, los insultos hiperbólicos, las acusaciones sin presunción de inocencia, las noticias falsas… Y ese ruido es muy peligroso porque siempre tiene víctimas: las personas, la sociedad en su conjunto.

El clic en las redes sociales, la espera ansiosa del ‘me gusta’ cuando publicamos algo, los memes o las alertas consumen nuestro tiempo y controlan nuestro pensamiento. No hay tiempo para la reflexión, para la lectura sosegada, para el contraste, para el aprendizaje o para la interpretación de la información con el derecho a dudar.

Reflexionemos. Juegan a controlar lo que pensamos y lo que está en juego es la democracia misma y el futuro de nuestra sociedad.

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Firma de opinión en Cadena SER. 13 de febrero de 2024

Queridas paisanas y paisanos:

Os saludo con ilusión en la que es mi primera vez en este espacio de opinión.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se celebró el pasado 11 de febrero.

No podríamos imaginarnos cómo sería nuestra vida hoy si desperdiciáramos el talento de más de la mitad de la población y, especialmente, en todas las vertientes de la ciencia.

La mujer invisible es un libro que se publicó en 2019; en España en enero del 2020. En él Caroline Criado, la autora, hacía referencia a un episodio escalofriante y es que durante el brote de SARS que tuvo lugar en China entre 2002 y 2004, no hubo un seguimiento sistemático de los resultados sobre la salud de las mujeres embarazadas, por tanto, era un hecho que existía una brecha de datos de género y advertía de la falta de información en el caso de que llegara la próxima pandemia. La próxima pandemia ya estaba aquí y esa información faltó.

¿La madre de una de las vacunas? Una mujer: la bioquímica húngara Katalin Karikó. Su trabajo, después de 40 años, fue clave para el desarrollo de las inyecciones de Moderna y BioNTech, que ya tanto nos suena a todos.

Y es que, es un hecho que las mujeres, a lo largo de la historia, se han enfrentado a enormes desafíos, como la cura del cáncer, el código que permitió al Apollo 11 llegar a la luna, el descubrimiento del ADN o la comunicación inalámbrica.

¿Qué quiero decir con esto? Existieron, existen y existirán mujeres en la ciencia, pero necesitamos más, especialmente que el sistema siga dándole las oportunidades que se merecen. Y, no sólo necesitamos más mujeres en la ciencia, sino ciencia sin discriminación que mejore la vida de las mujeres.

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