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Y un día te despiertas por la mañana y sencillamente lo escuchas. Escuchas esa noticia que te deja impactada. ¿Será broma? Pero si hoy no es el día de los inocentes… Y no, no lo era… Había ocurrido. Osama Bin Laden estaba muerto. Y a día de hoy, 2 de mayo de 2011, esa noticia sonaba surrealista en los medios de comunicación y más aún a las siete y pico de la mañana… Parecía surrealista incluso en todas las conversaciones de las redes sociales a lo largo del día donde cientos y cientos de personas no hablaban de otra cosa. ¿Y por qué muerto? Y de tanto repetirla, se queda en los oídos de una. Y supongo que en la mente y en el corazón de otros muchos también, como repetía ese mexicano “adoptado” en TVE 24 horas.Por fin ha ocurrido. Pero muerto el perro, en este caso, no se acaba la rabia…

El discurso de Obama

¿En qué pensaba Obama mientras se dirigía hacia su atril? Supongo que en muchas cosas, o puede que estuviese sereno. O puede que en ninguna porque sabía qué es lo que iba a decir y cómo lo iba a decir. En estos casos, el cómo decirlo tiene una función fundamental, por no decir la más importante… Hay política en ese discurso, sí, pero apenas se aprecia. En ese discurso, un relato y un relato con emoción y con sentimiento para implicar a todas las personas que se pudiesen identificar con aquello que estaba contando… Y no contaba otra cosa que una parte de la historia de los Estados Unidos, una parte de la historia del mundo entero… Como bien él ha dicho: Esa es la historia de nuestra historia, ya sea la búsqueda de la prosperidad de nuestro pueblo o la lucha por la igualdad para todos nuestros ciudadanos, nuestro compromiso de defender nuestros valores en el extranjero y nuestros sacrificios para hacer del mundo un lugar más seguro.

Discurso en castellano de Barack Obama (gracias a la versión subtitulada de El País)

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MARCOS tiene ahora 12 días, siete horas y dos minutos de vida. Allí se encuentra, hacia la mitad de ese pasillo de hospital que al mirarlo se hace eterno. Oscuro. Vacío. Una espera que se hace eterna. Hacia la mitad, un giro a la izquierda y otro a la derecha. Y allí está. Donde su vida, en una pequeña cuna, pende de un hilo. Una vida amarrada a decenas de cables que lo mantienen en este mundo que nos ha tocado vivir. Su cuerpecito reposa en ese aposento acolchado esperando que un milagro le sane ese corazón que nació pequeño. O demasiado grande para su voluntad, pues él lucha por vivir cada día; pero aún así, su corazón nació pequeño. Cual obra de arte de electricista, los cirujanos han remodelado esos conductos por los que, una y otra vez, circula nuestra sangre. Un error, tan sólo un error, se lo llevaría sin poder disfrutar de esa niñez que se merece junto a una familia que espera incansable con esperanza al final de ese pasillo. Oscuro. Vacío.

Dos errores fundamentales son los que la sociedad no acepta: las negligencias médicas y los errores políticos. Ambos se llevan cada año decenas de vidas. Cientos de vidas. El 11 de septiembre de 2001, 2973. El 11 de marzo de 2004, casi 200. La guerra de Irak, la de Afganistán, los conflictos en PalestinaCiviles, periodistas, militares y políticos muertos. Las guerras de África. Dictaduras tercermundistas innecesarias. El terrorismo, el cáncer de muchos países…

Pedimos atención continua cuando un familiar se pone enfermo, que no haya ni un error. Un error podría hacer desaparecer lo que más queremos en nuestra vida. Un error en política, también…

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ÁNGELA P. MARTÍN | Washington DC

DESPUÉS de visitar el Newseum en Washington, uno se da cuenta de que todos lo museos no son iguales. Cada uno que se visita tiene un toque especial. Y por supuesto, la palabra museo no se debe relacionar nunca con la palabra aburrimiento, pintura tras pintura o lienzo tras lienzo.

Seguramente, los profesionales de la información y aquellos fanáticos o aficionados al periodismo o al reporterismo sean los más curiosos por conocer el gran museo de la prensa, tantas veces mencionado en los medios por tantos y tantos periodistas de reconocido prestigio.

El Newseum se levanta en un gran edificio de siete plantas. Y nada más llegar, puedes observar en 4D una película que te va acercando, cuan sueño mágico, al espectacular mundo del periodismo haciendo un recorrido por la historia. Y en cada planta, algo que contar y en diferentes soportes. Este museo interactivo es así, para grandes y pequeños, para amigos en búsqueda de un sueño, para periodistas que se quieren sentir involucrados y que les gustaría vibrar con cada cosa que allí se muestra.

Desde pedazos del muro de Berlín que un día separaron en dos el mundo, hasta el fatídico 11 S. Desde periódicos que un día nacieron para quedarse, hasta las portadas del día de hoy de cientos de periódicos de todo el mundo. Desde la prensa, hasta la radio, pasando por la televisión e Internet. Desde la fotografía hasta los premios Pulitzer. Desde un plató de TV hasta un memorial de los periodistas que han muerto ejerciendo su labor y aquello que más les gustaba. Desde corresponsales hasta verdaderos presentadores venerados en este país.

El Newseum es para ver y disfrutar. Para conocer. Para contemplar. Para adivinar. Para vivir este mundo del periodismo. Para sentirlo.

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