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Publicado en Sesión De Control (19 de enero de 2013)

Hubo muchas similitudes entre el discurso que hicieron Lincoln y Obama al ser nombrados presidentes. Ahora que Lincoln ocupa las salas de cine, Obama prepara su segundo discurso de investidura.

En plena emoción por el esperado estreno de la película ‘Lincoln‘ y por el discurso de Barack Obama en su nueva toma de posesión, parece descabellado hacer una comparativa entre el discurso que ofreció este viejo presidente el 4 de marzo de 1861 y el que pudimos oír de Obama el pasado 20 de enero de 2009. Ambos son dos textos inaugurales, dos tomas de posesión. Pero no es tan descabellado si los miramos con lupa, si intentamos entender el porqué de esas palabras en momentos tan oportunos.

El primero incitando al cambio, el segundo también. El primero republicano, el segundo demócrata. El primero con un objetivo nacional, el segundo nacional pero más internacional. Y ambos con el fin de acercarse al pueblo dos presidentes capaces de ponerse a prueba en momentos podríamos decir… ¿críticos?

Si el primer discurso de Abraham Lincoln estaba enfocado hacia la “advertencia en positivo” de que él estaría a favor de la paz y no la guerra con aquellos Estados que no lo aceptasen, el discurso de Barack Obama estaba enfocado hacia la ilusión de un nuevo momento en el que apostaba por y para todos, tanto para los que lo apoyaron como para los que no.

Las palabras del primer discurso pueden parecer positivistas y rectas conforme a la Ley, las del discurso de Obama intangibles y cercanas conforme a la necesidad ansiosa del ciudadano. Pero los dos mantienen un quinteto de elementos en común y casi con la misma estructura: referencia al pasado y orgullo por su país, recuerdo a los anteriores presidentes, mención del problema presente, visión de futuro y advertencia de su capacidad.

Pasado, orgullo y recuerdo

Ambos presidentes mencionan la palabra “prudencia”, y con prudencia empezaron su discurso aludiendo los dos al pasado, esa historia de los Estados Unidos que, aunque breve, ha tenido gran relevancia en la política internacional. Obama se muestra “conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados”. Lincoln, que forma parte de esos antepasados, empezó relatando que quería cumplir con “una costumbre tan antigua como el gobierno mismo”. Con él se cerraba una era de divisiones para empezar a unificar ideales y objetivos. Necesitaba del pasado para hacerlo. “Unión”, apelaba. Como unión también quería el presidente Obama. Palabras que se repiten en ambos discursos.

El recuerdo de los anteriores presidentes es algo que está implícito en la política americana. Esto es lo que dijo Obama en 2009:

“Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas”

Esto fue lo que dijo el presidente Lincoln:

“Setenta y dos años hace que tomó posesión el primer presidente bajo nuestra Constitución nacional. Durante este período, quince presidentes distintos, todos ciudadanos tan distinguidos como ilustres, han representado al poder ejecutivo del Gobierno a través de muchos peligros, pero siempre con feliz éxito”

¿No se parecen en algo 152 años después?

La capacidad para el presente y el futuro

Los dos presidentes tenían un problema presente. Y porque creyeron en su capacidad, esperaban otro futuro. Lincoln anunció las diferencias entre los Estados, los que lo apoyaban y los que no, y lo que podía ocurrir con aquellos que no lo apoyaban. Podía haber guerra, pero él quería paz. Lo hizo aludiendo siempre a la Constitución como la salvaguarda del Estado. De hecho es la segunda palabra que más se repite en su discurso, hasta 14 veces la menciona.  La primera que más repite es “unión”.

Se presentó con un:

“Entro en el desempeño de mis elevadas funciones con tanta desconfianza como temor de que me falten las fuerzas necesarias en la situación presente”

Mientras, Obama eligió estas palabras:

“Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones. (…) Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país, de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor”

Él, a diferencia de Lincoln, escoge la “esperanza” por encima del “temor”. Y también menciona “unidos”, hasta nueve veces. La diferencia entre ambos es que Lincoln confiaba en la Constitución como elemento protector, mientras que Obama lo hacía en el “padre”, palabra que repite hasta en cinco ocasiones. Y a partir de ahí, empezar a hacer, en el discurso de Obama.

“A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”

¿Qué dirá el próximo 20 de enero?

Los dos se ponen a prueba en ese futuro inmediato y ponen en manos del pueblo esa vigilanciade la que nos habla el asesor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí. ’Vigiladme’, piden. No es de hoy reconocer el poder del pueblo. Ya en 1860 Lincoln advirtió de ese poder en pleno momento de esclavitud:

“Mientras que el pueblo vigile y sea virtuoso, ninguna administración, por mala que sea, podrá perjudicar gravemente al gobierno ni al país en el corto espacio de cuatro años (…)

Nada se pierde por exceso de reflexión”

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ASÍ es. Suma y sigue. La tasa de paro ha perdido su valor de dato numérico para convertirse en la pesadilla del Gobierno. Pero esto no es lo importante. Es la peor pesadilla de la sociedad española. Los desempleados registrados en el Instituto Nacional de Empleo (INEM) han llegado a sus máximos: 3,3 millones. El aumento de paro en enero supone la mayor subida percibida en un mes en la serie cronológica de la historia.

 

Y es que, el primer dato de este año negro, revela que el número de parados ha sido de 198.838, es decir, un 6,35% más respecto al mes de diciembre. Y junto a este dato, han llovido las palabras que todos temíamos. Maravillas Rojo, secretaria general de Empleo, ha dejado el hoyo abierto para una situación aún peor según el discurrir de esta crisis temida: “De momento, con las previsiones actuales, no se alcanzarán los cuatro millones. Pero la intensidad de la crisis hace que estas previsiones no sean exactas y si fuera necesario, se modificarán”.

 

¿Estamos en el peor momento de la crisis? Según José Luis Rodríguez Zapatero, sí: “Vamos a superar la crisis económica, el Gobierno garantiza las prestaciones por desempleo”. Aunque el padre de La Moncloa siga transmitiendo mensajes de confianza y tranquilidad, los ciudadanos en España no se conforman. Ellos se remiten a las pruebas: a su inseguridad en un puesto de trabajo y a su imposibilidad para hacer frente a los pagos sin ingresos.

 

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Tan sólo queda un día para despedir este 2008. Un 2008 que se lleva muchas noticias. Unas buenas. Otras, desgraciadamente, malas. La balanza entre lo positivo y lo negativo no parece haberse equilibrado estos últimos días. Especialmente con las noticias internacionales.

¿Y con las nacionales? Mucho y de todo ha pasado en este país a lo largo del año. Víctimas del terrorismo, ese catastrófico accidente aéreo inexplicable e impredecible, esta crisis que está marcando un antes y un después en la Historia… Historia, sí, con mayúsculas…

 Decenas de economistas ya lo advertían. Tertulianos económicos lo admitían en diversos medios de comunicación hace escasos meses: “España ya está en recesión”. Hoy, a tan sólo un día del fin de 2008, el Banco de España ya ha publicado el último boletín. El desgaste y el deterioro económico, el descenso del sector de la construcción, el aumento de los precios del sector energético, la bajada en las ventas de coches, más y más paro… Todo influye, todo cuenta para que el informe refleje una “continuación del patrón de deterioro de la actividad económica”. Sí. España cierra este 2008 con recesión.

 Al vicepresidente económico, Pedro Solbes, le ha costado admitirlo. Pero aún teme esa palabra: “recesión”. La teme y no la pronuncia. Declara que el informe «refleja un sentimiento que todos tenemos, y es que el cuarto trimestre pueda ser de crecimiento negativo». Los pronósticos para 2009 no son nada positivos. Esperanza es lo que le queda a la sociedad española en estas fechas…

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