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RESULTA complicado comenzar un post cuando tu principal objetivo es ser clara y concisa. Es complicado porque el tema es como vengo diciendo, de verdadera tesis doctoral. Dos políticos, una campaña y mucha gente que espera por un verdadero cambio. Dos políticos y una herramienta que emplear de manera muy muy (repito muy) estratégica: Internet.

Algo tienen en común Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, y no es sólo la barba y las canas. Largas carreras políticas, inteligencia, experiencia y gestión. Todo en el mundo de lo real, en el mundo “de lo OFF”. Construir cada uno de los relatos, comunicar en Internet y que resulte creíble no es nada fácil ya que ninguno de ellos está enganchado a estas herramientas, desconocen su funcionamiento, los potenciales grupos de interés a dirigirse y el comportamiento natural de los usuarios. E incluso, podemos llegar hasta a dudar de si creen en ellas o no con la misma intensidad con la que creen en las palabras de cualquier mitin o discurso.

Los dos equipos de campaña han decidido estar en las redes, pero también han decidido estar posicionados. La guerra en Twitter ha comenzado. El perfil de Alfredo Pérez Rubalcaba (@conRubalcaba) arrancó el pasado julio. El de Mariano Rajoy (@marianorajoy) más recientemente. Y los primeros análisis giran entorno a los seguidores. Ahora bien. ¿Son tan importante los seguidores? En estas elecciones se juega mucho. Pero hay que tener en cuenta que el electorado no sólo está en Twitter y que el número de seguidores no es un factor determinante a la hora de dar una noticia. En este caso, ambos perfiles tienen grandes diferencias.

 

Los populares presumen del brutal crecimiento que ha experimentado el perfil de su candidato (53.956 seguidores). Pero algo espectacular tuvo que ocurrir entre el 17 y 18 de septiembre (ya se una foto, Santiago Segura, o la inspiración divina) momento en el que pegó un salto brutal. En cinco días el número de seguidores aumentó en 29.242. A día de hoy, el perfil se ha calmado un poco y la media de crecimiento es de 722 seguidores más al día.

El perfil de Rubalcaba en Twitter tiene 37.000 seguidores, 16.956 menos que Rajoy. Y la media de crecimiento al día es de 424 seguidores. Ahora bien, la tendencia de crecimiento ha sido más constante que la de Rajoy en los meses que lleva abierto y conversando. En cuanto a los seguidores de ambos, más que pensar en el número hay que pensar en la calidad y si, efectivamente, son seguidores reales, personas preocupadas, usuarios que conversan, piden u opinan; o por el contrario son ejércitos de falsos de seguidores cuyo objetivo es (i) cargarse el discurso de rival o (ii) apoyar con trampas y cartones a su propio candidato sin importarles en absoluto que las campañas son para las personas y no contra ellas.

Un dato importante es la importancia de los dos candidatos por la gente. Rajoy tiene seguidores, sí, pero ¿él los sigue? En este caso,  Rubalcaba le gana por descontado ya que el candidato socialista sigue a más personas y mantiene conversación con ellas. La media de personas que sigue Rubalaba es de 67 más al día. Su rival 45.

En las redes sociales lo que desaparece es el monólogo, y más si se trata de un candidato electoral que debe dar cuentas a la ciudadanía. ¿Qué quiere la ciudadanía? Para saberlo sólo hay una forma y para saber comunicar, también: escuchar. Y para escuchar, hay que seguirles. ¿Quién conversa más? En el tiempo que Rajoy lleva en la red social, ha emitido 441 tweets. Rubalcaba, con dos meses más, ha emitido 2.858. En este sentido, el socialista también le gana a Rajoy en conversación y en respuesta: 13 tweets más al día.

El cómo conversan es otro capítulo que cabría analizar con más detenimiento porque una cosa es lo que ellos quieran emitir y lo que la gente espera de ellos. De momento, seguimos echamos en falta la personalidad de ambos líderes en las redes sociales y el comportamiento de Twitter hasta ahora es sólo un inicio y una clara idea general del propósito de ambos candidatos. Rajoy tiene más seguidores, pero sigue a menos gente y conversa menos que Rubalaba a pesar de que Rubalaba tiene menos seguidores que Rajoy.

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¿CÓMO es posible que dos personas digan lo mismo y no cale de la misma forma en la sociedad? Rubalcaba, el pasado 9 de julio, quiso hacer que sucediera, y sucedió. Zapatero lo lleva intentando muchos meses… En este caso, tomó importancia el cómo, más que el qué porque el orador era otro. Y el protagonista, también.

Su discurso es difícil de desgranar, pero no imposible. Y ¿por qué? Porque fue sencillo, directo, sin apenas apoyo físico y con mucha interacción humana. ¿Algo más? Sí: no estuvo el PP. Tampoco Rajoy.

¿Empezamos a desgranarlo?

  • Utilizó palabras como “cruel” y “despiadado” para referirse a lo que fue y no quiere que vuelva a ser…
  • Y utilizó otras para referirse a lo que quiere hoy: “libertad y democracia”.
  • ¿Cómo destacó? Diciendo lo que quiere ser a partir de ahora, valorándose: “Puedo ser útil a mi país”. Lo complejo ahora es repetirlo, repetirlo y repetirlo y hacer saber que él puede ser útil a su país.
  • Y… ¿qué es? Algo que también repitió continuamente: “ambicioso” y “realista”. Y así quiere que sea su campaña: ambiciosa y realista.
  • ¿Prometer o comprometer? Bueno… “No podemos prometer nada que no se pueda cumplir” Esperemos que en aquello que se pueda cumplir, vaya el compromiso implícito y dado por hecho.
  • ¿Socialista? Eso dijo, y «orgulloso de serlo cada día». Con esto quiso diferenciarse de la derecha que no dice que es de derechas. La diferencia de ideologías y el orgullo de pertenecer a ellas. Pasamos del “no digas de qué lado estás por si acabas comiendo piel de “papa” en la cárcel o muerto y bien muerto” a estoy “orgulloso cada día de ser socialista”.
  • El “gracias por todo José Luis” más cercano y más humano. Guiño al presidente del Gobierno en su discurso. Algo que refuerza a ambas personas en este momento. El apoyo suma hoy, no resta.
  • ¿Señas de identidad? Principios, cambio y proyecto mayoritario.
  • ¿El esfuerzo tiene algo que ver con el futuro? Rubalcaba aseguró en su mensaje que el futuro no es algo que esté por venir, es algo que está por conquistar. ¿Y cómo lo quiere conquistar? Recuperando el prestigio del futuro. ¿Y quiénes lo van a conquistar? El que dice que es el partido del esfuerzo. Luego… Ahí está el cambio = esfuerzo + futuro. Otra fórmula más de Rubalcaba.
  • Rubalcaba no pide, no solicita, no demanda: exige austeridad. Exige. Y… ¿Por qué? Porque «si no vives como piensas acabas pensando como vives». Porque considera inmoral vivir a base de paraísos fiscales. Y también podríamos decir un delito. Pero utilizó la palabra inmoral, no delito.
  • Los cuatro objetivos de Rubalcaba siendo ambiciosos y realistas: (i) escuchar; (ii) identificar los problemas; (iii) proponer cosas; (iv) solucionar problemas. Sí, adoptó la palabra solucionar.
  • Las cuatro aspiraciones ambiciosas: (i) atender lo urgente; (ii) atender lo importante; (iii) igualdad de oportunidades; (iv) cambios en la política democrática. Y tras enumerarlas, pasó a contarlas… De lo teórico, a lo práctico, como el doctor químico que es.
  • ¿La política importa? No. Rubalcaba introdujo que la “política importa mucho”. De ahí que las palabras más repetidas junto con el mensaje sea “hacer más política”.
  • Del “estoy convencido” de Zapatero al “me gusta mucho” de Rubalcaba. Porque al candidato del PSOE le gustan muchas cosas, y es con esta coletilla con la que incide una y otra vez hacia políticas que creen que pueden funcionar en España. A él no le vale decir que está convencido de que algo pueda salir bien o mal o de que algo puede funcionar. A él le gustan mucho unas políticas u otras, unos modelos de unos países u otros, una educación u otra. Y si dice que le gusta mucho es porque quiere hacernos saber que eso funciona. Quiere hacernos saber, como decía el profesor Ricarte, que sabe de lo que está hablando.
  • Confianza. Eso es lo que quiere, confianza. La perdida, la que se fue un 22M (o quizás mucho antes) y no volvió. Por eso pedía: “que vuelvan a confiar en nosotros”. Confianza ahora se escribe con R de Rubalcaba.
  • Y en todo discurso, un cierre. Y, éste, único. ¿Cuál fue? Un “hagamos que suceda” para, desde las bases, empezar a construir en estas elecciones. El grito de guerra de Rubalcaba ha nacido: Hagamos que suceda.

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POR 24 erres está compuesto el relato de Rubalcaba. Así es, por 24. Racional (1), como ese adjetivo que aparece en un diccionario, ese adjetivo que lees, que piensas, que procesas… Racional. Rápido (2), veloz como una moto de carreras. Rápido en lo personal, en lo profesional, en la capacidad de Respuesta. Razonable (3), como esas piezas de juego que hay que unir para formar una palabra y que ésta, a su vez, tenga coherencia. Realista (4) como lo que se ve y se observa tras un cristal completamente transparente. Receptivo (5) como quien recibe las letras exactas en los huecos de un crucigrama aún por terminar. Reconocido (6), esa persona que conoces y reconoces a simple vista, sin necesidad de forzar la mirada… Esa persona Reconocible (7). Recto (8), como recto es el dibujo trazado con fino empeño y esmero. Reflexivo (9), con la capacidad de reflexionar, decidir y comunicar, reflexivo como reflexivo es esa colección de palabras y puntos seguidos que encontramos en los libros de una manera casi involuntaria y que necesitamos observar tras unas lentes para no perder detalle. Reformista (10), con la capacidad y flexibilidad de reformar como puede hacerse con los cubos de un juego de niños. Regenerador (11), con la capacidad de plantarse para desarrollarse y crecer de manera voluntaria para estar dispuesto: ¡ahora! Relajado (12) como relajado está un globo en el aire, con esa misma soltura graciosa. Relator (13), como los son las palabras bien pensadas de un periódico, como lo es el titular de una gran noticia en portada. Relevante (14) como relevante es lo más destacado en el arte de un cuadro. Renovador (15), como renovada es una caja de cartón en cada uso. Reposado (16) como un té, como una infusión para que, después de un pequeño espacio de tiempo, éste esté en su mejor momento y así poder consumirlo a placer. Representativo (17), como lo que representa una tarjeta de visita en un intercambio de mesilla tras un café previamente acordado para una gran firma.  Resistente (18) como ese tatuaje en la piel que nunca se fue porque no se quiso ir a menos que el empeño de lo químico haga que desaparezca. Resolutivo (19) como ese sello que marca el fin de una etapa administrativa imponiendo la confianza entre los atrayentes. Respetable (20), como respetable es un título en una pared, el que marca la confianza del que lo emite al que lo recibe. Respetuoso (21), como el camino que él mismo escogió pensando siempre en la sociedad a la que representa. Responsable (22), como lo que se debe ser sobre una mesa cuyo contenido guía y marca el comienzo y el final de una etapa. Riguroso (23) como una ecuación a la que no le falta proceso ni detalle, tan sólo de esta manera se alcanza la solución al problema. Risueño (24), esa palabra que forman la plastilina que amasan las manos de un niño o una niña. Risueño como ellos. Rubalcaba.

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