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MARCOS tiene ahora 12 días, siete horas y dos minutos de vida. Allí se encuentra, hacia la mitad de ese pasillo de hospital que al mirarlo se hace eterno. Oscuro. Vacío. Una espera que se hace eterna. Hacia la mitad, un giro a la izquierda y otro a la derecha. Y allí está. Donde su vida, en una pequeña cuna, pende de un hilo. Una vida amarrada a decenas de cables que lo mantienen en este mundo que nos ha tocado vivir. Su cuerpecito reposa en ese aposento acolchado esperando que un milagro le sane ese corazón que nació pequeño. O demasiado grande para su voluntad, pues él lucha por vivir cada día; pero aún así, su corazón nació pequeño. Cual obra de arte de electricista, los cirujanos han remodelado esos conductos por los que, una y otra vez, circula nuestra sangre. Un error, tan sólo un error, se lo llevaría sin poder disfrutar de esa niñez que se merece junto a una familia que espera incansable con esperanza al final de ese pasillo. Oscuro. Vacío.

Dos errores fundamentales son los que la sociedad no acepta: las negligencias médicas y los errores políticos. Ambos se llevan cada año decenas de vidas. Cientos de vidas. El 11 de septiembre de 2001, 2973. El 11 de marzo de 2004, casi 200. La guerra de Irak, la de Afganistán, los conflictos en PalestinaCiviles, periodistas, militares y políticos muertos. Las guerras de África. Dictaduras tercermundistas innecesarias. El terrorismo, el cáncer de muchos países…

Pedimos atención continua cuando un familiar se pone enfermo, que no haya ni un error. Un error podría hacer desaparecer lo que más queremos en nuestra vida. Un error en política, también…

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“No a Bolonia”. Ese es el mensaje que cientos de estudiantes llevan reivindicando desde hace meses. En la Universidad Carlos III de Madrid, el edifico 15 se ha convertido en lugar de residencia de estos alumnos. En tiendas de campaña se han quedado a vivir allí unos días, dicen, hasta que se les escuche. Aseguran no ser un “producto”. Aseguran que “la voz del estudiante tiene peso en la sociedad y todos deben hacer uso de ella para hacerse escuchar”. Piden más información. Piden que se les atienda y que no hagan de las universidades grandes empresas privadas donde antes había centros de formación y de enseñanza.

 Contra el plan Bolonia, contra el Espacio Europeo de Educación Superior. Aproximadamente a las 10 de la mañana se han congregado para manifestarse en el campus de Getafe de la Universidad Carlos III. Minutos antes, un grupo de unos 20 alumnos irrumpían en las aulas gritando, golpeando las mesas al mismo tiempo que sus voces, enaltecidas, pronunciaban “no a Bolonia”. Antes de marcharse hacia la manifestación de Atocha, convocada a las 12 de la mañana, querían que sus propios compañeros los escuchasen. Pedían, a aquellos se encontraban dando clase, apoyo y unidad.

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