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Publicado en BEZ el 26 de Octubre de 2016

Durante ambas campañas electorales, la condición más gritada a aquellos a los que se dirigía era un no rotundo a Mariano Rajoy. Un no a la mano derecha articulada por el Gobierno del PP desde noviembre de 2011. Un no a la corrupción, a los recortes, un no a la interpretación que los populares hacen de una España inexistente. Pero esta ha sido la enésima promesa incumplida en nombre de la irresponsabilidad.

La opción de abstenerse y dejar que gobierne de nuevo Mariano Rajoy garantiza dos cosas: el mantenimiento de cargos políticos y ganar tiempo para tener la oportunidad de una posible reconstrucción del PSOE. Ese tiempo trae, además, una consecuencia: más políticas que la mayoría de la sociedad española no quiere, especialmente los votantes del PSOE que ahora se sienten engañados -o sienten que les han robado su voto-. Ahora bien, la opción de no haberse abstenido y dejar caer el hecho de unas terceras elecciones, hubiese garantizado una victoria aplastante del Partido Popular.

¿A qué se enfrenta ahora el PSOE? A la construcción de la justificación, de la argumentación y el relato. Comunicación política para la política. Construir el relato para que sus votantes confíen en él después de la abstención es mucho más complicado que construir el relato de la sangría que hubiese sufrido el PSOE en terceras elecciones. El “seremos más útiles en la oposición” no es creíble ni confiable, sencillamente porque sus votantes se movilizaron para que fuesen alternativa, no útiles apoyando un Gobierno de Mariano Rajoy. La sociedad siente traición. Y la traición es casi imposible de revertir. Unas terceras elecciones habrían conllevado una mayor pérdida de votos, es verdad, pero también hubiese empujado a muchos líderes del partido al abismo dando paso a nuevos liderazgos y esa tan ansiada regeneración. Buena parte del Comité corría peligro de haberse tomado una decisión u otra. ¿Estaban dispuestos a tal cosa? He ahí el dilema.

Por su parte, los militantes opinan por los canales donde creen ser escuchados. David Herrero, militante de base desde hace 10 años y sin haber ostentado cargo orgánico o institucional, hacía una defensa de la abstención con mejores argumentos -y mayor sentimiento- que muchos de los líderes de su partido han hecho conocer a través de diferentes medios de comunicación: “El ‘no es no’, en este contexto, en la realidad con la que nos toca operar, solo sirve a algunos para presumir de virginidad. Y eso es una tremenda irresponsabilidad, a mi juicio. Tenemos la obligación de utilizar la fuerza que los ciudadanos nos han dado para influenciar en las políticas públicas de este país en línea con nuestros valores y con los intereses del electorado al que representamos. Eso es hacer política aceptando el principio de realidad: negociar una partida presupuestaria al alza en educación, en I+D+I, en sanidad e impedir potenciales desmanes y tropelías por parte de un gobierno del PP en histórica minoría. Solo así podremos presentar, terminada la legislatura, una hoja de servicios merecedora de la confianza de la sociedad. Por tanto, lo siento, pero no: contra Franco no vivíamos mejor”.

El pero de este argumento es que el electorado vota a favor o en contra en función de los errores más que de los aciertos, y la traición pesará más que una buena hoja de servicios por aquellos mismos que ya han traicionado. Hay que estar muy convencido para decidir morir virgen. Decir no a tiempo, siempre será el discurso del cambio. No se trata tanto de quién lo diga. Se trata de qué se diga y cómo se diga. Y el PSOE ha dicho “abstención”. El reto inmediato es convencer de esa abstención cuando sus votantes, con la confianza perdida, se sienten traicionados.

Sencillamente, el Comité Federal tuvo miedo al camino del infierno.

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Publicado en BEZ el 17 de Septiembre de 2016

Son ya pasadas las cinco de la tarde. Muy cerca de Dinwiddie Street, Arlington, en Virginia, decenas de personas se dan cita en la casa de una voluntaria de la campaña de Hillary Clinton. Ella es la anfitriona de una tarde más que movida. La puerta que da paso directamente al salón nos da la bienvenida con un cartel ya más que conocido que reza I’m Ready for Hillary”. La cartelería de la campaña en apoyo a Hillary protagoniza toda la decoración del hogar: la escalera, las estanterías, las mesas, las esquinas… Y aún queda espacio para colgar alguna que otra piñata que imita a Donald Trump que no tiene otro destino que recibir algunos golpes entre risas.

 

House to house: así se movilizan

Diferentes personas voluntarias y anónimas en apoyo a Hillary van llegando a la casa, se saludan entre el inglés y el español, se presentan los que son desconocidos y charlan de política, activismo y derechos entre bocado y bocado, tragos de vino, refrescos o agua. Alguien lleva empanadas, otros galletas, la anfitriona no para de sacar comida… No todos comparten la misma profesión, pero sí comparten un mismo fin con el mismo entusiasmo: ayudar a ganar a Hillary Clinton la presidencia de los Estados Unidos. El objetivo esa tarde es inspirar, motivar y movilizar el voto latino –y especialmente el voto latino femenino- en Estados Unidos, y más concretamente en esa zona de los Estados Unidos: Virginia.

Celebran micro actos en casas de lunes a domingo, todos los días y en todos los Estados. Existe la figura del “organizador”, remunerado por el partido Demócrata. El organizador tiene la obligación de captar voluntarios –que trabajan de manera gratuita- capaces de ayudar bajo el marco de diferentes compromisos: movilización del voto, inscribir a votantes, apoyar en comunidades, apoyar y crear vocerías locales; etc…

¿Por qué en casas? La gente que se acerca a las casas viven una experiencia más humana, más cercana, donde la emocionalidad de ser invitado a un hogar suele potenciarse, y donde los  discursos en torno a las problemáticas sociales cobran más vida. Aquellos que llegan están invitados por el organizador y son personas con cargos políticos o institucionales, por norma general, activistas o representantes de organizaciones. El número alcanza las 50 personas pero no todas están todo el tiempo. Al final se suelen quedar alrededor de 30 personas con la ilusión de escuchar diferentes discursos que siempre llegan al final de la tarde.

 

Palabras que inspiran

Esa tarde de agosto, alrededor de las ocho y cuando ya la noche empezó a dar señales de un nuevo tiempo, Allida Black, la cofundadora del movimiento “Ready for Hillary”, rompió el hielo con unas palabras cargadas de sentimiento e ilusión, empleando como forma la comparación de los derechos que defiende Hillary con la ruptura de los mismos que conseguiría Trump de llegar a la presidencia. Sus palabras provocaron varios aplausos, varias afirmaciones dibujadas en los rostros de muchos y varias preguntas maquilladas de consentimiento hacia lo que acababa de compartir.

Lorella Praeli fue la siguiente en intervenir. Ella es la Directora Nacional del Voto Latino para la campaña de Hillary Clinton. A diferencia de Allida, arrancó gritos de apoyo al unísono bajo la consigna de #JuntosSePuede. Exclamaciones, voces y aplausos. Provocó con sus palabras que a más de uno se le pusiera el vello de punta, y no paró de pedir la participación para el grito común de apoyo a Hillary. Sus palabras estuvieron más enfocadas a visibilizar la problemática de los latinos y las carencias de las mujeres latinas en Estados Unidos. Mucho trabajado ya, sí, pero todo por hacer.

Da igual los cargos que ocupan o su responsabilidad, van de casa en casa, algunos con escolta, todos los días. El partido demócrata tiene portavoces y protagonistas repartidos por todos los lugares del país con el sentimiento de hacer posible un cambio en la historia de los Estados Unidos.

 

Así trabajan

Esto sólo es posible con un trabajo minucioso, mucho orden y una cantidad ingente de  personas que laboran bajo el mismo fin. Los organizadores y los voluntarios tienen la obligación de hacer un reporte diario del trabajo realizado y lo que han conseguido, y enviar –sí, todos los días- a la central del partido en Nueva York. Es mucha información la que se genera a diario, pero es verdad que trabajan muchas personas detrás y existe una gran organización de los equipos. Sólo con este trabajo extremo de los organizadores y voluntarios tienen conocimiento del éxito de la movilización y del cumplimiento de los compromisos. Pero también tienen conocimiento de aquellos Estados donde son más débiles, donde existe una menor movilización o donde no cuajan las actividades de los organizadores o los voluntarios. Y del mismo modo que trabajan por pasión muchas personas, también salen otras de no conseguir los resultados esperados.

Las campañas, al fin y al cabo, las ganan los equipos. Como diría Margaret Mead: “un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho son los únicos que lo han logrado”.

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“El mayor peligro que enfrentaban las fuerzas republicanas, según la joven, era el fraccionalismo, exacerbado desde el inicio de la guerra”

El hombre que amaba a los perros

Leonardo Padura

 

Publicado en BEZ el 27 de Junio de 2016

Pierde España, principalmente, porque España no es solamente el Partido Popular por mucho que griten “yo soy español” en una noche electoral. Cojan la calculadora y sumen: casi dos millones de españoles fuera de España donde ni un 5% ha podido votar, mas 1.189.296 de personas que no han votado en comparación con las elecciones del 20 de Diciembre en las que sí lo hicieron, mas 5.424.709 de votos al PSOE, mas 5.049.734 de votos a Unidos Podemos, más 3.123.769 de votos a Ciudadanos, mas el resto de votos repartidos entre el resto de fuerzas políticas. Vaya… la suma da más que los 7.906.185 de votos que ha conseguido el Partido Popular. Sin embargo, el PP ha ganado las elecciones al conseguir 137 escaños y al beneficiarle una Ley D’Hondt que todos quieren cambiar.

Ahora… nadie entiende nada y la pregunta inmediata después de conocer los resultados es… ¿qué ha pasado? ¿Son ciertos esos resultados? El error de Podemos de no apoyar la pasada investidura le ha pasado factura electoral sumado a la unión con IU. Además de la aritmética electoralista, algo evidente era que muchos que admiraban a Alberto Garzón no simpatizaban con la imagen de Pablo Iglesias. Pero, con menos votos (1.230.020 votos menos), obtienen más escaños: de 69 pasan a 71; -aunque serían los mismos si les sumamos los dos escaños de Unidad Popular en Común de las anteriores elecciones-Mientras el Partido Popular gana las elecciones, el PSOE gana las encuestas, afianzando su discurso y el principal motivo por el que no comunicaba si haría o no pacto electoral con Podemos. Ellos esperaban que no hubiese sorpasso, como así ha sido.

Ha ganado un partido político que se aleja cada vez más de la realidad de España

Todo apunta a que el número de votos que ha perdido Ciudadanos se hayan ido directamente al PP atendiendo al voto útil. ¿La realidad? La realidad es que ha ganado un partido político que se aleja cada vez más de la realidad de España: está lejos de los datos de crecimiento reales del país, lejos de una sanidad y educación públicas defendidas durante décadas, lejos de la igualdad de derechos y lejos de la transparencia que se demanda. La realidad es que gana el partido que interpreta datos para beneficio de unos pocos, que se aleja de las necesidades que más gritan los ciudadanos por pura supervivencia. Y gana la lista que presenta los mayores casos de corrupción. Más aún, el Ministro del Interior, Jorge Fernández Díaz, acusado de conspirar con el jefe de la Oficina Antifraude catalana para fabricar escándalos contra ERC y CDC en plena campaña electoral, es que el que anunciaba, junto con la vicepresidenta del Gobierno, Soraya Sáenz de Santamaría, el resultados por provincias de estas elecciones. ¿Aplaudimos? Por favor, al menos, y como humildad, que no pidan respeto cuando son más españoles los que no los han apoyado y cuando acumulan semejante cartera de descrédito judicial.

Que el PP gane las elecciones no significa que la derecha gane, sino que la izquierda pierde. El PP gana 690.433 votos con respecto a las pasadas elecciones, que suponen 14 escaños más de los 63 que perdió en diciembre. La abstención siempre afecta a la izquierda. Y hay que reconocer que faltan 1.189.296 votos que sí estuvieron en las pasadas elecciones del 20 de diciembre de 2015. La participación ha sido de un 69,84% frente al 73,2%. Y cuando la mayoría de votos está fraccionada, quienes pierden, además de una izquierda separatista incapaz de ponerse de acuerdo ante las causas que les unen, que son más que las que les separan, pierde España.

Podemos ha hecho una campaña impecable en términos de comunicación política. Y eso hay que reconocerlo. Pero aún le queda definir esa política de la que tantos dudan. Todos los que mencionan tanto a Venezuela, y todos los que invocan tanto al miedo, es porque poco conocen de Venezuela y de Latinoamérica en su conjunto. Qué lejos estamos y cuánto la mencionamos. Si viajáramos más, más valoraríamos España y más comprenderíamos que no es comparable. Y que ese miedo infundado no ha sido nada más que una estrategia efectiva, pero banal y surrealista por puro desconocimiento.

Más valor por lo que han callado

Nuestros candidatos, en esta campaña, han tenido más valor por lo que han callado que por lo que han hablado. Han tenido más valor por lo que han respondido que por lo que han propuesto. Porque, al fin y al cabo, ha contado más la esencia del dónde vienen y qué representan, que hacia el dónde van, o quieren ir, con nuestro apoyo. Y, porque, al fin y al cabo, cuenta más el hacia dónde les dejen ir.

La lista más votada ha sido el Partido Popular, sí, habiendo diseñado la peor campaña de su historia. Pero ganar con 137 escaños, no significa gobernar. Y esto es algo que Mariano Rajoy no aceptará. Esperemos que acepte que, para este nuevo momento político, la izquierda en España, que también es España, resulta imprescindible. Pedro Sánchez decide qué. Pablo Iglesias debe decidir ahora de qué lado estar. Y Albert Rivera se sentará en la mesa que más condiciones le acepte. Pero es en las manos de la izquierda donde está cederle el Gobierno a Rajoy, formar Gobierno propio o ir a unas terceras elecciones que resultarían, de momento, insoportables para España.

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