ÉRASE una vez dos empresarios que se encontraban en el mismo pueblo de la basta Castilla. Ambos se dedicaban al mismo negocio: vendían velas. Sin embargo, pasaron los años y llegó la electricidad. Uno de ellos siguió vendiendo velas porque creía y admiraba ese artilugio tradicional moldeado con cera. El otro, comenzó a vender bombillas cuyo resultado se tradujo en más beneficios para su empresa. Además, pensó en venderlas no sólo en su pueblo, también las ofreció a los pueblos de alrededor aumentando el éxito de su negocio con esta expansión.
¿Cuál es la diferencia entre ambos? El empresario ganador se adecuó al contexto y a la situación en la cuál vivía: él dejó de vender velas para dedicarse a la iluminación. Su compañero, idealista, romántico, bohemio e ilusionista, se quedó estancado en el negocio de sus velas, aunque su ánimo nunca se vio afectado y lo abordaba una gran felicidad.
En política y en comunicación, no se puede quedar uno estancado: debe evolucionar a pesar de ser feliz y de continuar persiguiendo unos ideales utópicos. Creer en el periodismo es positivo, pero hemos de aceptar que este cambia. Creer en la salida de la crisis económica es bueno, pero no podemos enfrentarla si nos quedamos parados y paralizados, y si no se proponen CAMBIOS, medidas nuevas adaptadas a la sociedad, a los mercados, y a la situación nacional e internacional real en la que nos encontramos.
Hay que ir donde está la gente…