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Publicado en Sesión De Control (13 de mayo de 2013)

Desde la oposición hasta el Gobierno, el camino de Rajoy ha estado lleno de tropiezos. Declaraciones comprometedoras, errores y algún que otro renuncio quizá demasiado casuales.

 

No son pocas las personas que piensan que el presidente del Gobierno español es un despistado o un torpe. Mariano Rajoy acumula muchas equivocaciones por descuidos que no proceden. Errores que proyectan una imagen negativa de torpeza e inseguridad, pero que también, al mismo tiempo, pueden proyectar una imagen positiva, como por ejemplo de persona humana que comete errores como cualquier otra persona.

La cuestión es que con todos los años de trayectoria parece ser que Rajoy no aprende. Y no es cualquier persona, es el presidente del Gobierno de España Pero ¿son despistes de verdad?

 ¿Quién? ¿Yo?

El lapsus de Mariano Rajoy el pasado 8 de mayo en el Congreso de los Diputados nos hacen recordar que Rajoy tiene una gran colección de errores. En esta última ocasión, al acudir a la tribuna del Congreso, inició su intervención dirigiéndose a sus señorías como “al presidente del Gobierno”… pero ¿no es él el presidente del Gobierno? Un error poco común que puede trasladar la imagen de que todavía vive en “la oposición” y por tanto hace que la audiencia se pregunte si está a la “altura” del cargo.

 

¿De verdad todo falso?

Bueno, según el presidente del Gobierno “no es cierto, salvo alguna cosa”. Momento crítico para el PP después de que el periódico El País sacara a relucir los papeles de Bárcenas. Se echaba de menos que el presidente saliese a dar explicaciones. ¿Cobraron sobresueldos de manera ilegal? Hacía falta alguna aclaración contundente por parte del PP y, sobre todo, creíble. Y Rajoy salió, pero detrás de una televisión de plasma dejando boquiabiertos a los periodistas. Días más tarde, y aprovechando una comparecencia de Rajoy con Merkel en Berlín, le preguntaron. Contestó: “Todo lo referido a mí y mis compañeros no es cierto, salvo alguna cosa publicada”.

Cuba por Perú

El 25 de enero de este mismo año, Rajoy se encontraba con el presidente de Perú Ollanta Humala. Durante la comparecencia, en vez de agradecer al Gobierno peruano, no se le ocurrió otra cosa que decir: “Quiero agradecer al Gobierno cubano”. La anécdota no dejó de tener su importancia. Menos mal que aprovechó la ocasión para destacar la relación “tan hermosa” que mantiene con Perú.

ETA, la gran nación

“Quiero transmitir a los españoles un mensaje de esperanza. ETA es una gran nación”. Esto dijo el 11 de junio de 2007 en un discurso ante sus seguidores después de una reunión con el presidente Zapatero. A continuación rectificó, pero el mensaje que encontramos en la Red es el que Rajoy dejó para el recuerdo. El motivo de dichas palabras fue la ruptura del alto el fuego de ETA.

El coñazo de desfile

En octubre de 2008, un micrófono abierto le jugó una mala pasada a Mariano Rajoy. ¿Un lapsus o verdaderamente sentía lo que decía? “Mañana tengo el coñazo del desfile. En fin, un plan apasionante”. Eso es lo que dijo Rajoy a Javier Arenas cuando el andaluz le preguntó por sus planes después de su estancia en Galicia. Seguro que el desfile le resultó menos coñazo después de que el mensaje le llegara los medios de comunicación.

La letra ilegible 

Rajoy aseguraba cuando estaba en la oposición que podría arreglar el problema económico español en dos años. En un programa de televisión, una joven le preguntó qué medidas incluiría en su programa para crear empleo. A priori, una pregunta fácil, de las de argumentario, pero Rajoy no habla, balbucea… no fue capaz de contestar en un minuto porque se hizo un lío que nadie esperaba: “Me ha pasado una cosa verdaderamente notable. Lo he escrito aquí y no entiendo mi letra”.

El bonobús

Según el PSOE, el debate de 2008 lo tenían ganado hacia la mitad porque el “bonobús” hundió a Rajoy. “Qué es eso”, le preguntó a José Luis Rodríguez Zapatero en pleno debate. Y al preguntarlo, quedó en entredicho su capacidad de poder hacer controlar y gestionar políticas sociales. Hoy quizás sí sepa lo que es un bonobús.

Zapatero por Rubalcaba

En el último debate electoral en noviembre del 2011 hubo muchas dudas sobre este lapsus. Se dirigió a Rubalcaba como Rodríguez, aludiendo a Zapatero. ¿Se equivocó a conciencia? Pudiera ser. Pero es muy complicado pensar que lo hiciera cuando Mariano Rajoy acumula tantos errores. “Ha empezado su intervención el señor Rodríguez Ru… eh… Pérez Rubalcaba… eh…”.

 

Fernández por Pérez

“Isabel Fernández Espinosa es el futuro”. Antes de decir el nombre, Rajoy duda. Y duda porque no se apellida Fernández, sino Pérez.  En enero de 2011, Rajoy cometió ese error al ensalzar la labor de una candidata para la presidencia del  Principado de Asturias cuyo apellido olvida. Decir también que, aunque no fue un lapsus, la palabra Cascos ni apareció…

 

 

Detrás, delante, de lado

Rajoy nunca ha dudado de Camps, “siempre estaré detrás de ti, o delante, o a un lado”. En un momento crucial en la carrera política de Francisco Camps, ex presidente de la Generalitat Valenciana, al que es hoy presidente del Gobierno no se le ocurre otra cosa que decir esas palabras para ofrecer toda su confianza a Camps. El calor que arreciaba en junio de 2009 le hizo a Rajoy expresar tal sentimiento que en su día dio lugar a muchos chistes que nada tenían que ver con la política: detrás, delante, de lado. ¿De qué lado está ahora Camps?

 

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Publicado en Sesión De Control (12 de abril de 2013)

Se echa de menos más diálogo, más escucha, más respeto y una profunda reforma de la Administración

Parece utópico pensar que un día empiecen a cambiar las cosas, que los partidos políticos lleguen a acuerdos que sumen, no que resten, que hablen en el mismo idioma y no siempre lo hagan al mismo tiempo, para que se les entienda. Que salgan a la calle y se conviertan en verdaderos periodistas entrevistando a cada ciudadano, preocupándose siempre por lo que más les preocupa a ellos.

Parece utópico pensar que los políticos del hoy y del mañana se conviertan en políticos por vocación mirando hacia el futuro, pero aprendiendo de los políticos del pasado. Como dice el asesor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí, “si quieres ser moderno, hay que leer a los clásicos”. Qué bonito sería si todas aquellas personas que se dedican a la política en activo empezaran a escuchar –de verdad- para crear tendencias que alimenten esta democracia enferma que tiene hambre y sed.

El diputado César Ramos ha publicado un libro titulado#DemocraciaHacker‘. Un libro que lejos está de hablar de tecnología y tecnicismos, y sí tiene mucho que ver con dar más poder a los ciudadanos. Habla de pasión, pero de pasión por cambiar las cosas. Quizás Ramos hubiese acertado más con esta palabra al titular el libro: pasión. Porque la pasión la entienden todos los ciudadanos, no sólo unos pocos. Pasión por debatir, por crear modelos nuevos, por crear, evolucionar, aportar y adaptar la política del hoy al ritmo de la sociedad. Este libro no habla de partidos políticos, y sí de ideas y de gente, de nuevos formatos y nuevas tendencias, las que ya están en la calle y son usadas por todos.

 Hablamos del lenguaje

Decía el periodista y escritor Juan Cruz Ruíz, que en Santa Cruz de Tenerife, en la época en la que él empezaba a escribir, empezaron a prohibir algunas de las palabras propias de la isla, aunque fuesen las utilizadas durante años por todos los vecinos. Los guanches ya habían desaparecido, pero no así su arraigada cultura. Hasta tal punto de que las autoridades prohibieron también emplear la palabra “guagua”, al referirse a los autobuses, y la cambiaron por “bus”. En Santa Cruz donde vas ves “bus”, dice Juan irónico.

No se trata de un prohibir o un cambiar. La política tiene su propio discurso o su propio lenguaje. Si no se entiende a la gente de la calle, las palabras que emplean, las expresiones que usan, qué piden y cómo lo piden, los políticos cada vez más se irán separando de aquellos a los que representan. Y luego será más complicado pedirles el voto, porque, sencillamente, los ciudadanos no entenderán la lengua que escuchan cuando se les pida algo.

 Hablamos de las formas

Hablamos de formas y de formatos. Hay reticencias en cuanto a la palabra ‘cambio’. Pero esta palabra también está en nuestro vocabulario. Para cambiar las cosas es necesario que el cambio empiece por nosotros mismos. No hay otra manera de hacerlo. Y aceptarlo.

Si las estructuras de los partidos políticos no entienden en qué contexto se mueven, hay que cambiarlas. Si el formato en el que se presenta hoy en día en el Congreso de los Diputados no funciona, hay que buscar la fórmula adecuada de participación. Como bien pregunta César Ramos, ¿quién no se aburre en un Pleno?

Nuestras instituciones políticas tampoco pasan por el mejor momento ni por la mejor valoración. No se trata de acumular el máximo número de formularios en los Ministerios, como apuntan los políticos, sino de acumular el máximo de problemas resueltos. Hay que ir pensando en un nuevo modelo de Administración, desde el Gobierno hasta la Corona.

La foto en Génova con todos los periodistas dirigidos hacia una pantalla de plasma y un atril muestra claramente la gravedad de la enfermedad del sistema. ¿A qué tiene miedo el Gobierno? Ese tipo de comunicación empeora la cosas, no ayuda a mejorarlas. Y con la Familia Real ocurre exactamente lo mismo: crisis reputacional, falta de credibilidad, deficiencia de su acción… van cayendo uno tras otro… Es la primera vez que se pregunta la ciudadanía seriamente para qué sirve un Rey, qué hace, en qué beneficia a España…

Si todo lo malo sale, ¿dónde está lo bueno? ¿No hay que empezar a replantearse también esto?

 Y… ¿cómo lo hacemos?

Sabemos lo que queremos pero, ¿sabemos cómo cambiar las cosas? Esta sería sin duda la gran pregunta. Ahora bien, todo pasa por una intención. Y esa intención existe.

Somos conscientes de que el sistema tiene una carencia fundamental. Y nos hemos dado cuenta de esa carencia debido a la crisis actual: económica, política y social. Todos los cambios empiezan por una revolución. España está viviendo la suya propia. Sabemos lo que ocurre. Pero este es el primer debate para llegar a un acuerdo común.

En la pasada presentación de ‘#DemocraciaHacker’, estuvieron presentes en el acto varias personas de distintos partidos políticos. Y si bien no estaban de acuerdo en todo, sí llegaron a puntos en común. Debatieron, hablaron, comentaron, se daban la razón y no, sonreían y asentían. Qué bonito sería que ocurriera lo mismo en el Congreso de los Diputados.

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PARA España, los años 30 supusieron un antes y un después en la política. La mujer no toma riendas, pero sí solicita una presencia en lo público donde antes sólo existían lavadoras y cambios de pañales. Puede que los conflictos bélicos hayan fomentado la igualdad entre las relaciones de género –como aseguran muchos investigadores– y, sobre todo, el protagonismo de la mujer en la política.

A lo largo de los años 30 era común la movilización, la creación de agrupaciones de mujeres y feministas, comités nacionales y las corrientes dentro de los partidos. Frente a la amenaza del fascismo, empiezan a surgir de manera más repetida palabras como “paz” y “libertad”. Ese fue el origen de la “guerra en defensa de la democracia”. El “pacifismo realista” no perseguía otra cosa que derrotar al fascismo para conseguir la paz duradera.

Después de escuchar a Andrea Fabra ese “que se jodan” en el Congreso de los Diputados, cabe analizar varios elementos: el tono, el momento, el lugar y la audiencia. ¿Cuánto no ha costado a la mujer luchar porque existiese una diputada en el Congreso? Y la siguiente pregunta, ¿por qué ese lenguaje de jerga tan vulgar y tan impropio de una mujer diferencial –como así se sienten ellos- de un Gobierno que ejecuta con mayoría absoluta? ¿Y por qué muestra tan poca profesionalidad en tamaña cámara y cuando los políticos suponen el tercer problema de los españoles? Andrea Fabra ha decidido seguir al pie de la letra la nueva fórmula popular del I +D + i: Incertidumbre, Desconfianza e Incoherencia.

Han pasado más de 80 años desde que la mujer pudo ser escuchada, desde que intentaba luchar por iniciativas que cambiasen el rumbo de nuestra historia. Lideraron una época, tremenda época. Pero cabe destacar que la Agrupación de Mujeres Antifascistas desarrolló un discurso militarista con un fin concreto: garantizar la paz. ¿Es una incongruencia? Quizás no en el momento en el que estaban jugando la partida: el momento de los fascismos.

Lejos de reírse de los parados o de la oposición, la mujer a lo largo de estos años combatió con el arma de su lenguaje para que aumentara la presencia de candidatas en las listas republicanas, para que pusieran más confianza en ellas y en su posición. Muchas lucharon, claro que sí. “Los hombres combaten en los campos, las mujeres debemos combatir en la ciudad”, aseguraba Victoria Kent.

Ochenta años más tarde, muchas mujeres nos echamos las manos a la cabeza al escuchar a otras mujeres, al ver que lo que representan queda lejos de los interesen de los ciudadanos, lejos de la política que dicen representar, lejos del respeto que se les debe tener. Hay mujeres que no defienden, imponen, que no presentan seguridad frente a lo que creen, sino una soberbia desmesurada que roza la enfermedad del “sobrepoder”.

Ese “que se jodan” se ha oído en la cámara baja porque hubo mujeres que lucharon por la presencia del género femenino en la vida pública. Ese «que se jodan» no suena honesto, ni humilde. Hoy son otras quiénes manchan ese derecho con comportamientos indebidos. El siguiente paso es que mujeres y hombres practiquen el buen ejercicio de la Política dentro de las paredes de esa cámara. Hay millones de personas en España que han perdido toda la confianza y cualquier atisbo de sinceridad en sus voces. Siguen esperando ese mañana eterno…

 

 

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