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Publicado en El Telégrafo de Ecuador el 8 de Marzo de 2016

Vaya… El día internacional de la humanidad no existe. Búsquenlo… Sin embargo se celebra el día internacional de la mujer. Y se equivocan los que piensan que este día es para acordarse de las mujeres, de lo que somos, de lo que representamos, los sueños que nos mueven con ilusión, las razones por los que luchamos, o los motivos por los que alzamos nuestras voces. Porque por mucho que las mujeres defendamos nuestros derechos y nuestras libertades, nuestro hueco en la sociedad no es otro que el que nos corresponde… El no conseguirlo en los términos en los que se espera, independientemente del país en el que vivamos o la religión a la que adoremos, no se equivoquen, no es un fracaso femenino, sino un fracaso de la humanidad.

“Dediquemos una financiación sólida, una valiente labor de promoción y una férrea voluntad política a alcanzar la igualdad de género en todo el mundo. No hay ninguna otra mayor inversión en nuestro futuro común”, dice Ban Ki-moon, el Secretario General de Naciones Unidas. Y, quizás, no podremos estar más de acuerdo. Pero qué bonito sería hablar de todo lo que ganamos todos empleando términos más humanos, más humildes y más igualitarios; qué bonito sería aparcar tanto término macroeconómico para empezar a construir sociedades más justas e iguales desde la base de la educación. Porque… si seguimos empleando este día para reivindicar lo que reivindicamos cada día avanzaremos poco, menos aún si no empezamos a anteponer el valor de la igualad desde la escuela. No se equivoquen, esta no es la queja de siempre de unas cuantas feministas. Para avanzar necesitamos algo más que ruido momentáneo, necesitamos algo que también –y, menos mal- incorpora Ban Ki-moon: voluntad. Voluntad no sólo por parte de las mujeres, voluntad y comprensión por parte de toda la humanidad.

Y a veces es necesario escribir palabras como estas para “mover el piso” porque “escribir es siempre protestar, aunque sea de uno mismo”, como dijo Ana María Matute. Y Miguel Forcat Luque la animaría y seguramente le diría: sí Ana, protestemos, porque “luchar en defensa de los derechos de las mujeres es luchar por los derechos de todos nosotros”. Y, posiblemente, sobre el dibujo de nuestra propia imaginación donde recreamos un mismo café de tarde entre geniales, Petra Karin Keller le añadiría a Forcat: “Estamos tan condicionados por los valores masculinos, que hemos cometido el error de emularlos al precio de nuestro propio feminismo”. Y Simone de Beauvoir le diría: es que “una no nace mujer, se hace mujer”. Mary Wollstonecraft, pendiente de las palabras de Simone, alegaría con contundencia: yo “no deseo que las mujeres tengan poder sobre los hombres, sino sobre sí mismas. Rigoberta Menchú, que podría estar escuchando atenta, de pronto alzaría la voz para decir: puede ser, mi querida Mary, pero “una mujer con imaginación es una mujer que no sólo sabe proyectar la vida de una familia, la de una sociedad, sino también el futuro de un milenio”. Soledad Gallego-Díaz no llegó tarde a la cita, ella hablaría sin hacer ruido mientras remueve una taza a la que ya no le queda café. Hablaría sin hacer ruido como siempre lo hace, elegante, presente en la razón y ausente en el espacio y, sólo cuando hablase, todos se voltearían para mirarla: “Para combatir el antisemitismo no hace falta ser judío como para luchar contra el racismo no hace falta ser negro. Lamentablemente, a veces parece que para combatir la discriminación de la mujer hace falta ser mujer”.

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ME hace una tremenda ilusión compartir con todos el proyecto que he puesto en marcha con la coach y gran amiga Begoña Gozalbes. Nació el pasado 8 de marzo coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer. Aunque en realidad nació hace mucho tiempo… Este proyecto ha sufrido modificaciones, lluvias, baches y muchos impedimentos a lo largo de muchos meses. Pero, como dijo la primera dama del mundo, Eleanor Roosevelt, “el futuro pertenece a quiénes creen en la naturaleza de sus sueños”. Y el futuro será con las mujeres o no será. Por eso debimos creer en la naturaleza de nuestros sueños.

Política #EnFemenino era nuestra ilusión y aquí está. Creímos que era posible de una u otra forma, más tarde o más temprano. A partir de ahora, queremos contar con TODOS vosotros. Porque crecerá en conjunto, con la ayuda de la aportación profesional de cada uno para convertir la política de hoy en una mejor política, en una política diferente. Porque la política del mañana, también puede ser #EnFemenino.

¡Bienvenidos!

@Pol_EnFemenino

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MI sobrina María nació el pasado día tres de marzo. Una niña querida y esperada por todos. Y cuando la vimos aparecer esa madrugada estrenando este mundo con sus ojitos abiertos y curiosos, doy por hecho que nadie de la familia pensó: qué pena, es mujer y tendrá menos oportunidades. Tampoco lo pensamos cuando mi hermana nos reveló estando embarazada que la criatura que crecía dentro de ella era niña. No, no lo pensamos ahora y no pensamos entonces.

Porque ser mujer no es una pena, sino una oportunidad. Porque ser mujer es ser persona, y por tanto tener los mismos derechos y deberes. Porque ser mujer no es ser inferior, sino igual al resto. Ser mujer es una suerte también, porque poseemos habilidades y capacidades diferentes a los hombres. Y porque por nuestra naturaleza también tenemos la facultad de dar vida.

Ayer se celebró en Madrid, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el seminario “A igual trabajo, igual salario”. Y todos los ponentes, al arrancar la jornada, perseguían el mismo objetivo: que ese día de la mujer desapareciese. Porque si desaparece habremos entendido la igualdad que supone ser mujer y hombre, y por tanto un éxito.

Entre las personas que arrancaron el acto, se encontraba la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato. Quizás una mujer que dio un discurso hacia eso mismo, hacia la igualdad, aún formando parte de un Ejecutivo con el mínimo de mujeres.

En la primera mesa, moderada por Carmen del Riego, la primer mujer presidenta de la Asociación de la Prensa, se habló mucho de datos y de pocas estrategias, aunque Carla Mira Llobet presentó la propuesta de “Europa 2020”. Se habló de que sólo el 10% de los directivos de grandes empresas son mujeres; se habló de que los hombres ganan un 16,1% más que las mujeres; se habló de que la media europea de mujeres que forman parte de los gobiernos nacionales de la UE es sólo el 26% (Artículo recomendable: El liderazgo de las mujeres políticas: construyendo igualdad desde el poder); se habló de que sólo el 3% de los Premios Nobel de la Ciencia han sido concedidos a mujeres; y se habló de que la peor forma de la discriminación de las mujeres es la violencia contra ellas. Se habló, se habló y se habló… Pero, siendo mujeres, yo no quiero hablar más, quiero escuchar y proponer más: soluciones, ideas, esquemas, propuestas. Y quiero líderes capaces de decir: podemos, debemos y lo haremos.

La segunda parte del seminario, El poder de la mujer como estrategia, la presentó la periodista de RTVE, Pepa Bueno. Y al comienzo, comentó las palabras que Michelle Bachelet, la que fue presidenta de Chile hasta 2010, compartió con ella en una entrevista: “cuando una mujer entra en la política, cambia la mujer. Cuando muchas mujeres entran en la política, cambia la política”. La escritoria Elvira S. Muliterno, dijo que debíamos autoenamorarnos para creernos esa igualdad que reivindicamos. ¿Que qué queremos las mujeres?, pregunto Pepa Bueno, “pues sencillamente, la mitad de todo”. Algo que a día de hoy no tenemos. Ahora bien, cuando una PYME, en España busca a un trabajador, no se empecina en un hombre o en una mujer, se empecina en un contrato al menor coste. Y… ¿quiénes piden menos? Las mujeres. Por lo tanto, ¿nos creemos lo que valemos? “No lo sé, las cosas siempre se han hecho así”, respondía Teresa Arranz, experta en PNL. Pero ahora, las mujeres queremos que las cosas se hagan de otra manera y para eso hay que empezar siendo optimistas, “fuente de valor y actividad”, según Arranz. Nuria Chinchilla, catedrática del IESE, afirmaba que a las mujeres nos cuesta menos negociar cuando lo hacemos para otros, que cuando negociamos para conseguir algo para nosotras mismas. Cierto es que España pierde mucho talento, como continuaba Chincilla, por tanto… ¿no hay que hacer algo pronto frente a esta ceguera?

Cuando mi sobrina María tenga la edad suficiente como para defender sus derechos, espero que no lo haga sólo por desigualdades de género. Espero que lo que negocie lo haga con el mismo ímpetu que cuando negocie para terceros. Espero que la estrategia esté en su cabeza día y noche de manera positiva. Espero que el optimismo la empuje hacia el éxito esperado, que no es otra cosa que conseguir lo que un día soñó llegar a ser…

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