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De Cerca

Firma de opinión en Cadena SER. 30 de abril de 2025

El 26 de abril se celebró en España el Día de la Visibilidad Lésbica. La Junta de Castilla-La Mancha, a través de la Consejería de Igualdad, organizó un acto en Alcázar de San Juan. Pudimos escuchar las reflexiones y experiencias de Isabel Descals y Mari Carmen García, mujeres dedicadas a la defensa de los derechos de mujeres lesbianas y bisexuales desde los sindicatos y la educación.

La caja de Pandora se abrió al hablar de maternidad. También del vacío que existía en la ley de reproducción asistida de 2005, que obligaba a las mujeres a casarse para reconocer a sus propios hijos hasta la modificación introducida por la Ley 4/2023.

Intento explicar lo que ocurría: si una mujer tenía un hijo con un hombre —pongamos que se llama Pepe—, a la hora de registrarlo nadie preguntaba sobre la veracidad de la paternidad de Pepe. Sin embargo, si el hijo era de dos mujeres que habían participado biológicamente en el proceso médico, ese hijo carecería de protección jurídica si ambas mujeres no estaban casadas. ¿El motivo? Una discriminación más, por ser mujeres. Las parejas heterosexuales no están obligadas a casarse.

Durante la pandemia, muchas mujeres embarazadas con parejas mujeres vieron cómo sus embarazos continuaban mientras se paralizaba la oportunidad de casarse. No son pocas las parejas de mujeres que han tenido que casarse deprisa y corriendo para iniciar un tratamiento, no por una cuestión simbólica o romántica, sino por una urgencia legal y de protección familiar. Si no estaban casadas en el momento del nacimiento, solo una de las dos podía figurar como madre legal. La otra debía iniciar un proceso de adopción para ser reconocida como progenitora, a pesar de serlo de facto.

Las familias con madres lesbianas o bisexuales, además de las familias monomarentales, aún se enfrentan a muchísimas dificultades. Este ha sido solo un ejemplo. Obstáculos administrativos, prejuicios sociales y barreras legales siguen presentes en su día a día, que es nuestro día a día, afectando desde el acceso a derechos básicos.

Y lo cuento porque lo que no se cuenta, no existe. Y existimos.

 

Lo cuento para que las cosas sigan cambiando y mejorando, para que no se nos siga discriminando, en un tema más, por ser mujeres.

Gracias a mi tierra, a Sara Simón y a Patricia Benito, por este espacio, por dejarnos alzar la voz para destruir los muros de la discriminación, también cuando se trata de mujeres que se aman.

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De Cerca

Firma de opinión en Cadena SER. 13 de febrero de 2024

Queridas paisanas y paisanos:

Os saludo con ilusión en la que es mi primera vez en este espacio de opinión.

El Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia se celebró el pasado 11 de febrero.

No podríamos imaginarnos cómo sería nuestra vida hoy si desperdiciáramos el talento de más de la mitad de la población y, especialmente, en todas las vertientes de la ciencia.

La mujer invisible es un libro que se publicó en 2019; en España en enero del 2020. En él Caroline Criado, la autora, hacía referencia a un episodio escalofriante y es que durante el brote de SARS que tuvo lugar en China entre 2002 y 2004, no hubo un seguimiento sistemático de los resultados sobre la salud de las mujeres embarazadas, por tanto, era un hecho que existía una brecha de datos de género y advertía de la falta de información en el caso de que llegara la próxima pandemia. La próxima pandemia ya estaba aquí y esa información faltó.

¿La madre de una de las vacunas? Una mujer: la bioquímica húngara Katalin Karikó. Su trabajo, después de 40 años, fue clave para el desarrollo de las inyecciones de Moderna y BioNTech, que ya tanto nos suena a todos.

Y es que, es un hecho que las mujeres, a lo largo de la historia, se han enfrentado a enormes desafíos, como la cura del cáncer, el código que permitió al Apollo 11 llegar a la luna, el descubrimiento del ADN o la comunicación inalámbrica.

¿Qué quiero decir con esto? Existieron, existen y existirán mujeres en la ciencia, pero necesitamos más, especialmente que el sistema siga dándole las oportunidades que se merecen. Y, no sólo necesitamos más mujeres en la ciencia, sino ciencia sin discriminación que mejore la vida de las mujeres.

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