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Publicado en el periódico EL PAÍS (26 de enero de 2013)

El presidente Lincoln, en su discurso inaugural de 1861, dijo que “nada se perdía por exceso de reflexión”. Eso mismo le pedía al pueblo, reflexión. Obama parece no pedir la reflexión, sino inspirarla. Esa es la gran diferencia, quizás con muchos presidentes. Obama es una persona que inspira. Y por eso triunfa. Por su forma y su fondo sabemos que representa a la gran mayoría del electorado americano. Ha medido al milímetro su campaña, su mensaje, sus discursos, sus gestos, toda su comunicación. Innova e inspira a la innovación. Hace fácil lo difícil porque entiende lo que ocurre fuera de los muros de la Casa Blanca. Escucha, y parece entender lo que escucha. Ahí radica su éxito.

Quizás en España no entendamos el porqué de tanta imagen en compañía de su esposa, de sus hijas… Si nos paramos un segundo a escuchar las palabras de Obama en cada discurso, nos daríamos cuenta de que él menciona e invoca siempre la unidad y a la unidad. El cambio en su conjunto, como país, pasa por un compromiso mutuo, por un trabajo de todos. Y así lo dijo en su primer discurso inaugural: “A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”.

Todas las fotografías que hemos podido ver de Obama hechas por su fotógrafo Pete Souza son política. Y cada una de ellas emite un mensaje claro adaptado al contexto de Estados Unidos y de las necesidades de sus gentes. Eso se percibe como electorado. Obama arropado por su mujer y su familia, traslada unidad, confianza, cariño. No está solo en esto. La imagen familiar es un símbolo para Estados Unidos. Michelle es una líder que apoya a su marido y seguramente leamos en su rostro amor, respeto y algo muy importante, admiración, como también percibimos qué siente Obama por ella. ¿Y qué padre no cuida de sus hijos? Shasha y Malia nos han hecho conocer al padre emotivo, cariñoso y sincero. Hemos podido ver una Casa Blanca convertida en un hogar con perro que ha querido acercarse a cada una de las casas de los Estados Unidos. Su familia forma parte de su relato, de su historia, y de la historia de su país. Él llega, se quita la chaqueta, se remanga y empieza a trabajar. Él implica a la gente en ese “trabajo” y la emociona. Y emocionar, con una imagen, también es política.

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Publicado en Sesión De Control (19 de enero de 2013)

Hubo muchas similitudes entre el discurso que hicieron Lincoln y Obama al ser nombrados presidentes. Ahora que Lincoln ocupa las salas de cine, Obama prepara su segundo discurso de investidura.

En plena emoción por el esperado estreno de la película ‘Lincoln‘ y por el discurso de Barack Obama en su nueva toma de posesión, parece descabellado hacer una comparativa entre el discurso que ofreció este viejo presidente el 4 de marzo de 1861 y el que pudimos oír de Obama el pasado 20 de enero de 2009. Ambos son dos textos inaugurales, dos tomas de posesión. Pero no es tan descabellado si los miramos con lupa, si intentamos entender el porqué de esas palabras en momentos tan oportunos.

El primero incitando al cambio, el segundo también. El primero republicano, el segundo demócrata. El primero con un objetivo nacional, el segundo nacional pero más internacional. Y ambos con el fin de acercarse al pueblo dos presidentes capaces de ponerse a prueba en momentos podríamos decir… ¿críticos?

Si el primer discurso de Abraham Lincoln estaba enfocado hacia la “advertencia en positivo” de que él estaría a favor de la paz y no la guerra con aquellos Estados que no lo aceptasen, el discurso de Barack Obama estaba enfocado hacia la ilusión de un nuevo momento en el que apostaba por y para todos, tanto para los que lo apoyaron como para los que no.

Las palabras del primer discurso pueden parecer positivistas y rectas conforme a la Ley, las del discurso de Obama intangibles y cercanas conforme a la necesidad ansiosa del ciudadano. Pero los dos mantienen un quinteto de elementos en común y casi con la misma estructura: referencia al pasado y orgullo por su país, recuerdo a los anteriores presidentes, mención del problema presente, visión de futuro y advertencia de su capacidad.

Pasado, orgullo y recuerdo

Ambos presidentes mencionan la palabra “prudencia”, y con prudencia empezaron su discurso aludiendo los dos al pasado, esa historia de los Estados Unidos que, aunque breve, ha tenido gran relevancia en la política internacional. Obama se muestra “conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados”. Lincoln, que forma parte de esos antepasados, empezó relatando que quería cumplir con “una costumbre tan antigua como el gobierno mismo”. Con él se cerraba una era de divisiones para empezar a unificar ideales y objetivos. Necesitaba del pasado para hacerlo. “Unión”, apelaba. Como unión también quería el presidente Obama. Palabras que se repiten en ambos discursos.

El recuerdo de los anteriores presidentes es algo que está implícito en la política americana. Esto es lo que dijo Obama en 2009:

“Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas”

Esto fue lo que dijo el presidente Lincoln:

“Setenta y dos años hace que tomó posesión el primer presidente bajo nuestra Constitución nacional. Durante este período, quince presidentes distintos, todos ciudadanos tan distinguidos como ilustres, han representado al poder ejecutivo del Gobierno a través de muchos peligros, pero siempre con feliz éxito”

¿No se parecen en algo 152 años después?

La capacidad para el presente y el futuro

Los dos presidentes tenían un problema presente. Y porque creyeron en su capacidad, esperaban otro futuro. Lincoln anunció las diferencias entre los Estados, los que lo apoyaban y los que no, y lo que podía ocurrir con aquellos que no lo apoyaban. Podía haber guerra, pero él quería paz. Lo hizo aludiendo siempre a la Constitución como la salvaguarda del Estado. De hecho es la segunda palabra que más se repite en su discurso, hasta 14 veces la menciona.  La primera que más repite es “unión”.

Se presentó con un:

“Entro en el desempeño de mis elevadas funciones con tanta desconfianza como temor de que me falten las fuerzas necesarias en la situación presente”

Mientras, Obama eligió estas palabras:

“Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones. (…) Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país, de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor”

Él, a diferencia de Lincoln, escoge la “esperanza” por encima del “temor”. Y también menciona “unidos”, hasta nueve veces. La diferencia entre ambos es que Lincoln confiaba en la Constitución como elemento protector, mientras que Obama lo hacía en el “padre”, palabra que repite hasta en cinco ocasiones. Y a partir de ahí, empezar a hacer, en el discurso de Obama.

“A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”

¿Qué dirá el próximo 20 de enero?

Los dos se ponen a prueba en ese futuro inmediato y ponen en manos del pueblo esa vigilanciade la que nos habla el asesor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí. ’Vigiladme’, piden. No es de hoy reconocer el poder del pueblo. Ya en 1860 Lincoln advirtió de ese poder en pleno momento de esclavitud:

“Mientras que el pueblo vigile y sea virtuoso, ninguna administración, por mala que sea, podrá perjudicar gravemente al gobierno ni al país en el corto espacio de cuatro años (…)

Nada se pierde por exceso de reflexión”

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Publicado en Sesión De Control (7 de diciembre de 2012)

Frank Luntz decía que la palabra es poder y que cualquiera puede aprovechar el poder de las palabras para mejorar su propio destino. ¿Y para mejorar el destino de su propio país? En algunos casos se aprovecha. En otros, desgraciadamente, no. Todo depende del objetivo y el objetivo en muchas ocasiones, como también decía Luntz, es persuadir. Él decía que lo importante no es lo que decimos, sino lo que la gente entiende. Y cabría preguntarse, ¿qué ha entendido México después de las palabras de su presidente?

El discurso es un elemento más en comunicación, pero cargado de poder. Y eso Enrique Peña Nieto lo sabe. Su campaña no empezó del todo bien: un partido, el PRI, que no ganaba desde hace 12 años, ni ilusionaba, ni convencía a sus votantes, libros que Peña Nieto no lee y una estrategia mal enfocada, un discurso en las redes sociales desconcertante que obtiene más resultados en contra que a favor, entrevistas mal defendidas, y un movimiento, #yosoy132, que salió a la calle para evitar una campaña mediática a favor del candidato del PRI.

Pero todo cambió el pasado 1 de julio. Peña Nieto ganó las elecciones en México a pesar de los ataques de su rival López Obrador, quien lo acusa de irregularidades en la votación por un supuesto mercadeo de votos. Todo cambió el pasado julio cuando México decidió que quería una cara nueva, un nuevo rumbo y protagonismo en el mapa latinoamericano.

Palabras que mueven

México tiene hoy a un presidente joven, de 46 años, que se ha mostrado ante sus ciudadanos seguro y decidido de su reto. Peña Nieto se dirigió a su país el pasado 1 de diciembre cuando fue investido presidente. Lo hizo con un discurso para mover a México, con 13 medidas para impulsarlo. Un discurso en positivo marcado por palabras que incitan a la acción, donde primó la apuesta por la seguridad de México, las reformas para un verdadero cambio social y el crecimiento.

De eso habló Peña Nieto en un tono contundente, con voz firme y segura y algo que no podía faltar: la convicción. Los grandes problemas de México como la desigualdad social, la educación, los movimientos sociales… fueron mencionados también. ¿Atinó? Digamos que acertó en los temas que debía de tratar, en el momento y en el pedestal oportuno.

En política las formas son el fondo, como dice el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí. Y Peña Nieto quiso llegar al fondo a través de las formas también. Sus manos dicen casi todo y mucho. Las abre y las cierra cual salvador que impone al llegar para hacer de protector colectivo. Peña Nieto acierta en la altura de sus manos, algo que indica la intensidad del sentimiento que en ese mismo instante invade a la persona que emite el mensaje. Esa mano alzada al mismo tiempo que enuncia las palabras “leal y patrióticamente” proyectan mucho más que fuerza. Sus gestos y su rostro comunicaban casi más que sus palabras. Y acompañado de sí mismo, fue contundente al finalizar su discurso, aprovechando el famoso minuto de gloria: “Es tiempo de mover a México”.

El discurso de la calle

¿Qué entiende la gente de México? Por mucho que Peña Nieto gane unas elecciones y sus palabras inviten a la participación y la movilización, una vez más el traspaso de poder ha sido recibido e interpretado con tensión.  Es el otro discurso, el que casi no se ve pero se oye en el salón de plenos con abucheos y gritos tanto a favor como en contra del presidente que sale, Calderón, y del que entra, Peña Nieto. Y cómo no, el discurso que protagonizan los jóvenes en las calles para protestar.

Ese discurso es el de la pobreza y la desigualdad, el de los miles de muertos que ya no podrán manifestarse porque la violencia jugó su papel para robarles la vida. El discurso que surgió a las afueras del Congreso mientras Peña Nieto tomaba posesión, tiene tanta fuerza o más que las del presidente. Son los protagonistas de la lucha por un cambio que no reconoce a Peña Nieto como presidente. Ellos son también los que se mueven, los que se manifiestan. Y los que también reciben su mensaje e interpretan sus palabras.

“México exige vivir en paz”. Estas fueron las palabras que dijo Peña Nieto también en su discurso. Palabras cargadas de poder, como decía Luntz. Pero palabras cargadas de poder ¿para qué? ¿Para mejorar su propio destino o el de su país? Después de seis años conoceremos el verdadero significado de esas palabras que no será otra cosa que lo que la gente ha entendido…

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