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Publicado en La Sexta Planta, el 19 de mayo de 2017

Emmanuel Macron es el Presidente de la República Francesa desde el 14 de mayo de 2017 después de ganar las elecciones en segunda vuelta. A partir de ese momento mucho se ha contado sobre él y mucho se ha publicado en los medios de comunicación sobre su esposa Brigitte Trogneux y la influencia que en él ha podido ejercer. Más allá, en este espacio de reflexión queremos poner encima de la mesa la característica fundamental de su liderazgo, qué hará a partir de ahora y el reto de los medios de comunicación ante la comunicación inclusiva.

Os dejamos el siguiente documento: Emmanuel Macron y el liderazgo femenino (PDF)

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Publicado en BEZ el 21 de Febrero de 2017

Pablo Iglesias se equivocaba el pasado 30 de enero al afirmar, de una manera tan rotunda como ensordecedora, que el presidente ecuatoriano, Rafael Correa, era un ejemplo de eficiencia económica y justicia social en América Latina. Si lo hubiese sido, la victoria en la primera vuelta hubiese resultado más que evidente con un amplio margen entre el primer candidato, Lenin Moreno, y el segundo, Guillermo Lasso. Pero no ha sido así. De momento. Y la tensión aumenta cada día que pasa.

Lo peor que podría pasarle a Correa es llegar a segunda vuelta. Esto significaría la evidencia misma de que un amplio porcentaje de ecuatorianos desean un cambio que el correísmo no ha sabido escuchar en los últimos años. Y la incertidumbre podría significar una salida menos gloriosa para el que ha sido presidente de Ecuador los últimos 10 años. La propia incertidumbre augura lo que podría haber sido y no ha ocurrido de una manera inminente.

Lenin Moreno, encabeza la lista con un 39%. Pero, para ganar en primera vuelta, necesita obtener más del 40% y adelantarse 10 puntos sobre el segundo.

¿Con Ecuador fracasa la izquierda latinoamericana y se podría el fin del populismo? La respuesta podría ser negativa. Pero aquí se muestran, las claves de la elección:

1/ Los logros de la Revolución Ciudadana

Los logros de la Revolución Ciudadana han sido evidentes. Rafael Correa es catalogado como el mejor presidente del país. Y ha ido acumulando datos positivos de su gestión como presidente a lo largo del tiempo. Se ha experimentado un mayor crecimiento económico, ha disminuido la pobreza, ha aumentado la tasa de escolaridad, la inversión pública ha obtenido un impacto positivo y las políticas en igualdad de género han ido surtiendo efecto. Hasta aquí, bien. Pero no hay que olvidar todos los enemigos que ha ido sumando fruto de otras medidas políticas que no cayeron a gusto de todos, como la Ley de Comunicación.

2/ La crisis económica

Uno de los ejes clave que el Gobierno ha tenido que hacer frente ha sido la crisis económica. El desplome del precio del petróleo, la dudosa gestión de los recursos públicos, la deuda con China, la negación al diálogo a los propios empresarios ecuatorianos y las dificultades para invertir en el país,  fueron el motor que hizo encender las alarmas. La oposición, poco atinada y con argumentos poco claros, ataca al presidente. Un presidente al que no le hacía falta defenderse al mostrar una y otra vez el esplendor ecuatoriano que ha ido construyendo. Ecuador, por cierto, es uno de los países más caros de la región donde el precio de productos de primera necesidad puede tener un coste tres veces por encima del español.

3/ Las marchas

Determinadas decisiones políticas sacaron a la gente a las calles, una y otra y otra vez. La sociedad ecuatoriana reaccionó frente a la aplicación de las salvaguardias, un 32% más al precio de sus importaciones, una medida que quisieron mantener durante 15 meses. En abril de 2016 anunciaron que las salvaguardias se mantendrían un año más. La sociedad ecuatoriana reaccionó con protestas, especialmente esa clase media que Rafael Correa creó a lo largo de su Gobierno y que en este momento se le volvía en contra. El papel que jugaron los jóvenes que crecieron con el propio Correa fue determinante. El correísmo, para demostrar que había más gente a favor que en contra, movilizó a sus propios seguidores. Y calmaron las ansias de protesta a colación de la visita del Papa.

4/ Las crisis naturales

El gran reto del correísmo ha sido capitalizar las crisis y, concretamente, las crisis naturales. La erupción del volcán Cotopaxi, la alerta naranja del volcán Tungurahua y el peor terremoto de la historia de Ecuador lograron visualizar la vulnerabilidad del país. En el sismo del pasado abril, la actuación del vicepresidente Jorge Glass, la presencia del que aún no eran candidato, Lenin Moreno, y la presencia autoritaria de Correa hicieron dudar a la sociedad, pero el propio presidente salió reforzado. Las decisiones no se tomaron a tiempo y sectores clave como la productividad y la industria de la costa se vieron tremendamente afectados. A pesar de los rumores, la gestión política y de comunicación de las crisis naturales, han sido claves para esta apuesta electoral.

5/ La oposición

La oposición tenía una gran tarea estos últimos años que no ha sabido aprovechar. Los errores del Gobierno, que han sido continuos, no han sabido capitalizarlos a favor. El principal problema de la oposición (CREO-SUMA, PSC, FE…) es que no está unida, a pesar de que podría. Existen demasiadas diferencias de intereses aunque menos diferencias ideológicas. Además, la principal valoración en Ecuador reside en los líderes, más que en los partidos políticos, y no capitalizar el poder y la fortaleza en un líder diferenciador ha sido el principal error. Por otro lado, la segmentación y subsegmentación electoral era clave, geográfica, etaria y de clases. La diversidad ecuatoriana es la que hace rico al país, a la vez que lo hace complejo. A propósito de la segmentación, viendo qué partidos eran más débiles en cada territorio, los candidatos, especialmente Guillermo Lasso y Cynthia Viteri, empezaron haciendo campaña reforzando territorios.

En Ecuador empieza una nueva era, esta vez sin la figura de ese salvador o héroe que significó ser un Correa mejor percibido fuera de sus fronteras que dentro. Una era marcada por el deseo de un cambio que no se producirá inminente, reflejado en la tardanza de unos resultados que ya deberían de haber sido conocidos.

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Artículo publicado en Beerderberg Magazine (Diciembre 2016)

Hillary Clinton podría haberse convertido en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. El deseo de lo que podría ocurrir “por primera vez” generó una gran expectativa a lo largo de la campaña. El deseo de la novedad se percibía imparable. Y la percepción del deseo se iba ampliando cada vez más. Por ello, se iba asentando la idea de que el voto femenino alzaría a Hillary Clinton a la presidencia. Pero ser mujer no era sinónimo de votar a Hillary Clinton. No era así y no fue así. No obstante, Hillary sí necesitaba un buen número de votos femeninos que harían mover la balanza. Además, el machismo exacerbado de Donald Trump pudo interpretarse como el origen de una movilización masiva hacia Hillary. Según la encuesta de CNN, un 42% de las mujeres que salieron a votar, lo hicieron a favor de Trump, mientras que el 54% lo hicieron por Hillary Clinton.

Esto demuestra que sí, que la mayoría de las mujeres que votaron en Estados Unidos se decantaron por la candidata demócrata. Pero el dato no supone una gran diferencia. Y es en la diferencia donde está la clave. Como cuenta nación321, del 37% de las mujeres blancas que votaron, el 53% se decantó por Trump. Ahora bien, con el voto de las mujeres latinas y afroamericanas no se logró hacer historia, puesto que sólo el 6% y el 7% salió a votar. Este dato puede que sorprenda, sobre todo porque días antes de la elección ya se barajaba la victoria de Clinton debido al número de votantes latinos que habían ido a votar antes de la elección. Pero ser latino, tampoco era sinónimo de votar por Hillary.

Aunque parezca de manual, la desinformación fue uno de los principales problemas de la campaña. Un buen porcentaje de las mujeres latinas, afroamericanas, así como de las que carecen de más recursos, desconocían el proceso necesario para poder ejercer su derecho al voto. No sabían dónde había que registrarse, cuándo, dónde estaba su colegio electoral, candidato o candidata al Congreso… Parte de este error se demostró en el famoso “puerta a puerta” que empezó a hacerse prácticamente seis días antes de la elección. Para entonces, revertir el error, ya era demasiado tarde. Ya no se podrían registrar y animar a votar a personas que no podían hacerlo podría significar una pérdida de recursos y esfuerzo, sobre todo por parte de los voluntarios que apoyaban la campaña. Ya sólo quedaba el que las personas incapaces de poder ejercer su derecho al voto, cada una por sus motivos, pudiesen movilizar votantes que sí podían hacerlo: familiares, amigos, conocidos, etc.

Fue imposible romper el techo de cristal en Estados Unidos, pero esa imposibilidad ha dado lugar a lecciones que aprender de esta campaña. Puede que exista quien vea la victoria de Trump como el cambio hacia un nuevo ciclo político. Pero los ciclos políticos tienen que ver más con la situación económica que con la política o el candidato. Y esto puede explicar buena parte de la fuga de votos hacia Trump. Hillary Clinton se pudo hacer con parte del voto indignado fruto de los errores de Trump. Pero si hizo algo bien Trump fue capitalizar el odio y sus propios errores a través de los medios de comunicación. Adicional, hay que contar con el voto indeciso. Muchas mujeres lo estaban a cinco días de las elecciones. Y la indecisión también es parte de una decisión. Sabían lo que no querían y desconocían si Hillary Clinton era la persona que pudiese conseguir aquello que demandaban. Sorprendentemente, las demandas no estaban en el núcleo principal del discurso de las mujeres indecisas: su indecisión estaba alimentada por la duda de si Hillary Clinton continuaría con aquello que les pudiese desencantar (impuestos, reforma sanitaria, impuestos, errores de la Administración Clinton, impuestos…).

Por otro lado, la “subsegmentación” se percibió débil. Y puede que entre otros errores estuviese el meter en el saco de “las mujeres” a todas las mujeres. Las mujeres en Estados Unidos suponen ser una minoría determinante que está infrarrepresentada y lo seguirá estando con la presidencia de Donald Trump. Mujeres, con sus problemas particulares, que viven en uno u otro Estado y a quienes les afectan diferentes temas en diferentes grados: pobreza y oportunidades, trabajo y familia, violencia y seguridad, derechos reproductivos, salud, participación política, etc. Para acercarse a todas las mujeres, la investigación aporta datos que pueden vislumbrar la estrategia que dé origen a las acciones más efectivas para conectar con cada una de ellas de manera prácticamente particular. Pero la demoscopia tradicional está en crisis. El pasado mes de junio, se pudo demostrar que se venía arrastrando la tendencia de que Google obtenía mayor número de búsquedas para Donald Trump que para Bernie Sanders o Hillary Clinton. Esto no podría significar mucho, puesto que quien gana en las tendencias de búsquedas en Google, gana en las tendencias de búsquedas de Google. Ganar en las tendencias de búsquedas en Google no es sinónimo de ganar las elecciones, aunque en muchas ocasiones coincida. Jamás se podrá saber con qué sentimiento o intención buscan las personas que buscan. Y tampoco se sabe qué hacen realmente los usuarios con la información que recogen de las búsquedas. Pero no por ello hay que prestar menor atención.

A diferencia de Google, a través de Facebook y haciendo una simulación de la creación de una campaña publicitaria, se pueden conocer los intereses de las mujeres en Estados Unidos. Facebook ofrece una información más que puede ayudar a acercarse de manera diferente a una parte del electorado. En junio, en el artículo que publiqué “Google y el voto hispano en Estados Unidos”, comprobé que durante ese mismo mes de junio, Hillary Clinton fue la candidata con menos usuarias hispanas activas en esta red interesadas por ella. El candidato que tenía más usuarias hispanas interesadas fue Bernie Sanders, seguido de Donald Trump. Esta es una lectura más, pero pudiese haber sido suficiente para partir de una tendencia que hubiese generado menos sorpresas.

Es verdad, Hillary no consiguió ganar, pero ya ha abierto el camino a muchas mujeres e inspirado a otras tantas, cada una con una historia que motiva e inspira a muchas otras. No hay que olvidar que hubo mujeres que sí ganaron las elecciones de Estados Unidos, como Catherine Cortez Mason, senadora en Nevada, Ilhan Omar, la primera legisladora de origen somalí, o Kate Brown, gobernadora de Oregón.

El discurso de la derrota de Hillary Clinton es probablemente el discurso más sentido y más sincero de toda la campaña. Y ahí sí, no era momento de “subsegmentar”, ni de dirigirse a aquellas que no sabían que había que registrarse, ni de hablarles directamente a las que estaban indecisas, ni de haber convencido a aquellas que votaron por Trump, ni tampoco de confrontar con aquellas que no estaban de acuerdo con la Administración Clinton del pasado, y tampoco de reprochar a aquellas que habían optado por la candidata del Partido Verde, Jill Stein. Era momento de hacer un llamamiento único. Lo hizo, para todas las mujeres, más allá de las fronteras de Estados Unidos: “Sé que aún no hemos quebrado ese vidrio que impide que una mujer sea presidenta y espero que alguien lo logre mucho antes de lo que queremos. Mujeres, nunca lo duden: son poderosas, valerosas y merecen cada oportunidad en el mundo para lograr sus propios sueños”.

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