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Y un día te despiertas por la mañana y sencillamente lo escuchas. Escuchas esa noticia que te deja impactada. ¿Será broma? Pero si hoy no es el día de los inocentes… Y no, no lo era… Había ocurrido. Osama Bin Laden estaba muerto. Y a día de hoy, 2 de mayo de 2011, esa noticia sonaba surrealista en los medios de comunicación y más aún a las siete y pico de la mañana… Parecía surrealista incluso en todas las conversaciones de las redes sociales a lo largo del día donde cientos y cientos de personas no hablaban de otra cosa. ¿Y por qué muerto? Y de tanto repetirla, se queda en los oídos de una. Y supongo que en la mente y en el corazón de otros muchos también, como repetía ese mexicano “adoptado” en TVE 24 horas.Por fin ha ocurrido. Pero muerto el perro, en este caso, no se acaba la rabia…

El discurso de Obama

¿En qué pensaba Obama mientras se dirigía hacia su atril? Supongo que en muchas cosas, o puede que estuviese sereno. O puede que en ninguna porque sabía qué es lo que iba a decir y cómo lo iba a decir. En estos casos, el cómo decirlo tiene una función fundamental, por no decir la más importante… Hay política en ese discurso, sí, pero apenas se aprecia. En ese discurso, un relato y un relato con emoción y con sentimiento para implicar a todas las personas que se pudiesen identificar con aquello que estaba contando… Y no contaba otra cosa que una parte de la historia de los Estados Unidos, una parte de la historia del mundo entero… Como bien él ha dicho: Esa es la historia de nuestra historia, ya sea la búsqueda de la prosperidad de nuestro pueblo o la lucha por la igualdad para todos nuestros ciudadanos, nuestro compromiso de defender nuestros valores en el extranjero y nuestros sacrificios para hacer del mundo un lugar más seguro.

Discurso en castellano de Barack Obama (gracias a la versión subtitulada de El País)

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ESTA mañana, Carles Francino mencionaba, en la cadena SER, el último discurso de Obama como de filosófico más que político. Quizás la intervención en Libia sea una intervención política, sea una intervención dura y arriesgada, ardua y posiblemente en muchos sentidos incomprensible. Pero lo cierto es que ese país está viviendo una situación insostenible donde un líder no se baja de su pedestal. Y no se baja porque se siente seguro: tiene el tesoro que todos quieren. Sin embargo, en muchas ocasiones es mejor escoger la estrategia oportuna a escoger la estrategia de siempre. Es mejor dar discursos de valores, discursos filosóficos más que políticos y cargados de ideas que no llevan a ningún sitio.

Libia no es vital para Estados Unidos, como no es vital para muchos otros países. Pero Estados Unidos tiene y siente la necesidad de intervenir no sólo por cuestiones políticas. El gigante americano no ve necesario la intervención cada vez que a un país le vaya mal, pero sí lo ve pertinente siempre y cuando el rumbo de las cosas puedan cambiar significativamente. ¿Qué hay detrás de estas palabras? Puede que muchos intereses no sólo con Libia. Pero en vez de rebuscar en el infinito de las interpretaciones, lo cierto es que ese discurso filosófico coherente y realista responde no a la estrategia de siempre, sino a la oportuna.

El periodista Jon Sistiaga decía, en su libro «Ninguna guerra se parece a otra», que la guerra de Irak fue, posiblemente, la guerra mejor contada. Una guerra que costó miles de vidas. Pero Obama descarta de nuevo una estrategia así. El liderazgo norteamericano tiene sus límites: «El liderazgo norteamericano no es cuestión de ir solos y asumir todos los riesgos. El verdadero liderazgo es crear las condiciones y las coaliciones que permitan que otros den también un paso adelante».

Y a este respecto, quien mejor podría hablar de la filosofía para la política es Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro «Filopolítica».

 

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