Your address will show here +12 34 56 78

Publicado en Sesión De Control (19 de enero de 2013)

Hubo muchas similitudes entre el discurso que hicieron Lincoln y Obama al ser nombrados presidentes. Ahora que Lincoln ocupa las salas de cine, Obama prepara su segundo discurso de investidura.

En plena emoción por el esperado estreno de la película ‘Lincoln‘ y por el discurso de Barack Obama en su nueva toma de posesión, parece descabellado hacer una comparativa entre el discurso que ofreció este viejo presidente el 4 de marzo de 1861 y el que pudimos oír de Obama el pasado 20 de enero de 2009. Ambos son dos textos inaugurales, dos tomas de posesión. Pero no es tan descabellado si los miramos con lupa, si intentamos entender el porqué de esas palabras en momentos tan oportunos.

El primero incitando al cambio, el segundo también. El primero republicano, el segundo demócrata. El primero con un objetivo nacional, el segundo nacional pero más internacional. Y ambos con el fin de acercarse al pueblo dos presidentes capaces de ponerse a prueba en momentos podríamos decir… ¿críticos?

Si el primer discurso de Abraham Lincoln estaba enfocado hacia la “advertencia en positivo” de que él estaría a favor de la paz y no la guerra con aquellos Estados que no lo aceptasen, el discurso de Barack Obama estaba enfocado hacia la ilusión de un nuevo momento en el que apostaba por y para todos, tanto para los que lo apoyaron como para los que no.

Las palabras del primer discurso pueden parecer positivistas y rectas conforme a la Ley, las del discurso de Obama intangibles y cercanas conforme a la necesidad ansiosa del ciudadano. Pero los dos mantienen un quinteto de elementos en común y casi con la misma estructura: referencia al pasado y orgullo por su país, recuerdo a los anteriores presidentes, mención del problema presente, visión de futuro y advertencia de su capacidad.

Pasado, orgullo y recuerdo

Ambos presidentes mencionan la palabra “prudencia”, y con prudencia empezaron su discurso aludiendo los dos al pasado, esa historia de los Estados Unidos que, aunque breve, ha tenido gran relevancia en la política internacional. Obama se muestra “conocedor de los sacrificios que hicieron nuestros antepasados”. Lincoln, que forma parte de esos antepasados, empezó relatando que quería cumplir con “una costumbre tan antigua como el gobierno mismo”. Con él se cerraba una era de divisiones para empezar a unificar ideales y objetivos. Necesitaba del pasado para hacerlo. “Unión”, apelaba. Como unión también quería el presidente Obama. Palabras que se repiten en ambos discursos.

El recuerdo de los anteriores presidentes es algo que está implícito en la política americana. Esto es lo que dijo Obama en 2009:

“Son ya 44 los estadounidenses que han prestado juramento como presidentes. Lo han hecho durante mareas de prosperidad y en aguas pacíficas y tranquilas”

Esto fue lo que dijo el presidente Lincoln:

“Setenta y dos años hace que tomó posesión el primer presidente bajo nuestra Constitución nacional. Durante este período, quince presidentes distintos, todos ciudadanos tan distinguidos como ilustres, han representado al poder ejecutivo del Gobierno a través de muchos peligros, pero siempre con feliz éxito”

¿No se parecen en algo 152 años después?

La capacidad para el presente y el futuro

Los dos presidentes tenían un problema presente. Y porque creyeron en su capacidad, esperaban otro futuro. Lincoln anunció las diferencias entre los Estados, los que lo apoyaban y los que no, y lo que podía ocurrir con aquellos que no lo apoyaban. Podía haber guerra, pero él quería paz. Lo hizo aludiendo siempre a la Constitución como la salvaguarda del Estado. De hecho es la segunda palabra que más se repite en su discurso, hasta 14 veces la menciona.  La primera que más repite es “unión”.

Se presentó con un:

“Entro en el desempeño de mis elevadas funciones con tanta desconfianza como temor de que me falten las fuerzas necesarias en la situación presente”

Mientras, Obama eligió estas palabras:

“Ya sé que hay quienes ponen en duda la dimensión de mis ambiciones. (…) Tienen mala memoria. Porque se han olvidado de lo que ya ha hecho este país, de lo que los hombres y mujeres libres pueden lograr cuando la imaginación se une a un propósito común y la necesidad al valor”

Él, a diferencia de Lincoln, escoge la “esperanza” por encima del “temor”. Y también menciona “unidos”, hasta nueve veces. La diferencia entre ambos es que Lincoln confiaba en la Constitución como elemento protector, mientras que Obama lo hacía en el “padre”, palabra que repite hasta en cinco ocasiones. Y a partir de ahí, empezar a hacer, en el discurso de Obama.

“A partir de hoy, debemos levantarnos, sacudirnos el polvo y empezar a trabajar para reconstruir Estados Unidos”

¿Qué dirá el próximo 20 de enero?

Los dos se ponen a prueba en ese futuro inmediato y ponen en manos del pueblo esa vigilanciade la que nos habla el asesor de comunicación, Antoni Gutiérrez-Rubí. ’Vigiladme’, piden. No es de hoy reconocer el poder del pueblo. Ya en 1860 Lincoln advirtió de ese poder en pleno momento de esclavitud:

“Mientras que el pueblo vigile y sea virtuoso, ninguna administración, por mala que sea, podrá perjudicar gravemente al gobierno ni al país en el corto espacio de cuatro años (…)

Nada se pierde por exceso de reflexión”

0

Publicado en Sesión De Control (5 de enero de 2013)

 

EEUU ha conseguido evitar el abismo fiscal. Pero tras la costosa negociación ha habido ganadores y perdedores.

Barack Obama en el despacho oval (Fuente: Flickr Casa Blanca)

Cuántas veces habremos visto a Josh Lyman pasear de arriba para abajo por los pasillos del Ala Oeste de la Casa Blanca, hablar con unos o con otros, sentarse, conversar, caminar por las escaleras del capitolio intentando convencer a este congresista o a aquel senador… Esto que veíamos con admiración en la serie, esperando cómo terminaría la jugada, no era otra cosa quenegociar. Negociar también es comunicación y estrategia.

Y negociar es lo que hemos vivido los últimos días, no en una serie de televisión sino en la vida misma con Obama y los republicanos, con la Cámara de los Representantes y los republicanos, con La Casa Blanca y los republicanos.

Lo que ha ocurrido a lo largo de estos últimos días no es otra cosa que el resultado de una negociación. ¿El titular? Estados Unidos se salva del abismo fiscal. Por fin, la Cámara de Representantes apoyó en la noche del pasado martes, y del recién estrenado 2013, el acuerdo firmado un día antes por el Senado y que da pie a la ley que evita una crisis económica de repercusión mundial.

Las claves para evitar tamaña situación son aumentar los impuestos del 35% al 39,6% a las personas que ganen más de 400.000 dólares anuales y las parejas que ingresen más de 450.000, aumentar el impuesto de sucesiones del 35% al 40%, aumentar el impuesto para financiar la seguridad social de un 4,2% a un 6,2% y prorrogar créditos fiscales.

Una negociación a tres

La ley pasa a trámite con 257 votos a favor y 167 en contra. Pero, ojo, de 236 republicanos, sólo 85 dieron su apoyo. Necesarios eran 172 votos para que saliera adelante. Y en todas estas cifras podemos hacer una lectura interesante: en este entramado económico el juego de la negociación ha tenido dos actores.

Por un lado, la Casa Blanca, por otro la división del Partido Republicano en sus dos partes: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Ellos han sabido negociar a medias, y a medias también escogieron las palabras adecuadas.

Después de su actuación no es de extrañar que su imagen se haya deteriorado. Han aparecido como los causantes del “desastre” si no había acuerdo, en vez de cargar con toda la responsabilidad al presidente Obama. Y todo por una crisis interna que se ha hecho evidente al mostrarse divididos entre quienes votaron a favor y en contra.

Negociar también es comunicar

No todas las negociaciones salen exitosas porque no en todas se escogen las palabras adecuadas, el discurso apropiado, el tono más efectivo y los tiempos oportunos. A corto plazo, podemos decir que la negociación entre demócratas y republicanos ha tenido, de momento, un éxito. Sin embargo, no podemos decir que la negociación haya tenido sus frutos porque, sencillamente, no había acuerdo inicial entre los republicanos.

En todas las negociaciones no todos ganan y no todos pierden. En las negociaciones conflictivas una parte gana y otra pierde, y también pueden perder ambas. En las negociaciones cooperativas las dos partes ganan. En esta se pretendía ganar para el mayor número de personas en Estados Unidos, para la gente. Pero sin duda los 151 republicanos que no votaron a favor se sentirán fuera de juego.

Como todo parece indicar, por tanto, se ha tratado de una negociación más bien conflictiva.

 

Negociar es comunicar porque en la negociación se lleva implícita la acción comunicativa. Como apunta el doctor en filosofía Valbuena de la Fuente, en toda negociación tienen que darse tres momentos o fases: la información, la motivación  y la instrucción. En cierto sentido, tiene razón cuando afirma que “podemos concebir la comunicación  como una negociación multidireccional en la que dos o más participantes eligen cooperar o entrar en conflicto, buscando la satisfacción  de algunas necesidades”.

En la negociación no puede faltar toda la información al respecto, tampoco la motivación para diagnosticar el problema y emitir una receta ni tampoco la instrucción que lleve a la acción, a la realización de ese acuerdo.

Obama vio necesaria una negociación, luchar a través de la palabra para intentar en la medida de sus posibilidades una caída económica con efecto dominó. El espacio fue internacional. Eltiempo, económico y político. El entorno, turbulento. Pero el objetivo era claro: salvarse del abismo fiscal.

 

Imagen: Barack Obama en el despacho oval (Fuente: Flickr Casa Blanca)

2

Shirley-chisholm
Publicado en el Blog de El País, Mujeres (16 de noviembre de 2012) 

 “He sido más a menudo discriminada por ser mujer que por ser negra”. Una. Esta primera cita pertenece a su discurso al Congreso de Washington el 21 de mayo de 1969. Tremendo día para ella. Shirley Chisholm lo tenía todo para fracasar, para ser evitada, para ser apartada. Era una mala época para la entrada a la política en Estados Unidos. Era mujer. Y era negra. Sin embargo, se lanzó. En 1968 ella fue la que le gritó al Capitolio y dijo simbólicamente: aquí estoy. Se convirtió en la primera mujer elegida para el Congreso por Brooklyn. Y bajo su candidatura, un eslogan*: “ni vendida, ni mandada”. Ella tenía claro el motivo por el que se presentaba. Había muchas injusticias por las que trabajar, muchos servicios sociales que defender. Pero sobre todo, había un motivo que ella sentía y que le empujaba a seguir: “La gente me quería”.

“La próxima vez una mujer, un negro, un judío o cualquiera que pertenezca a un grupo que el país no está preparado para elegir, creo que les tomarán en serio desde el principio, porque alguien tenía que hacerlo primero»Dos. Eso dijo en 1973 en su libro “The Good Fight”. Ella lo hizo primero. Ser negro resulta ser un prejuicio. Pero Obama ha ganado ya dos elecciones. La última, el pasado 6 de noviembre, con 332 delegados frente a los 206 conseguidos por el republicano Mitt Romney. Otro prejuicio es también ser mujer. Pero no por eso las mujeres están menos preparadas. Y si no que se lo digan a Hillary Clinton. Otras democracias ya han tenido a sus representantes mujeres, como la India con Patribha Patil(Julio 2007), como Chile con Michelle Bachelet (marzo 2006). Shirley Chisholm creyó en los años 70 que Estados Unidos estaba preparado no sólo para el liderazgo femenino y la reivindicación, sino para la cultura del cambio.

“Me gustaría que dijeran que Shirley Chisholm tenía agallas”. Tres. Las tenía. Las tuvo. Y habrá muchas mujeres que, con sus acciones, avalen esas agallas. Nació el 30 de noviembre de 1924 y falleció a los 80 años, el 1 de enero de 2005. Venía de una familia sencilla. Su padre trabajaba en una fábrica de bolsas. Y su madre se dedicaba a las labores del hogar y a la costura. Ella siempre agradeció la formación que pudo recibir y trabajó en dos campos en los que pudo aportar lo mejor de sí: la educación y la política. Contra los prejuicios y a favor de lo que era justo, en eso estaba y en eso pensaba cuando el 25 de enero de 1972 decide presentare como candidata a la presidencia de los Estados Unidos por el partido Demócrata. Lo hizo tras una decena de micrófonos y unas grandes gafas. Segura. Entonando. Proyectando la voz convencida de lo que hacía y porqué lo hacía. Lo hizo convencida por el sueño americano, su sueño. Nunca ganó las primarias. Pero jamás le faltaron agallas para dar el paso, el que nadie antes dio. Su campaña, afirmó en 2002, fue un “catalizador necesario para el cambio”. Shirley Chisholm será recordada. Siempre. Nunca quiso pasar a la historia como “el primer congresista negro y mujer”. No. A cambio… “Me gustaría que dijeran que Shirley Chisholm tenía agallas”.

 

* Recomiendo el libro «POLÍTICAS. Mujeres protagonistas de un poder diferenciado» donde el asesor de comunicación Antoni Gutiérrez-Rubí habla del liderazgo de esta mujer modelo.

Fuente de la imagen: «The feminist wire»

2

POSTS ANTERIORESPágina 7 de 23POSTS SIGUIENTES