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Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable ha pisado Cuenca en este 2014, concretamente la Facultad de Periodismo de la Universidad de Castilla – La Mancha el pasado 9 de abril. Todo un honor el haber aceptado la invitación de Paco Seoane, amigo, profesor, gran investigador y una de las personas que me ha acompañado en esta travesía. Y tengo que reconocer que me encantó charlar con los alumnos de periodismo de campañas, de derrotas y de lo que con Europa está por llegar. De la teoría de la comunicación política, pasamos a la práctica, a pisar la arena y el terreno de lo que supone toda la construcción de principio de a fin de una campaña, lo que suponen los equipos, las estrategias y las decisiones entradas a tiempo y a deshora. Tengo que agradecer todas las preguntas, que siempre enriquecen y de las cuáles más aprendemos, porque fueron muchos los temas que discutimos: el debate, los titulares del día después del debate, las estrategias, las encuestas, los nuevos candidatos y los nuevos lemas, primarias y… ¿cuánto cuesta una campaña electoral? Aunque el libro cuenta específicamente cuánto costó el debate y la opinión de Manuel Campo Vidal en relación a este tema, lo cierto es que no es fácil coger una calculadora y sumar todas las partidas que supone la campaña en su conjunto, y más aún la del PSOE para el 20N en el marco de la palabra «crisis», pero no faltaron artículos al respecto que informaron sobre el asunto. De este día me quedo con la inquietud de aquellos jóvenes que el día de mañana serán los profesionales de la información y de la comunicación política, de su coherencia, del interés mostrado y de su convencimiento hacia otra forma de comunicar que ya no pasa por «y tú más».

 

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Comparto la entrevista que la periodista Carolina Góngora me hizo para By Women sobre el libro «Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable». Siempre es un placer compartir con ella ratitos de café para charlar sobre política, mujeres y campañas electorales.

 

 

Por Carolina Góngora

Decidió escribir sobre la derrota. Como periodista sintió que debía recomponer esa campaña electoral y hacer algo por la sociedad, independientemente de su ideología. “Creí que había un gran vacío informativo, que no estaba todo dicho y que era un gran rompecabezas inconcluso” explica Ángela Paloma Martín, autora del libro ‘Se llamaba Alfredo’, con el que “pretende ofrecer las respuestas que en su día no se dieron”.

La ganadora de Victory Awards 2013 y editora de la revista de comunicación política ‘Campaigns & Elections’ cree que las derrotas pueden aportar mucho: “Sirven para analizarlas, para aprender de ellas y para que los mismos errores no se vuelvan a cometer”. Así no dudó en profundizar en la del PSOE de 2011, la decisiva. “No sólo no consiguieron su objetivo, sino que lograron los peores resultados de la historia socialista y no consiguieron la confianza de aquellos más de cuatro millones de personas que en el pasado sí confiaron en ellos”, cuenta la periodista con un ejemplar entre sus manos.

En este primer libro, que lleva dos ediciones en tan solo 5 meses de existencia, reflexiona sobre cada pata de la última campaña electoral de los socialistas. Disecciona cada paso que dieron en sus comunicados, en sus discursos, en los mensajes de las redes sociales, en cada parada de su campaña y cómo la sucesión de situaciones negativas fue mermando la seguridad de algunos. El candidato, sin embargo, se refleja firme, luchador y con ganas de sobreponerse. Y es que “hasta el día de las elecciones, nada está ganado o perdido de antemano”. Como dice la experta en comunicación política “la estrategia de una campaña hay que diseñarla en base a un diagnóstico previo, a análisis cuantitativos y cualitativos porque todo hay que analizarlo en todo momento, hasta el final de la campaña”.

Así, la autora revela un gran esfuerzo de todo el equipo por mejorar las estadísticas que les posicionaban como perdedores. En muchas ocasiones, no se siguió la estrategia marcada al pie de la letra. “A veces se actuó por impulso, no tanto por los nervios sino por los factores ajenos de la actualidad que irremediablemente afectaban a la campaña, al candidato y al partido, e incluso nuevas encuestas con resultados que quizás no esperaban”, dice Ángela Paloma, quien cree la movilización en las redes sociales es vital.

En una campaña, cada día se plantea de diferente forma pero sin modificar un ápice el mensaje. El partido socialista calificó el mitin de Burgos como el mejor y fue, precisamente, el más improvisado. “Se subió a una caja mientras cientos de personas lo escuchaban atentos. Fue natural”, opina la periodista, convencida de que la emoción fue la base de muchos de los discursos del socialista.

Hablar de crisis de liderazgo de Rubalcaba no es un tema que Ángela Paloma crea que está claro actualmente. Lo que sí ha podido observar es que tras la Conferencia Política del PSOE, el protagonista de su libro mostró un carácter desconocido y renovado. “Sin duda, el proceso de primarias que está impulsando el partido en estos momentos será el que legitime su liderazgo o bien el de una nueva persona”, opina la autora.

Sea o no sea el próximo candidato socialista a la presidencia y ganen o no las elecciones, Ángela Paloma Martín le define como “resistente”. Una cualidad que comparte ella misma. Su carácter humilde y sensible se deja ver en cada instante de conversación con ella. Tanto que en la presentación de su libro en Madrid, se emocionó al recordar el esfuerzo de sus padres por lograr que su hija fuera lo que es ahora: una gran profesional con una capacidad de trabajo asombrosa

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Publicado en Sesión De Control (20 de septiembre de 2013)

El pequeño empresario desconoce que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para ayudarles con la gestión de su influencia en la Administración.

 

Quizás el ahora sea un buen momento para focalizar perspectivas y nuevas miradas de cara a una actividad que aún no está regulada en España. Las empresas siempre han ejercido su rol de acuerdo a unos puntos de vista verticales y jerárquicos poco abiertos al debate más allá de los despachos. Eran mapas organizativos que obviaban o evitaban el ecosistema en su conjunto. Pero ocurre que, en la actualidad, el comportamiento social ha dado paso a nuevas relaciones más allá de priorizar actores como principales para el beneficio propio: proveedores, clientes, accionistas…

Resulta que existe una sociedad crítica, participativa, colaborativa, que por su forma de actuar se ha convertido en un actor principal. Domina las nuevas herramientas de la era de la información y de las tecnologías y tiene algo que decir. Hay una sociedad que es la protagonista del “no”, del discurso del cambio, un discurso que nace ante la decepción que los ciudadanos sienten al no verse representados por sus instituciones. Pero más allá de todo eso, son multitudes conectadas con la posibilidad de compartir, co-crear e innovar. La inteligencia de la multitud conectada no se puede obviar porque forman un nuevo poder. Un poder que cada vez las empresas tiene que ir asumiendo en su propia estrategia.

Lejos de una amenaza, el lobby ciudadano supone una gran oportunidad para las empresas porque, con su actividad compartida y co-creadora se puede pasar a estrategias mucho más prácticas en el mundo de hoy. Ya no hablamos de productos y servicios, sino de experiencias y sentimientos.

 

De lo macro a lo micro

Pero la gestión de la influencia y la representatividad, incluso en términos de multitud, la vemos a niveles macro. “Grandes compañías… líderes en tal o cual cosa… Poderosa firma de…”. Sin embargo, de vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo de coger una lupa para ampliar la visión y enfocar, para analizar qué es aquello que supone el 60% del PIB español, cuál es el verdadero motor de empleo de nuestro país y qué es eso que conforma el 90% del empleo privado.

Esto no es otra cosa que el tejido empresarial formado por las pequeñas y medianas empresas que, a su vez, tienen verdaderos problemas en momentos puntuales como es esta crisis económica. ¿Por qué? Porque son las que más se esfuerzan física y personalmente, las que más desconocen la regulación y el vocabulario legal y son las que menos acceso y relación tienen con la Administración para defenderse, proponer o negociar. Sencillamente, para mantener un diálogo que represente su actividad.

En cuestiones de concursos públicos, convenios, citas, fechas y entrega de columnas interminables de documentación imposibles de digerir, las pequeñas empresas españoles tienen que cumplir a rajatabla aguantando la lenta y vaga gestión de la Administración española en el ámbito local, provincial y autonómico. Ella sí tiene acceso a ellos. Pero a ellos se les bloquea automáticamente el acceso a ella. El pequeño empresario, en muchas ocasiones, desconoce que también puede acceder a la Administración pública y que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para representarles y ayudarles con la gestión de su influencia.

Tomo la libertad para llamar a esta actividad microlobby. Ahora bien, los profesionales de la gestión de la influencia tienen el deber de identificar y analizar cuáles son las características de estas pequeñas empresas y cómo es el empresario medio español: su forma de actuar, de trabajar, de relacionarse… Por lo general, prefieren la “obediencia al debate”, como decía aquella cita de Carlos Fuentes en ‘La silla de Águila’. Y en sus mentes serpentea la famosa frase de “obedezco aunque pierda, porque no quiero meterme en líos”. Tienen una manera determinada de trabajar y son reacios al cambio de estrategia y de modelo de negocio porque “toda la vida se ha hecho así”. Aunque hay muchas excepciones, esta es la visión y la percepción generalizada.

 

De lo marco a lo micro pasando por la transparencia

La política vigilada es el origen del lobby ciudadano. El lobby ciudadano tiene cada vez más la capacidad de influir tanto en la Administración como en las estrategias de las corporaciones. El lobby lo estamos conociendo ahora a pesar de las brechas que existen para clasificarlo en el rinconcito de la transparencia. Aún se percibe como una actividad no regulada en España, opaca y con el dicho de “todo por debajo de la mesa”. Se insiste en esa regulación y el gobierno se comprometió, pero se desconoce para cuándo. Cómo, ya lo sabemos: fuera de la Ley de Transparencia.

Pero el microlobby incluso es más desconocido aún, porque lo vienen haciendo principalmente asociaciones que dudosamente representan a sus asociados, y líderes que poco tienen que ver con sus socios. Circula una red de interesas susurrada y camuflada. Pero la gestión de la influencia a lo micro debería ser más profesional, además de estar regulada. Y la administración debería hacer un ejercicio de diálogo, más que de emitir un monólogo continuo y por escrito. Porque los pequeños, también pueden ser muy grandes. Si el lobby (y el microlobby) empieza por un diálogo entre empresas e instituciones, que se dialogue. La respuesta muda o el silencio negativo no deberían seguir de moda.

 

*Gracias a Antoni Gutiérrez-Rubí por inspirarme a escribir sobre este tema.

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