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Publicado en el monográfico de Beers & Politics, el 11 de noviembre de 2017

Europa impacta en nuestras vidas. Todos los días. Leo artículos de hace dos, cuatro, seis años… y pienso que están escritos hoy. Vuelvo a leer palabras de Soledad Gallego-Díaz de 2008 y nada ha cambiado, sólo se ha movido algún que otro dato. Volvemos a cometer los mismos errores porque, al leerlos, hoy, creemos no haberlos cometido jamás. A veces sólo nos queda la hemeroteca para comprobar que nada de lo creemos es verdad. Aunque una cosa es lo que pasa y otra cómo nos lo cuenten, o lo contemos. Estas palabras son un buen ejemplo de ello, ¿no?

«La UE combate la máquina de propaganda del Kremlin», «la UE planea prohibir la vente de armas a Venezuela». Combate, prohíbe… Pero también «logra acuerdos», «eleva previsiones» … Titulares. No son más que titulares que los ciudadanos leemos sin saber muy bien qué significan o en qué nos afectan. Pronto nos llamarán de nuevo, pronto a votar. ¿A votar qué? ¿A quiénes? Empapelarán calles, las noticias de Cataluña pasarán a un plano europeo y veremos caras conocidas y caras nuevas que siempre estuvieron pero que no sabíamos que estaban. Votamos… ¿para qué? El 45,58% de los españoles que estaban llamados en 2014 fueron a votar. La abstención superó el 54% pero se participó más que en 2009 y se superó la media europea.

Lo que pasará el próximo año es impredecible con la situación política que atraviesa el país porque los medios de comunicación no cuentan el impacto de Europa en nuestras vidas, sino lo que decide Europa en el cumplimiento de su agenda. La realidad es que no hay política sin comunicación. Por eso mismo se entendía poco que Carles Puigdemont hubiese viajado a Bruselas. ¿Podía? ¿No podía? ¿Podía ser arrestado? ¿Quién gobierna Bélgica? ¿Por qué Bruselas? ¿Por qué la crisis política en España y Cataluña se extendió a Europa? ¿Qué tiene que ver Europa con todo esto? «Qué follón hay liado…» ¿Entendemos de verdad ese follón? ¿Nos lo han contado bien? ¿O sólo nos han contado una parte obviando que las políticas de Mariano Rajoy tienen un impacto innegable en Europa? Ah, ya, claro, la culpa es de Cataluña. Así, en general, de todos juntos.

Los medios de comunicación y los profesionales de comunicación empiezan a tirar de abogados, juristas y expertos para informarse, porque para informar debemos informarnos nosotros mismos y responder cuestiones que no nos habíamos planteado hasta ahora. ¿155 sí? ¿155 no? ¿De verdad pueden declarar la independencia? Y así… más de un mes, sin saber muy bien qué impacto tiene la Unión Europea en todo esto. Y sigue…

Ah, por cierto, ¿de qué sirvió votar el pasado 2014? Mmmm… no lo recordamos mucho. Pero sí hemos sido testigos de la profunda crisis humanitaria, de la insolidaridad con los refugiados y la nefasta gestión política de Europa. Hemos sido testigos del famoso Brexit y ya hemos leído que la UE está preparando la segunda fase sin masticar ni tragar aún en qué consiste la primera. Hemos sido testigos de las elecciones británicas y de los errores que Theresa May cometió al adelantarse: «Theresa May radicalizó su discurso y su política fuera de liderazgos femeninos, y emitió propuestas políticas que expulsan a un gran porcentaje de la población británica, cada vez más cosmopolita –y que todavía ella no ha comprendido-.  Theresa May ha perdido porque no ha ganado, mientras que Corbyn, afianzando cada vez más las masas y generando una simpatía que nos recuerda al ex candidato americano Bernie Sanders, ha perdido ganando», compartí. También hemos sido testigos de las elecciones en Alemania y de cómo la extrema derecha (AfD) se ha abierto paso en algunas regiones del este del país colocándose como tercera fuerza. Pero, sobre todo, en España hemos vivido dos elecciones (2015 y 2016) con un nuevo escenario político que se abrió en las elecciones europeas de 2014: entraba Podemos con cinco eurodiputados y de manera inesperada siendo la antesala de lo que ocurriría después, pero sin llegar donde ellos querían llegar.

¿Cree Ud. que la situación política actual del país es mejor, igual o peor que hace un año? Peor, dice el 53,2% de los españoles, según el último CIS (octubre 2017). ¿Cuál es, a su juicio, el principal problema que existe actualmente en España? El paro (37,7%), la independencia de Cataluña (15,6%) y los políticos en general, los partidos y la política (12,3%). Cualquiera de estos datos tendrá impacto en las próximas elecciones, sobre todo porque el gran reto de los candidatos españoles a las elecciones europeas de 2019 es hacerse entender y hacer sentir el impacto de las políticas europeas en nuestras vidas.  El gran reto de Europa, sigue siendo, comunicarse a sí misma.

EXCITAR

Vuelvo a repetir: necesitamos que nos exciten. El liderazgo político actual no existe: no lideran discursos, políticas, no inspiran y carecen de seguidores. Tres años después sigo pensando que «se buscan líderes que emocionen para emocionar, que sientan para hacer sentir, que crean para hacernos creer, que pisen con los pies descalzos donde otros dijeron que caminaron, que piensen para hacernos pensar, que sueñen para hacernos soñar, que participen para hacernos partícipes, que estén preparados para prepararnos». Se trata de emocionar, de estimular sentimientos y pasiones, de provocar entusiasmo y alegría y de producir tal impaciencia que nos impulse a escuchar, a participar, a influir, a votar. Se trata de que nos exciten. Se trata de que estén preparados.

COMUNICAR

Comunicar para hacer política. Europa necesita hacerse entender y comunicarse a sí misma. Pero Europa jamás se va a comunicar a sí misma sin la suma de pequeñas revoluciones individuales que tengan visibilidad y relato, no sólo un eslogan. La comunicación directa de muchos eurodiputados hace estragos. Comparten, pero no conversan; opinan, pero no reflexionan; dicen que hacen, pero no entendemos lo que hacen. Y dejan abiertos perfiles en redes sociales sumando así cementerios de opiniones vacías. «Aquí os dejo el vídeo de mi intervención….». No. Así no. ¿Dónde has intervenido? ¿Qué impacto tiene en mi vida tus palabras, debate, consensos? ¿Qué sientes cuando lo dices?

CONTAR

A veces decir obviedades remueve conciencias. Hacer comunicación, en muchos casos, es simplemente hacer lo obvio. Si Europa enamora es porque nos la contaron y nos la contaron bien. Y, sobre todo, porque nos la humanizaron. No se trata de decir «aquí os dejo muchos temas que son de vuestro interés», o de decírselo a los medios de comunicación, o de colgar un PDF larguísimo que no puedo descargar o cuyos enlaces están rotos. La complejidad de la Unión Europea es de extraordinaria envergadura. Por eso hay que contarla. Siento decir lo obvio, pero lo obvio remueve conciencias cuando se obvia. Humanízala, siéntela, ejemplifícala y, después, cuéntamela. Haz que pase para que todo cambie. Esta vez sí. Que no se pierdan cinco años más.

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Publicado en BEZ el 25 de Junio de 2017

No. Realmente no existe contradicción alguna entre las palabras diversidad e integración. Estamos ante dos palabras complementarias. Donde la diversidad resulta ser abundancia y la colección de muchas cosas diferentes según su acepción, la integración resulta constituir un todo. Podemos hacer un todo a partir de la diversidad, la clave es la actitud. Esta es la pieza angular desde la que partía uno de los debates clave del Global Media Forum, la conferencia líder mundial sobre política exterior y medios digitales que se ha celebrado esta pasada semana en Bonn, Alemania, impulsada por Deutsche Welle, donde tuve el placer de compartir panel con Heinrich Kraft, embajador de Alemania en Luxemburgo, Anne Sofie Allarp, periodista de Radio24syv (Dinamarca), Usama Hasan, investigador de estudios islámicos en Quilliam Foundation y José Antonio Moreno, consejero del Comité Económico Europeo.

Vivimos en una Europa diversa que se cuestiona su propia diversidad aunque no paremos de trabajar cada día para hacerla más inclusiva. La integración es posible cuando entendemos que la diversidad es una oportunidad y que las diferencias suman. Es verdad que un día comprendimos que las diferencias nos pueden unir más de lo que nos puede separar. Sin embargo, con la acumulación de problemas sin resolver (crisis económica, flujos migratorios, terrorismo… etc.) hemos creado una nueva crisis. ¿Qué crisis? Ver el diálogo y la tolerancia como parte del problema y no de la solución. Si no nos escuchamos, no nos entenderemos. Sin comunicación, tampoco hay oportunidad. Por el momento, podemos comprender que la diversidad puede ser un problema, pero tenemos miedo a la integración.

Si tenemos miedo a una integración efectiva es porque quizás veamos a Europa débil, una Europa débil frente a la adversidad. Sin embargo, las adversidades y las debilidades pueden generar situaciones de fortaleza si aprendemos a verlas desde ese punto de vista. Demostramos que somos fuertes, pero… ¿lo somos realmente? Se repiten en varios foros y medios de comunicación las palabras de Angela Merkel acerca del fracaso del multiculturalismo. Un multiculturalismo que nació y que cada vez está más instalado, un multiculturalismo que está construyendo una nueva sociedad a partir de la diversidad de culturas, lenguajes, nuevas colectividades y más y nuevas ideas. La inteligencia de las multitudes construye nuevos paradigmas en nuestros países, y quién no lo vea es que no ha tenido la oportunidad de viajar. Sin embargo, la política llega tarde ante un nuevo contexto imparable y, cuando se llega tarde, la única opción que escogen es negar que ocurre. Negar la evidencia es matar una de las principales características de Europa.

La regla de oro por la que se pregunta Europa para equilibrar la integración y la diversidad es la educación. No existe otra. La integración fue la causa de nuestro pasado y sigue siendo la causa de nuestro presente. Si tenemos una apuesta decidida por la educación, apostaremos de manera decidida por los valores. Si apostamos por los valores, podremos comprender lo que está sucediendo dentro y fuera de nuestros países. Y si lo comprendemos, podremos actuar bien y a tiempo. Justamente, el próximo otoño se publicará “A Praga desde la Mitad del Mundo”, una novela que he escrito intentando ponerme en la situación de muchos emigrantes españoles, pero también colombianos o chilenos. En Ecuador conocí a muchas personas que habían emigrado desde España como consecuencia de nuestra crisis económica. Algunas personas habían marchado a pesar de obtener un salario inferior al que podrían obtener en España y sabiendo que Ecuador es casi cuatro veces más caro que España. ¿Por qué has emigrado? Pregunté un día a uno de ellos. Porque al menos, aquí, tengo esperanza, me respondió. Esperanza. Esperanza en un país que también está en crisis, esperanza en un país donde la prensa se queja de falta de libertad, esperanza en un país gobernado por una izquierda que aún ve al español como un colonizador, esperanza en un país donde las mujeres que han conseguido derechos y libertades en Europa tienen que volver a luchar por lo mismo allí, volver a empezar. Esperanza. La reflexión se la dejo a ustedes.

Por otro lado, uno de los errores más comunes en Europa es mezclar el concepto de inmigración con el concepto de refugiado, o mezclar las crisis económicas con los flujos migratorios y a su vez con las crisis de países vecinos que nos afectan. El 20 de junio fue el Día Mundial del Refugiado. Y, frente a la situación de los refugiados, Europa tiene menos que decir y más que hacer. Me gustaría compartir parte de lo que la periodista Helena Maleno escribió en eldiario.es: «Miro a Amadou y me gustaría poder explicarle por qué le han sido violados una lista infinita de derechos, entre ellos el derecho a la vida. No logro, sin sentir vergüenza, mencionar las políticas de externalización de fronteras. Intento buscar las palabras para transmitirle lo perverso del sistema europeo de control migratorio, ese que el 20 de junio “celebra” el día de las personas refugiadas.»

Negamos una evidencia para ocultar un problema y actuar contra él. Y cuando actuamos, actuamos mal y tarde. No vemos personas ni crisis internacionales, vemos “cosas que nos molestan”. ¿Por qué? Adela Cortina es la persona que ha dado nombre a la realidad que vivimos: aporofobia. La aporofobia es el miedo a los pobres, a la pobreza. La política nunca va a ver la pobreza como una oportunidad. La política tarda en entender y después en aceptar simplemente porque no importa lo que no se introduce en la agenda, o lo que no se es capaz de afrontar. Y antes de aceptar una realidad, introducen otros temas, simplemente. ¿Por qué hablar de la pobreza si podemos poner encima de la mesa el debate sobre los nacionalismos? Abrir una nueva crisis sobre los nacionalismos nunca resultará una buena estrategia, simplemente añaden un problema más que tampoco será fácil de solucionar.

El nacionalismo como método de protección ante el avance de una nueva sociedad es un recurso letal. Los niños de entre tres y cinco años en Europa ven personas en sus coles, amigos y vecinos con los que juegan en igualdad de condiciones. La educación es la clave. Ellos ven personas y nos dan la mejor lección posible, mientras nosotros debatimos sobre las posibles contradicciones entre la integración y la diversidad.

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LA candidata alemana por los Verdes a presidir la Comisión Europea ofrece un nuevo liderazgo joven y fresco a una Europa que necesita identificarse con sus ciudadanos. Ska Keller destacó en el debate que se celebró el pasado 15 de mayo no sólo por ser la única mujer entre los cinco candidatos, sino también por su comunicación. Sonrisa, ávida de interpelaciones y argumentos que no pasan por los que defendía su rival Guy VerhofstadtControla su comunicación verbal… y la no verbal. Discursos y mensajes que reitera adaptándolo sea cual sea el sector por el que se le pregunte. Utiliza sus manos reiteradas veces haciendo que su mano izquierda sea la que resalte la contundencia en aquello que comunica. Ella dice, su mano izquierda subraya lo que dice. Su sencillez al vestir y al maquillarse también aporta la información necesaria que se lee bajo la personalidad que proyecta. Y… además, Ska Keller no terminó ese debate con sus compañeros cuando mostraron el cartel a favor de #BringBackOurGirls. Ella lo continuó de una manera especial en los pasillos, justo a la entrada del hemiciclo. Los canutazos de los periodistas hacia los candidatos fueron inevitables. Pero Keller estuvo más tiempo. Le dedicó más tiempo. Y acompañada siempre de los suyos que mostraban carteles de su campaña a sus espaldas de tal manera que el tiro de cámara no sólo la grabase a ella y su respuesta, sino los mensajes pilares de su campaña electoral. Esa imagen sostenida en el tiempo tras el debate también marca la diferencia con el resto de sus rivales. Y esa imagen… también es política.

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