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Artículo para Colpisa Noticias y Agenda Pública (eldiario.es) (28 de agosto de 2015)

 

Los gobiernos tienden a fracasar. Pero… ¿cómo evitarlo? Ese sería el gran titular, quizás más bien la pregunta que la afirmación con la que inicia la consecuencia. Los gobiernos fracasan o tienden a fracasar por muchas razones cuando el tiempo empieza a ser largo aunque a veces ocurra que no suman los años. O cuando son los mismos haciendo las mismas cosas para quienes ya no lo son. Ojo, esto no es exactamente la definición de la locura aunque quienes son representados tiendan a pensar que quienes los representan empiezan a estarlo.

Cuando un Gobierno empieza a justamente eso, a gobernar, las políticas que lleva a cabo determinan un cambio que impacta en la vida de las personas. Y cuando, con los años, un Gobierno logra cambiar el país y mejorar la calidad de vida de los ciudadanos, e impulsa ese país hacia la senda del crecimiento, hay pilares que empiezan a resentirse. Mientras la sociedad avanza porque esos cambios repercuten directamente en sus vidas, la política no avanza al mismo ritmo: esto es algo que sentimos, percibimos, vivimos… incluso puede ser motivo de manifestaciones y demandas callejeras en voz alta. Los Gobiernos tienen a anquilosarse en la burbuja del poder y siguen tomando las mismas medidas que tomaban antaño sin poner el termómetro a las necesidades de una sociedad que evoluciona con otro ralentí.

Pero… ¿Por qué fracasan? Fracasan por no seguir con el mismo rumbo de una política que ya ha cambiado la sociedad. Muchos gobiernos son víctimas de sus propios éxitos porque creen que tener la razón les basta para imponer. Tener la razón es importante, pero es más importante tener los argumentos para convencer. Fracasan por no gestionar el tiempo ni los ritmos a los que crece y avanza la sociedad que ellos mismos están construyendo. Su reloj no es el mismo que el de la sociedad. Cada minuto es un minuto más que ganar: para los Gobierno cada minuto puede convertirse en horas perdidas. Tampoco avanzan al mismo ritmo que avanza la sociedad. Más vale dar pasos cortos y seguros, que largos y torpes. Por otro lado, su falta de escucha resulta imprudente. La crisis de escucha impera en buena parte de los países del mundo. Los Gobiernos se escudan en la burbuja del poder sin querer comprender el reclamo de las nuevas generaciones. Al no escuchar y negarse a observar la realidad, carecen de visión y, por lo tanto, de frontera. Deciden políticas en base a la sociedad que los llevó al poder, no a los hijos de esas sociedad que los llevó al poder. Por lo tanto, pierden la capacidad de gobernar para la mayoría de una realidad creada por ellos que ya no comprenden.

Los gobiernos se acostumbran al poder, maldita enfermedad adicta que los enriquece… quizás…, bien de dinero, bien de ego o ambición. Y un Gobierno anquilosado, al final, tiende a tener un equipo mediocre. Un líder con un equipo mediocre es un líder mediocre. Los equipos son el pilar fundamental de la política de Gobierno. Y, cuidado, jerarquía no tiene nada que ver con la disciplina ni el orden. También fracasan porque se niegan a aceptar críticas y consejos: porque cuando un Gobierno empieza a decaer, también tiene más críticas, algunas son constructivas, otras destructivas. En momentos de crisis, la crítica se convierte en una amenaza en vez de en una oportunidad para la rectificación, y los gobiernos tienden a criticar las críticas consiguiendo contaminarse a sí mismos. Además les falta comprender los nuevos lenguajes, las nuevas relaciones, los nuevos esquemas de la sociedad y las nuevas formas de comunicación. Las nuevas narrativas no existen para los viejos Gobiernos. Hay temor al cambio y a salirse de ese estado de confort donde las decisiones se cumplen en base a lo que se ordena, se manda y dice, y no a lo que se piensa que es mejor para todos.

La ejemplaridad política nunca es una opción. Al final, los gobiernos enferman porque se evaden, la burbuja de poder en la que viven los va matando y les va minando la razón y la conciencia. Sólo los salvaría contagiarse de la realidad para la que gobiernan. La adaptación al cambio es el antídoto siempre y cuando haya un buen diagnóstico basado en estar predispuesto a la escucha y a comprender lo que se escucha. Adaptación al cambio no sólo de personas sino de políticas y de discursos basados en la conversación. Es mejor diseñar la estrategia oportuna que continuar con la de siempre. En boca del profesor James Robinson, “la alternativa viable es una amplia coalición de gente heterogénea que desafía al poder”. Desafiar el poder es el primer paso para ayudar a cambiar las necesidades de una sociedad real que se obvia.

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RESULTA complicado comenzar un post cuando tu principal objetivo es ser clara y concisa. Es complicado porque el tema es como vengo diciendo, de verdadera tesis doctoral. Dos políticos, una campaña y mucha gente que espera por un verdadero cambio. Dos políticos y una herramienta que emplear de manera muy muy (repito muy) estratégica: Internet.

Algo tienen en común Mariano Rajoy y Alfredo Pérez Rubalcaba, y no es sólo la barba y las canas. Largas carreras políticas, inteligencia, experiencia y gestión. Todo en el mundo de lo real, en el mundo “de lo OFF”. Construir cada uno de los relatos, comunicar en Internet y que resulte creíble no es nada fácil ya que ninguno de ellos está enganchado a estas herramientas, desconocen su funcionamiento, los potenciales grupos de interés a dirigirse y el comportamiento natural de los usuarios. E incluso, podemos llegar hasta a dudar de si creen en ellas o no con la misma intensidad con la que creen en las palabras de cualquier mitin o discurso.

Los dos equipos de campaña han decidido estar en las redes, pero también han decidido estar posicionados. La guerra en Twitter ha comenzado. El perfil de Alfredo Pérez Rubalcaba (@conRubalcaba) arrancó el pasado julio. El de Mariano Rajoy (@marianorajoy) más recientemente. Y los primeros análisis giran entorno a los seguidores. Ahora bien. ¿Son tan importante los seguidores? En estas elecciones se juega mucho. Pero hay que tener en cuenta que el electorado no sólo está en Twitter y que el número de seguidores no es un factor determinante a la hora de dar una noticia. En este caso, ambos perfiles tienen grandes diferencias.

 

Los populares presumen del brutal crecimiento que ha experimentado el perfil de su candidato (53.956 seguidores). Pero algo espectacular tuvo que ocurrir entre el 17 y 18 de septiembre (ya se una foto, Santiago Segura, o la inspiración divina) momento en el que pegó un salto brutal. En cinco días el número de seguidores aumentó en 29.242. A día de hoy, el perfil se ha calmado un poco y la media de crecimiento es de 722 seguidores más al día.

El perfil de Rubalcaba en Twitter tiene 37.000 seguidores, 16.956 menos que Rajoy. Y la media de crecimiento al día es de 424 seguidores. Ahora bien, la tendencia de crecimiento ha sido más constante que la de Rajoy en los meses que lleva abierto y conversando. En cuanto a los seguidores de ambos, más que pensar en el número hay que pensar en la calidad y si, efectivamente, son seguidores reales, personas preocupadas, usuarios que conversan, piden u opinan; o por el contrario son ejércitos de falsos de seguidores cuyo objetivo es (i) cargarse el discurso de rival o (ii) apoyar con trampas y cartones a su propio candidato sin importarles en absoluto que las campañas son para las personas y no contra ellas.

Un dato importante es la importancia de los dos candidatos por la gente. Rajoy tiene seguidores, sí, pero ¿él los sigue? En este caso,  Rubalcaba le gana por descontado ya que el candidato socialista sigue a más personas y mantiene conversación con ellas. La media de personas que sigue Rubalaba es de 67 más al día. Su rival 45.

En las redes sociales lo que desaparece es el monólogo, y más si se trata de un candidato electoral que debe dar cuentas a la ciudadanía. ¿Qué quiere la ciudadanía? Para saberlo sólo hay una forma y para saber comunicar, también: escuchar. Y para escuchar, hay que seguirles. ¿Quién conversa más? En el tiempo que Rajoy lleva en la red social, ha emitido 441 tweets. Rubalcaba, con dos meses más, ha emitido 2.858. En este sentido, el socialista también le gana a Rajoy en conversación y en respuesta: 13 tweets más al día.

El cómo conversan es otro capítulo que cabría analizar con más detenimiento porque una cosa es lo que ellos quieran emitir y lo que la gente espera de ellos. De momento, seguimos echamos en falta la personalidad de ambos líderes en las redes sociales y el comportamiento de Twitter hasta ahora es sólo un inicio y una clara idea general del propósito de ambos candidatos. Rajoy tiene más seguidores, pero sigue a menos gente y conversa menos que Rubalaba a pesar de que Rubalaba tiene menos seguidores que Rajoy.

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