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EN Israel, la candidata del partido Kadima, Tzipi Livni, lo tiene claro. Después de conseguir 29 escaños en las elecciones del pasado martes, frente a los 28 conseguidos por su opositor del partido Likud, Benjamín Netanyahu, le ha ofrecido un pacto para sumarse a formar un Gobierno de unidad. No obstante, su rival se resiste a aceptar la propuesta. A Netanyahu le salen las cuentas para formar grupo con la ultraderecha israelí. Su principal objetivo es hacerse con el poder y convertirse de nuevo en primer ministro.

 Aún quedan por contabilizar 150.000 votos militares, que decidirán la elección de dos escaños más. Tras este recuento, no se descarta que la sucesora de Ehud Olmert empate en 28 diputados con su contrincante del Likud. Por su parte, el resto de organizaciones no esperan grandes modificaciones. El tercer partido que obtuvo más representación en las elecciones fue el Israel Beiteinu, con 15 escaños. Y a este le sigue el partido Laborista, con 13 escaños. Con este panorama político, las negociaciones de alianza parecen obvias ya que ningún partido ha conseguido hacerse con el suficiente apoyo de la población como para obtener la mayoría del parlamento israelí,  el Knesset, con 120 escaños en total.

 La dificultad de gobernar en Israel

Israel continúa sin Constitución 61 años después de su fundación. Su régimen normativo se rige por las denominadas Leyes Básicas. Y es que su sistema electoral hace ingobernable un país donde existen 12 partidos presentes en un Parlamento de 120 escaños en total, el Knesset. Los miembros del Parlamento en Israel son elegidos cada cuatro años por un sistema de representación proporcional con listas cerradas. La principal característica es que su legislación electoral está basada en la proporcionalidad, es decir, promueve la representación de todos los sectores de la sociedad, ya sean trabajadores, religiosos, étnicos…

 Los representantes de todos los partidos políticos son conscientes de que este sistema hace que Israel sea un país ingobernable. Y los problemas aumentan por la presión de los grupos religiosos. Por ello, ya se está empezando a estudiar un sistema con rasgos más presidencialistas. No obstante, este cambio no parece que sea ejecutado ni a corto ni a largo plazo. Mientras tanto, 7,3 millones de ciudadanos siguen viéndose afectados por este sistema.

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Para muchas personas será uno más… Un ataque más… Doscientos muertos más (cifra que va en aumento a medida que pasan las horas…) Pero no podemos hacer caso omiso a los conflictos de Oriente Próximo. Difícil de explicar porque la chispa que prende la llama lleva latiendo centenares de años.

 

Hoy nos hemos despertado con la noticia. Una noticia que ha ido creciendo a medida que maduraba este 27 de diciembre de 2008. Malas noticias para cerrar un año de por sí negativo…

 

Hoy Israel ha bombardeado Gaza. Alrededor de 40 misiles han destruido una treintena de edificios y han acabado con la vida de más 200 de personas. Según la Autoridad Nacional Palestina (ANP), la cifra de muertos puede aumentar considerablemente ya que aún están por determinar las víctimas de debajo de los escombros.

 

El objetivo del ataque, según los militares israelíes, era “infraestructura terrorista”. Pero lo cierto es que han caído, en su mayoría, “sedes policiales del movimiento islamista Hamás”. Muertos, sangre, heridos y ruinas es el resultado. El ministro de defensa de Israel, Ehud Barak, ha asegurado que la ofensiva no será breve y que «hay un momento para la calma y otro para la lucha, y ha llegado el momento de pelear». Por su parte, Ismael Haniyeh, líder de Hamás,  promete venganza: «No abandonaremos nuestra tierra, no levantaremos banderas blancas y no nos arrodillaremos excepto frente a Dios»; «puede haber más mártires y puede haber más heridos pero Gaza jamás se romperá y nunca se rendirá».

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