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En septiembre dejaré mi escaño en el Congreso y volveré a mi Universidad.

Han sido 21 años, 21, que son muchos, menos de los que algunos habéis dicho. No llevo 30 ni hice la Constitución, no. Llegué en el 93, han sido 21 años y sí quiero deciros una cosa y que es que el mayor honor que puede tener un político, el mayor, es ser diputado, no hay otro más importante, no hay otro puesto más relevante, no hay otro puesto más importante, no hay otro puesto más gratificante y por tanto han sido 21 años de un honor para mí, a los que pongo fin ahora.

Como también dije, me quedaré de secretario general hasta que el congreso decida el nuevo nombre y voy a seguir de secretario general y por tanto seguiré de presidente del grupo parlamentario. Por tanto, si hay plenos extraordinarios, pues haré lo que me toca, pero es verdad reitero que es el último pleno ordinario y por tanto el momento de decirlo.

Termino ya. Muchos lleváis, no sé si tantos años, pero muchos años conmigo. No es una insinuación, no lo entendáis mal. Lo único que deseo es que me echéis tanto de menos como yo os voy a echar de menos a vosotros.

Y nada más. Gracias por todo. Suerte.

 

Alfredo Pérez Rubalcaba

Congreso de los Diputados, 26 de junio de 2014

EL adiós de Alfredo Pérez Rubalcaba no ha sonado a derrota. Sus palabras huelen a un tiempo nuevo como nueva huele la lluvia al caer después de un tiempo seco que no se espera. Como nuevas son las iniciativas de aquellos del PSOE que están apostando por la secretaría general de su partido. Derrota es la palabra que más se ha empleado al referirse a él estos últimos años desde que Mariano Rajoy se hizo con las riendas de una España en crisis. O derrotas. Aludiendo a ese cuestionado liderazgo en la oposición y a las dos campañas electorales que ha protagonizado, primero la de 2011 y la aún reciente campaña para las europeas del 25 de mayo. Alfredo Pérez Rubalcaba ha dicho adiós sereno, incluso sonriendo a los periodistas. Tranquilo, como es él, como lo fue siempre. Ha cerrado una etapa dejando el debate abierto sobre si debió o no haberlo hecho antes. Pero ese es otro tema…

Curioso es analizar los artículos de los medios de comunicación, ahora elogiando a una persona que han desgastado paulatinamente. Y curioso es escuchar las palabras de aquellos políticos que han crecido con él en el oficio de representar al pueblo. “Me he enterado esta mañana con gran tristeza que nos va a abandonar en los próximos meses de su escaño don Alfredo Pérez Rubalcaba. Como presidente del Congreso, y creo que represento la voluntad de la inmensa mayoría de los diputados, quiero agradecerle su labor durante todos estos años, su labor en el escaño que ha dado categoría y altura a la función de diputado. Siempre serás recordado como una gran figura del parlamentarismo del siglo XXI. Muchas gracias”. Estas han sido las palabras de Jesús Posada. Y, tras ellas, todos los diputados que se encontraban en el hemiciclo han aplaudido de pie a lo largo de 39 segundos. Ha sido en este momento donde hemos encontrado a un Rubalcaba más emocionado, en su escaño, sentado y con las piernas cruzadas mientras el resto aplaudía.

Apoyo casi unánime cuando se dice adiós. Soledad absoluta cuando a uno le toca jugar las cartas que parecen no corresponderle, aunque se empeñe en jugarlas, como ocurrió al dar el paso de ser el candidato del PSOE para las elecciones de 2011. A Alfredo Pérez Rubalcaba se le pueden reprochar muchas cosas, pero fue un gestor que se entregó al devenir de muchas batallas. Alfredo el negociador. Alfredo el dialogante. Alfredo el orador. Alfredo el profesor. Alfredo también el político desconfiado, como lo califican algunos periodistas, ha sido una figura representativa de nuestro tiempo: ministro de Educación y Ciencia (1992-1993), ministro de la Presidencia (1993-1996), portavoz del grupo parlamentario socialista (marzo 2004-abril 2006), vicepresidente primero del Gobierno y portavoz (2011) y ministro del Interior (2006-2011). Alfredo Pérez Rubalcaba siempre ha sido una persona líder de sus propias ideas y de sus propias convicciones. Y muy valorado, aunque ahora muchas personas se empeñen en no recordarlo.

La campaña electoral del 20 de noviembre de 2011 fue la carrera más difícil para este político cuya vida personal apenas conocíamos. Poco o mucho tuvo que ver esa campaña con los 100 metros lisos que corrió en 11,1 segundos en 1975. Muchos metros en pocos segundos, mucho que perder y poco tiempo había para ganar un futuro que se le resistía. Esa campaña electoral Se llamaba Alfredo… porque de él dependía aminorar la caída. Una campaña electoral centrada en su persona: Alfredo… Una campaña, ahora sí, cuya derrota era inevitable. Se llamaba Alfredo… no es ahora sólo el título de un libro o la descripción de una campaña electoral, se convierte en una colección de palabras con un valor especial: su única oportunidad, la única vez que pudo optar a la presidencia del Gobierno de España.

Como periodista sentí que era justo recomponer las piezas de un rompecabezas inconcluso, las de esa campaña electoral de la que poco se conocía. Un acontecimiento único que queda para la historia. Un protagonista y su propia declaración. El 3 de julio de 2013 lo entrevisté en su despacho en Ferraz junto a Elena Valenciano. Y más que una entrevista fue una conversación. Quería que fuese así. Tenía claro que debía ser así. Tenía claro que quería que me contara qué ocurrió para después poder compartirlo con esa sociedad con sed de respuestas. Y así empecé: “Alfredo, cuéntanos…”. Y contó. Después varios periodistas me comunicaron el valor de esa entrevista porque es difícil que las suela conceder. Pero Alfredo se la concedió a esta periodista que se empeñó en escribir un libro por y para la gente, en su sentido más amplio, votase a quien votase en unas elecciones.

Tras el adiós de Alfredo me alegro de haber contribuido a escribir parte de nuestra historia y parte de la vida de un histórico de nuestro tiempo. De devolverle a la sociedad información que es suya y solo suya. Para una periodista no hay nada más gratificante que contar, que vivir para contarlo…

 

“Si yo hubiera dicho no, probablemente el Grupo Socialista hubiera votado no. Y Zapatero hubiera tenido que abandonar el Gobierno. Y eso hubiera supuesto una crisis tremenda. Hubiera sido la primera vez en la historia que el Partido Socialista abandona y dejar caer con una votación a su presidente del Gobierno. Yo creía que no podía hacerlo. (…) Yo acepté la candidatura porque creía que era mi responsabilidad. No daba un duro por mí mismo. Sabíamos que íbamos a perder. Lo que pasa es que creía que era el que estaba en mejor posición de hacer frente a la dificilísima situación por la que atravesábamos”

 

Entrevista de Ángela Paloma Martín a Alfredo Pérez Rubalcaba para

Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable

 (Laertes, 2013)

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Firma de “Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable” en la Feria del Libro de Madrid: Viernes, 13 de junio. Desde las 11 hasta las 14 h. Caseta 62 de SIN TARIMA (entre el Florida Park y la salida de la calle Alcalá).

se llamaba alfredo La idea de escribir Se llamaba Alfredo… Las claves de una derrota electoral inevitable nació hace mucho tiempo. De un sentimiento… Y sentía que debía hacerlo mientras corría ya por esos jardines de Londres a las 6 de la mañana en esos políticos meses fatales que fueron octubre y noviembre de 2011. Empecé a hablar con diferentes personas de mi locura a lo largo de 2012, sobre todo para saber que podría llegar a ser una locura palpable y real. En diciembre de 2012 recopilé toda la información que tenía y que fui acumulando a lo largo de la campaña. Y en marzo de 2013 empecé a hacer las entrevistas que necesitaba y a escribir… A escribir mientras lo compaginaba con mi trabajo, con la revista, con los artículos, con el doctorado… Con mi vida… A escribir en huecos del día, trenes, aviones, horas nocturnas y silencios llenos de palabras que me hablaban sólo a mí. Como periodista, sentí que debía hacerlo, y así lo hice… En mayo empecé a contactar con diferentes editoriales. El día 20 en concreto escribí a Laertes. Y el hoy de hace justamente un año firmé el contrato con ellos. El 15 de julio entregué todo el texto con el prólogo del periodista y amigo Fernando Garea. Y entre revisiones y vueltas de hoja llegamos al 23 de septiembre, día que se lanzó la web y cuya idea nació pocos días antes en una conversación de tarde cerca del Retiro, y cuyo boceto dibujé en una servilleta que aún conservo. Trabajé día y noche durante los días 20, 21 y 22 para que estuviese lista y nunca me faltó ayuda técnica. El día 9 de octubre Se llamaba Alfredo… llegó a las librerías. Y el día 17 de octubre pude compartirlo por primera vez en Madrid, en Fnac de Castellana, con todos vosotros, siempre arropada de mi familia, amig@s, colegas de profesión y al público al que siempre me dirijo, para el que escribo y por el que escribo. Y, cómo no, de los que me acompañaron esa tarde, el prologuista y Carlos Hernández. Estaba muy nerviosa, muchísimo, como nunca. Pero ya no había vuelta atrás: colección de valeriana en mi cuerpo y alma, respiración profunda y… pa’lante. Junto a ellos me sentía muy chiquitita…

La Feria del Libro del año pasado la recorrí como una amante de la palabra llena de sueños, loca por conseguir la confianza de una editorial que diese apoyo a este proyecto. Recuerdo que iba caminando caseta por caseta, apuntando editoriales que desconocía para después contactar con ellas. Recuerdo que compré “Cómo se hace un trabajo de investigación en Ciencia Política”, de Elisa Chuliá y Marco V. Agulló, un libro creí útil para mi tesis doctoral. Y que tras la compra marché a urgencias por una infección que acumulaba hacía un par de días.

Eso recuerdo y parece mentira… Mentira parece que un año después pueda cumplir el sueño de vivir una experiencia tan ficticia pero real al mismo tiempo como es el estar dentro de una caseta firmando un libro que pretende dar a conocer un trocito pequeño de nuestra historia… Una historia que siempre creí que merecía ser contada. Una historia que pasará a la Historia y que hoy está viviendo su propia historia. Momento histórico, momento de excitación social entre elecciones europeas, abdicación real y la transición del propio Partido Socialista Obrero Español. Emocionante y tremendo momento para el sentir periodístico.

No ha sido fácil hacerse un hueco en la Feria del Libro, nada fácil. Pero me alegra saber que siempre hay un número al que llamar, una dirección a la que escribir o una persona con la que contar. Cuando todo parece imposible, las casualidades pueden alinearse para que al final todo sea posible. Por eso, un millón de gracias a Laertes, a Juan Cruz, a Sin Tarima Libros y a los organizadores de la Feria del Libro. Pero sobre todo, gracias a Isabel Gómez Rivas, profesora de carrera, amiga y mejor periodista que ha puesto todo su empeño para que fuera posible.

¡Os espero!

Viernes, 13 de junio. Desde las 11 hasta las 14 h. Caseta 62 de SIN TARIMA (entre el Florida Park y la salida de la calle Alcalá). 

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QUIZÁS, la primera impresión sea de sencillez. Puede ser que el Palacio Real de El Pardo no sea tan majestuoso por fuera como lo puedan ser otros palacios reales. Sin embargo, alberga en su interior una rica cultura histórica fruto del capricho de los reyes que gobernaron esta España a lo largo de los siglos desde el XVI. 

 

El Palacio de El Pardo fue construido en el siglo del renacimiento y se ha ido ampliando en los siglos posteriores. “Dos partes bien diferenciadas tiene”, decía la guía que nos acompañó en este viaje en el tiempo: la construcción del siglo XVI y la posterior del XIX. Austrias y Borbones. Borbones y Austrias. Pasar por cada una de las salas, galerías o habitaciones es perderse entre cortinas de seda, tapices españoles y flamencos, frescos, pinturas, lienzos y relojes de historia. Es viajar y transportarse hacia una reunión de gobierno, una comida diplomática, una cacería real o una fiesta aristocrática. Contemplar el decorado es dejarse llevar por los siglos de la historia y ser testigo de lo que puedo ser un día, de lo que fue un día la vida cotidiana es esta residencia de paso Real.

 

Francisco Franco, de alguna manera, también quiso asignarse sangre azul. Él se alojó de manera intermitente en este Palacio: tenía su propio despacho, reutilizando los muebles de caoba de la realeza; celebraba la comida familiar en el comedor Real; utilizaba el teatro como sala de cine; las reuniones de Gobierno se celebraban en una sala de consejos del siglo XVI decorada con multitud de espejos y con sillas renacentistas tapizadas en granate. Nada de encender las velas ni las chimeneas, calefacción central en todo el palacio para el generalísimo; y donde antes había un vestidor, ahora se hallan unas vitrinas y, en ellas, una colección de uniformes del dictador. No faltan su transistor, su tocadiscos ni el televisor de la época. El baño, remodelado en el año 72, y, a pesar de su vieja reforma, bien parece un baño de lujo de un hotel de cinco estrellas. Y en su rincón del descanso, no encontraremos una cama de matrimonio, sino dos sencillas y pequeñas camas de 90 cm para él y su esposa separadas al milímetro. Y para un encuentro íntimo con Dios, no falta una pequeña capilla de reposo espiritual.

 

Antes, zona de descanso para la realeza cuando terminaba su jornada de cacería. Hoy, el Palacio Real de El Pardo se usa como residencia para los jefes de Estado extranjeros que vienen de visita oficial a España. Hoy, para aquellos que desean transportarse en el tiempo y en la historia, El Pardo, también abre sus puertas…

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