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Publicado en BEZ el 08 de Noviembre de 2016

Muchos de los hispanos registrados para poder ejercer su derecho al voto, votaron antes de la elección. Esta información podría predecir un adelanto de lo ocurriría en las urnas, sobre todo sabiendo de antemano que ya apenas se le puede calificar de minoría cuando resulta ser el grupo electoral nominado como el gigante dormido. El futuro de las personas hispanas que viven en Estados Unidos está en juego y aun sabiendo de antemano lo que está en juego, no todos opinan lo mismo y no todos tenían su candidato claro. Las políticas de inmigración y el comercio son las causas directas con impacto en los países de América Latina, pero la motivación del voto de los hispanos no necesariamente estaba relacionado con el impacto en sus países de origen -sobre todo porque los que han llegado hasta EEUU no quieren marcharse-, sino con sus vidas en el interior del país: situación de migración, economía, salud…

Desacuerdo con Trump

En Virginia, por ejemplo, y uno de los Estados clave, siete de cada diez casas hispanas las habitan personas de El Salvador. El resto se podrían repartir entre México, Honduras y Puerto Rico. En estas elecciones, 27,3 millones de latinos, tenían la oportunidad de votar. Las mujeres son las que más han opinado a lo largo de los últimos días, haciendo un llamamiento al voto al estar en desacuerdo con el candidato republicano. Están en pleno desacuerdo por sus descalificaciones a las mujeres primero, y por sus propuestas en política de inmigración después. El voto hispano femenino en Estados Unidos era decisivo. Muchos hispanos no han podido votar en Estados Unidos aunque vivan en el país, por no tener la residencia o por no ser ciudadanos, pero no por eso han dejado de movilizar al voto hispano que sí podía hacerlo.

Los hispanos que se sorprendían de que otros hispanos votasen a Hillary, lo hacían por estar en desacuerdo con la administración Clinton, a pesar de que su futuro estuviese en juego. Por lo tanto, ser hispano no significaba necesariamente apoyar a la candidata demócrata. Mucha de la fuga de voto hispano al partido republicano ha tenido su origen en la experiencia de Hillary Clinton, en la incoherencia de su pasado con las propuestas del presente y en el desacuerdo de estos votantes con el Gobierno de su esposo, Bill Clinton. Pero no necesariamente estaban a favor de los republicanos y mucho menos a favor del candidato Donald Trump.

América Latina, en la incertidumbre

Inmigración. Los países gobernados por la llamada en Latinoamérica “la socialdemocracia del siglo XXI” tienen sus relaciones inciertas tras las elecciones en Estados Unidos, como Venezuela. Las relaciones podrían verse afectadas por varios motivos, siendo el principal los hispanos indocumentados que viven en el país. Aunque México es el país que ha estado en el ojo de mira desde que Trump decidió correr por la presidencia, lo cierto es que el muro es un elemento más de distracción mientras el narcotráfico ocupa una de las principales preocupaciones.

Comercio. El siguiente punto directo es el comercio. Uno de lo temas encima de la mesa es el TPP por sus siglas en inglés (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), acuerdo que se firmó en Nueva Zelanda en febrero de 2016 y que busca rebajar las barreras comerciales. Mientras Hillary Clinton lo apoya, Donald Trump, no. En Perú, se manifiestan contra el acuerdo antes de ser debatido en el Parlamento porque opinan que sólo beneficiará a las grandes empresas. México, Colombia, Argentina o Chile, también están en desacuerdo. Convencer no va a ser fácil en políticas de libre comercio. Y las negociaciones podrían alargarse más tiempo obteniendo como consecuencia un resentimiento en las relaciones con estos países, aunque existan voces que crean conveniente el acuerdo por suponer una oportunidad de impulso económico debido a la especial situación de algunos países de Latinoamérica.

La postura de Barack Obama en la felicitación de Panamá por su 113 Aniversario es breve, clara y directa, subrayando la dirección en la que Estados Unidos desea seguir.

Economía. El issue económico es proporcionalmente directo en relación a los hispanos que viven en el país e indirecto en relación a sus países de origen. Mientras les vaya bien a ellos en Estados Unidos, les podría ir bien a sus familias, que viven en Latinoamérica. Medidas como la elevación del salario mínimo o el aumento de los impuestos a las familias más ricas del país, les podrían beneficiar, así como el hecho de que sus ganancias puedan mantenerlas en sus países de origen. A partir de aquí, la preocupación de los hispanos en Estados Unidos va a estar más relacionadas con las oportunidades dentro del país y la mejora proporcional de su futuro y su calidad de vida, soportada en las políticas de educación y salud.

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Publicado en BEZ el 26 de Enero de 2016

Creer que se puede alcanzar lo inalcanzable es empezar a romper barreras que se tejen con prejuicios, palabras que te venden sin valor alguno, prohibiciones en el marco de un querer ser y no poder porque te lo impida el vanidoso cuento de lo monetario frente a los sueños que se tiñen imborrables en los corazones de muchas personas. Creer que se puede es el primer paso para convencerse de que será posible. Pero… no todos los pasos suenan de la misma manera bajo el piso. Podemos escuchar tacones en la acera con ritmo, sin gracia y con prisa, zapatillas que cuelgan de un banco y rozan la arena, chanclas en el devenir de un barrio caluroso o la suela de tus pies desnudos trepando las rocas del Pacífico. Y, cada uno de esos pasos, marca la señal de una diferencia y posibilidad económica.

Se celebró el pasado año en octubre la Reunión anual del Grupo Banco Mundial y del Fondo Monetario Internacional en Lima, Perú. Y, en esos días, pudimos leer muchos titulares y hacer muchas lecturas de una situación que arrecia evidente. La recesión en Venezuela, el retroceso en Argentina, la caída de la economía en Brasil y la desaceleración en China riegan de incertidumbre el panorama internacional. Y a esto se suma, por ejemplo, una mayor preocupación en Brasil por tres factores principalmente: la incertidumbre política, la falta de confianza de los inversores y el deterioro político que sufre la actual presidenta, Dilma Rousseff. Además, en medio de esta tormenta, hay que añadir el grito que emite una parte de la sociedad en las redes sociales en Brasil. Grupos que nacen en pos de participar para influir. 2016 se presenta con más dudas que certezas.

Sin embargo, los tecnicismos macroeconómicos sobran cuando el foco lo ponen las personas, cuando sobra cualquier reunión que el común de las personas no sienta o perciba en sus vidas, en sus bolsillos, en sus día a día. Los datos y los números dejan de tener sentido y mueren cuando falta un plato de comida en alguna casa de cualquier país del mundo. No se confundan. El enemigo de Latinoamérica no es el precio petróleo. El gran enemigo de los países latinoamericanos –e incluyo a África en este punto- es la pobreza y la desigualdad. Porque si bien es cierto que la clase media ha aumentado, ahora está en riesgo, y los límites de la desigualdad se profundizan. Hay una fina línea entre la pobreza y la miseria. Y la miseria, sigue siendo, la gran tarea pendiente de los países en desarrollo. Aunque muchos países están apostando por políticas que impulsen la igualdad como principio, y la justicia social como motor, se necesita tiempo, mucho tiempo. Y que la cordura y la inteligencia pesen más que la ideología. Es necesario no cometer el error de imponer estrategias de reacción cuando ya es demasiado tarde… Prepararse no es una opción: es la decisión.

Las crisis de barro, paja y miseria, las de casas sin ventanas construidas bajo el lodo, las de puentes de madera a los lados de los ríos que unen comunidades indígenas y que son, al final, lo que todo lo aguantan, las de familias vendiendo fruta en las medianas de las calles más seguras de las ciudades mientras dejan aparcados a sus hijos de un año a un metro del hilo que forman los coches cuando pasan, las de niños de cuatro y cinco años limpiando botas a señores a los que les sobra el nombre y les falta decencia… Esas crisis, que solo es una, y es la nuestra, la de todos, vivamos donde vivamos, son las crisis que hay que afrontar.

En España y en Europa llevamos lidiando con una crisis casi 10 años. Una crisis injusta provocada por los intereses de unos pocos y alimentada por el egoísmo de quienes no sospechábamos que existían y, por consiguiente, de lo que hacían. Una crisis hija de los errores, más que de los aciertos. Una crisis bancaria a golpe de ladrillo que ha expulsado la dignidad de toda una sociedad. Una crisis que siguen peleando nuestros abuelos y nuestros padres, quiénes ya lo hicieran antaño para que nosotros, sus hijos, gozáramos de derechos y calidad de vida. Y que se ha llevado por delante la credibilidad, la confianza, los principios y los valores de lo bello y de lo humano. Los miles de kilómetros de distancia que separan los países en desarrollo de los países desarrollados subrayan los límites de la pobreza y la miseria.

¿De verdad no somos capaces de salir? ¿De verdad no somos capaces de ayudar a quiénes se quedan sin sus casas, pierden sus trabajos y no tienen qué darles de comer a sus hijos? ¿De verdad no somos capaces de mirar más allá de los intereses individuales para empezar a mirar por los intereses colectivos? ¿De verdad no somos capaces de ver la realidad de otras crisis que banalizan hasta la categoría de chiste la nuestra propia? ¿En qué momento, incluso, dejamos que nuestra propia libertad estuviese en crisis? Creer que se puede es el primer paso para convencerse de que será posible. Pero hay que querer para que esos pasos suenen al mismo ritmo, con la misma fuerza y circulen por el mismo camino. La solidaridad no es una opción, y tampoco es una decisión: se trata de humanidad. Nada es inalcanzable para el que sueña. Y querer es el primer paso que lo hará posible. En nuestro mundo faltan palabras llenas de ideas, y sobran ideas vacías de palabras.

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Publicado en BEZ el 7 de Diciembre de 2015

“Dibujo fantasía”. –¿Por qué? ¿Bastante jodida es la vida?- “Sí, bastante jodida es ya la vida como para dibujar más realidades”. Mo Vásquez se muestra sincera mientras contempla su inacabado mural el pasado 14 de noviembre en Quito, Ecuador. Ella es así. Pinta así. Murales, pinturas e ilustraciones llenas de colores y formas redondas, líneas fijas, llamativas, sorprendentes que incitan a soñar, a imaginar mundos nuevos que nada tienen que ver con nuestro día a día. -¿Qué es exactamente tu dibujo?- “Un universo paralelo y nuevo que se construye mientras se alza”. Mmm. Puede que no entendamos nada. Aunque el gesto extraño la mire y la observe, aunque no se entienda muy bien qué es, ella no da más explicaciones sobre el dibujo, porque el dibujo es ese, es eso, y no hay más explicación. Sigue pintando.

Warmi Paint da nombre a un festival pionero en la capital ecuatoriana que tiene por objetivo visibilizar y empoderar a las mujeres de América Latina que se dedican principalmente al arte urbano. Desde el 11 hasta el 14 de noviembre participaron artistas de Brasil, Chile, Argentina, México o Puerto Rico, y cuyos murales, como el de Mo Vásquez, se pueden contemplar hoy por todo Quito. Además, se pudo disfrutar de conferencias y charlas como las de Alexandra Henry, Catalina Bobone o Qarla Quispe.

Caminando por el patio del Centro de Arte Contemporáneo de Quito, nos encontramos a Martha Cooper rodeada de tres cámaras que intentan adoptar su mejor encuadre. Pero… ¿para qué conformarnos con unas simples palabras de una entrevista premeditada cuando podemos escuchar el gran relato de su vida? Minutos más tarde a ese momento, congrega en una sala a más de 200 personas expectantes de conocer qué hay detrás de una foto y qué hay detrás de un dibujo en la pared.

Martha Cooper nació el 1940 en Baltimore, Maryland. Y a los siete años ya cogió su primera cámara de fotos. En 1962 fotografió en Europa su primer grafiti y también nació su curiosidad por el motivo de los retazos en las paredes. Pero continuó desempeñando su labor como trabajadora social, antropóloga y fotógrafa. ¿Su sueño? Su sueño siempre fue trabajar para National Geographic. Y con ese sueño en la cabeza, siguió haciendo fotografías. Pero no fotografías cualquieras, porque su curiosidad siempre la llevó a dar un paso más allá al de capturar el mero hecho de la realidad, como fotografías de cuerpos en Japón mientras son tatuados. Aunque, claro, muchas de estas fotografías después no pudiese publicarlas. ¿Censura? Who knows… Digamos que no eran… políticamente correctas para la época.

Martha Cooper empezó a trabajar para el New York Post en 1970, década donde creció aún más su curiosidad por el arte urbano y los movimientos sociales. Era, por decirlo así, la única fotógrafa que relataba con imágenes una parte de la realidad que acontecía a espaldas quizás de los sucesos, o de la euforia americana económico política. Entre los años 70 y 80 creyó que la influencia haitiana en Nueva York no era cualquier cosa y que los dibujos de los trenes del sur del Bronx tenían historias detrás merecedoras de ser conocidas. El riesgo estuvo siempre presente en su vida, pero posiblemente su pasión fuese más fuerte que el miedo en estos años. Sus fotos así lo demuestran.

El grafiti en los 80 empezó a acompañarse de toda una cultura colectiva que puso el ritmo, el llamado hip hop. El hip hop fue mucho más que ritmo, fue todo un movimiento artístico. Su inocencia la llevó a pensar que sólo se estaba extendiendo en Estados Unidos, pero no fue así. En Londres y París descubrió que no pocas personas ya lo habían extendido. Y con el hip hop también llegó el break dance, dice Cooper, con mucha participación femenina y con la participación especial de las comunidades neoyorkinas del Bronx.

También en la época de los 80 descubrió el Street Art, su proliferación y su profesionalización. Ella destaca a Keith Allen Haring, artista y activista social que pintó incluso un trozo del muro de Berlín. El objetivo de Haring fue siempre el arte como modelo de lucha por la solución de los problemas sociales. El artivismo, tan acuñado en la nueva política de nuestros días para reivindicar causas que son justas, fue un hecho clave de la década de los 80 con profesionales en la sombra cuyos nombres quizás ya no recordamos, pero cuyos dibujos pudieron marcar un antes y un después en la conciencia de muchas personas. Y también en la historia.

El arte femenino en esa década también era ya una realidad. Y Martha Cooper se encargó de darle una visibilidad especial. La historia Lady Pink y el motivo que la llevó a dibujar puede que desgarre. Muchos de sus dibujos están impresos en los vagones del metro de Manhattan. Bastardilla, además, no es sólo un tipo de letra. Es una artista colombiana que, según cuenta la fotógrafa, evidencia su vida mediante el arte. Su trabajo a través del grafiti ha sido conocido a nivel internacional gracias a Internet.

Pero… ¿en qué se diferencia el grafiti del Street art? Letras frente a dibujo, sentencia Cooper, lo prohibido frente a la exposición de belleza, lo legal frente a lo ilegal. El grafiti siempre ha estado perseguido. El Street art hoy tiene un reconocimiento especial que se remunera económicamente. Muchos artistas, por suerte, viven hoy de sus murales. También Mo. El Street art de ayer y de hoy, además, tiene una connotación específica ya que muchos están creados con el fin de visibilizar causas sociales por las que luchar.

Con los años, Cooper consiguió su sueño de trabajar en National Geographic, dice, pero se dio cuenta de que aquello era demasiado aburrido -y las carcajadas en la sala no se hacen esperar-. Empezó a trabajar productos propios de pintura que hoy llevan su nombre, y a publicar parte de su trabajo, como por ejemplo el libro Nos B * Girlz, una mirada femenina al mundo del arte y el brake dance. Su objetivo fue y será el de visibilizar al arte urbano de las mujeres, su motivo, su lucha y sus causas, en cualquier parte del mundo.

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