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Madrid, 21 de febrero de 2015
Espacio Bertelsmann

 

Un reloj: las 19:30 de la tarde. El moderador ya estaba allí. Ramón González Férriz esperaba a David Rieff mientras charlaba con aquellos que habían llegado antes del espectáculo. Hablarían de inmigración o de periodismo, del frío que fuera del espacio Bertelsmann o qué se yo… El caso es que hablaban, aunque poco importaba porque después se comentaría sobre lo que se habla cuando se habla de inmigración. David Rieff llega con una taza en la mano que cambió hasta tres veces en lo que duró su exposición. Un párrafo de 5 líneas leído en un torpe español con acento francés, y un sorbo.

“El camino hacia el infierno está empedrado de buenas intenciones”, cita Ramón y menciona a Rieff al empezar. Y afirmó antes de dejar al maestro hablar: La nuestra es una época de grandes migraciones desde el éxodo europeo a América, desde el siglo XIX.

Y, a partir de aquí, pinceladas de sentido que invitan más que a reflexionar. Las ideas de Rieff están por encima de aquellos que estamos escuchamos un discurso que lleva por título ¿De qué hablamos cuando hablamos de inmigración? Nuestra suerte pasa por poder rescatar ideas generales que engranar con nuestros propios pensamientos.

 

Ideas generales a partir de Rieff

-¿Qué ocurre?

1.- Unas 450 personas llegan diariamente procedentes de Oriente Medio a África. Y en el caso de África provienen de países como Camerún.

2.- Sólo en Baviera piden más de 300.000 personas asilo, 4 veces más que los africanos en Europa.

-“Nacer inglés es obtener el premio gordo en la lotería de Dios”, cita a Rieff.

-Inmigrantes que quieren entrar una y otra vez en suelo español, ¿por qué?

-África podría ser un lugar feliz, pero no lo es de ningún modo.

-Ellos vienen. ¿No vendrían ustedes?

-¿Y qué encuentran aquí?

-Europa es una Unión arruinada y desempleada pero que a sus ojos es muy diferente.

-Al comienzo de la crisis mediterránea de 2014, el ministro de Asuntos Experiores de Italia comentó que cientos de miles de personas que estaban en Libia, unas 600.000, intentaban entrar. Se le criticó de exagerado. Pero lo cierto es que la cifra es aún más alta.

-En España, ¿certificado de asilo? La UE ha adaptado pocas predicciones a la inmigración legal dentro de sus fronteras.

-El primer paso necesario para afrontar la inmigración es aceptarla tal cual es y actuar en consecuencia. Es el principal problema de la Unión.

1.- No hay trabajo en las fábricas para los inmigrantes. Ni sindicatos fuertes que los proteja.

2.- Muchos inmigrantes provienen del sistema islámico y esos países están crisis, algo que durará varias décadas.

-Una posible integración no puede evitar al multiculturalismo.

-Hay que apelar los valores republicanos para el multiculturalismo.

-No será fácil, pero será un futuro posible: islámicos sin relaciones intermedias. Intermediación entre países, y en la Unión. No se trata de una vuelta al cristianismo, eso sería algo hipócrita para aquellos ateos.

-En la primera cosa que hay que pensar de nuevo es en el papel del Estado. Entre los 90 y el 2014 el Estado ha perdido su fuerza en el desarrollo. Las sociedades multinacionales deben tomar el papel más importante. Una sociedad no puede hacer el papel de un Estado. Y en el caso de la inmigración es necesario que el Estado sea el sector decisivo.

– En este momento se habla mucho de la privatización de la educación. Bill Gates empieza con una verdad: el sistema educativo no funciona, pero su solución es el sector privado. Y no veo cómo el sector privado podría “hacer ciudadanos”.

-¿Cuáles son los principios maestros de Europa? Nadie sabe contestar a esta pregunta. Nadie sabe educar sobre lo que es importante. ¿El dinero? ¿Las vacaciones?

-Tenemos la idea de que los jóvenes emigrantes deben aceptar nuestros principios, los cuáles no podemos explicar.

-¿Hemos renunciado a nuestros principios o ya no sirven? Pregunta Ramón. “Murieron”, dice él.

-Hay autores que ofrecen soluciones frente a la problemática de Francia, pero lo que se ofrece como solución es hacer de Francia un Estado islámico. (Absurdo ofrecimiento).

-Hay una crisis moral en las clases superiores.

-Si tienes instituciones coherentes, habrá países coherentes. La bandera vino después. Pero las instituciones están rotas.

-Duda que los líderes actuales tengan la capacidad para hacer frente a esta situación, desde Hollande, Cameron, Renzi o Rajoy.

-Hay un republicanismo para cada época y tenemos que pensar un tipo de república para cada época.

-El modelo neoliberal puede servir a la economía, pero no sirve para hacer ciudadanos.

 

Son casi las 9 de la noche. Coges un taxi para volver a casa. Las ideas dan vueltas en una ruleta cuya fortuna parece haberse perdido. La inmigración es un problema mucho más serio de lo que nos imaginamos. Y podría decirse que hay varios tipos de inmigración. Desde la superficialidad de una reflexión que se queda en aceite sobre agua, en España podríamos decir que hay dos fundamentalmente: la que hemos vivido en lo últimos años del Gobierno de José María Aznar y principalmente en Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero,  y la que seguimos viviendo en Melilla y en las costas andaluzas.  La primera ha sufrido un cambio importante: cada vez son menos los inmigrantes de Latinoamérica que llegan a España a trabajar en la construcción y el servicio doméstico, y cada vez son más los españoles que marchamos a fuera, a otros países o a Latinoamérica a buscar oportunidades, no en el nuevo mundo, sino en un mundo reinventado o que reinventamos constantemente. La segunda no se acaba nunca.

Y entonces las palabras de Rieff empiezan a ordenarse en la cabeza de una, a tomar el sentido quizás que faltaba al principio de escuchar su exposición. Y la inspiración no hace otra cosa que rebuscar en las frases dispersas del pasado. Y ahí están. Están las palabras de las esposas de la inmigración que en el mes de diciembre de 2007 oyó. Esposas de inmigrantes entrevistadas por esta que escribe buscando respuestas a un fenómeno en el país que no parecía detenerse: la inmigración que aumenta, el multiculturalismo que se afianza como oportunidad.

Cuan ha cambiado todo.

Antes venían las esposas de la inmigración a acompañar a sus maridos que un día encontraron trabajo en España de manera legal. Ahora somos nosotros los que nos vamos. Y ahora son los que menos tienen los que lo intentan con más ahínco. Aquellos que menos tienen muchas veces no saben ni quiénes son.

Tras las ideas dispersas de Rieff con sentido, os dejo con esas esposas de la inmigración que conocí un día.

 

Las esposas de la inmigración

Málaga | Diciempre de 2007

 

inmigración mujeresUn país: España. Un lugar: la  barriada de San Luís de Sabinillas, Manilva, Málaga. Un motivo para escribir: la mujer inmigrante.

Tras la frontera, ¿esperanza? Cada vez que vamos por la calle observamos curiosos cómo en nuestro país conviven diversas culturas, diversas mujeres, diversos motivos. Cuando compartimos un vagón en el metro de “nuestra importante capital” somos incapaces de preguntarnos qué esconden esas miradas perdidas, tristes, vacías. Esos ojos que transmiten cansancio y amargura han sido testigos primarios de grandes historias, de una vida que ignoramos. Somos incapaces de leer en sus rostros el sentimiento que perciben con respecto a nosotros, los españoles nativos: ¿diferencia racial?, ¿color de la piel?, ¿necesidad? Somos incapaces de percibir lo que ellas anhelan simplemente porque a nosotras nos sobra.

En las tiendas de comida rápida somos atendidos por mujeres inmigrantes, latinoamericanas en la mayoría de las ocasiones. A las seis de la mañana son mujeres inmigrantes las que friegan las escaleras de nuestros edificios. En los agrestes campos de la globalización, son mujeres inmigrantes las que recogen la aceituna, el algodón y la uva. Son rusas, rumanas o moras las mujeres que crían a nuestros hijos, que planchan la ropa de nuestros maridos y las que reponen el papel higiénico de nuestros baños. ¿Qué ha movido a la mujer inmigrante a venir a España? Vienen a trabajar, a vivir con sus maridos que ya emigraron años antes en busca de una situación económica mejor. Vienen a criar y parir a sus hijos, a luchar por una estabilidad basada en la búsqueda de la felicidad. Por España sienten esperanza y por su país de origen nostalgia.

Hablemos de las esposas de la inmigración. Hablemos de sus hijas. Observémoslas caminar solitarias o acompañadas por el recuerdo. Compartamos su sentimiento, su necesidad, su dicha, su vida. Preguntémosles el porqué. Adentrémonos en el sentimiento, ese caprichoso seductor. Conozcámoslas.

 

En las calles del sur de España, una protagonista: la mujer inmigrante

Miro ensimismada el reloj de la cocina. Marca las seis. No funciona y aun así, el segundero no para de emitir en vano un continuo sonido. Suena y suena pero el reloj siempre marca la misma hora: las seis. En realidad estoy viviendo las 11,30 de un día de diciembre. En realidad me encuentro en el piso de un pueblo malagueño. En realidad me adentro en sus calles. En ellas, una protagonista: la mujer inmigrante.

El viento sopla despavoridamente despeinando el semirrecogido que lleva Sonia. Tiene 27 años pero sus facciones y su apenas metro y medio de estatura reflejan el paso rudo del tiempo, como si de un rostro y cuerpo anciano se tratasen. A diez metros, el mar. Sonia me explica, me habla mientras yo observo continuamente uno de sus colmillos de plata donde tiene grabado al revés un corazón. Sonia y su hija (que la acompañaba en ese momento) vinieron a España hace cinco años en busca de una situación económica mejor. ¿País de origen? “Bolivia”. A medida que yo le pregunto, Sonia acaricia nerviosa la coleta de su hija: “vine con mi marido, vinimos todos juntos, pero pretendemos ahorrar y después irnos. De momento nos quedaremos dos años más”. A Sonia le cuesta emitir frases con coherencia. Sus palabras suenan enrevesadas, aunque finalmente aclara con objetividad aquello que desea expresar. Hace cinco meses que dejó de trabajar como ayudante de cocina. Asegura que le gustó la acogida que experimentó cuando llegó a España: “mis compañeros de trabajo siempre me trataron bien y creo que la gente es buena en España porque cada vez que pregunto por la calle cuando me pierdo, los españoles siempre me indican”. Mientras escucho y comparto su sentimiento observo sus pies descubiertos. En ellos, unas simples sandalias.

Y de nuevo en el barrio. De nuevo en la calle. A diez metros, el mar.  A la salida de una carnicería árabe, observo a una mujer marroquí. En su cabeza porta un velo negro calado y sobre su delgado cuerpo de joven mujer, lleva un vestido moteado con manchas pardas. A su lado y siguiendo sus pasos le acompaña una niña. En Madrid la mujer marroquí no desvela la vida que esconde tras el velo. En Madrid no. No obstante, en este barrio malagueño, la madre de Aghanda se muestra simpática y decidida cuando permite a su hija contestar las preguntas que quiera formularle: ella no habla español. Llevan tan sólo un año viviendo en España. Aghanda tiene la tez oscura, como su madre. Carece de yihab  con lo que puedo contemplar un pelo rizado con reflejos dorados que amaina el viento en una coleta. “Tengo ochos años” me revela entusiasmada. Me agacho. Quiero escucharla de cerca. No perderme cada sonido de su fina y dulce voz. Mientras tanto, su madre mece el carro y sonríe curiosa. “Mi papá llevaba ocho años en Sabinillas cuando mi mamá y yo vinimos”. Su padre trabaja “en el mármol” para mantener a la familia. “Mi mamá no trabaja. Cuida del bebé que nació hace tres en Marbella”. Le gusta estar en España. Le gusta aprender, ir al colegio y jugar con sus amigos. Puedo apreciar su inteligencia: no duda, no titubea, contesta sin retorno a cada pregunta hasta que, cuando le hablo de un posible regreso a Marruecos, Aghanda fija sus ojos en los míos, mira con respeto a su madre sonriéndole y finalmente afirma: “he vuelto a ir a Marruecos, pero preferiría quedarme en España”.

Y de nuevo en el barrio. De nuevo en la calle. A diez metros, el mar. Necesito pan en rodajas. Me gusta tostarme pan para tomarlo con aceite de oliva. A la izquierda, doblando la esquina, hay una pequeña tienda atendida por Eva, una chica argentina de 23 años. Una radio se oye entre las bebidas y las especias. Intento escucharla mientras Eva me embolsa el pan: suenan canciones con ritmos latinos que hacen que la mañana discurra más amena. Tras el mostrador puedo observar a esta chica pequeñita de rasgos indios y diminutas manos que no para de gesticular a medida que me habla. Tiene los ojos negros y una mirada profunda en un rostro que aparenta el devenir del tiempo ¿Cuánto tiempo llevas en España?: “llevo en Sabinillas alrededor de dos años. Sí, dos años va a hacer”. Me fijo en su boca, en sus labios gruesos, en su aparato corrector. ¿Qué motivo te empujó a venir a España? ”Mi marido trabajaba en Argentina para una empresa española y hace tres años lo enviaron a trabajar a Málaga. Fue entonces cuando vine a conocer España, y, bueno, me quedé”. ¿Y el alquiler en España? “Vivimos de alquiler en un piso en Sabinillas. Considero los alquileres españoles razonables en función del sueldo medio”. ¿Te gustaría tener un bebé aquí en España? Sonríe, “no. Jaja. Soy joven, ¿un bebé? No, por ahora no” Le pregunto por la acogida que experimentó cuando llegó a este país: “la acogida española ha sido muy buena, me he integrado y actualmente estoy trabajando aquí, aunque la tienda no es mía”. Sin embargo, me revela que en Argentina se tiene otra conciencia, otro pensamiento acerca de la inmigración: “hubo un tiempo en el que llegaron a Argentina muchos chilenos, gente de Bolivia, Paraguay, Uruguay… y las diferencias se sienten en el hecho de no hablar con el mismo acento. Los latinos se consideran más discriminantes entre ellos que aquí en Europa”. Hablemos de sus ilusiones,  de sus sueños. A Eva le gustaría regresar en un futuro a su país: “pero todo depende, ¡hay tantos factores!” Entre ellos, sus padres y sus hermanos: “Desde que me vine a España sólo he ido una vez a visitar a mi familia. Pero afortunadamente, mantengo el contacto a través del teléfono y de Internet” A pesar de ser feliz aquí, necesita el cariño de los suyos. Un cariño que sabe que está esperándola al otro lado del Atlántico. Vive con la esperanza de recuperar el abrazo. Un abrazo que no signifique despedida sino un regreso definitivo: “mamá, he vuelto a casa y vengo para quedarme”.

 

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 30 de diciembre de 2014 

Unas doce horas de avión para aterrizar en el país de las rancheras. La Ciudad de México fue la escogida para celebrar los pasados 4, 5 y 6 de diciembre la VI Cumbre de Comunicación Política que, este año, contaba con un eje nuevo: mujer y política. Un eje tan necesario como vital para incidir, una vez más, en algo que necesita de más y mejor atención. Pero un eje que aún sigue siendo noticia cuando no debería. Mientras tanto, se sigue en la lucha. ¿El objetivo? El mismo, sigue siendo el mismo: igualdad, más valores, mejores principios.

Ann Liston, profesional de la estrategia y socia de Adelstein Liston, abrió las puertas de la cumbre con su ponencia y aludió que las mujeres son más del 50% de la población y que, por tanto, no son un tema más en política: son el tema principal. En un mundo cambiante y con sed de justicia, Latinoamérica se ha convertido en ese espacio donde un tercio de los gobernantes ya son mujeres y, en comparación mundial, ya tiene el número más alto de representantes. Más mujeres, dijo, son necesarias para más democracias y menos dictaduras. Evidentemente, puso diferencias entre los hombres y las mujeres. Las mujeres logran más acuerdos y se cree que las mujeres son más dignas de confianza, dijo. Ella opina que las mujeres deben apelar a la simpatía para ser electas y según su experiencia en Estados Unidos, el 90% de la población votaría por las mujeres: “En Estados Unidos los votantes esperan que las mujeres candidatas sean simpáticas, además de preparadas”. Y añade: “No sólo las políticas cambian el marco político. También las mujeres entre bambalinas marcan la diferencia política”.

Thomas Edmons no habló de mujeres expresamente en la Cumbre mexicana. Este consultor republicano focalizó su discurso en la deseada hipótesis de quién ganará las próximas elecciones de 2016 en el país que, aún hoy, preside Barack Obama. Habló de lo que le preocupaba a los republicanos: que si la política exterior, que si el déficit presupuestario, que si la debilidad del crecimiento económico… ¡Ná! A los demócratas les interesa la salud, la inmigración… Pero a la audiencia la interesaba lo que le interesaba cuando aludió a la prematura, según él, muerte del presidente. James Aldrete, estratega demócrata, le respondió expresamente a Edmons: “El muerto no siempre está muerto”. Exacto. Pero vamos a lo que vamos, a lo interesante, a lo que queremos saber, señor Edmons: ¿quiénes serán los candidatos de las próximas elecciones? Curioso, y ahí voy. Entre sus apuestas demócratas mencionó a dos mujeres: Hillary Clinton (con el 64% de probabilidades de que lo fuera) y Elizabeth Warren (con el 8% de probabilidades de que fuera ella la candidata. Entre los posibles candidatos republicanos que barajó, no citó a ninguna mujer. Y digo lo que diría Soledad Gallego-Díaz: 163.638.417 mujeres en Estados Unidos (50,6%), ¿ninguna es lo bastante buena? ¿Y republicanas?

Claudia Corichi es senadora y secretaria de la Mesa Directiva del Senado de la República de Mexico, un país en crecimiento, sí, pero aún donde la astucia y la picardía es Ley y donde la amabilidad y la seguridad se siguen pagando con unos pesitos de más. Su conferencia estuvo protagonizada por el género femenino en política, así como la feminización de las campañas electorales. Corichi definió el cuarteto en el que la mujeres hemos estado siempre enmarcadas: la casa, el convento, la cárcel o el manicomio. Es por eso, según ella, que se necesitan más estrategias y más política para ayudar a la mujer a empoderarse. Además, la reducida participación de las mujeres la achacó a un modelo de déficit en el liderazgo femenino. Ella buscaba líderes que pusiesen atención a las necesidades desde una perspectiva humana, y apuesta por candidatas que sumen esfuerzos, que busquen nuevos códigos, nuevos estilos de hacer política y que defendieran sus candidaturas. Corichi puso el ejemplo de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff y su “no necesito hacer política como los hombres para ganar”. Según la senadora, “logró feminizar la manera con la que nos comunicamos”. El final de Corichi es clave: “La sociedad se enfrenta a un gran reto: el que las mujeres sean reconocidas entre sí de que son líderes. Cambios de conciencia, de organización, de cultura. No sólo depende de la reforma electoral. Es un esfuerzo también entre las mujeres: sus valores como persona”.

En relación a la dirección femenina de las campañas electorales, Imma Aguilar, periodista y asesora del Grupo Entesa del Senado español, marcó las diferencias existentes entre el ajedrez y el arte de la guerra, es decir, “la diferencia sutil entre las guerras y las batallas”. En el ajedrez, según ella, no sólo hay reglas y la fuerza no tiene relevancia alguna. El ajedrez, además, es juego. Y en ese juego la esencia es la inteligencia. Por tanto prefiere la inteligencia a la guerra en sí misma. En esta guerra afirmó que falla la comprensión entre representantes y representados y, por lo tanto, falla la vieja política. “Se necesita otra política”, dice, “la neopolítica, aquella que es más colaborativa y empática”. Y es la que intenta llevar a cabo en su día a día profesional. “Sin orden no hay campaña. El fin último no es democratizar las campañas, sino montar campañas invencibles. No es una exigencia ética ni de justicia, sino de no renunciar a todas las capacidades que pueden adaptar nuevos estilos”.

Alberto Pedro es doctor e investigador en Chile y a su ponencia le dio un toque especial, el de «perfume de mujer». En su arranque, distinguió tres tipos de feminismos: 1) el «feminismo clásico», que no sirve de mucho según él, porque se ve al hombre como un adversario; 2) el «feminismo chic», aquel que es como la serieSexo en Nueva York y que ve al hombre como a un juguete; 3) y el «feminismo pop», donde los hombres no son rivales sino que forman un equipo con la mujer. Él es de los que defienden que no se puede centrar el feminismo sólo en la mujer. Y recordó que una candidata mujer en una elección no es el tema “mujer” de un programa político.

El consultor político Antoni Gutiérrez-Rubí se subió al escenario para hablar de personas y de política, sobre todo de aquellas mujeres que a él más le habían inspirado y de las cuáles más había aprendido. Y en su conferencia, arrancó diciendo que ser feminista en el siglo XXI es el camino más directo y más rápido para hacer mejor política: “Tenemos que aprender a feminizarnos en la vida personal y en la política, en la vida profesional y en nuestras campañas”. Y es cierto lo que recordó, que los éxitos de las mujeres parecen menos éxitos en la actualidad: “Se les reconoce la mitad del trabajo, les cuesta el doble llegar y permanecen la mitad del tiempo”. Para feminizar la política hay que inspirarse en las valientes, dijo: “Dime cómo eres y te diré cómo me vas a gobernar”. E invitó a luchar contra los silencios, porque “la lucha contra los silencios es la primera a favor de la política”. Gritemos pues: “Las voces son necesarias para la libertad”.

Pero aún no hemos hablado de cuotas, un tema que genera más que debate en el mismo debate sobre la igualdad. Cecilia Romero, diputada y senadora de la República de México por el Partido de Acción Nacional, hizo la gran pregunta: las mujeres en política, sí, pero después de las cuotas, ¿qué? Después de las cuotas, dijo, existe la necesidad de que participen más hombres y mujeres por igual para solucionar los grandes problemas de los países: “Eso es ser hombres y mujeres responsables en el siglo XXI”.

En mi exposición, puse el acento no sólo a las campañas de mujeres que no funcionan. Intenté demostrar, a través de una aplicación, que el mensaje de las mujeres candidatas en campaña no moviliza al electorado femenino. Al menos no ocurrió en las últimas elecciones europeas de 2014. En escasas ocasiones se estudia la relación entre los mensajes de las políticas y la movilización del electorado femenino. Pero es algo que preocupa. Y mucho. Ese efecto es llamado en la academia como gender affinity effect, o efecto de afinidad de genero. Más mujeres en las listas electorales de un año electoral a otro no significa más igualdad. Y si sumamos los escaños de mujeres en el Parlamento Europeo, por ejemplo, llegamos a la conclusión de que existe un grandísimo problema en cuanto a la representación social. Existe una brecha aún muy grande donde los profesionales de la comunicación tenemos una gran tarea y una gran responsabilidad: debemos investigar más y escuchar más.

Sólo comprendiendo bien lo que está ocurriendo podemos ayudar a construir más y mejores sociedades. Feminizar las campañas electorales ya no es una ilusión, es un hecho. Feminizar la política es el gran reto, humanizar sociedades el gran objetivo.

La Cumbre la selló una mujer: Lilian Tintori, la activista por los Derechos Humanos y, como ella misma se identifica, luchadora por la democracia y la libertad en Venezuela. No lucha sola: lo hace en equipo con su marido, Leopoldo López, encarcelado por un discurso que según el Gobierno de Maduro incitaba a la violencia. Tanto ella como él se defienden de esa acusación: querer una mejor Venezuela no es delito.

Las diez horas de vuelo de regreso a España desde México se hacen cortas cuando se divisa lo que aún queda por recorrer para llegar a la tan ansiada igualdad. Igualdad de derechos y oportunidades. Algunos profesionales impulsamos algo que debería ser normal en sociedades democráticas. Investigamos, escuchamos y compartimos para dibujar palabras que inspiren nuevas formas de hacer sentir, sentir que hay que hacer y, sobre todo, qué hay que hacer para poder decir. Se investiga cada vez más para que haya más políticas para otra política. Como decía Empsy Cambell, «feminizar la política es el reto del siglo XXI».

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 4 de noviembre de 2014 

Tres mujeres alrededor de una mesa en Salamanca; Paola Berenice Pabón, asambleísta por Movimiento Alianza País en Ecuador, Alejandrina Castro Figueroa, diputada por Alianza Republicana Nacionalista en El Salvador y Gabriela Montaño, senadora por el Movimiento al Socialismo en Bolivia. Una sola frente a un ordenador en Madrid. Y una interesante conversación que la tecnología permite en una mañana que arrecia fría. La charla promete. El tema no podía ser otro que mujer, política y democracia, centrado sobre todo en Latinoamérica, con las particularidades de las experiencias de estas tres mujeres con ganas de dar su visión. Lo que parecía algo de poco más de 20 minutos, se convirtió en más de una hora. Pero un tiempo demasiado corto, creedme.

Mujer y política son términos que muchos han intentado separar a lo largo de siglos de historia. Ellas demuestran que están unidos. Escucharlas compartir sus impresiones sobre política y liderazgo es ya de por sí una experiencia. Y bajo la premisa de la experiencia hay que sumergirse no solo para entender más sobre política y mujer, o sobre jóvenes legisladoras en Latinoamérica como lo son ellas, sino también sobre construcción de más sociedad en función de la participación femenina.

Barreras. Empezamos a saltar puentes y cruzar barreras. Barreras con las que se encuentran las mujeres para acceder a cargos políticos. A pesar de que las mujeres en Latinoamérica son la más poderosas, bien es cierto que escalar no es fácil. ¿Y permanecer? Aún menos. Gabriela asegura que en Bolivia están en pleno avance legislativo, porque la primera barrera con la que se encuentran las mujeres son las firmadas a golpe de Ley. “Nosotros estamos en la construcción real de la paridad, dejamos de lado la experiencia de las cuotas porque no nos ayudó a avanzar”.

Pero hay dos barreras más con las que se encuentran, la financiación electoral y la “vinculación de las mujeres con ciertos temas que en algunas sociedades tienen que ver con lo social y no con otros ámbitos como pueden ser el económico, la seguridad ciudadana o la seguridad pública”. Paola opina que “seguir motivando la aprobación a través de las leyes electorales de cuotas para garantizar la participación política de las mujeres sigue siendo una tarea en confusión para algunos países. Nosotros estamos desde el 2008 ya en un modelo paritario, no solamente para cargos de elección popular en listas unipersonales sino para cargos de designación y creo que eso ha permitido un número importante de mujeres dirigiendo distintos espacios”.

Paola, además, añade dos barrera más: una tiene que ver con un tema mucho más cultural y “pasa por la construcción de una ciudadanía que valore la presencia de mujeres en política”; la segunda es que hay mujeres “que tienen que dedicarse de manera mayoritaria al cuidado de hombres, hijos, personas… Esto va en detrimento de la posibilidad de ocupar espacios públicos, formarse, capacitarse. Entonces, mientras no hay una corresponsabilidad del Estado, de la empresa privada, de la familia, como tal, de los compañeros, en asumir todo el tema del cuidado va a ser muy complicado que podamos tener una presencia permanente de las mujeres en política. No solamente es llegar. Sino permanecer”.

Educación. Una vez saltadas las barreras, las mujeres en política se encuentran con otra tarea: hacerse entender. Según Alejandrina, a pesar de hablar de política y mujeres, “no es un tema solo de mujeres. Es un tema de sociedad y de comprensión de que la democracia se pone más robusta y se hace más profunda mientras mayor participación de las mujeres existe en el ámbito político”. Y continúa: “Creo mucho en el papel pedagógico que tenemos además del papel de legisladoras, de administradoras… Creo en el papel pedagógico que tenemos las mujeres y los hombres convencidos de esta necesidad de profundizar la democracia para seguir avanzando”. A raíz de su reflexión, ejemplifica con una historia: “Un amigo tiene un hijo pequeño varón de 4 años, argentino, y ha crecido viendo a una presidenta mujer. Un día estaban hablando de las candidaturas, etc. en la televisión y entonces hablan de hombres candidatos y el niño dice: papi, ¿los hombres también pueden ser presidentes? Pongo este ejemplo porque es muy gráfico lo que implica la educación, la formación, y la experiencia de lo que uno vive en lo cotidiano y la presencia que las mujeres versan sobre todos estos temas».

Sus vidas. Cuando a Alejandrina se le pregunta por sus inicios en política, ella empieza a contar su propia historia, su militancia y su primera campaña donde se enfrentó a no pocos desafíos, haciendo una campaña electoral “casa a casa”, diferente dice, centrándose en los jóvenes y en las mujeres. Pero hay una idea clara que extrajo de esa campaña: “La ciudadanía cree en las mujeres y en la necesidad de un relevo político”.

Paola, por otro lado y a pesar de su corta edad -36 años- dice creer tener muchos años en la tarea. Muchos porque lleva desde los 17 militando y participando en acciones políticas desde la Universidad. Pero hay algo que cambió su vida por completo: “Luego tuve, yo diría, la suerte, porque eso marcó mi carrera política, de poder estar en la ruralidad en mi país, donde tienes una población importante indígena, donde ha habido mucha marginación. Se ha pensado muy poco en el campo, donde ha habido la concentración de un modelo en dos o tres ciudades, condiciones de inequidad en el resto del país. Ser parte de la ruralidad marcó mi forma y mi enfoque de hacer política”.

Cuando Gabriela habla de sus inicios en política, cuenta que también empezó como Paola a los 17 años. Pero lo hizo por los cambios estructurales que se estaban dando en el país. Si no hubiera estado convencida de que esos cambios merecían el que la sociedad fuera partícipe de ese proceso, ella nunca se hubiese presentado:“Me siento profundamente feliz de ser una generación que cambia para siempre la historia de Bolivia y aporta un granito de arena”.

Conciliación. Según Alejandrina, entre políticas, suelen conversar de la entrega de las mujeres a la política “que requiere de muchos más sacrificios que los hombres por el tema de ser –algunas de ellas- cuidadoras en sus hogares. Y es realmente una entrega que una le da a su país, a su partido, pero especialmente al país.Sabemos valorar la calidad del tiempo no la cantidad del tiempo”. Al hablar sobre este tema, Paola ha sacado a colación las últimas encuestas que se hicieron en Ecuador donde “el 85% de las cuidadoras somos mujeres. Cuando hablamos sobre el uso del tiempo y la calidad de vida de las mujeres, la encuesta nacional nos arroja que las mujeres trabajamos 17 horas más que los hombres en la zona urbana y 22 horas más en la zona rural”. Ella dice tener un gran apoyo por parte de sus padres y de sus hermanas, pero también asegura que lo tiene más fácil al no ser madre. Gabriela es tajante: no le interesa y no quiere dar ese mensaje de “las mujeres tienen que ser “supermujeres” para estar en un espacio de toma de decisión o responsabilidad estatal. Todas las mujeres podemos construir esa posibilidad. Tenemos que romper el mito. Tenemos que animar a que otras mujeres quieran asumir el espacio político como un paso propio”.

Mujeres en América Latina. “Creo que la región, después de muchos años de desasosiego, después de muchos años de producir recetas por varios modelos, encontró un camino propio. Creo que esa es una de las ventajas en un momento de crisis mundial, en un momento donde te encuentras con conflictos armados, crisis económicas en muchas potencias… Tú ves a una América Latina en crecimiento y en despunte. Y creo que eso es parte de haber encontrado un propio camino, con procesos además individuales”, dice Paola cuando hablamos del número de mujeres presidentas en el continente en comparación con el número de feminicidios. Y sigue: “creo que hay que trabajar los roles, y cómo este incremento de mujeres en la política tiene un efecto positivo en mejorar la calidad de vida de las mujeres. Todos los temas de violencia, todos los temas de discriminación… Seis de cada diez mujeres sufren de violencia física y psíquica son patrones que se van a modificar, con marcos legales, con política pública, pero también con una conciencia de una sociedad mucho más respetuosa”.

Alejandrina tiene una visión propia también sobre el tema: “No sólo nos ven como profesionales, sino como defensoras de valores. Hay muchos espacios ciudadanos para que las mujeres participen, no solamente en los partidos políticos, sino en la ciudadanía. Quisiera pasar de la legalidad formal a la legalidad sustancial. Que todo se ponga en práctica y que eso ayude a las mujeres a poder llegar a un tipo de igualdad que les permita actuar en igualdad de condiciones, y más en la política que es un mundo aún dominado por los hombres”. Gabriela también lo tiene claro: “Nosotros en Bolivia hemos pasado a aprobar una ley integral contra la violencia hacia las mujeres, es parte de una nueva ola de normativas en Latinoamérica que deja de ver la violencia contra las mujeres como un tema del ámbito privado para ponerlo en el ámbito penal público y genera mecanismos muy novedosos como la posibilidad declaratoria de denuncia en una región o municipio. La violencia, no sólo en Latinoamérica, sino en el mundo entero, la tenemos que ver como un tsunami, como una catástrofe en la que tenemos que actuar inmediatamente”. Asegura que este es su compromiso y el de muchas mujeres en política a pesar las diferencias ideológicas. Y termina diciendo que “no se trata sólo de poner leyes”, sino de poner operativas esas “normas en la realidad”.

Liderazgo femenino. Dos palabras que dan una charla de más de un café. Concepto profundo, aseguran que es, pero cada una de ellas tiene su propia opinión a la hora de definir qué es el liderazgo femenino. “Nos ven a las mujeres como personas correctas y creo que, en cierta medida, es responsabilidad que tenemos nosotras de responderle a la ciudadanía en la manera en la que ellos han depositado su confianza en nosotras. Eso es lo que marca un liderazgo femenino”, asegura Alejandrina. “Entiendo el liderazgo como la posibilidad de que tus acciones, tus pensamientos, tu vocería, puedan incidir en otras personas. Y ese liderazgo puede ser positivo o puede ser negativo, puede ser un liderazgo que se está ejerciendo por muchas mujeres con la posibilidad de comprender que la reivindicación de los derechos de las mujeres, de nuestros derechos, son reivindicaciones que no únicamente generan el cambio de vida de las mujeres. Y aunque se pueda ver como una exclusión, cambiar la vida de las mujeres es también cambiar la vida de la población”, reflexiona Paola, pero introduce una variante novedosa en la charla. “Hay que ir trabajando en la idea de generar liderazgos colectivos. El depositar la carga o la tarea en una o dos personas puede hacer que esos resultados no sean efectivos, creo que hay que compartir los liderazgos. Unos somos buenos en unas tareas, y otros mejores en otras”.

Gabriela, por su parte, está en desacuerdo a la hora de formular el liderazgo femenino como un liderazgo único porque es ahí precisamente donde “se pierde la riqueza y la posibilidad de profundizar la democracia”. Si se habla de liderazgo femenino únicamente, dice, se cuestionan las estructuras de poder establecido. Y comparte la tesis de Paola: “Creo que debemos verlo como liderazgos múltiples con múltiples posibilidades. Y creo que ese liderazgo puede ser de una mujer indígena, de una mujer profesional, campesina, de una mujer trabajadora. Y son liderazgos que no siempre se visibilizan en los medios de comunicación, que está muchas veces en los barrios, en las calles, deben tener canales claros de construcción, de avance… Y eso es tarea de quienes creemos en ello. Mientras más seamos los seres humanos capaces de construirnos, y las mujeres de reconocernos, seremos mejores seres humanos”.

 

*Nota: El pasado mes de marzo se celebró el Foro Internacional «Mujeres, política y democracia: Rompiendo los techos de cristal en América Latina» organizado por el Instituto de Iberoamérica de la Universidad de Salamanca. En ese foro participaron hombres y mujeres, entre ellas estas tres de la primera línea política:Paola Verenice PabónAlejandrina Castro Figueroa y Gabriela Montaño.
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