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Los estudiantes de último curso de Periodismo de la Universidad Carlos III de Madrid se daban cita a primera hora de la mañana para examinarse del que ha sido, para algunos, el último examen del cuatrimestre y, para otros, el último de la carrera. Aunque la prueba de Periodismo Internacional prometía ser densa y larga, los alumnos han entrado al aula sonrientes. Más que sonrientes, expectantes, ya que por la noche celebrarían la cena de despedida. Una cena que dejará sus vidas en puntos suspensivos porque, a partir de este momento, ninguno sabe lo que le deparará el futuro…

A lo largo de todo el tiempo compartido juntos, se han vivido momentos inolvidables, momentos duros de inquietud, riñas innecesarias, nerviosismo por las primeras prácticas, los trabajos en grupo, las prisas y la devoción… Pero, a pesar de todo y ante todo, amistad. Para todos ellos esta Licenciatura era totalmente vocacional. Sentida.

A todos vosotros, compañeros, HASTA SIEMPRE Y MUCHA SUERTE…

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Getafe, esta ciudad universitaria, despertó esta mañana tranquila después de una noche intensa de feria donde la juventud que no está de exámenes no tiene fecha de caducidad ni minutero en el reloj…

Sin embargo, en la Feria del Libro de Madrid, el ambiente prometía: Juan Cruz, Punset, David Cantero, Javier Marías, Nuria Roca… Decenas de periodistas y literatos se daban cita en ese Retiro madrileño…

Y por qué no hacer un paréntesis en esta época estudiantil donde los nervios no caben en el cuerpo de uno, donde uno desea, estudia, lucha para conseguir… Y por qué no disfrutar de una mañana así cuando se sueña con ser algún día lo que ellos son o los que otros, en otro tiempo, ya fueron…

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Las calles de Madrid se tiñen de sangre

Á. P. Martín Fdez – Madrid

A los franceses no les es suficiente con obligar a Carlos IV y Fernando VII a abdicar en Bayona. Tampoco con imponerse en tierras españolas y subir al trono al hermano títere de Napoleón, José Bonaparte. Ahora, el cuñadísimo Murat quiere trasladar a los hijos de nuestro Rey, María Luis, Reina de Eturia y al infante Francisco de Paula hasta el agujero francés en el que han metido a su padre.

“¡Que nos lo llevan!”. Ese era el grito del gentío madrileño al mismo tiempo que se congregaban a primera hora ante el Palacio Real. Al ver que los soldados se llevaban al infante, los ciudadanos han comenzado un levantamiento popular espontáneo y han intentado asaltar la propiedad Real.

Murat, cuñado de Napoleón y noble militar al mando en Madrid, ha ordenado a la Guardia Imperial de palacio que luchara con artillería contra la muchedumbre exaltada. A los madrileños, indignados por la salida de los hijos del Rey, les ha unido el sentimiento de vengar a sus muertos, asesinados a manos de los franceses, y de deshacerse de los mamelucos y de los lanceros napoleónicos. El levantamiento pronto se ha extendido a todos los rincones de Madrid, protagonizando las luchas callejeras más sangrientas en la Puerta del Sol, en la Puerta de Toledo y en el Parque de Artillería de Monteleón. Sólo dos artilleros españoles del parque han desobedecido las órdenes del capitán general Javier Negrete y se han unido a la insurrección: los capitanes Luis Daoíz y Pedro Velarde.

Esta misma tarde, Murat ha proclamado una victoria inexistente ante una población débil, herida, muerta. Pero audaz. La jornada ha finalizado con el fusilamiento de inocentes madrileños en el Salón del Padro y en los campos de La Moncloa.

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