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Publicado en BEZ el 13 de Febrero de 2017

Aunque no lo pareciese, este pasado fin de semana han medido sus fuerzas tres partidos políticos sin celebrarse ninguna contienda electoral: PP, Podemos y PSOE. El PP, con su XVIII Congreso Nacional, donde Rajoy sale de nuevo reforzado, esta vez por partida doble. Podemos con su famoso Congreso llamado Vistalegre 2. Y PSOE, con el acto en Madrid de Susana Díaz, convocado por Abel Caballero, Alcalde de Vigo y Presidente de la Federación Española de Municipios. Lo de Susana Díaz no sorprende, actos visibles con la audiencia de la suma de las pequeñas partes, de ahí que ponga el acento en la municipalidad dejando abierta la puerta de su gran entrada a las primarias del partido. Lo de Podemos tampoco sorprende, pero refuerza el camino de la incertidumbre. Mientras, el PP celebra su ascenso en las encuestas al mismo tiempo que Mariano Rajoy se impone y se abre la vía de la oportunidad política al aumentar sus opciones con la victoria de Pablo Iglesias. Porque cuanto más débiles están las izquierdas, más fuerte estará la derecha.

La crisis de Podemos

Hace un mes aproximadamente, se celebraban asambleas de Podemos para ir recogiendo ideas. En Castilla – La Mancha, por ejemplo, se impulsó la iniciativa “Avanzar Juntos”, promovida por militantes y dirigentes de Podemos con cargos públicos. El objetivo era “elaborar nuevos documentos políticos y organizativos y conformar una candidatura para renovar los órganos regionales de dirección”. Esto ocurría al mismo tiempo que se acentuaba la crisis de liderazgo en Podemos a nivel nacional, sin rumbo claro en su secretaría general ni en la defensa de sus políticas.

Pero claro, para elaborar nuevos documentos políticos y organizativos primero hay que saber qué problemáticas tenían los anteriores documentos, y que las personas que compongan la asamblea tengan el claro convencimiento de qué es lo que se está elaborando. ¿Qué fallaban en estas asambleas? El orden de los bloques, la gestión de la recepción de la información de quienes participaban, el aumento del ruido, la demostración de la clara debilidad frente a los medios que tiene Podemos a nivel regional (ojo, porque el que salga Pablo Iglesias en los medios a nivel nacional, no es sinónimo de que refuerce al partido en cada territorio), la escucha de las problemáticas territoriales (agricultura, transporte, ámbito rural, empleabilidad), el deseo no atendido de unirse a Izquierda Unida más de lo que nos imaginamos… etc.

Todos estos elementos nos hacen sospechar de que la dispersión de Podemos entre el ámbito nacional y las regiones es escandalosa. Si ellos mismos están dispersos, despistarán más a sus bases (más de lo que ya lo están), generando más incertidumbre y, como consecuencia, más desconfianza. Y esa desconfianza sólo se traduce en un porcentaje mayor de indecisos. Indecisos que harían aún más débil a la izquierda. Pero, como diría un buen ingeniero, mejor no meter a Mie y su teoría de la dispersión en esto aunque podamos compararla.

¿Más débiles o menos fuertes?

Sus bases desubicadas, sus asambleas desorganizadas y sin un liderazgo claro. Lo único que mantenía unido a Podemos desde el principio era la ideología, entendida la palabra ideología tal y como Marx la definiese: “Tienen que ver con ella las opiniones políticas, la conciencia jurídica, la moral, la filosofía de la religión (…)”. Pero Podemos empieza a resquebrajarse en el momento en el que las opiniones varían, la conciencia jurídica se discutiese, y la moral optase por ser otra moral o, mejor dicho, se empezarse a ejercer con otro equipo y desde otro liderazgo.

Después de #Vistalegre2, a la espera de una unidad que se cuestiona, puesto que la imagen de Pablo Iglesias y Errejón nos demuestra desde ya todo lo que los separa. La victoria de Iglesias refuerza una izquierda que ha aumentado el poder de una derecha con todos sus errores. El principal reto que tienen por delante es ser la alternativa que, aún, la sociedad española no contempla posible. Para ser alternativa, primero, han de ser capaces de ser oposición sin desvariar. Podemos acierta, todavía, en su estrategia de comunicación política. Pero sigue débil en su estrategia política.

El error histórico de la izquierda no es la confrontación, es el enfrentamiento. Ahora es el turno del PSOE.

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Sin sorpresas, Mariano Rajoy se ha convertido de nuevo en el presidente de España. Su mayor éxito se ha basado en la estrategia del silencio y la resistencia: mientras el resto de partidos cometen errores, Mariano Rajoy evidencia un diálogo sin fundamento para evitar cometer más equivocaciones, y aguantar a pesar de la que le está cayendo a su propio partido. Nunca antes España había tenido un partido imputado con su líder gobernando. Nunca antes una abstención había supuesto una traición a tantos millones de votantes, a tantos años de historia, de valores y principios. Nunca antes unos líderes políticos se habían alejado tanto de las ideas. Aunque se supiera lo que iba a ocurrir en el Congreso español, escuchar una a una la “abstención” en boca de los diputados socialistas ha resultado más duro aún de lo esperado.

Nunca antes la palabra “abstención” había sonado tanto a traición. Una traición imposible de reparar, como irreparables fueron las decisiones de José Luis Rodríguez Zapatero y que costaron las elecciones de 2011. Los votantes socialistas nunca antes se habían sentido tan heridos. El reto del PSOE a partir de ahora es doble: recuperar una confianza imposible interna y social, y ejercer una oposición efectiva cuando su propio grupo está dividido. Pero cuando se pierde la atención social, ya poco se puede hacer. Si el PSOE comete más errores, puede convertir a Unidos Podemos en el verdadero partido de la alternativa. Por el bien del país, el reto de la oposición es desenmascarar a Mariano Rajoy, proyectarlo socialmente como el peor presidente de la historia de España.

A pesar de que se rompe el bloqueo institucional con la elección de Rajoy como presidente, empieza un periodo de bloqueada legislatura. Sin mayorías, con escasa voluntad del dialogo, sin intención alguna de corregir los errores legislativos del pasado, y advirtiendo que continuará con las políticas que les convienen a quienes más tienen pero no a la mayoría de la sociedad española, se proyecta un periodo catalogado por Pablo Iglesias como de epílogo. La política presupuestaria, los acuerdos y los propios límites que Mariano Rajoy se ha impuesto serán los desafíos de los próximos meses. Sin romper España y sin romper Europa, caminando hacia un futuro ilustrado por Mariano Rajoy con la sombra de un electorado socialista humillado se intentará trabajar en algo a lo que no están acostumbrados: el diálogo.

Las grandes perspectivas que Mariano Rajoy ha anunciado para el futuro de España no dibujan ninguna esperanza. Tener el apoyo de los diputados socialistas que han anunciado “abstención”, pero no tener su confianza, resulta ser un argumento político pobre y carente de esencia presente y futura. Sin comunicación política, no hay política. El único que ha iluminado algún sendero alternativo político ha sido Pedro Sánchez que, dejando su escaño, ha metido un gol político. Un gol político de cara a la sociedad, pero no un gol político, digamos orgánico, de cara a su partido, en parte por aquellos que desean un nuevo rumbo con liderazgos nuevos y con un cambio significativo.

Si la sociedad no entiende las decisiones políticas de hoy y del mañana, los políticos de nuestro país fracasarán, una vez más, o seguirán fracasando. Entender la realidad española y hacerse entender será la principal tarea de un epílogo anunciado. Ya no hay tiempo posible porque se sigue sumando un tiempo perdido. Y a los españoles ya no les queda tiempo ni paciencia.

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Pedro dimite, Susana pierde. Este podría ser el resumen de la intensa jornada que ha vivido el PSOE en las últimas horas. Pero la más clara conclusión es que Pedro Sánchez se ha convertido en un héroe. ¿Por qué? Por decir no a tiempo a Mariano Rajoy, por ser coherente con lo que anunció en ambas campañas y cumplirlo, y por invitar a la militancia a que votase en octubre quién querían que fuese el próximo Secretario o Secretaria General, principalmente. Las 17 dimisiones fraccionaban al PSOE y dejaban al descubierto la debilidad del discurso del que ha sido Secretario General, creando una crisis interna sin precedentes. Pero lo que ha quedado claro es que esas dimisiones significaban una lucha más por el poder personal que por los intereses de España o del propio partido.

La crisis del PSOE evidencia que desconoce el sentimiento de su votante tradicional. Su electorado no se identifica con el PSOE, y el PSOE está perdiendo la última conexión que aún lo podía mantener unido a su votante de siempre. Pierde un partido con una ejecutiva que ha estado durante los últimos años alejada de ese sentimiento de los votantes y de la demanda de sus militantes. Gana una ruptura que deja entrever las luchas por los intereses personales. No obstante, la mediocridad del proceso que se ha demostrado no simboliza lo que este partido histórico ha conseguido.

Durante el Comité Federal del PSOE se criticaba que a las puertas de Ferraz estaban personas afines de Podemos y a Izquierda unida. Pero buena parte de aquellos que conforman el grueso de Podemos no son otra cosa que socialistas descontentos con el rumbo de un partido que los ha defraudado. Y ni qué decir de cuando votantes de IU han cedido su voto al PSOE para conseguir verdaderos cambios en una España manchada por la crueldad de las medidas de la derecha.

Por otro lado, no es aceptable que los intereses de unos pocos hagan borrar las causas por las que se moviliza la mayoría de este partido. Ni la ejecutiva ni los barones van a levantar a este partido histórico de sus cenizas. Lo harán los principios y los valores de aquellos que siempre votaron las siglas PSOE, aquellos que siempre se identificaron con él.

Decir no a Rajoy tenía menos coste para unas terceras elecciones que abstenerse. Cuatro años de oposición por la abstención habrían matado no sólo a Pedro Sánchez sino a aquellos que lo apoyaron. Ni el electorado ni la militancia habrían aceptado más engaños ni más mentiras. El PSOE hubiese pendido de un hilo porque el grueso de quienes conforman sus votos lo hubiesen abandonado. No obstante, con esta rápida inmolación hacen a Pedro Sánchez un héroe por parecer estar del lado del grueso del sentir de unas siglas, por mantenerse firme y coherente. Lo han castigado por hacer lo que todo el mundo pide (o piensa esperar): que se haga lo que se proclama en campaña electoral. Probablemente Pedro Sánchez no haya destacado por ser resolutivo, es verdad que ha cometido errores y se ha negado frente a aquellos que lo apoyaron, pero se ha mantenido firme frente a las demandas de una sociedad que votaba, todavía, por confianza, porque todavía veían en el PSOE la única solución frente a la derecha del PP.

Editoriales de medios de comunicación han sido demasiado críticos con el PSOE actuando de asesores políticos más que de medios al servicio de una sociedad que demanda información. Han fallado en la información y en la interpretación, influyendo de una manera desastrosa. Algunos achacaban el fracaso electoral de Galicia y País Vasco a Pedro Sánchez como único culpable, olvidando que el PSOE tiene una crisis de liderazgo en sus territorios desde hace años por su inflexibilidad al presentar a líderes que representen a la ciudadanía a quienes les piden el voto, exceptuando al presidente asturiano, Javier Fernández, o al extremeño Guillermo Fernández Vara. ¿Díganme cuántos de los líderes territoriales socialistas son ejemplares? ¿Cuántos generan confianza? ¿Cuántos son ejemplo de coherencia y eficacia? ¿Cuántos están haciendo historia?

Susana parecer perder ante el poder que ella misma ha reclamado con estrategias pocos visibles y con indirectas apalabradas. Susana pierde, al menos de momento, y convierte a Pedro Sánchez en un héroe que, en sus palabras, tras comunicar su dimisión, daba las gracias a los socialistas de corazón, militantes o no, con una sonrisa.

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