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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (11 de febrero de 2013)

“Por la mañana, cuando veo cómo visten a mis niños”, ese es el momento preferido de la ministra Ana Mato. Raro concepto de una persona que representa a la mayoría de los españoles, porque la mayoría de los españoles, le podría decir a Ana Mato que, no es que no puedan ver vestir a sus niños, es que les preocupa llegar a fin de mes por si al mes siguiente no pueden vestirlos. Le damos las gracias al periodista gallego Manuel Jabois por recordarnos el sentimiento tan profundo de Mato.

Decía Lincoln que “no se puede engañar a todo el mundo todo el tiempo”. Oportuna cita en los tiempos que corren. No sólo hay rumores de presunta corrupción en el PP, sino que también la ministra Ana Mato se ve salpicada por las actividades de la Gürtel. Ella niega haber recibido 50.000 euros en viajes, productos Louis Vuitton, y disfrutado de las fiestas de los cumpleaños de sus hijos por valor de hasta 11.800 euros. A pesar de que la policía confirme viajes y obsequios que se han entregado a Ana Mato, ella niega haber tenido vinculación alguna. ¿No es un poco extraño que una mujer no se entere de las actividades de su marido mientras empresarios siguen abriendo interrogantes?

Hay políticos en su partido que defienden su integridad: como el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, Gallardón, Soraya Sáenz de Santamaría… Pero no todos en el Partido Popular están por la labor de defenderla. El presidente gallego, Nuñez Feijóo le pide “explicaciones contundentes” a la ministra para que defienda su honorabilidad. Y Esperanza Aguirre “aseguró también que ella habría destituido a la ministra de Sanidad, Ana Mato, a la que una unidad policial identifica con gastos y pagos de la trama Gürtel”.

Así las cosas, en la calle la gente pide que no se les engañe a todos todo el tiempo…

Si bien la feminización de la política es necesaria, parece que el de Ana Mato no es el mejor ejemplo. Hay mujeres a las que les cuesta mucho tener puestos de envergadura: pero cuando se llega a tener, hay que defenderlo. El talento de las mujeres en política se debe aprovechar, pero para mejorar la política, no para enriquecer bolsillos masculinos ni femeninos. Tenía razón Michelle Bachelet, ex presidenta de Chile: «Cuando una mujer entra a la política cambia la mujer, pero cuando muchas mujeres entran en la política, cambia la política”.

 

Foto: Ana Mato, por Juanjo Martín (Efe)

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MI sobrina María nació el pasado día tres de marzo. Una niña querida y esperada por todos. Y cuando la vimos aparecer esa madrugada estrenando este mundo con sus ojitos abiertos y curiosos, doy por hecho que nadie de la familia pensó: qué pena, es mujer y tendrá menos oportunidades. Tampoco lo pensamos cuando mi hermana nos reveló estando embarazada que la criatura que crecía dentro de ella era niña. No, no lo pensamos ahora y no pensamos entonces.

Porque ser mujer no es una pena, sino una oportunidad. Porque ser mujer es ser persona, y por tanto tener los mismos derechos y deberes. Porque ser mujer no es ser inferior, sino igual al resto. Ser mujer es una suerte también, porque poseemos habilidades y capacidades diferentes a los hombres. Y porque por nuestra naturaleza también tenemos la facultad de dar vida.

Ayer se celebró en Madrid, con motivo del Día Internacional de la Mujer, el seminario “A igual trabajo, igual salario”. Y todos los ponentes, al arrancar la jornada, perseguían el mismo objetivo: que ese día de la mujer desapareciese. Porque si desaparece habremos entendido la igualdad que supone ser mujer y hombre, y por tanto un éxito.

Entre las personas que arrancaron el acto, se encontraba la ministra de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad, Ana Mato. Quizás una mujer que dio un discurso hacia eso mismo, hacia la igualdad, aún formando parte de un Ejecutivo con el mínimo de mujeres.

En la primera mesa, moderada por Carmen del Riego, la primer mujer presidenta de la Asociación de la Prensa, se habló mucho de datos y de pocas estrategias, aunque Carla Mira Llobet presentó la propuesta de “Europa 2020”. Se habló de que sólo el 10% de los directivos de grandes empresas son mujeres; se habló de que los hombres ganan un 16,1% más que las mujeres; se habló de que la media europea de mujeres que forman parte de los gobiernos nacionales de la UE es sólo el 26% (Artículo recomendable: El liderazgo de las mujeres políticas: construyendo igualdad desde el poder); se habló de que sólo el 3% de los Premios Nobel de la Ciencia han sido concedidos a mujeres; y se habló de que la peor forma de la discriminación de las mujeres es la violencia contra ellas. Se habló, se habló y se habló… Pero, siendo mujeres, yo no quiero hablar más, quiero escuchar y proponer más: soluciones, ideas, esquemas, propuestas. Y quiero líderes capaces de decir: podemos, debemos y lo haremos.

La segunda parte del seminario, El poder de la mujer como estrategia, la presentó la periodista de RTVE, Pepa Bueno. Y al comienzo, comentó las palabras que Michelle Bachelet, la que fue presidenta de Chile hasta 2010, compartió con ella en una entrevista: “cuando una mujer entra en la política, cambia la mujer. Cuando muchas mujeres entran en la política, cambia la política”. La escritoria Elvira S. Muliterno, dijo que debíamos autoenamorarnos para creernos esa igualdad que reivindicamos. ¿Que qué queremos las mujeres?, pregunto Pepa Bueno, “pues sencillamente, la mitad de todo”. Algo que a día de hoy no tenemos. Ahora bien, cuando una PYME, en España busca a un trabajador, no se empecina en un hombre o en una mujer, se empecina en un contrato al menor coste. Y… ¿quiénes piden menos? Las mujeres. Por lo tanto, ¿nos creemos lo que valemos? “No lo sé, las cosas siempre se han hecho así”, respondía Teresa Arranz, experta en PNL. Pero ahora, las mujeres queremos que las cosas se hagan de otra manera y para eso hay que empezar siendo optimistas, “fuente de valor y actividad”, según Arranz. Nuria Chinchilla, catedrática del IESE, afirmaba que a las mujeres nos cuesta menos negociar cuando lo hacemos para otros, que cuando negociamos para conseguir algo para nosotras mismas. Cierto es que España pierde mucho talento, como continuaba Chincilla, por tanto… ¿no hay que hacer algo pronto frente a esta ceguera?

Cuando mi sobrina María tenga la edad suficiente como para defender sus derechos, espero que no lo haga sólo por desigualdades de género. Espero que lo que negocie lo haga con el mismo ímpetu que cuando negocie para terceros. Espero que la estrategia esté en su cabeza día y noche de manera positiva. Espero que el optimismo la empuje hacia el éxito esperado, que no es otra cosa que conseguir lo que un día soñó llegar a ser…

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