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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (29 de octubre de 2012)

El mundo que viene será con las mujeres o no será. Así es. Ese podría ser el resumen del título que tenemos ante nosotros: Tecnología y democracia: dos palabras con nombre de mujer. De repente se abre una ventana al mundo. Una ventana que nos da miedo abrir. Los cristales algo sucios se presentan ante nosotros dificultándonos la visibilidad. La pregunta que debemos hacernos es… ¿de verdad queremos abrirla?

Estos días se ha hablado en San Sebastián de un cóctel tremendo: mujer, tecnología y democracia para el cambio social. Algo indispensable en nuestros días. Pues no sólo se trata de una cuestión de género. Probablemente sí, probablemente ocurra que “el día que se vaya la última mujer del pueblo, el pueblo se cierre” como dice Jesús Casas Grande. Pero lo cierto es que la mitad de la población son mujeres. Personas inteligentes cuya sociedad no puede permitirse el lujo de perderlas. Y menos aún en pleno desarrollo tecnológico, innovador, donde el monólogo da paso a la conversación. Donde la acción da paso a la participación. La competitividad pasa por un todo. Pero por un todo igual. El presidente de Fundación Cultura de Paz, Federico Mayor Zaragoza, tiene razón cuando dice que la educación es ser libre y responsable. ¿Y si cambiamos la fuerza por la palabra? Sí. Ya. Vamos. Hagámoslo ahora. La cuestión es que la crisis no sólo pasa por una crisis de palabra. En la red pueden abundar las palabras. Y el ruido también. La crisis sigue siendo una crisis de escucha, apunta Zaragoza. Tenemos voz. Las mujeres tienen voz. Los estudiantes tienen voz. Y los jóvenes tienen voz. Entonces… ¿por qué se siguen sintiendo perdidos? Sencillamente porque no se les escucha. La intención no basta. Tampoco la intuición. Según afirma María Silvestre, directora de Emakunde, “no somos libres si no somos iguales”.

Y en este nuevo paradigma, nos encontramos ante un cambio social. La tecnología ha venido para quedarse. Innovamos para mejorar. Herramientas que facilitan nuestra vida personal y profesional, nuestra comunicación, pero que nos permiten soñar, participar,vigilar, “en-redarnos”. Nos permiten emprender y ser capaces de llevar nuestra voz allá donde queramos.  ¿Podemos cambiar el mundo? La respuesta es sí. Pero el camino no es fácil. Michelle Bachelet sabe que “no existe el verdadero cambio si la mujer no participa en él”.

El empoderamiento implica democracia. Y no hay democracia si no hay Red, con mayúsculas. María Teresa Fernández de la Vega, hoy presidenta de la Fundación Mujeres por África, cree que el 40% de las mujeres en las plantillas de empresas de telecomunicaciones no es suficiente, cree que el 18% que existe hoy de ingenieras informáticas no es suficiente. Asegura que hay que seguir luchando. Y luchando con un valor indispensable: la confianza. Esa confianza que tenemos, la que somos capaces de aportar y también la que producimos. Y nos da la receta: “leyes políticas, inversión, participación y poder de decision”. Repetimos: poder de decisión.

Antes habíamos sido súbditos, ahora empezamos a ser ciudadanos, según palabras de Mayor Zaragoza. Y por eso, como ciudadanos, hoy en día tenemos la oportunidad y la ventaja de contar qué está ocurriendo, la oportunidad de opinar, participar, movilizarnos, reivindicar, denunciar y/o apoyar iniciativas, incluso económicamente, como elcrowdfunding. Pero hacerlo para que las TICs sean una potencia, no una impotencia. Se podrían citar muchos ejemplos donde las herramientas online en combinación con iniciativas han tenido un gran protagonismo en la lucha por verdaderos cambios sociales. La historia de Jolly Okot, directora de Invisible Children, es desgarradora. Esta mujer, que sabe lo que es la violación en primera persona, lucha cada día por la educación de los niños en Uganda. Quizás no conozcamos a estos niños, ni siquiera el cruel maltrato que reciben. Son niños soldados, niños invisibles. Pero la historia de Kony dio la vuelta al mundo gracias a la tecnología… El caso de Mari Kuraishi es distinto, pero con determinación y creyendo en el “todos podemos conseguirlo”. Ella ha fundado Globalgivingfruto del “crowdfunding”. Ella asegura que “si hubiera sido racional nunca lo hubiera hecho”. Esta emprendedora social lo hizo posible gracias a lo que llama “optimismo irracional”.

Hay cientos, miles de mujeres ahí fuera trabajando por ese cambio. Creyendo que las tecnologías pueden disminuir las desigualdades sociales y de género. Mujeres que luchan también por la paz utilizando estas herramientas, como Carmen MagallónGloria Bonder oManuela Mesa. Y hay mujeres, activistas, periodistas… que saben que las redes sociales son una herramientas de comunicación, una ventana al mundo con cristales limpios, saben lo que supone tener un blog y su poder de difusión, como Paula GonzaloLali SandiumengeJudith TorreaManal Hassan o Tsering Woeser.

El mundo que viene será con las mujeres. Hablamos de un esfuerzo humano, hombres y mujeres luchando y compartiendo por un bien común. No podría ser de otra manera. Esa ventana al mundo hay que abrirla, querer abrirla. Y después salir. Empecemos a ser conscientes de que somos capaces de ver, observar y… escuchar. Puesto que la comunicación también nos pertenece, contemos. Qué curioso, la tecnología puede ser democracia, dos palabras con nombre de mujer…

 

Imagen de la marcha de Las Damas de Blanco en enero. / A. ERNESTO (EFE). Publicado en El País Internacional. Pista para la foto de Manuela Mesa.

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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (10 de septiembre de 2012)

“Gracias, muchísimas gracias…” y una sonrisa más que natural que le cuesta borrar antes de comenzar su discurso…

El sentimiento que Michelle Obama despierta entre el público no parece tener precio. Tampoco en Twitter, una cifra que supera por cuatro millones la registrada hace más de una semana, cuando Anne Romney tomó la palabra para hablar de su marido.

El discurso de Michelle Obama en la convención demócrata de Charlotte fue visto por 26,2 millones de personas. Rotundo éxito. Pero el éxito no pasa por ser vista únicamente. Sino por la emoción / expectación / sentimiento que causa en quien la escucha. Así es: en la escucha está el éxito. Sobre todo el éxito de la comunicación.

Esta esposa, madre y abogada de Princeton y Harvard no sólo intenta conseguir el voto femenino. Un voto más que importante en esta campaña electoral al suponer la mitad de la fuerza del país. No sólo acepta cualquier tipo de propuesta en las redes como Facebook,Twitter o Pinterest para que su marido se lance a la reelección. No. Michelle Obama brilla por sí sola porque posee atributos que la hacen líder. Michelle Obama es una estrella de la comunicación. Y es negra. Algo que en absoluto la debilita, sino que por su diferenciación, por ser la única que de momento ha llegado hasta aquí, la hace más fuerte.

Como diría el Doctor Mario Alonso Puig, posee los atributos necesario y tiene madera de líder. ¿Lo analizamos? Michelle Obama inspira a los demás, tiene don de oratoria y es natural. Con su palabra, se compromete. Posee esa fortaleza que ayuda a no desfallecer y la proyecta directamente en su marido. Gran magia la suya. Se siente motivada y es capaz de motivar. Convence con su comunicación no verbal. ¿O aún sigues creyendo que no? El ejemplo lo tienes en los rostros de quiénes la escuchaban en Charlotte. El ejemplo está también en seguir el hashtag #MichelleObama. Parece tener “la llave de la serenidad y el equilibrio”. ¿Se lo preguntamos a Obama? Demuestra actuar con responsabilidad y afronta el riesgo que supone ser primera dama con coraje.

¿Su trabajo se quedaría en ser primera dama? O… ¿Podría postularse como futura candidata? Dotes no le faltan, y electorado tampoco. Se consigue la tan ansiada identificación y conexión con ella en una campaña. Si se da el paso o no, no depende sólo de los demócratas. Depende de los tiempos, del contexto. Y depende también del desgaste que se pueda sufrir por las campañas excesivas de marketing donde vendan a un Obama con un poder desmesurado e irreal. La comunicación no hace magia. La comunicación soluciona problemas de comunicación. Pero si Michelle Obama fuese candidata y llegase a conquistar La Casa Blanca, hablaríamos de la primera mujer y afroamericana que lo consigue… Algo, sinceramente, rotundamente histórico.

 

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“Le cedería mi silla gustosamente, si no fuera porque estoy sentado en ella…” Groucho Marx.

ESTA cita salió de la voz de Mercè Pigem, diputada de CiU, el pasado 25 de abril, fecha en la que se celebró la Mesa Redonda Mujer y Política y cuya madrina fue la revista Yo Dona. A esta cita también acudieron la ministra de Fomento, Ana Pastor, Inmaculada Rodríguez-Piñero, secretaria de Economía de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE, Rosa Díez, líder de UpyD y Sandra Moneo, secretaria de Educación e Igualdad y diputada del PP.

Del hogar a la sociedad. Y de la sociedad a la política. Estas dos ideas las repito habitualmente en aquellos temas relacionados con el acceso de la mujer al ámbito político. Un terreno que no le pertenecía, que no le mostraban y del que la apartaban por carecer de voz y voto. Las mujeres mencionadas en el párrafo anterior han logrado sus puestos de trabajo por diferentes motivos. Y en cada protagonista, una historia.

En esta mesa redonda, unas cuantas ideas a destacar:

  • “No es tanto estar, como permanecer”: las mujeres llegan a cargos de responsabilidad política pero… ¿cuántas permanecen en comparación con los hombres? Las mujeres rotan más debilitando así su capacidad de decisión. (Inmaculada Rodríguez-Piñero, secretaria de Economía de la Comisión Ejecutiva Federal del PSOE)
  • Para un hombre, estar mucho tiempo en su cargo es un activo que refuerza. Si una mujer lo está, la percepción es de estar “caduca”.  (Mercè Pigem, diputada de CiU)
  • ¿Por qué rotamos? Porque entramos por captación, porque nos ponen los hombres. Y quién te pone, te quita. (Rosa Díez, líder de UpyD)
  • “A mí me decían: enfermera, ¿dónde está el médico?” Mujeres y políticas, pero con cualidades específicas: naturalidad, espontaneidad, lenguaje, humanismo… (Ana Pastor, ministra de Fomento)

Encontramos en esta mesa redonda, potente pero con falta de fuerza al final, a una ministra que sorprendió gratamente por su naturalidad, sus opiniones coherentes y sus respuestas cercanas, oportunas, y podríamos decir también divertidas. Sobre todo respuesta, porque a pesar de que se formularon tan sólo dos entre el público (una de un caballero que se refería la financiación de los partidos; y otra de esta que escribe en relación a este artículo basado en un análisis cualitativo a mujeres), Charo Izquierdo, moderadora y directora de Yo Dona, se disculpó ante tales y tamañas preguntas y dio la opción de no responder a las ponentes. La ministra sí respondió, a ambas. Prevaleció la agenda del evento así como la selección de algunas intervenciones en Twitter. Se olvidaron, quizás, por un momento, de que había público, y que hoy este público participa en política, es activo, lidera agendas de opinión y vota a estas mujeres para que lo representen. Se perdió la escucha… La participación del público no es una amenaza: enriquece la partipación y la comunicación. Como enriqueció la participación femenina a la política en otro siglo, en otra época, motivo por el que muchas mujeres son hoy POLÍTICAS.

Encontramos también, en esta mesa redonda, a mujeres que querían dar ejemplo y relataron su propio storytelling, su experiencia, cómo explicar a sus hijos las largas horas de trabajo, o cómo explicar a la sociedad que “una entra en la política porque hay que estar” (Rosa Díez).

Pocas veces podemos acceder a cargos políticos, verlos, escucharlos y preguntarles libremente. Este acto fue un ejemplo, aunque fuese escaso y con escasas oportunidades de participación. ¿Mujeres políticamente incorrectas? Ellas ya lideran, convierten su seguridad en su protección. Pero… ¿realmente son modelos para otras mujeres? ¿Realmente son accesibles? ¿Realmente son «humanas», cercanas? Este es el reto que tenemos por delante aquellas personas que trabajamos en este terreno y creamos -aunque sea de manera utópica- en la accesibilidad a la política y en el liderazgo femenino como cambio político y social. Rosa Díez no puede cometer más veces el error de mandarte a hablar con prensa (como si con ella no fuera la cosa) si la invitan a un Café 2.0 en el Congreso de los Diputados con compañeros de escaño para promover, justamente eso, la accesibilidad.

Para que sean mujeres y políticamente correctas se debe llevar a cabo algo tan importante como la ejemplaridad. Si no, surgirán comentarios como el que compartió conmigo una señora mayor al finalizar el acto: “Nada más llegar, he sabido que este no era mi sitio”.

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