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UNA corbata azul que destacaba en un traje azul oscuro. ¿Y la camisa? Blanca. Blanca como la de Kennedy. Blanca como la de Obama. Blanca como la última etapa de Zapatero. Blanca como la de Mariano Rajoy. Blanca. Ese color que tanto significa en política…

Y una pregunta de Maria Casado que arranca la entrevista esperada. La primera en televisión en ocho meses. Ocho. Porque al presidente de España se le olvida salir, se le olvida que fuera, en los alrededores de Moncloa, aún hay gente.

– Presidente, ¿España necesita un rescate?

Y el presidente que, mientras le preguntan, sonríe, no responde, se queda en blanco. Empieza a dudar cual alumno que es preguntado en clase y no encuentra las palabras adecuadas porque no se repasó la lección… Empieza con un “eehhh” que proyecta de todo menos confianza, menos credibilidad, y luego comienza a hablar en tú a tú con la periodista diciéndole que no sabe si ella ha pedido un crédito, pero los españoles sí normalmente para comprar una casa…

Volvemos a repetir la pregunta, que fue clara, directa y contundente: Presidente, ¿España necesita un rescate?

Después todo fueron datos y datos, cifras que añadía a sus respuestas esperando clarificar alguna cosa o queriendo dar la noticia que no existía. “Le voy a dar un dato…” decía una y otra vez independientemente de qué periodista le preguntaba… También puso ejemplos, como no, al clarificar la situación de déficit: “si usted gana 1000 euros, y se gasta 1500…” El problema es que, a duras penas, la gente gana ya 1000 euros, señor presidente. Algo que, quizás, todavía ignora. Y, sin mencionar a Zapatero, Rajoy hizo alusiones al pasado para justificar una situación que, según él, es irremediable.

Y esta situación, ¿máquina de despidos en vez de creación de empleo? No. Según el presidente, aunque a la periodista que preguntó no le gustase, él dice estar convencido de que esta reforma laboral va a generar empleo. La misma reforma que le costó una huelga general.

¿Por qué no decir rescate señor presidente? Porque según Rajoy reducir el déficit es más importante que el rescate. Pero aún lo es más no confundir los términos.

“Sería un suicidio no hacer reformas”. Así es, un suicidio. Pero… ¿no es peor hacer reformas que llevan a la gente al suicidio?

 “No voy a plantear ninguna cuestión de confianza…”, soltó en otro de sus contextos dubitativos. Pero… señor presidente: se olvida de que la gente necesita confianza, ante todo confianza, para salir de esta crisis. Para creer que se puede…

“Hablo con el señor Rubalcaba”. Y Rubalcaba dicen no tener su móvil. Entonces hablarán… Pero, ¿se comunican? Y algo más importante, ¿se escuchan?

¿Usted se manifestaría contra un Gobierno que subiera los impuestos como usted? “Yo no lo haría”, respondió. Y terminó.

¿Necesita el presidente un rescate?

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Y un día te despiertas por la mañana y sencillamente lo escuchas. Escuchas esa noticia que te deja impactada. ¿Será broma? Pero si hoy no es el día de los inocentes… Y no, no lo era… Había ocurrido. Osama Bin Laden estaba muerto. Y a día de hoy, 2 de mayo de 2011, esa noticia sonaba surrealista en los medios de comunicación y más aún a las siete y pico de la mañana… Parecía surrealista incluso en todas las conversaciones de las redes sociales a lo largo del día donde cientos y cientos de personas no hablaban de otra cosa. ¿Y por qué muerto? Y de tanto repetirla, se queda en los oídos de una. Y supongo que en la mente y en el corazón de otros muchos también, como repetía ese mexicano “adoptado” en TVE 24 horas.Por fin ha ocurrido. Pero muerto el perro, en este caso, no se acaba la rabia…

El discurso de Obama

¿En qué pensaba Obama mientras se dirigía hacia su atril? Supongo que en muchas cosas, o puede que estuviese sereno. O puede que en ninguna porque sabía qué es lo que iba a decir y cómo lo iba a decir. En estos casos, el cómo decirlo tiene una función fundamental, por no decir la más importante… Hay política en ese discurso, sí, pero apenas se aprecia. En ese discurso, un relato y un relato con emoción y con sentimiento para implicar a todas las personas que se pudiesen identificar con aquello que estaba contando… Y no contaba otra cosa que una parte de la historia de los Estados Unidos, una parte de la historia del mundo entero… Como bien él ha dicho: Esa es la historia de nuestra historia, ya sea la búsqueda de la prosperidad de nuestro pueblo o la lucha por la igualdad para todos nuestros ciudadanos, nuestro compromiso de defender nuestros valores en el extranjero y nuestros sacrificios para hacer del mundo un lugar más seguro.

Discurso en castellano de Barack Obama (gracias a la versión subtitulada de El País)

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ESTA mañana, Carles Francino mencionaba, en la cadena SER, el último discurso de Obama como de filosófico más que político. Quizás la intervención en Libia sea una intervención política, sea una intervención dura y arriesgada, ardua y posiblemente en muchos sentidos incomprensible. Pero lo cierto es que ese país está viviendo una situación insostenible donde un líder no se baja de su pedestal. Y no se baja porque se siente seguro: tiene el tesoro que todos quieren. Sin embargo, en muchas ocasiones es mejor escoger la estrategia oportuna a escoger la estrategia de siempre. Es mejor dar discursos de valores, discursos filosóficos más que políticos y cargados de ideas que no llevan a ningún sitio.

Libia no es vital para Estados Unidos, como no es vital para muchos otros países. Pero Estados Unidos tiene y siente la necesidad de intervenir no sólo por cuestiones políticas. El gigante americano no ve necesario la intervención cada vez que a un país le vaya mal, pero sí lo ve pertinente siempre y cuando el rumbo de las cosas puedan cambiar significativamente. ¿Qué hay detrás de estas palabras? Puede que muchos intereses no sólo con Libia. Pero en vez de rebuscar en el infinito de las interpretaciones, lo cierto es que ese discurso filosófico coherente y realista responde no a la estrategia de siempre, sino a la oportuna.

El periodista Jon Sistiaga decía, en su libro “Ninguna guerra se parece a otra”, que la guerra de Irak fue, posiblemente, la guerra mejor contada. Una guerra que costó miles de vidas. Pero Obama descarta de nuevo una estrategia así. El liderazgo norteamericano tiene sus límites: “El liderazgo norteamericano no es cuestión de ir solos y asumir todos los riesgos. El verdadero liderazgo es crear las condiciones y las coaliciones que permitan que otros den también un paso adelante”.

Y a este respecto, quien mejor podría hablar de la filosofía para la política es Antoni Gutiérrez-Rubí en su libro “Filopolítica”.

 

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