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LA candidata alemana por los Verdes a presidir la Comisión Europea ofrece un nuevo liderazgo joven y fresco a una Europa que necesita identificarse con sus ciudadanos. Ska Keller destacó en el debate que se celebró el pasado 15 de mayo no sólo por ser la única mujer entre los cinco candidatos, sino también por su comunicación. Sonrisa, ávida de interpelaciones y argumentos que no pasan por los que defendía su rival Guy VerhofstadtControla su comunicación verbal… y la no verbal. Discursos y mensajes que reitera adaptándolo sea cual sea el sector por el que se le pregunte. Utiliza sus manos reiteradas veces haciendo que su mano izquierda sea la que resalte la contundencia en aquello que comunica. Ella dice, su mano izquierda subraya lo que dice. Su sencillez al vestir y al maquillarse también aporta la información necesaria que se lee bajo la personalidad que proyecta. Y… además, Ska Keller no terminó ese debate con sus compañeros cuando mostraron el cartel a favor de #BringBackOurGirls. Ella lo continuó de una manera especial en los pasillos, justo a la entrada del hemiciclo. Los canutazos de los periodistas hacia los candidatos fueron inevitables. Pero Keller estuvo más tiempo. Le dedicó más tiempo. Y acompañada siempre de los suyos que mostraban carteles de su campaña a sus espaldas de tal manera que el tiro de cámara no sólo la grabase a ella y su respuesta, sino los mensajes pilares de su campaña electoral. Esa imagen sostenida en el tiempo tras el debate también marca la diferencia con el resto de sus rivales. Y esa imagen… también es política.

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Desde Bruselas, os comparto el artículo para El País tras el debate que se celebró en el Parlamento Europeo entre los candidatos a la presidencia de la Comisión en Europa. Preciosa experiencia, preciosa noche.

Publicado en El País, blog Mujeres, el 16 de mayo de 2014

Una candidata entre candidatos

¿250 millones de mujeres en la Unión Europea y ni una sola de ellas vale lo bastante?

Soledad Gallego-Díaz

La Plaza de Luxemburgo en Bruselas se empieza a llenar de gente que quiere compartir unas cañas entre amigos y compañeros. El jueves es el día. Mientras, algunas personas sin recurso alguno dormitan a los pies del Parlamento Europeo. Y dentro, un debate entre los candidatos a presidir la Comisión. 15 de mayo. El reloj marca las 20 horas y 49 minutos. En ese preciso instante, Alexis Tsipras (candidato de la izquierda europea), Ska Keller (candidata de Los Verdes), Martin Schulz (candidato por el PSE), Jean-Claude Juncker (candidato por el PPE) y Guy Verhofstadt (candidato liberal) entran al hemiciclo convertido en todo un programa televisivo. Su tiempo es de un minuto y un atril iluminado para cada intervención.

Cinco candidatos… y una sola mujer. Alemana y verdeSka Keller nació en Brandemburgo en 1981 y a pesar de su juventud y de los que la acompañaban ha sabido tomar las riendas de un debate de diferencias ideológicas, más que de diferencias argumentativas. Personas del entorno parlamentario dicen de ella que es una mujer fuerte, de gran actitud y seguridad, pero con poca experiencia. Y si es esta su debilidad, al menos no la ha sacado a pasear en el debate. Si algo sabe hacer bien Keller es tomar las riendas de su propia comunicación.

Ha pedido hasta 3 veces el comodín que te permite tomar la palabra por otros 30 segundos más y lo ha hecho para interpelar al liberal Verhofstadt (con quien ha mostrado tener más diferencias) y a Juncker. Con botas planas y negras, falda negra, camiseta negra y americana verde ha anunciado que la decisión sobre Europa la tienen los ciudadanos, pero sabiendo que ella lucha por recuperar el “sueño europeo”.

Y al escuchar “sueño europeo” nos viene a la mente el concepto inevitable del sueño americano estadounidense y toda la maquinaria de comunicación estratégica tras la imagen del presidente Obama bajo el lema “Yes we can”. Incluso nos viene a la mente la replicada idea en Ecuador con ese “sueño ecuatoriano”. Ahora ya conocemos el sueño europeo. Keller lucha contra el cambio climático, lucha por la solidaridad y la democracia. Pero ahora son los ciudadanos quienes tienen la palabra, dice. Controla la fuerza de sus mensajes, y su seguridad. Comunica con sus manos cuando habla de sueños, de salud, de educación, de empleo… cuando habla de migraciones legales tras el velo del Nobel de la Paz. Y comunica con el tono de su voz cuando no está de acuerdo con Guy Verhofstadt.

Keller es de las que piensan que la banca debe recaudar más dinero para salvarse a sí misma. De las que creen que le sobra poder a los lobbies y que necesitamos de nuevas energías que bajen nuestro nivel de dependencia energética. Es de las que piensan que son los propios ciudadanos los que tienen la palabra para decidir sobre el futuro de sus regiones. De hecho, acogería a Cataluña en la UE en el caso de que llegara a independizarse.

¿Qué le diría a los ciudadanos desilusionados? Le ha preguntado la moderadora del debate Monica Maggioni. No les diría nada, “primero los escucharía” y después les animaría a “cojan ustedes esta Europa y háganla mejor”.

Sin embargo, mientras terminaba el debate europeo, otro empezaba en España. El de Miguel Arias Cañete (candidato del PP) y Elena Valenciano (candidata del PSOE). Europa no se olvidó de España. Pero este debate tuvo tintas nacionales olvidándose de Europa. Y no sólo eso. Cañete se ha olvidado de la mujeres y de conectar con ellas.

Esta mañana despertamos con un comentario del popular que no ha pasado desapercibido: “El debate entre un hombre y una mujer es muy complicado, porque si haces un abuso de superioridad intelectual parece que eres un machista que está acorralado a una mujer indefensa”. Valenciano no ha tardado en responder a través de Twitter: “¿Entonces? ¿Qué hacemos? ¿Fuera mujeres del debate?” La justificación posterior a un debate es perder el tiempo para dárselo al rival. Y más cuando se trata de justificaciones de este tipo.

Elena Valenciano es mujer y habló de la igualdad de las mujeres, recordó las 28 mujeres víctimas mortales de la violencia de género de este año, su condición de madre y de la libertad de las mujeres en la decisión sobre su embarazo. Un tema, el aborto, que también fue mencionado en Europa.

¿250 millones de mujeres en la Unión Europea y ni una sola de ellas vale lo bastante?, se preguntó un día Soledad Gallego-Díaz. Hoy, el 35% de los políticos en el Parlamento Europeo son mujeres. ¿Llegar a tener una representatividad femenina de la sociedad europea también es un sueño? Keller ya ha sabido poner voz a otro liderazgo en Europa que no pasa por Angela Merkel. Pasa por nuevas formas, otros discursos. Políticas para otra política. “Querían caras en la UE y aquí estamos”. Veremos si su actuación en el debate electoral de los candidatos a presidir la Comisión Europea ha sido suficiente.

De momento, sus adversarios se han puesto de acuerdo para dejarle unos segundos finales a Keller. Segundos dedicados a coger un cartel en blanco y anunciar que todos estaban de acuerdo con: #BringBackOurGirls.

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Publicado en Sesión De Control (9 de mayo de 2014)

Arranca una campaña electoral cuyo destino marcado es Europa. Una campaña donde la pregunta que cabría hacerse en ella es… ¿Y tenemos líderes para afrontarla?

El liderazgo político actual está teñido de luces y sombras. Y, si empezamos por las sombras, habría que decir que la comunicación ha empezado a caer en los ciudadanos como tormenta profunda, pero sin lluvia que rozarnos apenas. Mientras el ejercicio de la comunicación es ejecutado por gabinetes de prensa, medios de comunicación y comunicación directa en las redes sociales, los ciudadanos nos refugiamos al abrigo de nuestras manos, de nuestros paraguas o de lo que tengamos por delante, agazapados, intentando que, de ninguna manera, aquello que nos cuentan pueda entrar en nuestras cabezas. Sencillamente porque… no creemos ya, no confiamos ya y, sobre todo, porque hemos perdido prácticamente todo el interés. Esa desafección política alimentada por la mala praxis ha hecho que esa comunicación que llueve no logre calar en nosotros.

A medida que la Unión Europea crece y, por tanto, aumenta el número de votantes, decrece la participación ciudadana. ¿Contradictorio? No. Tal y como presenta este informe de Access Info, después de las elecciones de 2009, el 28% de los ciudadanos no tenía confianza en la política, el 17% tenía la certeza de que su voto no cambiaría nada y otro 17% estaba desinteresado por los temas políticos. En la misma encuesta a la que hace alusión Access Info, aparece la respuesta de aquellos que no habían votado en las últimas elecciones europeas: el 55,32% dijeron no tener confianza en los partidos políticos. Todos estos datos que a priori nos parecen familiares, se traducen en una tendencia a la baja de la participación ciudadana en las elecciones europeas. En las elecciones generales hubo una participación del 69% mientras que la participación españoles en las elecciones europeas fue del 45% (mapa de la evolución).

De sombras…

Europa tiene el gran reto de comunicarse a sí misma. Algo también compartido por Jaume Duch el pasado diciembre en el Seminario Internacional de Comunicación Política. Pero además añadió que había un gran desconocimiento de los actores y de quiénes tomaban las decisiones en Europa y mencionó la gran crisis actual política, económica y… de ideas. La complejidad de la Unión Europea no pasa desapercibida para el electorado y la lejanía geográfica, la diversidad de lenguas y la escasa aceptación nacional de cada Estado no nos une más, no separa… cada vez más. Frente a todo eso, el reto es claro: la Unión Europea tiene que entenderse para hacerse entender. Es esta la única manera de que la ciudadanía participe. Porque sobre algo que no se entiende, tampoco se puede participar.

La eterna sombra de la desafección política continúa siendo una silla vacía carente de líderes. Y líderes que no sólo lideren, sino que también conecten. Se ha perdido la confianza en ellos. No es baladí que por ello, algunos “líderes” europeos empiecen a perder su popularidad. Se ha perdido la credibilidad traducido en impuestos que suben y programas que no se cumplen. Y dudamos de que nuestros políticos sean honestos. El que la Comisión Europea señale a España como uno de los países más corruptos resulta ser la guinda del pastel.

La “altura” de un político no se mide por la longitud de su sombra. A día de hoy percibimos que nuestros políticos y nuestros líderes viven en el final de la longitud de su sombra. Y cuánto más se aleja el foco, más larga es la sombra que proyectan: viven ajenos a la realidad, sin escuchar lo que sucede a su entorno, ni a su equipo –se creen más listos, “más guapos”, y “más altos”-, gestionan políticas que nos dividen, no nos acercan más… Pero un político no es más –su larga sombra- por no escuchar o por no atender a lo que realmente está ocurriendo a pie de calle. El líder debe retirar todo foco posible que proyecte aquello que no es la realidad. Debe retirarlo para eso mismo, para ser testigo de la realidad, saber leerla, saber verla, saber interpretarla y para saber escuchar porque… “no hay nadie tan fuerte que pueda hacerlo sólo, ni nadie tan débil que no pueda ayudar”.

Los nuevos liderazgos deben conocer a qué sociedad se enfrentan, saber que está cambiando y –y qué está cambiando- que está evolucionando y… sobre todo, deben conectar con ella. Mientras la Unión Europea sea un enano maniatado por los Gobiernos, no habrá líderes capaces de entender que tienen que enfrentarse a dos retos: conquistar el voto huérfano –aquellos electores que no se sienten representados ni por los que los gobiernan, ni por aquellos que siempre votaron-, y conquistar también el voto perezoso –el electorado crítico, destructivo más que constructivo e inmóvil-.

Y luces…

El escenario se empezará a iluminar siempre que la lluvia de la comunicación empape a quién está debajo, siempre que dejemos que nos calen los mensajes, las palabras, los argumentos y los discursos –y en tanto en cuento nos encontremos en ellos-. Europa necesita liderazgo. Y hay que liderar… más allá de las emociones. Porque no sólo se trata de emocionar, se trata de estimular sentimientos y pasiones, de provocar entusiasmo y alegría y de producir tal impaciencia que nos impulse a escuchar, a participar, a influir, a votar… Se trata pues de que… nos EXCITEN. La ciudadanía no cree ya en la ilusión, ni en la esperanza. Necesita algo más. Necesitamos vibrar y que nos hagan vibrar. Y ese algo más se traduce en excitación entendida tal y como la RAE las describe en sus tres primeras acepciones.

Frente a las sombras de la política, la ciudadanía necesita ejemplo, ejemplaridad, necesita que les expliquen, que les auxilien y que sean precisos y exhaustivos con ellos. Necesitan convencimiento, y creer que sus líderes son capaces de afrontar los retos. Necesitamos líderes que nos inspiren, que nos ilusionen que nos escuchen – de verdad-. Necesitamos líderes que trabajen, pero no sólo trabajadores sino que también compartan con nosotros lo que hacen, lo que han hecho en su día a día parlamentario, necesitamos que comuniquen su trabajo. Necesitamos autoridad, representación –seria-, líderes que nos respeten y que nosotros respetemos, líderes con reputación y con un relato, una historia que compartir. Necesitamos que nos exciten. Queremos que los líderes del mañana exciten.

¿Excitó en su momento la seguridad de Merkel a su electorado? ¿Sus propuestas? ¿Sus decisiones? ¿Excitó Anne Hidalgo con una historia, su discurso, su relato? ¿Ha excitado Manuel Valls a esa parte de la ciudadanía carente de sensación con Hollande? ¿Excitó la ministra danesa al defenderse de su “polémico Selfie”? ¿Tomó el control? ¿Ha excitado Renzi con su revolución a golpe de Tweet? ¿Excitó el Alcalde de Lisboa, António Costa, al mudarse al barrio pobre? ¿Excitó Moreira cuando llegó a la Alcaldía de Oporto explorando esa “otra política”?

El liderazgo va ligado a la emoción y… a la excitación –hoy más que nunca-. Según Ignacio Morgado, catedrático de Psicología en el Instituto de neurociencia de la universidad Autónoma de Barcelona, las emociones y la memoria están muy relacionadas. Y cuando fallan las emociones, no sólo falla nuestro sistema emocional, también falla nuestro razonamiento. Pero, ojo, lo relevante es… todo aquello que nos emociona. Y… ¿por qué? Porque aquello que nos emociona permanece en nuestro recuerdo. Y, lo que recordamos, nos influye.

Es cierto. A la política le hace piel, sentimiento y humanismo. Y el sentimiento se alimenta de coherencia, compromiso y honestidad. El “y tú más” debe pasar a la historia de la comunicación política. La ciudadanía necesita más… Argumento, discurso y debate de altura. Excitación. Porque lo que se buscan son líderes que emocionen para emocionar, que sientan para hacer sentir, que crean para hacernos creer, que pisen con los pies descalzos donde otros dijeron que caminaron, que piensen para hacernos pensar, que sueñen para hacernos soñar, que participen para hacernos partícipes, que estén preparados para prepararnos y que lloren con nosotros para comprender por qué lloramos. Y también se necesitan mujeres, políticas… para otra política. Porque tal y como decía Soledad Gallego Díaz, hay “250 millones de mujeres en la UE, ¿ninguna es lo bastante buena?”. ¿Está la sociedad europea verdaderamente representada con poco más del 30% de mujeres en el Parlamento Europeo?

El nuevo liderazgo en Europa tiene el gran reto de “excitar” para llenar un banco de personas, hoy vacío, mientras llueve…

 

NOTA

Este artículo nace de una profunda reflexión a partir de la conferencia que ofrecí el 21 de abril de 2014 en el marco del  I Curso Superior de estrategias de comunicación para equipos políticos de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid.

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