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Publicado en BEZ el 08 de Noviembre de 2016. Noche electoral, desde Washington DC

Se acabó. Desde los primeros minutos, las dudas estaban en el pensamiento de todos. Donald Trump consigue los 270 votos electorales que le hacían falta para ser presidente. Este resultado sorprende porque no se esperaba y, aunque algunos sabios lo vieron venir, no se podía corresponder con la realidad. Hasta que se pisaba la calle. Parte del resultado se puede comprender si se analiza de manera subsegmentada el electorado americano. Por un lado, el voto de las mujeres, los millennials y los latinos determinaban la victoria de Hillary Clinton. También la suma de los votos republicanos que optaron por los demócratas al no estar de acuerdo con Donald Trump como candidato. Sin embargo, el voto “fuga” puede haber sido clave en la victoria de Trump. Muchos deseaban un cambio que no estaba identificado con Hillary Clinton, por eso han votado a Trump aunque no estén de acuerdo con él. Este electorado, representado en buena parte por los afroamericanos, podría haber votado a Bernie Sanders de haber sido él el candidato. Otros, han optado por votar a los republicanos porque pensaban que Hillary ganaría de largo. Pero si un alto porcentaje del electorado pensara esto, Trump conseguiría la victoria, como así ha sido. Ser latino, por otro lado, no era sinónimo de votar a Hillary, y esto no ha sabido entenderse. Aquellos que no han votado a Hillary han optado por no hacerlo, no porque estuviesen de acuerdo con los republicanos, sino porque no estaban de acuerdo con la Administración Clinton en el pasado. Y, por último, el voto oculto ha sido determinante en el resultado. Parecía que no se podrían encontrar republicanos porque pocos decían lo que iban a votar, y al final han sido más de los que se ha sido capaz de localizar.

La campaña de Donald Trump se ha basado en la descalificación para el llamamiento de la atención mediática, y con ello la influencia en la opinión pública. Gana una persona deshonesta que expulsa de su pensamiento a su propio electorado. Su voto duro está en aquellos que son racistas, sexistas y fanáticos, y por tanto se viene un tiempo determinante en el futuro inmediato. Su deshonestidad como profesional marcará el tipo de futuro que desea para Estados Unidos, nos guste o no.

Siempre se recordará la campaña de Obama en 2008, sus apariciones sensacionales, sus mensajes, su presencia. La campaña del 2012 fue una continuidad con menos impulso. De la campaña de 2016 se recordarán los ataques frontales, las descalificaciones y los insultos. Ha sido demasiado técnica, demasiado frontal, demasiado en demasía. A Hillary Clinton le ha sobrado experiencia y le ha faltado emoción, aunque no le han faltado voluntarios que creyesen en ella y en sus propuestas. Las emociones sólo se han descubiero en un final a destiempo, pero sin la palabra mágica para movilizar al electorado necesario con la pasión que hacer mover al mundo.

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Publicado en BEZ el 08 de Noviembre de 2016

Muchos de los hispanos registrados para poder ejercer su derecho al voto, votaron antes de la elección. Esta información podría predecir un adelanto de lo ocurriría en las urnas, sobre todo sabiendo de antemano que ya apenas se le puede calificar de minoría cuando resulta ser el grupo electoral nominado como el gigante dormido. El futuro de las personas hispanas que viven en Estados Unidos está en juego y aun sabiendo de antemano lo que está en juego, no todos opinan lo mismo y no todos tenían su candidato claro. Las políticas de inmigración y el comercio son las causas directas con impacto en los países de América Latina, pero la motivación del voto de los hispanos no necesariamente estaba relacionado con el impacto en sus países de origen -sobre todo porque los que han llegado hasta EEUU no quieren marcharse-, sino con sus vidas en el interior del país: situación de migración, economía, salud…

Desacuerdo con Trump

En Virginia, por ejemplo, y uno de los Estados clave, siete de cada diez casas hispanas las habitan personas de El Salvador. El resto se podrían repartir entre México, Honduras y Puerto Rico. En estas elecciones, 27,3 millones de latinos, tenían la oportunidad de votar. Las mujeres son las que más han opinado a lo largo de los últimos días, haciendo un llamamiento al voto al estar en desacuerdo con el candidato republicano. Están en pleno desacuerdo por sus descalificaciones a las mujeres primero, y por sus propuestas en política de inmigración después. El voto hispano femenino en Estados Unidos era decisivo. Muchos hispanos no han podido votar en Estados Unidos aunque vivan en el país, por no tener la residencia o por no ser ciudadanos, pero no por eso han dejado de movilizar al voto hispano que sí podía hacerlo.

Los hispanos que se sorprendían de que otros hispanos votasen a Hillary, lo hacían por estar en desacuerdo con la administración Clinton, a pesar de que su futuro estuviese en juego. Por lo tanto, ser hispano no significaba necesariamente apoyar a la candidata demócrata. Mucha de la fuga de voto hispano al partido republicano ha tenido su origen en la experiencia de Hillary Clinton, en la incoherencia de su pasado con las propuestas del presente y en el desacuerdo de estos votantes con el Gobierno de su esposo, Bill Clinton. Pero no necesariamente estaban a favor de los republicanos y mucho menos a favor del candidato Donald Trump.

América Latina, en la incertidumbre

Inmigración. Los países gobernados por la llamada en Latinoamérica “la socialdemocracia del siglo XXI” tienen sus relaciones inciertas tras las elecciones en Estados Unidos, como Venezuela. Las relaciones podrían verse afectadas por varios motivos, siendo el principal los hispanos indocumentados que viven en el país. Aunque México es el país que ha estado en el ojo de mira desde que Trump decidió correr por la presidencia, lo cierto es que el muro es un elemento más de distracción mientras el narcotráfico ocupa una de las principales preocupaciones.

Comercio. El siguiente punto directo es el comercio. Uno de lo temas encima de la mesa es el TPP por sus siglas en inglés (Acuerdo Transpacífico de Cooperación Económica), acuerdo que se firmó en Nueva Zelanda en febrero de 2016 y que busca rebajar las barreras comerciales. Mientras Hillary Clinton lo apoya, Donald Trump, no. En Perú, se manifiestan contra el acuerdo antes de ser debatido en el Parlamento porque opinan que sólo beneficiará a las grandes empresas. México, Colombia, Argentina o Chile, también están en desacuerdo. Convencer no va a ser fácil en políticas de libre comercio. Y las negociaciones podrían alargarse más tiempo obteniendo como consecuencia un resentimiento en las relaciones con estos países, aunque existan voces que crean conveniente el acuerdo por suponer una oportunidad de impulso económico debido a la especial situación de algunos países de Latinoamérica.

La postura de Barack Obama en la felicitación de Panamá por su 113 Aniversario es breve, clara y directa, subrayando la dirección en la que Estados Unidos desea seguir.

Economía. El issue económico es proporcionalmente directo en relación a los hispanos que viven en el país e indirecto en relación a sus países de origen. Mientras les vaya bien a ellos en Estados Unidos, les podría ir bien a sus familias, que viven en Latinoamérica. Medidas como la elevación del salario mínimo o el aumento de los impuestos a las familias más ricas del país, les podrían beneficiar, así como el hecho de que sus ganancias puedan mantenerlas en sus países de origen. A partir de aquí, la preocupación de los hispanos en Estados Unidos va a estar más relacionadas con las oportunidades dentro del país y la mejora proporcional de su futuro y su calidad de vida, soportada en las políticas de educación y salud.

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Publicado en La Política Online (Argentina), el 07 de Noviembre de 2016, junto a Isidro Braillard Poccard 

“De esta cuadra sólo nos interesan las casas 605, 635 y 670, no llamen al resto, que son rojos”, subraya Emily, organizadora territorial del distrito Woodbridge del Estado de Virginia del Norte:

-¿Son rojos?

-Sí, allí no se llama.- Escuchaba a Emily dar la orden.

Y los voluntarios demócratas continúan con el llamado “puerta a puerta”, casa por casa, persona por persona que aparece en las listas de las bases de datos del partido demócrata. Mientras, los republicanos parecen no aparecer… Detrás de cada hogar, una historia. Detrás de cada historia, un motivo por el que haber votado o por el irán a votar. Y detrás de cada voto, una ilusión por descifrar bajo el futuro incierto que se dibuja.

De lo mágico, a lo que funciona

En la jerga futbolística, una máxima de los directores técnicos en los desafíos del futuro son las combinaciones que tuvieron éxito en el pasado. Esto puede parecer una obviedad, pero la campaña ha entrado en sus horas finales y las tácticas más efectivas resultan ser las que aseguran el voto demócrata y todo lo que éstos puedan movilizar a su vez en el indeciso. Lo que se planificó se intensifica, lo que no, no se inventa a última hora. Los demócratas no esperan la jugada magistral de algún gurú iluminado, ni inventar la pólvora: son prácticos y organizados, planifican y ejecutan.

En un país donde la participación no es obligatoria, con dos candidatos que no seducen, no es descabellado que toda la estrategia gire en torno a movilizar a los propios, sobre todo al final de la campaña electoral. En tiempos de infoxicación, tener un mensaje y un canal ya no es el desafío de una campaña, si no la clara diferenciación. ¿Por qué? Porque en un escenario tan polarizado, la diferenciación es el gran reto para los candidatos de la Casa Blanca. Y este es un problema para los otros siete candidatos, que los hay aunque no lo crean: el martes se presentarán las diez fórmulas y la boleta será como la de la foto.

Movilización tecnológica al servicio del face to face

La campaña 2016 se vive mucho más humanamente de lo que se esperaba, aunque las apariencias engañen. Tras una elección del 2008 donde Obama utilizó las redes sociales como herramienta electoral y que en 2012 resultaron definitivas, donde el big data demostró ser la clave del conocimiento exhaustivo para poder dirigirse al electorado exacto de la manera efectiva, volvemos al puerta a puerta, a las llamadas telefónicas y a los mensajes de texto cuyo resultado es la movilización del electorado clave y, como consecuencia, es la tan ansiada victoria. Pero el face to face no sería efectivo sin la tecnología, sin saber a quiénes hay que llamar, convencer y movilizar.

La campaña está enfocado a la credibilidad desde el convencimiento ¿Cómo? Entendiendo que los políticos ya están muy desprestigiados y que el desafío será que la gente convenza a la gente. Saber que Michelle Blanco, nacida en El Salvador, ya ha votado y que ella misma ha animado el voto de familiares y amigos, está siendo tremendamente más útil.

Pero para conocer que Michelle Blanco es ella y qué es lo que la motiva a votar por Hillary, hay mucho desarrollo tecnológico. La iniciativa de Civic Engagement, es un ejemplo de esto. Microsoft la ha desarrollado para poner a disposición de la democracia estadounidense mediante la optimización de sus partidos, tecnología punta para profesionalizar su comunicación interna, sus estrategias para llegar a los ciudadanos. No se trata de otra cosa que del impulso del compromiso cívico, que diseña acciones individuales y colectivas destinadas a identificar y abordar cuestiones de interés público. Vote Builder es otro ejemplo, más aún sabiendo que es el software que utiliza el Partido Demócrata para organizar sus bases de datos y asegurare de llegar a todos los que alguna vez les han prestado sus apoyos.

No hay secreto cuando el verdadero éxito está detrás del esfuerzo y del compromiso. El secreto está en el método de organización y en reconocer que la tecnología puede generar la información que hace falta para obtener conocimiento convertible en acciones que se hacen efectivas en campaña electoral. En el punto y final de la campaña de 2016, lo más efectivo resulta ser profundizar y profesionalizar las relaciones humanas.

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