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ESTE blog nació de la ilusión de una estudiante de periodismo en el año 2008… Es la evolución del primero que abrí titulado Donde no existe el silencio…   De Cerca quiso dar un paso más, aumentar esa ilusión. Es un niño malo que siempre quiere más. Nuevo contenido que aportar, nuevas estrategias que añadir, nuevas historias que contar. Ha sido un trabajo duro que hemos desempeñado juntos: él me ve crecer a mí y yo lo veo crecer a él.

Hoy este blog está nominado a los Victory Awards de la comunicación política… Quién se lo iba a decir a esa estudiante de periodismo que se empeñó en hacer crecer a ese niño malo… Para mí ya es un placer estar nominada junto a los mejores blogs a nivel inernacional. Pero, como siempre he reconocido, el mejor regalo es la satisfacción que siente uno por dentro cada vez que publica contenido nuevo, cada vez que siente que ha aportado más… Y, sobre todo, cada vez que la gente te escribe y te comenta, porque es entonces cuando se siente aquello de… ha merecido la pena.

Gracias.

PD: Si te gusta, no dejes de votarlo 🙂 Puedes hacerlo una vez al día hasta el 20 de febrero.

 

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A propósito de las huelgas que se están sucediendo estos días en el ámbito de la educación, creo conveniente compartir un fragmento del manifiesto que los Estudiantes Madrileños redactaron en febrero de 1956. Un manifiesto que podemos leer en el apéndice del libro “Toda España era una cárcel”, obra de los periodistas Rodolfo y Daniel Serrano. En esas palabras encontraremos la más absoluta actualidad. Palabras de hace 57 años que al leerlas o al oírlas nos evocan uno de los mayores problemas a los que nos enfrentamos en la actualidad. En vez de avanzar, retrocedemos 57 años… ¿No es para preocuparse?

Manifiesto de los Estudiantes Madrileños

Madrid, 1º de febrero de 1956

(…)

Nosotros, los estudiantes españoles, queremos afrontar esta situación de una manera clara y definitiva. Queremos lograr una respuesta capaz de satisfacer los legítimos intereses y aspiraciones de miles de jóvenes universitarios, condición indispensable para la convivencia civil digna y estable entre los ciudadanos de nuestro país.

El estudiante se encuentra, a su llegada a la Universidad y a las Escuelas Especiales, con una carrera que consiste en ir salvando, con medios escasos y difíciles de conseguir, una serie de obstáculos al final de los cuales se presenta el hoy más grave de todos: ¿qué hacer con el título académico?

Cuando las Residencias de Estudiantes y Colegios Mayores son escasos y caros, y muchos nos vemos reducidos a pensiones de precio creciente donde la vida de estudio y convivencia universitaria es casi imposible, cuando los libros de texto son difíciles y costosos, cuando los precios de matrículas y seguros suben continuamente, el estudiante se ve falto de medios suficientes de asistencia universitaria y todas las cargas recaen sobre los agobiados presupuestos de las familias, que no ven compensación a tales sacrificios. Así España, para su mal, permanece en vivo contraste clasista – en éste como en tantos otros aspectos – con la realidad universitaria europea, donde el Estado asume buena parte de tales cargas facilitando el acceso de todas las clases sociales a los Estudios Superiores.

La situación material y vocacional del universitario español es de indigencia, su perspectiva intelectual es mediocre – ¡cuántos catedráticos y maestros eminentes apartados por motivos ideológicos y personalistas! – y su porvenir profesional totalmente incierto por la escasez de salidas y especializaciones y por la intervención de excluyentes criterios extraprofesionales, precisamente cuando las necesidades del país reclaman todo lo contrario: aportación de nuevas capacidades y esfuerzos.

(…)

Págs. 354-355

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“El sargento Gibson recibió la orden de abrir fuego. Colocó una granada hueca, sin explosivo, en el disparador del cañón. (…) En el suelo, boca arriba, como un bulto deslabazado, estaba el cuerpo de José. (…)  Me puse a la altura de sus ojos. Las gafas habían saltado por algún lugar de la habitación. ‘Ha sido el tanque – me dijo -, ha sido el tanque. ’(…) Ya no solté su mano fría hasta que la puta máquina dejó de pitar”. 

JON SISTIAGA

NINGUNA GUERRA SE PARECE A OTRA

 MAÑANA hará una semana que pisé la Universidad Carlos III de Madrid desde otro pedestal. La profesora Laura Pérez del Toro me invitó a su clase de 4º de periodismo del grupo bilingüe. Y acostumbrada a escuchar siempre durante mucho tiempo a lo largo de mi formación entre estos muros, el martes pasado la que hablaba era yo. Mis palabras emanaban mensajes relacionados con el valor del periodismo, que existen, y son muchos, aunque cientos de personas quieran convencernos de todo lo contrario. Se puede ser un profesional en el  periodismo y un profesional en la comunicación y estas dos palabras, en la práctica, no tienen porqué ser contradictorias. Empecé compartiendo con ellos un pequeño discurso que escribí hace un par de años cuando opté por dar valor a aquello que tanto se cuestionaba. No hice otra cosa que contar mi propia experiencia, una pequeña historia como ejemplo, la que iba creciendo dentro de mi ser desde que supe lo que era la justicia, el poder de la ignorancia, la manipulación, y la verdad.

«Era en las tabernas, en los cafés, donde la gente se reunía para comentar los sucesos del día, para escuchar de boca de quién sabía aquello que el Gobierno no quería transmitir a su pueblo. “Hazme saber qué sabes”, pero bajito. Censura. Rondaban entonces, los años de la prensa clandestina. Periodistas y políticos exiliados por dar voz al pueblo. Rondaban los inicios de los sindicatos y el nacimiento de diversos partidos políticos. Pero ofrecer información veraz, luchar en contra de la propaganda política para alcanzar la libertad, nunca, nunca, fue un crimen.»

Tenemos un objetivo claro: creer en nosotros mismos, porque somos necesarios. Primero, aprendamos a valorarnos a nosotros, después valoremos lo que hacemos. ¿Y para poder trabajar? ¿Y para poder salir adelante en estos momentos de tanta crisis en los medios?

«En el camino de nuestra profesión, nos encontraremos con muchos tanques, como el que asesinó a Couso. Tanques que nos impedirán ejercer nuestra labor. Deberemos cumplir lo que la empresa para la que trabajamos nos pide y seguir esa línea ideológica. Y así es. Pero no olvidemos que aquellos para los que trabajamos, no son periodistas, son máquinas de hacer de dinero desde que descubrieron que las noticias eran un negocio. Depende de nosotros el convencer y transmitir lo que hacemos y para lo que valemos.»

Ese es el principal mensaje. Son máquinas de hacer negocio. Y hoy podemos hacer algo. No podemos ver esta situación como una amenza, sino como una oportunidad para reinventarnos, para salir hacia adelante con un verdadero diferencial. ¿Cuál es vuestro objetivo? ¿Qué es lo que mejor sabéis hacer? ¿Cuáles son vuestras habilidades y competencias? Y… ¿lo más importante? ¿Cuál es vuestro sueño? La salida estará siempre en el esfuerzo, en el trabajo y sobre todo respondiendo a las preguntas más adecuadas. Pero, sobre todo, creyendo en vosotros mismos. Contad lo que hacéis, quiénes sois y en lo que creéis…

¿Empezamos?

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