Evo Morales fue ayer reelegido tras conseguir más del 60% del sufragio. De nuevo, presidente de Bolivia. Clara ventaja que le otorgan cinco años al frente del poder en este país. «Deseo servir cinco años más porque he aprendido a gobernar en los cuatro últimos (…) Algunos compañeros de la clase media dicen: será indio, pero nos hace respetar, nos da dignidad; por eso quiero decir a la clase media: Bienvenidos a este proceso revolucionario», fueron sus palabras de cierre tras salir al balcón del palacio presidencial.
El aymara tiene ahora vía libre para llevar a cabo su proyecto de Constitución de carácter indígena. Lo que ahora cabe preguntarse es si buscará la reelección indefinida copiando el modelo de Venezuela, Colombia o Nicaragua. Una tendencia que se está propagando por estos países de Suramérica. ¿El poder los hace libres? Al menos al pueblo al cual representan no… Un pueblo, el boliviano, donde más del 30% es pobre y donde otro 30% mal viven de la indigencia.
Al igual que su homólogo venezolano, Morales pretende tomar partido en el sector energético para crear empresas de carácter público. Sin embargo, este país carece de datos fiables que demuestren la tasa de empleo estable. Lo que se espera ahora es que la ambición por el poder no acabe con la iniciativa de erradicar con el analfabetismo, así como con otras que benefician al sector social más marginado.
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“`He ahí el cuarto poder´ dijo, profético, Edmund Burke en el Parlamento británico, señalando a la tribuna de la prensa”.
Este escritor y pensador político señalaba a la prensa, a los medios de comunicación. Cierto es que la comunicación en el parlamento ha cambiado drásticamente desde que las cámaras de televisión entraron por las puertas de la casa de la madre política. Ahora el debate se centra sobre si los discursos son informaciones políticas o guiones de teatro preestablecidos. Pero esto es otra historia…
En los países en guerra lo primero que se ataca es el lugar donde se gesta la información, la casa de los medios de comunicación. El cuarto poder lo llaman. Pero lo cierto es que, atentando contra ellos, se pierde todo poder de comunicación, de persuasión. Los políticos de países en conflicto, utilizan esta herramienta para manipular la mente de su propia sociedad. La usan para difundir mensajes subliminales. Para difundir propaganda. Se dice que el país en conflicto que pierde a sus propios medios de comunicación, pierde el poder.
En la Alemania nazi, Hitler se hizo rápido con los medios a través de su ministro de propaganda, Paul Joseph Goebbels. También Francisco Franco atentó, censurando y tomando las radios, a medida que iba conquistando territorios en esa España sangrada y oscura. Sadam Husein en Irak, enviaba televisivos mensajes propagandísticos, incluso días después de su huída, hasta que Estados Unidos bombardeó la sede de la televisión y su ministerio.
España no es un país en conflicto. Ni ETA un ejército armado con ansias de librar una guerra asimétrica. Sin embargo, en España, ETA reaparece. Atenta en su propia casa. Y contra, lo que la banda llama, “símbolos del poder del PNV”. El día de Nochevieja de 2008, una bomba estallaba pasadas las 11 de la mañana en la sede de la televisión pública vasca en Bilbao, contra EITB. ETA presiona y presiona a ese nacionalismo moderado. Silencia con miedo a los habitantes que viven en el País Vasco y revuelve con saña a la sociedad española…