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Diario de campaña. Día 13: El hedonismo en campaña

Publicado en BEZ el 16 de Diciembre de 2015

Según la mitología, el cisne fue un ave consagrado por Apolo, el dios de la divina distancia. Apolo lo consagró como el dios de la música porque se creía que antes de morir cantaba una melodía. Así lo creía Pitágoras, el cuál decía que el cisne era un alma que jamás moría. Y así lo creía también Platón. Dicen también que Zeus, mientras Leda caminaba por el río Eurotas, convertido en cisne la engañó para seducirla. Aunque haya una versión más extendida que afirma que a quien engañó y sedujo convertido en cisne fue a Némesis, convertida ella en oca.

Los cisnes negros tendrán en común con el resto de cisnes la melodía y la inmortalidad del alma, pero representan también la rebeldía. Tanto en películas como en libros, hemos visto cómo el símbolo del cisne negro ha sobrepasado los límites y ha consensuado el lado más oscuro de la búsqueda del placer y de la ilusión. La simbología del cisne negro representa también la búsqueda imperiosa de la suerte que creen pertenecerles a riesgo de ser consumidos por ellos mismos. El coste del sacrificio es alto y no siempre resulta ser sano.

La teoría del cisne negro es una metáfora desarrollada por Nassim Nicholas Taleb, ensayista, investigador y financiero americano. Dicha metáfora encierra la idea de que cuando finaliza un hecho que tiene impacto y resulta ser una sorpresa, después confiere un aspecto racionalizado y retrospectivo. Esto se refiere sólo a momentos inesperados y que tienen una gran magnitud. Y uno de los motivos por los que desarrolló la idea fue para explicar “los sesgos psicológicos que hacen a las personas individual y colectivamente ciegas a la incertidumbre e inconscientes al rol masivo del evento extraño en los asuntos históricos”. Amplía en su libro “El cisne negro: el impacto de lo altamente improbable” las consecuencias de un hecho improbable, impredecible y de consecuencias impredecibles.

Dice Nassim que el efecto de Google como compañía es un cisne negro. Pero… ¿Es un cisne negro Pablo Iglesias? ¿Y Albert Rivera? Podemos ya obtuvo su inesperado éxito en las pasadas elecciones europeas de 2014. Ahora, con su “remontada” y su “sonrisa” espera dar la sorpresa. La narrativa de la izquierda que quiere quitarle la silla al PSOE trabaja en la sombra para dar el golpe en la superficie. Como hormigas que caminan en línea recta y sin salirse, van construyendo un halo de esperanza con palabras creíbles que presentan en forma de situaciones personales que se identifican con muchas de las situaciones de nuestro país. Ada Colau o Manuela Carmena pueden representar ese cisne, inesperado, pero esperado a la vez.

Por el contrario, Albert Rivera puede parecerse más bien al Zeus convertido en el cisne que engaña a Leda, pero en un cisne negro cargado de rebeldía. El busca la mejor de sus suertes. La campaña de Ciudadanos parece más un compendio pospolítico donde todo es posible, concepto muy bien presentado por  Slavoj Zizek. Ellos prefieren tener una buena lectura de la percepción ciudadana en vez de hacer hincapié en un giro ideológico. No quieren y no les conviene. Uno de los motivos lo encontramos en que dentro de la web despareció su definición de partido de “centro-izquierda” . La pospolítica busca el placer del individuo negando la ideología. Presenta un modelo hedonista donde se expone sólo aquello que afecta al interés único de la persona. Evita el enfrentamiento y el argumento controvertido.

E aquí una de los grandes ejes de la reinvención de la derecha en Latinoamérica. El efecto “hedonista” de la pospolítica ocurrió en la Alcaldía de Quito, Ecuador, con Mauricio Rodas a la cabeza del movimiento de centro-derecha SUMA. Ganó un candidato sin apariencias de ambición de poder y presentando propuestas a quienes sólo esperaban escuchar que les solucionaran sus problemas individuales. Este efecto también tuvo lugar en Argentina en las pasadas elecciones con Mauricio Macri a la cabeza de la fuerza política Cambiemos. Se construyó un candidato que nada tenía que ver su pasada imagen, presentándose sin enfrentamiento, con imágenes claras y cercanas a la gente, adoptando el carácter de un líder que sonríe porque… cuando todo es con la gente todo es para la gente. Tanto Rodas como Macri han aparecido como cisnes negros.

Podemos y Ciudadanos quieren llevarle la contraria a Apolo acortando las distancias. Es por ello que Pablo Iglesias puede ser un cisne negro en estas elecciones, pero para nada hedonista y pospolítico. Mientras que Rivera coquetea sin entrar en discusiones ni en semánticas complejas, y aprovechando cada provocación para entrar al juego de la seducción. Aquí, dos posibles cisnes negros. Uno quiere morir cantando para ser eterno. Otro se convertiría una y mil veces en el cisne de Zeus para debatir sobre los placeres del poder.

DIARIO DE CAMPAÑA

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Publicado en BEZ el 24 de Noviembre de 2015

La derecha latinoamericana se reinventa en Argentina

Mauricio Macri será el nuevo presidente de Argentina. Aunque con un resultado ajustado, se ha puesto por encima del peronista Daniel Scioli. Se convirtió en favorito el pasado 25 de octubre en primera vuelta, y mantuvo esa posición hasta el 22 de noviembre, una fecha histórica para Argentina después de 12 años de Kirchnerismo. El cambio en Argentina empieza por “Cambiemos” con la percepción de una nueva derecha en el país.

¿La reinvención de la derecha latinoamericana?

Probablemente, buena parte de la reinvención de la derecha latinoamericana se basa en un trabajo de lectura de percepciones sociales, más que en un giro ideológico. Y la política y la comunicación política acaban demostrando que, según interpretaciones, pueden apostar por estrategias inspiradas en la teoría conocida como pospolítica. Un ejemplo lo encontramos en Ecuador, en la Alcaldía de Quito, cuando Mauricio Rodas candidato de centro-derecha por el Movimiento SUMA logra hacerse con la Alcaldía en las elecciones de mayo de 2014. El éxito de la aplicación de la pospolítica en campaña radicó en presentar a un candidato de “marca blanca”, débil y sin ambición de poder. Se potenció la sencillez como valor, lo mostraron como la esperanza colectiva y no emitió argumentos para el enfrentamiento: sólo propuestas para una sociedad que sólo esperaba oír aquello que puede afectar a sus intereses individuales. Esta estrategia es la que también ha usado el argentino Mauricio Macri, empleando al mismo asesor que Rodas para llevarla a cabo, al ecuatoriano Jaime Durán Barba.

Pero… ¿qué es esto de la pospolítica?

El concepto de pospolítica no es nuevo, y tampoco es una invención de la consultoría política de los dos últimos años. Hoy se habla del término en buena parte por el filósofo y psicoanalista esloveno, Slavoj Zizek. El articula la “post-política” en algunos de sus ensayos, como en “En defensa de la intolerancia”, o en “Sobre la violencia. Seis reflexiones marginales”. “Hoy en día, sin embargo, asistimos a una nueva forma de negación de lo político: la postmoderna post-política que no ya sólo “reprime” lo político, intentando contenerlo y pacificar la “reemergencia de lo reprimido”, sino que, con mayor eficacia, lo “excluye”, alude Zizek en “En defensa de la intolerancia”. Y sigue: “En la postpolítica el conflicto entre las visiones ideológicas globales, encamadas por los distintos partidos que compiten por el poder, queda sustituido por la colaboración entre los tecnócratas ilustrados (economistas, expertos en opinión pública…) y los liberales multiculturalistas: mediante la negociación de los intereses se alcanza un acuerdo que adquiere la forma del consenso más o menos universal”.

Para la pospolítica, todo es posible. Lo antipolítico, como escribió Iván de la Nuez –inspirado también en el filósofo francés Jean-François Lyotard– tras las elecciones en Italia, intenta recuperar el debate ideológico, pero sospecha de su representación en los escaños parlamentarios, las cámaras senatoriales o la partitocracia. La pospolítica busca la reducción de las ideologías para construir un modelo hedonista, basado en conseguir el placer del otro, el del votante, reconocido como aquél que persigue un interés personal y cuyo ideal es que su vida sea mejor. Ahora bien, cuando el objetivo es la negación de las luchas y de las luchas ideológicas, se duda del principio mismo de la pospolítica, pues toda contienda se da por un objetivo concreto, aunque sea para alcanzarlo con el convencimiento de la capacidad de influir.

De la pospolítica a la biopolítica

Cuando ya no existe poder, cuando ya no hay derecha ni izquierda ni ideología en el imaginario político, se da paso a lo natural, a la importancia de la defensa de la vida. Según Zizek, “Hoy en día la moda en política es la biopolítica pospolítica (…): ‘pospolítica’ es una política que afirma dejar atrás las viejas luchas ideológicas y además se centra en la administración y gestión de expertos, mientas que ‘biopolítica’ designa como su objeto principal la regulación de la seguridad y el bienestar de vidas humanas”. Cuando ya no hay ideología, y se margina la posibilidad de política, el pensar sólo en la vida de las personas evoca un estado fuera de conflicto. Más aún si para garantizar la eficiencia, el líder hedonista busca rodearse de un equipo experto. De ahí que se pueda entender aún mejor las palabras de Macri al conocer su victoria: “Pido a los que no nos votaron, que se sumen. Y también sus palabras el pasado 20 de noviembre: “Se acaban las banderas que nos ponen de un lado o de otro. Ahora es todos juntos, trabajando por Argentina”.

La era de la pospolítica responde a una sociedad positiva, como definiría Byung-Chul Han en La sociedad de la transparencia, donde la “transparencia es enemiga del placer”. La pospolítica conduciría a un mundo de apariencias donde la ilusión sería el eje temporal que lo sostuviera. Pero la ilusión es eso, temporal. Si la “transparencia – según Han, y añado ‘absoluta’- desmonta la esfera arcana del poder”, la pospolítica podría desmontar la esfera de lo real, llevándose en buena medida los resultados de luchas sociales por causas que son justas. Cuando la ilusión se evapore, sólo el tiempo desvelará el éxito o el fracaso de la gestión y el resultado.

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