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ÁNGELA P. MARTÍN | Washington DC

DESPUÉS de visitar el Newseum en Washington, uno se da cuenta de que todos lo museos no son iguales. Cada uno que se visita tiene un toque especial. Y por supuesto, la palabra museo no se debe relacionar nunca con la palabra aburrimiento, pintura tras pintura o lienzo tras lienzo.

Seguramente, los profesionales de la información y aquellos fanáticos o aficionados al periodismo o al reporterismo sean los más curiosos por conocer el gran museo de la prensa, tantas veces mencionado en los medios por tantos y tantos periodistas de reconocido prestigio.

El Newseum se levanta en un gran edificio de siete plantas. Y nada más llegar, puedes observar en 4D una película que te va acercando, cuan sueño mágico, al espectacular mundo del periodismo haciendo un recorrido por la historia. Y en cada planta, algo que contar y en diferentes soportes. Este museo interactivo es así, para grandes y pequeños, para amigos en búsqueda de un sueño, para periodistas que se quieren sentir involucrados y que les gustaría vibrar con cada cosa que allí se muestra.

Desde pedazos del muro de Berlín que un día separaron en dos el mundo, hasta el fatídico 11 S. Desde periódicos que un día nacieron para quedarse, hasta las portadas del día de hoy de cientos de periódicos de todo el mundo. Desde la prensa, hasta la radio, pasando por la televisión e Internet. Desde la fotografía hasta los premios Pulitzer. Desde un plató de TV hasta un memorial de los periodistas que han muerto ejerciendo su labor y aquello que más les gustaba. Desde corresponsales hasta verdaderos presentadores venerados en este país.

El Newseum es para ver y disfrutar. Para conocer. Para contemplar. Para adivinar. Para vivir este mundo del periodismo. Para sentirlo.

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VIAJES con Heródoto. Este libro cayó en mis manos el siete de agosto de 2008. Cayó en mis manos, supongo, que del mismo modo cayó en las manos de Ryszard Kapuscinski la obra Historia.

Historia le acompañó desde el primer viaje que realizó como periodista. Para él fue más que un libro. Fue un aprendizaje continuo, un compañero con el que se tuteaba y al que consultaba habitualmente a medida que cruzaba el continente africano, a medida que se embarcaba hacia Europa. África y Europa. Para Heródoto, al mismo tiempo, Persia y Grecia.

Este libro nos embarca en la aventura de cruzar las fronteras no solo espaciales, sino también temporales. Esto es lo que está ocurriendo aquí. Esto fue lo que ocurrió aquí. Fascinante el devenir de su escritura y su relato. Hoy Kapuscinski. Ayer Heródoto.

 

Y es que, se podría decir que, Heródoto fue figura antigua y maestra del periodismo, del reporterismo. El primero, quizás, que escribió la Historia, que en aquellos tiempos la palabra historia significaba más bien “investigaciones” o “inquisiciones”. Según Kapuscinski, este libro es el viaje. Así es: resultado de sus viajes, el libro de Heródoto es el primer gran reportaje de la literatura universal. Su autor está dotado de una intuición, una vista y un oído de reportero. También es incansable: atraviesa los mares, recorre las estepas y se interna en los desiertos, y de todo ello nos da cumplida cuenta.

 

Kpuscinski, en su libro, continúa diciendo que Heródoto pretende inmortalizar la historia del mundo. Nadie lo ha intentado antes: él es el primero en tener semejante idea.

Decide, seguramente al final de su vida, escribir un libro porque es consciente de que ha reunido una gran cantidad de historias y noticias, y sabe que si no las inmortaliza en un libro, todas ellas, almacenadas tan sólo en su memoria, perecerán sin remedio. Heródoto escribe su Historia, como Kapuscinski escribió la suya, para impedir que el tiempo borre la memoria de la historia de la humanidad.

 

¿Y por qué Kapuscinski viaja con la Historia de Heródoto desde que se lo regalaron antes de partir hacia su primer viaje al extranjero? Mis viajes cobraron una segunda dimensión: viajé simultáneamente en el tiempo (a la Grecia antigua, a Persia, a la tierra de los escitas) y en el espacio (mi labor cotidiana en África, en Asia, en América Latina). El pasado se incorpora al presente, confluyendo los dos tiempos en el ininterrumpido flujo de la historia.

 

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