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A propósito de las preguntas que me ha realizado la periodista, amiga y compañera Lorena Redonda para La Sexta, me gustaría matizar algunas cuestiones que rodean al ámbito de lo público cuando se trata de puestos de responsabilidad.

  • Olvido se precipitó cuando dijo que dimitía. Ni ella misma se esperaba los apoyos que iba a tener por parte de un paraguas de políticas influyentes, como el caso de Elena Valenciano o Esperanza Aguirre. Les ha hecho caso, ha sido paciente, ha aguantado el chaparrón y ha dado la cara. Positivo.
  • Olvido no ha dimitido. Una política, mujer y sexualmente activa no necesariamente tiene que dimitir. Debe demostrar con el tiempo que puede ganarse la confianza, de nuevo, de los ciudadanos. Actos como este merman su reputación y debilitan la credibilidad. Sólo el tiempo y la buena gestión puede recomponer las piezas dañadas. A este respecto: estrategia, estrategia y estrategia. Positivo.
  • No es lo mismo un caso de crisis de comunicación de carácter sexual si es hombre o si es mujer. En el caso de la mujer, desgraciadamente, se castiga más de cara a la opinión pública. Crisis de reputación por tanto. Tampoco es lo mismo dependiendo del país en que se ejerza el cargo. Como vimos en Bill Clinton, el caso se apagó. Y qué decir de Berlusconi. En otros, no. Negativo.
  • En España, la credibilidad de nuestros políticos pasa por una grave crisis. Casos como este, aunque sean de una importancia mínima, la debilitan aún más. Para ello, la medicina no pasa por cambiar al rey degollado –o en este caso a la reina- sino por mejorar la POLíTICA en su conjunto. Una mujer sexualmente activa puede ejercer cualquier profesión. Su actividad íntima no debilita su profesionalidad.
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LOS humanos tenemos la rara costumbre de hablar por los codos. De hablar y hablar sin parar y sin darnos cuenta, en muchas ocasiones, de lo que decimos. Una acción que puede traer consecuencias insospechadas. Por eso no es de extrañar que los políticos padezcan el síndrome del humo. Como tampoco es de extrañar que lo padezcan cientos de compañías. Una de las consecuencias de estas últimas no es doble, sino múltiple porque por un lado están los consumidores, pero por otro los empleados o los futuros empleados. En definitiva, diferentes grupos de interés que se ven afectados por promesas y compromisos incumplidos y necesidades insatisfechas. Venden humo en vez de hechos. Algo que, sin duda, afecta a su reputación pero también a su credibilidad. Una palabra muy peligrosa si se pulsa pues cuando esta carece: sólo es cuestión de tiempo para que la pirámide caiga por su propio peso. Los clientes, los empleados y los futuros empleados son los mejores embajadores de tu discurso. No los abandones. No los hagas esperar demasiado. Y, por supuesto, no les mientas.

Con los políticos pasa exactamente lo mismo, sobre todo en campaña electoral. El cóctel de promesas y compromisos es explosivo aunque promesas y compromisos no sean la misma palabra. No las confundamos, por favor, y no las mal empleemos. Palabras y palabras que brotan sin parar con falta de credibilidad no sólo por falta de estrategia; también por el caer en el error de vender algo en el contexto que no toca y con las palabras inadecuadas. ¿Las consecuencias? Tu electorado se va, se olvida de ti. Y como ocurre en España: los políticos pasan a ser el tercer problema que más les preocupa a los españoles. ¿No es, al mismo tiempo, preocupante?

No vendas humo. Empieza a ser creíble.

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CLARO que no. Esta mañana, la política italiana Emma Bonino, ha dicho algo realmente importante en la Cadena SER. Algo que pasa desapercibido a diario pero que tiene especial relevancia. Por mucho que España diga que está “bien, bien, bien”, no está bien. El mensaje carece de valor si realmente otros no te dicen que estás bien. Tú puedes decir que eres guapo, alto y fuerte, pero es la sociedad quien tiene que decir que lo eres. Esto me recuerda, no obstante, al concepto de reputación: tú no eres lo que dices de ti mismo, eres lo que los demás consideren de ti.

Salgado ayer emitió un mensaje: “preocupante, pero no gravísima”. Y Rajoy emitió otro al afirmar que no cree que España sea intervenida: “Zapatero dice la verdad”. Sin embargo, por mucho que el mensaje incite prudencia más que positivismo, lo cierto es que el ritmo de la situación lo marcarán otros, por mucho que nosotros no queramos…

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