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Publicado en el Blog de El País, Mujeres (28 de febrero de 2013)

Leonardo da Vinci creó a La Mona Lisa en el siglo XVI como quien engendra a un crío con empeño. Mucho se ha escrito sobre los misterios que rodean su sana belleza. Pero su sonrisa siempre será un enigma. La “alegre”, significa Gioconda. Nos sonríe y no sonríe. La miramos fijamente y parece envolvernos en su halo de seriedad serena. En cambio, si nos fijamos en el arte de sus trazos parece reírse de nosotros o con nosotros… Y eso es justamente lo que le ocurre también a nuestras políticas.

La comunicación puede ser con palabras o sin palabras. Nuestros gestos comunican. Es un afán de supervivencia. Pero, ojo, nuestros gestos son una ventaja competitiva que hay que saber aprovechar. ¿Lo han hecho nuestras políticas ultimamente? La audiencia es la que percibe, la que recibe, la que analiza, la que saca conclusiones y también la que se emociona o no.

 

La presidenta de Castilla – La Mancha, María Dolores de Cospedal, sonríe, pero se pone nerviosa. Gesticula con las manos, pero elabora frases sin sentido. No ha emocionado: ha sembrado más dudas de las que ha ocasionado en varios siglos el cuadro de la Gioconda. En su explicación sobre la tipología del finiquito de Bárcenas, hemos sido testigos de una juerga autónoma, de una vaga explicación con una sonrisa que no acompaña porque… la controversia que asegura que tienen los periodistas es la que ella comunica en sí misma.

  Soraya diadema

 

El hashtag #ladiademadesoraya no triunfó en Twitter, pero alguien lo sacó porque estaba ahí, porque se dieron cuenta de que Soraya Sáenz de Santamaría llevaba en su pelo un objeto que antes no. Al igual que también se dieron cuenta de su sonrisa al terminar el discurso de su presidente, Mariano Rajoy, y de sus declaraciones posteriores. ¿De qué se reía Soraya? ¿Del buen discurso de Rajoy? ¿De los frutos de la reforma laboral? ¿O del tsunami del #23F? Cuidado con reírse cuando no toca. El primer dato que arrojó Mariano Rajoy cuando se estrenó en el Debate del estado de la Nación, no es de risa: Cinco millones novecientos sesenta y cinco mil cuatrocientos parados.

 

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A Elena Valenciano le ocurre lo contrario, le gustaría ser política Gioconda. Estar alegre y sentirse alegre. Y no es que no quiera serlo, es que no puede. Y no debe. Con esta imagen aparecía la vicesecretaria general del PSOE el pasado 26 de febrero al presentar las propuestas que ellos consideran necesarias para salir de la crisis económica. Su rostro nos traslada tristeza –la de esta situación-, sus ojos rojos nos evocan cansancio y agotamiento –el acumulado durante meses-. Podríamos decir años. ¿Nos convence así Elena de sus propuestas? No. Pero tampoco lo haría si utilizara la sonrisa de Soraya. Un buen chocolate caliente, tirando a templado, siempre es la mejor solución contra el frío…

Imagen de Soraya Sáenz de Santamaría y Mariano Rajoy de El País. Galería de imágenes  del Debate del estado de la Nación.

Imagen de Elena Valenciano de su página de Facebook publicada el 26 de febrero de 2013.

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QUIZÁS, la primera impresión sea de sencillez. Puede ser que el Palacio Real de El Pardo no sea tan majestuoso por fuera como lo puedan ser otros palacios reales. Sin embargo, alberga en su interior una rica cultura histórica fruto del capricho de los reyes que gobernaron esta España a lo largo de los siglos desde el XVI. 

 

El Palacio de El Pardo fue construido en el siglo del renacimiento y se ha ido ampliando en los siglos posteriores. “Dos partes bien diferenciadas tiene”, decía la guía que nos acompañó en este viaje en el tiempo: la construcción del siglo XVI y la posterior del XIX. Austrias y Borbones. Borbones y Austrias. Pasar por cada una de las salas, galerías o habitaciones es perderse entre cortinas de seda, tapices españoles y flamencos, frescos, pinturas, lienzos y relojes de historia. Es viajar y transportarse hacia una reunión de gobierno, una comida diplomática, una cacería real o una fiesta aristocrática. Contemplar el decorado es dejarse llevar por los siglos de la historia y ser testigo de lo que puedo ser un día, de lo que fue un día la vida cotidiana es esta residencia de paso Real.

 

Francisco Franco, de alguna manera, también quiso asignarse sangre azul. Él se alojó de manera intermitente en este Palacio: tenía su propio despacho, reutilizando los muebles de caoba de la realeza; celebraba la comida familiar en el comedor Real; utilizaba el teatro como sala de cine; las reuniones de Gobierno se celebraban en una sala de consejos del siglo XVI decorada con multitud de espejos y con sillas renacentistas tapizadas en granate. Nada de encender las velas ni las chimeneas, calefacción central en todo el palacio para el generalísimo; y donde antes había un vestidor, ahora se hallan unas vitrinas y, en ellas, una colección de uniformes del dictador. No faltan su transistor, su tocadiscos ni el televisor de la época. El baño, remodelado en el año 72, y, a pesar de su vieja reforma, bien parece un baño de lujo de un hotel de cinco estrellas. Y en su rincón del descanso, no encontraremos una cama de matrimonio, sino dos sencillas y pequeñas camas de 90 cm para él y su esposa separadas al milímetro. Y para un encuentro íntimo con Dios, no falta una pequeña capilla de reposo espiritual.

 

Antes, zona de descanso para la realeza cuando terminaba su jornada de cacería. Hoy, el Palacio Real de El Pardo se usa como residencia para los jefes de Estado extranjeros que vienen de visita oficial a España. Hoy, para aquellos que desean transportarse en el tiempo y en la historia, El Pardo, también abre sus puertas…

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