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La periodista Lubna Husein no será castigada con 40 latigazos ni pagará la multa de 500 libras. Husein, después de negase a pagar dicha cantidad, ingresó en prisión. Estará allí un mes. Así lo prefiere ella.

Husein tiene 34 años y el tribunal de Jartum, Sudán, la ha condenado por vestir pantalones en público, un acto que se considera inmoral según las leyes de este país. De nuevo, vemos como normas absurdas se llevan a cabo degradando, una vez más, a la mujer. Países inundados por la ignorancia y manipulados por el poder de unos pocos se ven sometidos a actos y atrocidades en pleno siglo XXI.

Inmoral se puede considerar un acto que traiga consecuencias negativas dentro de la comunidad. El que una mujer lleve pantalones no conlleva ninguna atrocidad ni tiene repercusiones. Sin embargo, al parecer, las leyes musulmanas se pueden tomar por mano propia, como se quiera, y ser ejercidas de forma autónoma: diez mujeres que fueron detenidas junto a Husein sí fueron azotadas.

El pasado julio, la periodista fue arrestada en un bar de la capital de Sudán por llevar pantalones. Ante la posible sentencia del tribunal, Lubna decidió dejar de ejercer su profesión en la oficina de prensa de Naciones Unidas para luchar contra la justicia de su país. Su deseo es que se derogue la ley por la que ha sido condenada.

Ahora sus palabras son su defensa:

.- Soy musulmana y entiendo la ley musulmana, pero lo que yo pregunto es en qué pasaje del Corán se dice que las mujeres no pueden llevar pantalones.

Husein alega que el artículo 152 del código penal es ambiguo. Se condenará a  “toda persona que se comporte con una conducta inmoral o se presente en público con un vestuario contrario a la decencia”. ¿Dónde pone que se castigará a la mujer? ¿Dónde especifica qué es un vestuario contrario a la decencia? Llevar pantalones seguro que no lo es indecente en Sudán, ni en ningún otro país. No obstante, la cultura musulmana ha sido manipulada e impuesta sin peros ni contras durante siglos. Ahora su pueblo, con la ayuda de la comunidad internacional, tiene la respuesta…

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Ébano, libro de Ryszard Kapuscinski, me parece una colección de palabras no de un mero corresponsal. Es una obra de incalculable valor. Palabras de una persona que sabía lo que contaba. Ahora, con la masacre que se está sucediendo en Gaza por los ataques de Israel, he recordado un párrafo de este libro.

 

Los bombardeos en la franja se cuentan. Las declaraciones de los líderes también. Se calcula el porcentaje de fallecimientos y de heridos. Los medios de comunicación, con clara dificultad, luchando como personas que son contra sí mismos, contra el horror y la miseria, están llegando para hacer llegar la noticia al público que le espera, a la sociedad. ¿Quien será el siguiente que ataque? ¿Cómo? Y los medios, ¿hasta dónde pueden contar? ¿Qué se puede contar?, ¿hasta dónde pueden llegar?, ¿cuánto se les censurará?

 

Kapuscinski, en su libro, hablaba de otras guerras, de muchas guerras. De las que se contaban, de las que se podían contar, y de las que no. Y no sé por qué, ahora este párrafo se me viene a la cabeza… Un párrafo sobre la guerra de Sudán en los años 80…

 

“Se trata de la mayor guerra y la más larga de la historia de África y, seguramente, es la más grande del mundo en el momento presente, pero, como se desarrolla en una provincia profunda de nuestro planeta y no constituye amenaza directa para nadie – en Europa o Norteamérica, pongamos por caso -, no despierta mayor interés. Por añadidura, los escenarios de esta guerra, sus extensos y trágicos campos de la muerte, a causa de las dificultades del transporte y de las drásticas restricciones de Jartum, permanecen prácticamente inaccesibles para los medios de comunicación; de modo que la mayoría de la gente en el mundo no tiene ni la más remota idea de que Sudán es escenario de una gran guerra”.

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