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Publicado en BEZ el 17 de Noviembre de 2015

Los motivos de la sinrazón están manchados de sangre. Y a pesar de no tener apenas datos fehacientes de la oleada de atentados en París del 13 de noviembre, ya hay una reacción social frente a la masacre. La noticia de más de 100 muertos causa expectación, terror, asco. Causa un sentimiento unitario de repulsa, no tanto frente a ideologías o religiones, que también, sino frente a la barbarie, frente a la fiereza y la crueldad, frente a la muerte. Estúpida contradicción cuando deciden otros cuándo debes morir, retando a la naturaleza y a la vileza misma del ser. Unitaria reacción social de repulsa. Así ocurrió también el pasado 7 de enero tras el atentado contra el semanario satírico Charlie Hebdó donde murieron 11 personas y otras 11 resultaron heridas. Del #JeSuisCharlie, al #JeSuisParis.

“¿Por qué la religión permite la educación pero también el terrorismo? Atacar a un ser igual que tú. #PrayforParis” ha sido el mensaje de @salmakramos, acompañado de una imagen con una cita subrayada: “En los campos de refugiados incluso se les daba a los niños libros de texto creados en una universidad estadounidense en los que se enseñaba a contar con cálculos como estos: “Si un musulmán mata a 5 de 10 ateos, quedan 5” o “15 balas – 10 balas = 5 balas”. Este ha sido uno de miles de tweets bajo ese hashtag #PrayforParis en Twitter, pero también en Facebook. #TodosSomosParis inunda también las redes. Todo el mundo busca exponer su condena y compartirla con voz alta en el máximo de canales posibles de comunicación, desde las redes sociales, hasta los mensajes de Whatsapp, desde una llamada telefónica hasta la llamada unitaria a convocarse en plazas y Ayuntamientos para mostrar el rechazo a los ataques.

El miedo es libre, como la emoción colectiva de condena. Y frente a la emoción colectiva, movilización. Frente a la ideología que mata, movilización. Porque hay ideologías que enferman la lucidez de las personas. Porque hay ideologías enfermas que matan la cordura de las personas. La reacción social frente a la injusticia se traduce en un llamamiento colectivo. La forma en que se traduce físicamente esa reacción social es la movilización. La historia se escribe en las calles y también en las redes. En las calles la acción unitaria busca la transformación colectiva hacia objetivos comunes. Y es que la gente se moviliza tanto para bien como para mal, tanto para demandar políticas más justas y rechazar las injusticias, como para celebrar un gol.

Así somos los humanos. Así reaccionamos contra nuestros propios intereses y también cuando se ataca contra la humanidad. En España, en 2003 nos manifestábamos contra la decisión del Gobierno de Aznar de participar en una guerra que no era la nuestra, la guerra de Irak. Poco después, las calles se inundaban de símbolos y consignas para denunciar el atentado terrorista en España ocurrido el 11 de marzo de 2004. Unidad contra el rechazo, contra una guerra que existe aunque no se quiera admitir. Estamos en guerra, seguimos en guerra y parece que no lo queremos ver.

Unidad con lo que es nuestro y contra lo que no es nuestro. Así reaccionamos las personas. En todo el mundo se convocan movilizaciones por diferentes motivos. El diccionario de la movilización colectiva es amplio: manifestaciones, protestas, movilizaciones, concentraciones, marchas… Y en cada país del mundo tiene un sentido diferente, así como posturas políticas distintas. En Latinoamérica, por ejemplo, las “marchas” son opositoras, las “concentraciones” a favor, las “protestas” son personales, pero todo son movilizaciones. En Europa no es común, pero quien vive en países del centro y sur de América Latina, es testigo también de convocatorias en las redes para ir a las calles y a las plazas que se traducen en colectivos emitiendo al mismo son consignas en pos de la defensa de lo construido, o lo también denominado “vigilias”. Ocurre en Ecuador, ocurre en México, ocurre en Chile, ocurre en Argentina y ocurre en Brasil.

¿Quién no recuerda la Primavera Árabe? Reaccionamos frente a las causas comunes que nos unen. Nos movilizamos para la transformación colectiva aunque la sociedad no sea consciente del poder que tiene. O no todavía. Los alzamientos populares han servido a lo largo de la historia para transformar el mundo, para derrocar Gobiernos, denunciar las crisis que nos imponen por intereses económicos, conseguir políticas más justas, o denunciar el terrorismo, el mayor cáncer de las sociedades del ayer y del hoy. Empleamos mensajes para el levantamiento colectivo y empezamos a compartir imágenes en respuesta al rechazo, para evidenciar, desde el pensamiento visual, que sobran motivos por los que decir “no” a tiempo. Desde las Abuelas de la Plaza de Mayo en Argentina, al hombre que llora en Grecia porque no puede obtener su paga en un momento crítico para el país y para la supervivencia, pasando por la movilización mundial por los 43 estudiantes desaparecidos en México, el caso Ayotzinapa que nos tiene conmovidos aún. Desde la denuncia masiva por la negación a la recepción de refugiados en Siria, hasta la imagen de esa niña que dice ser una guerrera, no una princesa, para oponerse a la muerte de mujeres por violencia machista en España en el #7NFeminista.

La libertad sigue estando en crisis. La injusticia y las ideologías más cruentas siempre acaban matando. Unas lo hacen más lentas que otras. Francia será implacable, dice, porque con el sufrimiento no se negocia, ni en París, ni en cualquier país del mundo.

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El juez de la Audiencia Nacional, Eloy Velasco, ha rechazado el cierre de los dos bares de Pamplona: en uno de ellos, el Ezpala, el propietario retiró las fotos de los presos etarras días despues del requerimiento de la Guardia Civil; y en el otro, en el bar Zurgai, fueron sustituidas por siluetas. El magistrado los mantiene imputados por un delito de enaltecimiento terrorista.

Según uno de los socios del Ezpala, retiraron las fotografías  el pasado día 12, fecha en que recibieron la notificación. También ha comunicado a los medios de comunicación que las camareras se negaron a quitarlas cuando la Guardia Civil se presentó en el local (día 4 de agosto) ya que ellas no poseen capacidad auotoritaria para decidir y él se encontraba en esos momentos de vacaciones. «Eran cuatro fotografías de vecinos del barrio, cuatro de la cuadrilla»: con estas palabras, el socio del Ezpala informaba a la prensa sobre las fotografías que se encontraban en su establecimiento.

Mientras tanto, en Bilbao, la Ertzaintza y los servicios de limpieza se emplean a fondo para retirar carteles y pintadas etarras. Además, en las últimas horas, los radicales han intensificado su actividad. Dos entidades bancarias han quedado totalmente destruidas en el casco antiguo bilbaíno después de que dos desconocidos lanzasen cócteles molotov. La ertzaintza también ha detenido la pasada noche a tres menores por realizar pintadas a favor de ETA en una estación de Bilbao.

El Gobierno vasco reitera que hay que desterrar la apologia del terrorismo de la vida cotidiana y de las festejos. Por eso, al igual que la fiscalía, ha pedido al Tribunal Superior de Justicia del Pais Vasco (TSJPV), que se prohíba una manifestación convocada por la izquierda abertzale el próximo viernes en Bilbao y que ya ha sido declarada ilegal por el juez Garzón.

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Lo recuerda. La noche del 10 de marzo de 2004 abandonaba Madrid. El próximo día no había clase en la Universidad Carlos III de Madrid, los alumnos hacían huelga, pero no recuerda muy bien por qué… Cogió el AVE con destino Puertollano (Ciudad Real). Aún recuerda, cuando llegó a Atocha, cómo diversos cuerpos de seguridad se paseaban por la estación. “Es normal”- pensó – “las elecciones están cerca y el riesgo de atentados aumenta en estas fechas”.

 

Cuando llegó a su ciudad natal, su hermana mayor, en compañía de su hija, la estaba esperando. Aún recuerda lo primero que le dijo al verla. Lo tiene clavado en su memoria como velcro inseparable. Eran aproximadamente las 11 de la noche. Subía por las escaleras mecánicas. Una sonrisa, un abrazo a su hermana, muchos besos cariñosos y achuchones a su pequeña sobrina y una frase: “Qué raro… Me ha llamado la atención la cantidad de policías que esta noche están en Atocha…” En el coche, de camino a casa, no comentaron nada más sobre el tema… Hasta el día siguiente.

 

Eran algo más de las 9 de la mañana del 11 de marzo. El ruido del teléfono móvil la despertó sobresaltada: alguien la llamaba…

.- ¿¡No has visto las noticias!?

.- Ummmmm. No. Estoy en la cama. Aún no me he levantado.

.- ¡Un atentado en Atocha! ¡Enciende la televisión!

 

Y eso fue exactamente lo que hizo. Apartó las mantas con un movimiento agresivo y corrió por el pasillo de aquel piso de “la Gran Capitán” donde vivía su hermana. Al llegar al final, giró a la derecha. Con el pulso tembloroso, encendió el botón de la televisión del salón sin buscar el mando. Y, cuando vio las imágenes y escuchó lo que había ocurrido, se derrumbó…

 

 Al cabo de unos segundos reaccionó: “¿qué hago?”. Sin pensárselo dos veces, comenzó a llamar por teléfono a todos los compañeros de universidad que vivían en Santa Eugenia. Sabía que muchos no irían a clase por la huelga. No obstante, también sabía que, aquellos que estaban en el equipo de fútbol, irían a Getafe para jugar el partido que se disputaba ese día. Llamó a todos los que conocía, a todos los que, posiblemente, les hubiese pasado algo… A todos los que…

 

Lo que pasó en las aulas de la Carlos III los días posteriores al suceso es indescriptible. Las clases de periodismo se convirtieron en lecciones acerca de lo que se debe o no se debe hacer en casos extremos en los que el Gobierno tiene atados de pies y manos a los medios de comunicación. Se convirtieron en lecciones y en denuncias de aquellos periodistas reconocidos cuya pluma y firma ya son altamente valoradas por la sociedad de hoy y por este país. Aún recuerda que, al analizar las portadas de los periódicos, las imágenes, las declaraciones… los alumnos que se sentían identificados con lo ocurrido no podían superarlo. En silencio, esos alumnos, personas humanas y testigos directos del atentado terrorista, abandonaban las clases para no sufrir más…

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