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Publicado en Sesión De Control (5 de enero de 2013)

 

EEUU ha conseguido evitar el abismo fiscal. Pero tras la costosa negociación ha habido ganadores y perdedores.

Barack Obama en el despacho oval (Fuente: Flickr Casa Blanca)

Cuántas veces habremos visto a Josh Lyman pasear de arriba para abajo por los pasillos del Ala Oeste de la Casa Blanca, hablar con unos o con otros, sentarse, conversar, caminar por las escaleras del capitolio intentando convencer a este congresista o a aquel senador… Esto que veíamos con admiración en la serie, esperando cómo terminaría la jugada, no era otra cosa quenegociar. Negociar también es comunicación y estrategia.

Y negociar es lo que hemos vivido los últimos días, no en una serie de televisión sino en la vida misma con Obama y los republicanos, con la Cámara de los Representantes y los republicanos, con La Casa Blanca y los republicanos.

Lo que ha ocurrido a lo largo de estos últimos días no es otra cosa que el resultado de una negociación. ¿El titular? Estados Unidos se salva del abismo fiscal. Por fin, la Cámara de Representantes apoyó en la noche del pasado martes, y del recién estrenado 2013, el acuerdo firmado un día antes por el Senado y que da pie a la ley que evita una crisis económica de repercusión mundial.

Las claves para evitar tamaña situación son aumentar los impuestos del 35% al 39,6% a las personas que ganen más de 400.000 dólares anuales y las parejas que ingresen más de 450.000, aumentar el impuesto de sucesiones del 35% al 40%, aumentar el impuesto para financiar la seguridad social de un 4,2% a un 6,2% y prorrogar créditos fiscales.

Una negociación a tres

La ley pasa a trámite con 257 votos a favor y 167 en contra. Pero, ojo, de 236 republicanos, sólo 85 dieron su apoyo. Necesarios eran 172 votos para que saliera adelante. Y en todas estas cifras podemos hacer una lectura interesante: en este entramado económico el juego de la negociación ha tenido dos actores.

Por un lado, la Casa Blanca, por otro la división del Partido Republicano en sus dos partes: los que estaban a favor y los que estaban en contra. Ellos han sabido negociar a medias, y a medias también escogieron las palabras adecuadas.

Después de su actuación no es de extrañar que su imagen se haya deteriorado. Han aparecido como los causantes del “desastre” si no había acuerdo, en vez de cargar con toda la responsabilidad al presidente Obama. Y todo por una crisis interna que se ha hecho evidente al mostrarse divididos entre quienes votaron a favor y en contra.

Negociar también es comunicar

No todas las negociaciones salen exitosas porque no en todas se escogen las palabras adecuadas, el discurso apropiado, el tono más efectivo y los tiempos oportunos. A corto plazo, podemos decir que la negociación entre demócratas y republicanos ha tenido, de momento, un éxito. Sin embargo, no podemos decir que la negociación haya tenido sus frutos porque, sencillamente, no había acuerdo inicial entre los republicanos.

En todas las negociaciones no todos ganan y no todos pierden. En las negociaciones conflictivas una parte gana y otra pierde, y también pueden perder ambas. En las negociaciones cooperativas las dos partes ganan. En esta se pretendía ganar para el mayor número de personas en Estados Unidos, para la gente. Pero sin duda los 151 republicanos que no votaron a favor se sentirán fuera de juego.

Como todo parece indicar, por tanto, se ha tratado de una negociación más bien conflictiva.

 

Negociar es comunicar porque en la negociación se lleva implícita la acción comunicativa. Como apunta el doctor en filosofía Valbuena de la Fuente, en toda negociación tienen que darse tres momentos o fases: la información, la motivación  y la instrucción. En cierto sentido, tiene razón cuando afirma que “podemos concebir la comunicación  como una negociación multidireccional en la que dos o más participantes eligen cooperar o entrar en conflicto, buscando la satisfacción  de algunas necesidades”.

En la negociación no puede faltar toda la información al respecto, tampoco la motivación para diagnosticar el problema y emitir una receta ni tampoco la instrucción que lleve a la acción, a la realización de ese acuerdo.

Obama vio necesaria una negociación, luchar a través de la palabra para intentar en la medida de sus posibilidades una caída económica con efecto dominó. El espacio fue internacional. Eltiempo, económico y político. El entorno, turbulento. Pero el objetivo era claro: salvarse del abismo fiscal.

 

Imagen: Barack Obama en el despacho oval (Fuente: Flickr Casa Blanca)

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ULTIMAMENTE no paro de recordar esa cita del presidente Barlet (The West Wing): “Nunca dudes de que un grupo de ciudadanos comprometidos puede cambiar el mundo”. Egipto, Túnez, Libia… En efecto, un grupo de ciudadanos comprometidos puede cambiar el mundo, y nada más empezar el 2011 vemos las consecuencias de ese compromiso ciudadano, de ese afán por cambiar el rumbo de sus vidas en sus países. Tras el 15M, vuelvo a recordar esa cita.

España está viviendo un momento clave de campaña electoral. A poco más del ecuador, vemos como cientos, miles de ciudadanos (con padrinos o no) reclaman un giro, exigen un cambio en la política española. Exigen ese cambio en la calle pero también en las redes sociales, herrmientas que están cobrando especial protagonismo. Y lo hacen a través de un mensaje: Democracia real ya! Una crisis económica interminable, casi cinco millones de parados, crispación por la comunicación de nuestros políticos… Ciertamente esto se ha ido de las manos. La desafección política es tan profunda que las personas han decidido salir a la calle para decir basta. Una desafección política más relacionada con la actitud de nuestros políticos que por las acciones o por los mensajes. Pero en los mensajes también hay culpables que, en muchas casos, ayudan y favorecen alimentando a esa furia en celo actuando lejos de su deontología profesional: los medios de comunicación. Hartazgo del “y tú más”. Hartazgo de una comunicación negativa repleta de críticas. Hartazgo de discursos políticos cuando en realidad deberían ser humanos. Hartazgo de un bipartidismo sin alternativa clara. Hartazgo de la falta de liderazgo. No escuchan una proyecto que ilusione y de esperanzas, no ven mejoría en sus vida, continúan sin trabajo, aumentan sus facturas y el precio de la cesta de la compra, no pueden acceder a una vivienda digna, no pueden pagar sus estudios, vuelta a casa de sus padres, adiós a las pensiones, adiós a las cajas públicas, adiós a los ahorros… Adiós…

Sin duda, un sinfín de motivos por los que manifestarse o acampar, insisto, con padrino político o sin él. Motivos por los que expresarse libremente. Motivos, como vienen diciendo, por los que ir a votar a grupos que son minoritarios fuera del camino del bipartidismo. Unos «acampados» que aprovechan la libertad de expresión para expresarme libremente. Libertad pedir voto, o no,  para solicitar ese cambio con lo que consideran que es lo bueno y/o lo justo.

Hemos sabido recientemente que la Junta Electoral de Madrid ha prohibido la concentración en la Puerta del Sol. Esto, ¿qué significa? Pues significa muchas cosas: queda abierta la caja de las interpretaciones. Esta acampada masiva a nivel nacional puede influir en los resultados electorales aunque ellos digan que no es un movimiento político. Si ante el cerrojazo de la Junta se ven amenazados, la participación en las urnas se verá reducida dando paso a ese pie que no dejará de apretar el acelerador de la abstención. Una abstención que perjudicará al socialismo en estas elecciones.

Con acampadas apadrinadas o no, lo que no es de recibo es escuchar declaraciones como las de Esperanza Aguirre: según la presidenta de la Comunidad de Madrid, organizaciones de izquierdas están intentando “manipular” el movimiento contra el PP. De izquierdas sí, “no hay más que mirar a los firmantes”. Por este tipo de declaraciones, quizás también haya que acampar.


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