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Publicado en Sesión De Control (20 de septiembre de 2013)

El pequeño empresario desconoce que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para ayudarles con la gestión de su influencia en la Administración.

 

Quizás el ahora sea un buen momento para focalizar perspectivas y nuevas miradas de cara a una actividad que aún no está regulada en España. Las empresas siempre han ejercido su rol de acuerdo a unos puntos de vista verticales y jerárquicos poco abiertos al debate más allá de los despachos. Eran mapas organizativos que obviaban o evitaban el ecosistema en su conjunto. Pero ocurre que, en la actualidad, el comportamiento social ha dado paso a nuevas relaciones más allá de priorizar actores como principales para el beneficio propio: proveedores, clientes, accionistas…

Resulta que existe una sociedad crítica, participativa, colaborativa, que por su forma de actuar se ha convertido en un actor principal. Domina las nuevas herramientas de la era de la información y de las tecnologías y tiene algo que decir. Hay una sociedad que es la protagonista del “no”, del discurso del cambio, un discurso que nace ante la decepción que los ciudadanos sienten al no verse representados por sus instituciones. Pero más allá de todo eso, son multitudes conectadas con la posibilidad de compartir, co-crear e innovar. La inteligencia de la multitud conectada no se puede obviar porque forman un nuevo poder. Un poder que cada vez las empresas tiene que ir asumiendo en su propia estrategia.

Lejos de una amenaza, el lobby ciudadano supone una gran oportunidad para las empresas porque, con su actividad compartida y co-creadora se puede pasar a estrategias mucho más prácticas en el mundo de hoy. Ya no hablamos de productos y servicios, sino de experiencias y sentimientos.

 

De lo macro a lo micro

Pero la gestión de la influencia y la representatividad, incluso en términos de multitud, la vemos a niveles macro. “Grandes compañías… líderes en tal o cual cosa… Poderosa firma de…”. Sin embargo, de vez en cuando, hay que hacer el esfuerzo de coger una lupa para ampliar la visión y enfocar, para analizar qué es aquello que supone el 60% del PIB español, cuál es el verdadero motor de empleo de nuestro país y qué es eso que conforma el 90% del empleo privado.

Esto no es otra cosa que el tejido empresarial formado por las pequeñas y medianas empresas que, a su vez, tienen verdaderos problemas en momentos puntuales como es esta crisis económica. ¿Por qué? Porque son las que más se esfuerzan física y personalmente, las que más desconocen la regulación y el vocabulario legal y son las que menos acceso y relación tienen con la Administración para defenderse, proponer o negociar. Sencillamente, para mantener un diálogo que represente su actividad.

En cuestiones de concursos públicos, convenios, citas, fechas y entrega de columnas interminables de documentación imposibles de digerir, las pequeñas empresas españoles tienen que cumplir a rajatabla aguantando la lenta y vaga gestión de la Administración española en el ámbito local, provincial y autonómico. Ella sí tiene acceso a ellos. Pero a ellos se les bloquea automáticamente el acceso a ella. El pequeño empresario, en muchas ocasiones, desconoce que también puede acceder a la Administración pública y que existen otras empresas específicas que les pueden dar cobertura para representarles y ayudarles con la gestión de su influencia.

Tomo la libertad para llamar a esta actividad microlobby. Ahora bien, los profesionales de la gestión de la influencia tienen el deber de identificar y analizar cuáles son las características de estas pequeñas empresas y cómo es el empresario medio español: su forma de actuar, de trabajar, de relacionarse… Por lo general, prefieren la “obediencia al debate”, como decía aquella cita de Carlos Fuentes en ‘La silla de Águila’. Y en sus mentes serpentea la famosa frase de “obedezco aunque pierda, porque no quiero meterme en líos”. Tienen una manera determinada de trabajar y son reacios al cambio de estrategia y de modelo de negocio porque “toda la vida se ha hecho así”. Aunque hay muchas excepciones, esta es la visión y la percepción generalizada.

 

De lo marco a lo micro pasando por la transparencia

La política vigilada es el origen del lobby ciudadano. El lobby ciudadano tiene cada vez más la capacidad de influir tanto en la Administración como en las estrategias de las corporaciones. El lobby lo estamos conociendo ahora a pesar de las brechas que existen para clasificarlo en el rinconcito de la transparencia. Aún se percibe como una actividad no regulada en España, opaca y con el dicho de “todo por debajo de la mesa”. Se insiste en esa regulación y el gobierno se comprometió, pero se desconoce para cuándo. Cómo, ya lo sabemos: fuera de la Ley de Transparencia.

Pero el microlobby incluso es más desconocido aún, porque lo vienen haciendo principalmente asociaciones que dudosamente representan a sus asociados, y líderes que poco tienen que ver con sus socios. Circula una red de interesas susurrada y camuflada. Pero la gestión de la influencia a lo micro debería ser más profesional, además de estar regulada. Y la administración debería hacer un ejercicio de diálogo, más que de emitir un monólogo continuo y por escrito. Porque los pequeños, también pueden ser muy grandes. Si el lobby (y el microlobby) empieza por un diálogo entre empresas e instituciones, que se dialogue. La respuesta muda o el silencio negativo no deberían seguir de moda.

 

*Gracias a Antoni Gutiérrez-Rubí por inspirarme a escribir sobre este tema.

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Publicado en El País, blog Mujeres, el 6 de septiembre de 2013

Aún recuerdo la conversación con la coach Begoña Gozalbes en aquel invierno de 2011, a pocos días de celebrarse las elecciones generales del 20N, y tras escuchar por televisión a Susana Díaz en el mitin de Dos Hermanas, Sevilla: “Ojo con esta chica, que irá para presidenta”. El 5 de noviembre, una foto: cuatro hombres y una mujer, ella. Casi dos años después, su ímpetu y su trayectoria, siempre nadando a favor en las aguas de la propia estructura del partido, la han llevado a convertirse en la primera presidenta de la Junta de Andalucía.

Qué diría, cómo lo diría y, lo más importante, en qué se diferenciaría de José Antonio Griñán, era una incógnita. Pero el discurso de investidura lo ha resuelto con 7.943 palabras y muchos elementos de fondo:

1.- La mujer: sabía que ser mujer la diferenciaría, que tenía la oportunidad y que debía aprovecharla. Tanto, que su discurso ha empezado haciendo saber las críticas que ha recibido por ser ella, por ser quién es y por crecer como ha crecido. Y, cómo no, haciendo saber que ella es y será la primera de la historia. Sin perder la perspectiva, a ellas, a las mujeres, también se ha dirigido directamente:

Es la primera vez que una mujer se presenta en esta Cámara como candidata en un procedimiento de investidura.

Con independencia de la opinión que tengan de mi persona y del proyecto político que represento, con independencia del sentido que den a su voto tras el debate que seguirá a esta intervención, permítanme en primer lugar que destaque el hecho histórico de que una mujer pueda acceder a la presidencia de la Junta de Andalucía, si sus señorías dan su confianza.

Durante siglos y hasta fechas recientes, en Andalucía, en España y en tantos otros lugares de todo el mundo las mujeres hemos ocupado un lugar secundario, muchas veces olvidado o simplemente invisible en la política y en otros muchos ámbitos de decisión.

Esta misma Cámara ha sido testigo de esa discriminación histórica: cuando se constituyó por primera vez, en 1982, apenas seis diputadas ocupaban un lugar entre los 109 escaños del Parlamento de Andalucía.

2. Gracias: guiño a Griñán, agradecimiento directo, mención directa a él, le da cierto protagonismo. Sin él, ella no estaría donde está. El acto de renuncia de Griñán es el motivo de la lectura de ese discurso de investidura. Cuando Susana Díaz bajó de la tribuna, el primer abrazo fue para él. El segundo para su socio de Gobierno, Diego Valderas

Señorías, en definitiva, esta sesión de investidura se celebra tras la renuncia voluntaria del actual presidente en funciones, don José Antonio Griñán. Voluntaria y déjenme decir que generosa pues ha sido concebida y puesta en práctica para dar paso a un nuevo tiempo político. Como él mismo dijo en esta misma tribuna, sólo nuevos pilotos nos llevarán a nuevos horizontes.  

En eso estamos, querido presidente, y permíteme que te muestre desde aquí mi agradecimiento a tu trabajo y tu altura de miras.  

3.- Más propuestas que emociones: Susana Díaz se ha mostrado contundente al emitir su discurso, sonriente a veces. Ese traje azul y esa chaqueta blanca transpiraban formalidad. Leyendo, pero mirando al mismo tiempo. Niña, pero madura. Segura, pero insegura de igual modo. Su discurso podría haber sido emocionante, podría haber sido pasional. Pero no lo ha sido. Ha elegido las propuestas en vez de las justificaciones sensacionales. Ha elegido releer con auténtico acento andaluz lo que cree que hay que hacer para resucitar esa “fuerza del sur” en la que ella cree.

4.- Titulares: los titulares que ha anunciado para referirse a ese “tiempo nuevo” son muchos y encontrar uno clave entre los medios de comunicación en difícil: “busca la oposición estable”, “le plantea a Rajoy un pacto nacional para la regeneración democrática”, “me avergüenza la corrupción… Pero también ha hablado de economía, emprendimiento, igualdad… Ha intentado ordenar las ideas por temas centrales después de diagnosticar cómo está el panorama español con respecto a la confianza que tienen los ciudadanos a los políticos. Ya van muchas promesas enunciadas, y demasiados compromisos, que no se cumplen.

5.- Transparencia: sin embargo, hay un aspecto diferenciador, otras cuestiones “innovadoras” a las que se ha referido y las cuales desea que se perciban como el verdadero cambio diferenciador de la nueva etapa en Andalucía.

Por eso nos proponemos que la transparencia sea el principio rector del funcionamiento de la Administración, aprovechando sin titubeos todas las potencialidades que ofrecen las tecnologías de la información y comunicación (TIC) tanto desde el punto de vista del acceso de los ciudadanos a la información como desde el establecimiento de nuevos mecanismos de participación, reales, ágiles y eficaces, para lo cual me comprometo a remitir al Parlamento el proyecto de Ley de Participación antes de que finalice el presente año. 

En el tiempo nuevo que les propongo inaugurar, el “gobernar para los ciudadanos” debe ser sustituido por el “gobernar con los ciudadanos”. Si consigo la confianza de la Cámara, asumiré el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía.

 

Transparencia ha dicho, y se ha fijado el reto de construir un gobierno abierto para Andalucía. Sin embargo, Susana Díaz en Twitter no escribe desde el 25 de julio. Y su biografía, en la red de microblogging, cuando acabó su discurso, rezaba lo siguiente:

 

24 horas después, se había cambiado, pero nada se había publicado. Tan sólo imperaba la palabra Andalucía y había ganado más de 500 seguidores:

La transparencia y el Gobierno abierto no pasan por un perfil de Twitter ni de Facebook, Instagram o Pinterest. Pero el comportamiento comunicacional online se puede interpretar como un termómetro ante una actitud y una predisposición. Estar no es lo mismo que comunicar. Y anunciar no es lo mismo que hacer. Se trata del fondo de la cuestión y de las formas. Se trata de la intención. Por este hecho, probablemente, la presidenta de Andalucía esté con más ojos encima que menos.

A partir de este momento, una mujer lleva las riendas de la “fuerza del sur”. Veremos si realmente se convierte en el cambio en Andalucía y si, finalmente, las intenciones las convierte en hechos demostrables. Estar cerca del padre no le conviene. Y sabe que el antisusanismo está vivo y presente. El verdadero cambio, aplicar la transparencia política y acallar las críticas sólo dependen de ella.

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20 de octubre de 2012. Día de reflexión. Mañana, un día decisivo para el País Vasco y Galicia. O eso pensamos. Pero no. Mañana es un día también que esperamos muchos españoles. Será el aplauso en respuesta de lo que tenemos o la reivindicación hacia un nuevo rumbo donde otra política sea posible. “Mira cómo está el país y Rajoy dando mítines. ¿Cómo es posible que le quede tiempo para dar charlas cuando estamos como estamos?” Esas han sido las palabras que he escuchado esta mañana de boca de un hombre de poco más de 70 años en Castilla La Mancha. Escuchar. En las conversaciones de la ciudadanía está la respuesta. Y nuestros políticos siguen alejados de lo que ocurre, de lo que les pasa a las personas de a pie. Siguen fuera de los talleres de mecánica, de las fruterías, de las peluquerías, de las empresas de servicio y transporte. Siguen alejados de los autónomos y de los currantes que se levantan a las 5 de la mañana cada día para después no poder ni permitirles un capricho a sus hijos. También siguen alejados de los parados, y de los estudiantes, cómo no. Y siguen alejados de los profesores de Universidad que con varias carreras, másteres en EEUU y doctorados británicos siguen cobrando 1000 euros mensuales. El que llegue, claro. Seguimos dando charlas con palabras vacías de contenido y de compromiso. Elecciones marcadas por modelos con los cuales ya no nos identificamos. Porque los que sí mandan, siguen sin saber qué ocurre. Y porque a pesar de existir alrededor de 80.000 cargos públicos donde la mayoría nada tiene que ver con la corrupción, esa gran mayoría sigue sin saber qué hacer sin saber hacer posición y oposición, políticos perdidos a pesar de llevar razón y trabajar por mejorar la situación de su territorio y su país. Siguen sin entender lo que significa bajar a la plaza, al mercado, al bar a tomarse un café de algo más de un euro. Siguen sin escuchar la Red. Siguen ajenos a la realidad por falta de un plan que los empuje a la construcción de un nuevo paradigma basado en la CONFIANZA, en la VERDAD y en la TRANSPARENCIA, en la CREDIBILIDAD. Pero, sobre todo, en la CONSTRUCCIÓN de un modelo de participación basado en la escucha de aquellos a quiénes representan.

Mañana será el aplauso en respuesta de lo que tenemos o la reivindicación hacia un nuevo rumbo donde otra política sea posible. Dejemos las palabras vacías que la gente no entiende y vayamos a las acciones a favor de un bien común que 1) todos entendamos y 2) que todos agradeceremos.

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