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Entre noviembre/diciembre de 2018 y enero de 2019 hice un balance sobre la situación política de nuestro país y, por tanto, antes de las elecciones. Era más extenso de lo que comparto a continuación. Lo comparto ahora y no antes por cuestiones profesionales y una vez que se han celebrado las elecciones. Y también lo comparto adaptando el texto al presente. 

En Estados Unidos los consultores políticos asumen que gobernar es gobernar, y después comunicamos. Esta fórmula, en estos momentos, no tiene cabida alguna. Gobernamos y comunicamos al mismo tiempo, comunicamos con la acción y damos a conocer con la palabra.

Cuando llegamos al Gobierno, reiteré que, desde el minuto uno, empezábamos a construir una historia. Una historia que debíamos empezar a contar y que se enmarca en un concepto. Nos denominábamos X por lo que se ha hecho pero, sobre todo por cómo se ha hecho (la forma es el fondo, y nos diferenciábamos por otras formas).

1/ Considero que las posiciones izquierda y derecha, ya no se dan en nuestro país. Es decir, la lectura del motivo por el que se vota a la ultraderecha no es porque ahora haya más personas de derechas. El ancho de personas que pueden votar a Vox lo hacen como reacción a la pérdida de privilegios en la medida en la que otras personas han alcanzado sus derechos. Cuando hablamos del aborto, por ejemplo, y de la opción a decidir sobre nuestro cuerpo, otras personas pierden sus privilegios y “atentamos” a cómo “han vivido durante toda la vida”. Los estamos sacando de la zona de confort. O eso piensan ellos. Nuestra dignidad y nuestras libertades, representada en políticas públicas que avanzan en una sociedad del siglo XXI, atentan contra costumbres y una cultura impregnada socialmente (o eso creen).

El discurso es un reto porque lo que estaba sucediendo no es lo que las derechas se unan y ya (tres partidos, como en Andalucía). Ese es el análisis fácil. Hay que empezar a comprender que esas derechas le hablan a una sociedad de los años 40. Y nosotros, durante el gobierno, le hemos estado respondiendo a esa sociedad de los años 40 (haciéndole la campaña gratis a Vox, por cierto, visibilizándolo en todos los espacios) porque… la gente no elige lo que desconoce. Y esto podría haber sido un error porque debíamos hablarle a la sociedad del siglo XXI (que es lo que se ha hecho), porque hablarle a la sociedad de los años 40 (atacando), no era positivo en términos políticos.

2/ La pedagogía es importante, y aplicarla para hacer ver que nuestro país es diverso en cuanto a su representatividad es necesaria. Desde el gobierno, se deseó estabilidad. Pero desde la primera semana fuimos partícipes de una estabilidad con propuestas disruptivas, no complacientes. ¿Estaba la sociedad preparada para ello después de siete años de marianismo? Se puede considerar que no. Pero era necesario y ha sido positivo.

Por ello, para que nuestro discurso tuviera sentido, el diálogo era clave. El diálogo es la fórmula, la opción y la decisión. Y hacer ver que somos la suma de la mayoría, y creo lideramos la política porque lideramos las acciones de consenso… de la mayoría.

Es la primera vez que se tenían cinco opciones políticas claras. España piensa de manera diferente. Se necesita diálogo y consenso. No hay otra fórmula. No aceptarlo es admitir que eres ciego sin serlo.

3/ “Son las mujeres, estúpido” 

Hago alusión a la famosa frase de la campaña electoral de Clinton en 1992 contra Bush (It’s the economy, stupid). Si la economía es la que hace girar la rueda de los ciclos políticos, en este caso, y con toda seguridad, son los derechos (“nos mueven los derechos”, que diría Ángel Gabilondo). Dicho de manera contundente: Las mujeres eran la clave de las próximas elecciones, de estas elecciones. Y se ha comprobado que han sido la clave de estas elecciones. Era imprescindible un gran 8 de marzo, que compartí en noviembre de 2018.

Por un lado, las políticas de derechas y de la ultraderecha afectan a cualquier tipo de mujer (y a cualquier mujer que haya votado cualquier opción). Las mujeres se movilizarían porque cualquier tipo de mujer (viuda, estudiante, lesbiana, soltera, madre soltera, abuela…) se ve afectada por sus políticas. La derecha las vuelve a situar en víctimas, vulnerables e inferiores. E incluso aquellas mujeres de la derecha que disfrutan de políticas públicas impulsadas desde la izquierda. Pero… la igualdad no está para quienes puedan pagársela.

En Estados Unidos, después de la victoria de Trump, tuvo lugar la marcha de las mujeres en Washington (Women’s March, 21 de enero de 2017). Ello provocó una movilización de las mujeres en el ámbito privado y público, y presentó en las pasadas elecciones más de 400 candidaturas. La clave, también, fueron las activistas, sin marcas políticas (liderar causas, representar hechos). Bien es cierto que no todas llegaron a obtener representación política, pero sí asentó las bases, por primera vez, de la representatividad diversa de los Estados Unidos, y puso freno al envite de Trump que no es un envite, sino una imposición. Pero… imponer no es suficiente para saber Gobernar.

Las mujeres en España tienen alta influencia entre su entorno. No sólo somos más, sino que generamos redes/conexiones/relaciones de influencia en los espacios en los que interactuamos (familia, gimnasio, amigas/sociedad, hijos, nietos… etc.). Ya han sabido movilizarse en varias ocasiones consiguiendo logros (dimisión de Gallardón, el pasado 8 de marzo, caso de La Manada…).

¿Qué hacía falta? Liderar el discurso de las causas sociales que movilizan a este país. La unidad y la suma deben ir juntas.

Era imprescindible, como repetí tantas veces, que la fecha de las próximas elecciones se convirtiera en un gran 8 de marzo. Algunos marcos -mentales- deben ser la libertad y la dignidad. Queremos -queríamos- la España de la igualdad, la libertad y la dignidad. Queremos -queríamos- hacer historia frente a la prehistoria. 

4/ La izquierda alimenta a Vox

La izquierda alimenta a Vox de la misma manera que Rajoy alimentó a Podemos y al independentismo.

Pero… el receptor del gobierno no era Vox. Nuestro receptor era y es toda una sociedad, a la que hay que hablar de manera individualizada. Una sociedad que se quedó huérfana con el PP. La sociedad no se divide por sexo, edad o situación socioeconómica, sino que se relaciona por intereses comunes, por causas, por actividades conjuntas. 

Vox ya existía en 2014. Vox es el producto de políticas progresistas que en la medida en la que unas personas ganan derechos otras creen perder sus privilegios. ¿Qué es lo que necesitaba Vox? Un altavoz para darse a conocer. La gente no elige lo que desconoce. Desde que se le critica desde el Congreso de los Diputados, consigue el altavoz. 

5/ La reacción y el discurso

Cuándo alguien está anestesiado o dormido, ¿cómo se le despierta? Con un jarro de agua fría, por ejemplo. 

Los votantes perciben la crispación en la calle, pero también la decadencia política y lo que representa la llegada de Vox. Había que aterrizar el discurso en términos de impacto social. Traducir qué es la “radicalización” cuando hablamos de radicalización. Movilizar desde el éxito y desde la amenaza. Hacer historia, sí. Volver a la prehistoria, no.

6/ Los mensajes de la oposición

Los mensajes de la oposición, breves pero concisos (elecciones ya, sus socio Torra, nadie lo ha votado, Sánchez es un okupa, el falcon…) calaba en la sociedad. Eran repetitivos en todos los foros y espacios, incluyendo cualquier pregunta en el Congreso de los Diputados. Y los han repetidos todos en su conjunto, cualquier grupo de la oposición. Y los mismos mensajes. Esto, aunque calaba en la sociedad, también generaba crispación y nerviosismo cuando, en realidad, la gente grita por una tranquilidad política. 

Por parte del Gobierno se ejecutaban acciones en positivo. Ellos generaban una comunicación negativa. El Gobierno, positiva y basada en cuatro pilares:

-Atención de las demandas sociales.

-Recuperación de la dignidad.

-Política de progreso.

-Liderazgo internacional.

7/ Fake News

El gran enemigo de esta campaña electoral era la mentira, que se instalaba de manera repetitiva entre la sociedad a través de cualquier medio de comunicación, especialmente el móvil con las redes sociales y Whatsapp. La sociedad, que cada vez opina más pero es menos crítica -de manera constructiva y después de un tiempo de reflexión que pocas veces se da-, es fácilmente influenciable. Nos lo creemos todo en la era de la inmediatez. Ellos nos hacen víctimas de nuestra propia ignorancia convirtiéndonos en soldados de su relato -inventado y falaz-. No contrastamos ni analizamos fuentes de información. La influencia con la mentira acaba con la democracia. 

8/ La conquista

Era imprescindible trabajar la “conquista”, con elementos clave, que actuara a modo de generador de mayor confianza y credibilidad: la capacidad. Este Gobierno ha sido capaz de muchas cosas, empezando por la exposición de capacidad de algunos sus ministros (recordemos que muchos son independientes y de fuera del partido, liderazgos demandados socialmente, capitalización del talento).

Pero también se anunciaron compromisos que se han materializado y cuyos resultados la sociedad española ya empezaba a percibir y, sobre todo, a sentir.

9/ La inmigración 

Hago una puntualización sobre la inmigración: como ocurrió en las elecciones de Suecia (también Alemania, Hungría, Italia…), podría haber sido el catalizador de las elecciones de este año de la derecha. Sin mencionar la palabra, acuden al discurso del miedo (esta gente de fuera nos vienen a quitar la sanidad, el empleo, la educación…). Actuarían con la estrategia del enaltecimiento del miedo consiguiendo desmovilizar a la izquierda. Sin embargo, en España, y tras las elecciones, la suma de las derechas fue incoherente en su discurso, no diseñaron estrategia sobre el issue inmigración y la suma de sus errores se convirtió en la suma de los aciertos del Gobierno.

10/ Andalucía

Tras las elecciones de Andalucía del 21 de diciembre de 2018, la imposición de Vox certificó que no querían un acuerdo. Al menos a priori. ¿Qué consiguieron con eso Vox? Titulares, espacio mediático y que todo el mundo esté hablando del partido y de sus líderes.

Desde que ganaron las elecciones, la suma de las derechas no dejó de negociar sin llegar a un acuerdo. Después, una vez conseguido su objetivo (visibilidad, comentarios, opiniones, creación de contenido en redes sociales..), cedieron inmediatamente. Los medios de comunicación también jugaron un papel imprescindible para su crecimiento. 

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Artículo publicado en Beerderberg Magazine (Diciembre 2016)

Hillary Clinton podría haberse convertido en la primera mujer presidenta de los Estados Unidos. El deseo de lo que podría ocurrir “por primera vez” generó una gran expectativa a lo largo de la campaña. El deseo de la novedad se percibía imparable. Y la percepción del deseo se iba ampliando cada vez más. Por ello, se iba asentando la idea de que el voto femenino alzaría a Hillary Clinton a la presidencia. Pero ser mujer no era sinónimo de votar a Hillary Clinton. No era así y no fue así. No obstante, Hillary sí necesitaba un buen número de votos femeninos que harían mover la balanza. Además, el machismo exacerbado de Donald Trump pudo interpretarse como el origen de una movilización masiva hacia Hillary. Según la encuesta de CNN, un 42% de las mujeres que salieron a votar, lo hicieron a favor de Trump, mientras que el 54% lo hicieron por Hillary Clinton.

Esto demuestra que sí, que la mayoría de las mujeres que votaron en Estados Unidos se decantaron por la candidata demócrata. Pero el dato no supone una gran diferencia. Y es en la diferencia donde está la clave. Como cuenta nación321, del 37% de las mujeres blancas que votaron, el 53% se decantó por Trump. Ahora bien, con el voto de las mujeres latinas y afroamericanas no se logró hacer historia, puesto que sólo el 6% y el 7% salió a votar. Este dato puede que sorprenda, sobre todo porque días antes de la elección ya se barajaba la victoria de Clinton debido al número de votantes latinos que habían ido a votar antes de la elección. Pero ser latino, tampoco era sinónimo de votar por Hillary.

Aunque parezca de manual, la desinformación fue uno de los principales problemas de la campaña. Un buen porcentaje de las mujeres latinas, afroamericanas, así como de las que carecen de más recursos, desconocían el proceso necesario para poder ejercer su derecho al voto. No sabían dónde había que registrarse, cuándo, dónde estaba su colegio electoral, candidato o candidata al Congreso… Parte de este error se demostró en el famoso “puerta a puerta” que empezó a hacerse prácticamente seis días antes de la elección. Para entonces, revertir el error, ya era demasiado tarde. Ya no se podrían registrar y animar a votar a personas que no podían hacerlo podría significar una pérdida de recursos y esfuerzo, sobre todo por parte de los voluntarios que apoyaban la campaña. Ya sólo quedaba el que las personas incapaces de poder ejercer su derecho al voto, cada una por sus motivos, pudiesen movilizar votantes que sí podían hacerlo: familiares, amigos, conocidos, etc.

Fue imposible romper el techo de cristal en Estados Unidos, pero esa imposibilidad ha dado lugar a lecciones que aprender de esta campaña. Puede que exista quien vea la victoria de Trump como el cambio hacia un nuevo ciclo político. Pero los ciclos políticos tienen que ver más con la situación económica que con la política o el candidato. Y esto puede explicar buena parte de la fuga de votos hacia Trump. Hillary Clinton se pudo hacer con parte del voto indignado fruto de los errores de Trump. Pero si hizo algo bien Trump fue capitalizar el odio y sus propios errores a través de los medios de comunicación. Adicional, hay que contar con el voto indeciso. Muchas mujeres lo estaban a cinco días de las elecciones. Y la indecisión también es parte de una decisión. Sabían lo que no querían y desconocían si Hillary Clinton era la persona que pudiese conseguir aquello que demandaban. Sorprendentemente, las demandas no estaban en el núcleo principal del discurso de las mujeres indecisas: su indecisión estaba alimentada por la duda de si Hillary Clinton continuaría con aquello que les pudiese desencantar (impuestos, reforma sanitaria, impuestos, errores de la Administración Clinton, impuestos…).

Por otro lado, la “subsegmentación” se percibió débil. Y puede que entre otros errores estuviese el meter en el saco de “las mujeres” a todas las mujeres. Las mujeres en Estados Unidos suponen ser una minoría determinante que está infrarrepresentada y lo seguirá estando con la presidencia de Donald Trump. Mujeres, con sus problemas particulares, que viven en uno u otro Estado y a quienes les afectan diferentes temas en diferentes grados: pobreza y oportunidades, trabajo y familia, violencia y seguridad, derechos reproductivos, salud, participación política, etc. Para acercarse a todas las mujeres, la investigación aporta datos que pueden vislumbrar la estrategia que dé origen a las acciones más efectivas para conectar con cada una de ellas de manera prácticamente particular. Pero la demoscopia tradicional está en crisis. El pasado mes de junio, se pudo demostrar que se venía arrastrando la tendencia de que Google obtenía mayor número de búsquedas para Donald Trump que para Bernie Sanders o Hillary Clinton. Esto no podría significar mucho, puesto que quien gana en las tendencias de búsquedas en Google, gana en las tendencias de búsquedas de Google. Ganar en las tendencias de búsquedas en Google no es sinónimo de ganar las elecciones, aunque en muchas ocasiones coincida. Jamás se podrá saber con qué sentimiento o intención buscan las personas que buscan. Y tampoco se sabe qué hacen realmente los usuarios con la información que recogen de las búsquedas. Pero no por ello hay que prestar menor atención.

A diferencia de Google, a través de Facebook y haciendo una simulación de la creación de una campaña publicitaria, se pueden conocer los intereses de las mujeres en Estados Unidos. Facebook ofrece una información más que puede ayudar a acercarse de manera diferente a una parte del electorado. En junio, en el artículo que publiqué “Google y el voto hispano en Estados Unidos”, comprobé que durante ese mismo mes de junio, Hillary Clinton fue la candidata con menos usuarias hispanas activas en esta red interesadas por ella. El candidato que tenía más usuarias hispanas interesadas fue Bernie Sanders, seguido de Donald Trump. Esta es una lectura más, pero pudiese haber sido suficiente para partir de una tendencia que hubiese generado menos sorpresas.

Es verdad, Hillary no consiguió ganar, pero ya ha abierto el camino a muchas mujeres e inspirado a otras tantas, cada una con una historia que motiva e inspira a muchas otras. No hay que olvidar que hubo mujeres que sí ganaron las elecciones de Estados Unidos, como Catherine Cortez Mason, senadora en Nevada, Ilhan Omar, la primera legisladora de origen somalí, o Kate Brown, gobernadora de Oregón.

El discurso de la derrota de Hillary Clinton es probablemente el discurso más sentido y más sincero de toda la campaña. Y ahí sí, no era momento de “subsegmentar”, ni de dirigirse a aquellas que no sabían que había que registrarse, ni de hablarles directamente a las que estaban indecisas, ni de haber convencido a aquellas que votaron por Trump, ni tampoco de confrontar con aquellas que no estaban de acuerdo con la Administración Clinton del pasado, y tampoco de reprochar a aquellas que habían optado por la candidata del Partido Verde, Jill Stein. Era momento de hacer un llamamiento único. Lo hizo, para todas las mujeres, más allá de las fronteras de Estados Unidos: “Sé que aún no hemos quebrado ese vidrio que impide que una mujer sea presidenta y espero que alguien lo logre mucho antes de lo que queremos. Mujeres, nunca lo duden: son poderosas, valerosas y merecen cada oportunidad en el mundo para lograr sus propios sueños”.

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Publicado en BEZ el 17 de Septiembre de 2016

Son ya pasadas las cinco de la tarde. Muy cerca de Dinwiddie Street, Arlington, en Virginia, decenas de personas se dan cita en la casa de una voluntaria de la campaña de Hillary Clinton. Ella es la anfitriona de una tarde más que movida. La puerta que da paso directamente al salón nos da la bienvenida con un cartel ya más que conocido que reza I’m Ready for Hillary”. La cartelería de la campaña en apoyo a Hillary protagoniza toda la decoración del hogar: la escalera, las estanterías, las mesas, las esquinas… Y aún queda espacio para colgar alguna que otra piñata que imita a Donald Trump que no tiene otro destino que recibir algunos golpes entre risas.

 

House to house: así se movilizan

Diferentes personas voluntarias y anónimas en apoyo a Hillary van llegando a la casa, se saludan entre el inglés y el español, se presentan los que son desconocidos y charlan de política, activismo y derechos entre bocado y bocado, tragos de vino, refrescos o agua. Alguien lleva empanadas, otros galletas, la anfitriona no para de sacar comida… No todos comparten la misma profesión, pero sí comparten un mismo fin con el mismo entusiasmo: ayudar a ganar a Hillary Clinton la presidencia de los Estados Unidos. El objetivo esa tarde es inspirar, motivar y movilizar el voto latino –y especialmente el voto latino femenino- en Estados Unidos, y más concretamente en esa zona de los Estados Unidos: Virginia.

Celebran micro actos en casas de lunes a domingo, todos los días y en todos los Estados. Existe la figura del “organizador”, remunerado por el partido Demócrata. El organizador tiene la obligación de captar voluntarios –que trabajan de manera gratuita- capaces de ayudar bajo el marco de diferentes compromisos: movilización del voto, inscribir a votantes, apoyar en comunidades, apoyar y crear vocerías locales; etc…

¿Por qué en casas? La gente que se acerca a las casas viven una experiencia más humana, más cercana, donde la emocionalidad de ser invitado a un hogar suele potenciarse, y donde los  discursos en torno a las problemáticas sociales cobran más vida. Aquellos que llegan están invitados por el organizador y son personas con cargos políticos o institucionales, por norma general, activistas o representantes de organizaciones. El número alcanza las 50 personas pero no todas están todo el tiempo. Al final se suelen quedar alrededor de 30 personas con la ilusión de escuchar diferentes discursos que siempre llegan al final de la tarde.

 

Palabras que inspiran

Esa tarde de agosto, alrededor de las ocho y cuando ya la noche empezó a dar señales de un nuevo tiempo, Allida Black, la cofundadora del movimiento “Ready for Hillary”, rompió el hielo con unas palabras cargadas de sentimiento e ilusión, empleando como forma la comparación de los derechos que defiende Hillary con la ruptura de los mismos que conseguiría Trump de llegar a la presidencia. Sus palabras provocaron varios aplausos, varias afirmaciones dibujadas en los rostros de muchos y varias preguntas maquilladas de consentimiento hacia lo que acababa de compartir.

Lorella Praeli fue la siguiente en intervenir. Ella es la Directora Nacional del Voto Latino para la campaña de Hillary Clinton. A diferencia de Allida, arrancó gritos de apoyo al unísono bajo la consigna de #JuntosSePuede. Exclamaciones, voces y aplausos. Provocó con sus palabras que a más de uno se le pusiera el vello de punta, y no paró de pedir la participación para el grito común de apoyo a Hillary. Sus palabras estuvieron más enfocadas a visibilizar la problemática de los latinos y las carencias de las mujeres latinas en Estados Unidos. Mucho trabajado ya, sí, pero todo por hacer.

Da igual los cargos que ocupan o su responsabilidad, van de casa en casa, algunos con escolta, todos los días. El partido demócrata tiene portavoces y protagonistas repartidos por todos los lugares del país con el sentimiento de hacer posible un cambio en la historia de los Estados Unidos.

 

Así trabajan

Esto sólo es posible con un trabajo minucioso, mucho orden y una cantidad ingente de  personas que laboran bajo el mismo fin. Los organizadores y los voluntarios tienen la obligación de hacer un reporte diario del trabajo realizado y lo que han conseguido, y enviar –sí, todos los días- a la central del partido en Nueva York. Es mucha información la que se genera a diario, pero es verdad que trabajan muchas personas detrás y existe una gran organización de los equipos. Sólo con este trabajo extremo de los organizadores y voluntarios tienen conocimiento del éxito de la movilización y del cumplimiento de los compromisos. Pero también tienen conocimiento de aquellos Estados donde son más débiles, donde existe una menor movilización o donde no cuajan las actividades de los organizadores o los voluntarios. Y del mismo modo que trabajan por pasión muchas personas, también salen otras de no conseguir los resultados esperados.

Las campañas, al fin y al cabo, las ganan los equipos. Como diría Margaret Mead: “un pequeño grupo de ciudadanos comprometidos pueden cambiar el mundo. De hecho son los únicos que lo han logrado”.

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